Alarme, n.º 43-46, enero-diciembre de 1989 (págs. 10-11). PDF del número completo · Texto original en francés

La desaparición de la vieja basura stalinista en la RDA (¡y en otras partes!) nos complace mucho, desde luego. Sin embargo, las condiciones en que esos cambios se desarrollan en el Este permiten preguntarse por su naturaleza y su profundidad.

Odio a la opresión, cólera ante la penuria y la corrupción planificadas, frustración frente al inmovilismo: eso es lo que sentían todos los trabajadores del Este de Europa, y de la RDA en particular. Lentamente, la necesidad de «cambiar algo» para seguir en el poder ha pasado de Rusia a sus satélites, con más o menos violencia y profundidad. El liberalismo galopante procede allí de la descomposición del stalinismo. Éste, cuyo epicentro se encuentra en Moscú, se ha ido corroyendo lentamente con los ácidos de su propia mentira y de su negación proletaria. Nuevo avatar de las necesidades (económicas y políticas) de la «reestructuración», la RDA sigue los pasos de la Gorbachada.

En cuanto Rusia soltó militarmente al poder existente, éste se derrumbó como un espantapájaros. La determinación de los manifestantes, desarmados y pacifistas, no habría podido hacer más que en Praga en 1968 frente a los tanques rusos. Recíprocamente, la organización de la protesta descansaba en la Iglesia (protestante, esta vez) y no pudo ser más que verbal. Así pues, fue con la ayuda del ejército ruso y de la Iglesia como el movimiento de masas se llevó por delante un viejo poder descompuesto.

Además de la alienación religiosa y pacifista, parece que el espejismo «del país de Jauja donde las mercancías corren a raudales» ha influido en el modelado del movimiento. Sin embargo, los estrechos lazos del país con la RFA y el flujo nada desdeñable de mercancías que de allí procede harán sin duda que este espejismo mercantil se disipe allí más deprisa que en otras partes.

Los lazos privilegiados con la RFA hacen de la RDA, desde hace algunos años, el decimotercer miembro oficioso de la CEE. Casi un tercio de sus intercambios se hacen con la RFA, sin contrapartida en divisas, sino en moneda de cuenta, como dentro de la CEE. La liberalización del régimen reabre la perspectiva de la reunificación de Alemania, cuyo poderío aplastaría a Europa entera. Bastaría ahora con añadir algunos Länder sajones y prusianos a la Federación existente para que se hiciera realidad. Se perfila el compromiso ideal del capital: un régimen político más bien según el modelo de la RDA con un funcionamiento económico más bien según el modelo de la RFA...

El carácter subversivo del derrumbe del muro de Berlín y del «telón de acero» se ha embotado a lo largo de años de complicidad entre los poderes. Aunque competidores en la lucha por la dominación mundial, están perfectamente de acuerdo en lo esencial, que han podido defender por separado: el mantenimiento de la explotación del proletariado y la oposición feroz al comunismo. Siendo en el fondo las mismas en todas partes las necesidades y las condiciones de la explotación, los obstáculos a la circulación de las mercancías (y por tanto de las mercancías-hombres) deben irse eliminando poco a poco.

Tras los años de militarización, he aquí que llegan los de la uniformización (pero, como todo el mundo sabe, el uniforme no es hostil al ejército). Sigue siendo cierto, sin embargo, que al acelerar así la circulación de las mercancías y de los hombres, los poderes stalinistas se disuelven en el flujo general del capital, mostrando así su identidad con éste.

El carácter subversivo de esta verdad no ha envejecido lo más mínimo; apostemos a que, unido a la náusea que provocan el mercantilismo recién oficializado y la desposesión en la abundancia, los proletarios sabrán hacer fructificar ese carácter y atacarán las dos viejas caras repugnantes del mismo muro.