Alarme, n.º 40-42, abril-diciembre de 1988 (pág. 5). PDF del número completo · Texto original en francés
Ojeadas
Dirigiéndose al congreso anual de los sindicatos británicos (TUC), Jacques Delors, presidente de la Comisión Europea, les dijo: «Europa os necesita». La sala le respondió con una ovación. Apenas hace falta explicitarlo: «los negocios del Mercado Común no pueden salir bien sin vuestros servicios». Y los sindicatos se cuadran: «Cuente con nosotros para enriquecerle, Patrón». Unos meses antes, dirigiéndose a la Confederación Europea de Sindicatos en Estocolmo, el mismo alto funcionario había obtenido también la aquiescencia de los participantes.
Esas asambleas, no se ignora, están compuestas sobre todo por burócratas procedentes de toda la gama jerárquica. Sin embargo, la gran mayoría de los obreros, aun desconfiando de los sindicatos, sigue presa de prejuicios que le impiden clasificar a esos organismos entre sus enemigos de clase. Eso hace fácil, y siempre victorioso, el juego de los explotadores. Sea cual sea la coyuntura, buena o mala para los negocios, el capital puede dormir tranquilo mientras los sindicatos «obreros» estén ahí para venderle la fuerza de trabajo de los asalariados. Añadamos que son, en realidad, los ejecutores de las bajas tareas de los dos falsarios más importantes del capitalismo (el P«C» y el P«S»). El proletariado debe atacarlos como un todo, sin miramientos por su aspecto orgánico. Esa no sería más que una condición previa para una lucha revolucionaria contra el capital.
Nota. El título alude a la fábula de La Fontaine «Los ladrones y el asno»: mientras dos ladrones se pelean por el botín, llega un tercero y se lo lleva.