Alarme, suplemento al n.º 39, mayo de 1988 (pág. 3). PDF del número completo · Texto original en francés
Es blando, es ñoño, suelta eructos que pretenden ser ideas y tiene la pretensión de rehacer la historia, y no una historia cualquiera: la de la revolución rusa.
¿Qué es? ¡El círculo de discusión de Tours! Este grupo, que existe desde hace más de un año, compuesto por antiguos militantes y simpatizantes trotskistas, se proponía discutir con las organizaciones revolucionarias, más en particular con la CCI y el FOR. Consciente de la necesidad de organizarse, el círculo tenía por finalidad deslindar las posiciones y afinidades ideológicas de sus participantes. No era más que un lugar de clarificación, según parece, y debía desaparecer a más o menos largo plazo.
Respondiendo a una invitación suya, el 27-11-87 decidimos, pues, asistir a una de sus reuniones, que tenía por objeto el análisis de la revolución de octubre del 17. Y ello en presencia de la CCI. Tras haber perorado durante dos horas y más, la conclusión no rebasó, ni de lejos, la visión trotskista de LO,1 mezclada en cóctel con un batiburrillo de idiotismos pro-CCI mal digeridos (¡con eso está dicho todo!, por lo demás conocemos la razón); en fin, todo ello pasando por los más sucios argumentos, que sirven entre otras cosas para la condena póstuma de L. Trotski, llamado «el fusilador de Kronstadt»: ¡el rechazo del izquierdismo obliga! Pero el súmmum lo alcanzaron las solemnes declaraciones siguientes:
- crisis económica, factor de revolución
- toma mundial del poder político por el proletariado y, entretanto, mantenimiento de una sociedad mercantil, del valor y del salariado.
¡Bien!, ¡muy bien!; el círculo había sacado bien las lecciones de octubre y había aprendido bien las suyas junto a los... Pasemos.
Se comprenderá el interés que tendría el proletariado en identificarse con semejante proyecto, «ambicioso» y «pertinente»: debería de ser poco más o menos nulo. Cambiar de explotadores y sustituir a los antiguos por una banda de burócratas: he ahí una idea original que habría seducido a más de un Stalin. El círculo fue, evidentemente, incapaz de respondernos cuando le preguntamos a quién iría la plusvalía en tal sociedad, sociedad que, sin embargo, acababa de criticar mencionando la contrarrevolución rusa y sus secuelas.
Ante nuestras críticas, el círculo ni siquiera se preguntó cómo y por qué habíamos roto en su origen con el trotskismo, y sus participantes ni siquiera advierten lo que todavía tienen en común con su versión degenerada. ¡Mejor harían en empezar por ahí!
De todos modos, señores del círculo, vuestra manera de plantear los problemas muestra a las claras que sois ajenos al movimiento social. Vuestra preocupación es hacer política como otros hacen arte y literatura. Afirmamos que un militante revolucionario que hoy no tuviera intereses personales en querer un mundo desembarazado del valor, del intercambio mercantil y del salariado, que viviera su militancia como un acto de altruismo, no es sino un burócrata en potencia del que el capitalismo nada tiene que temer, al contrario. Los aparatos trotskistas acaban de perder una pieza de caza; que se tranquilicen: ésta no amenaza sus proyectos capitalistas de Estado.
Lutte Ouvrière, organización trotskista francesa. ↩