Alarme, n.º 39, enero-febrero-marzo de 1988 (pág. 8). PDF del número completo · Texto original en francés

Uno de esos sabios, y no obstante negociantes, que pululan cada vez más ha conseguido introducir en el genoma (patrimonio genético) de un ratón el gen del cáncer de mama humano. Toda su descendencia lo tendrá. Eso permitirá a los experimentadores del mundo entero comprobar la eficacia, la nocividad o la nulidad de las sustancias anticancerosas actuales o futuras. Sería innegablemente un paso adelante en la lucha contra esta enfermedad. Pero no podrá hacerse libremente, porque el sabio en cuestión se ha apresurado a patentar el ratón. Nadie, ningún laboratorio, podrá tenerlo ni producirlo sin comprárselo al sabio negociante. Incluso en este mundo mercantil, semejante medida se parece a un atraco contra la salud general, y la de las clases obrera y pobre en particular.

El FOR ha dicho muchas veces que el capitalismo decadente ya no es capaz de servirse de la ciencia de manera enteramente científica, sino cada vez más contra el hombre. El ingeniero genetista, con su ratón que pesa toneladas de oro, nos da una de las demostraciones más impresionantes de ello. Pero, como cualquier otra, se inscribe en el marco que aprisiona a la sociedad en todo el planeta. El capitalismo, que detenta los instrumentos de producción, posee por ello una patente de explotación sobre la casi totalidad de sus habitantes. Esa patente, intransferible, debemos romperla.

Formémonos y formemos a otros explotados para hacer saltar los cerrojos de esa abrumadora patente.