L'Arme de la critique, n.º 3, mayo de 1987 (págs. 20-22). PDF del número completo · Texto original en francés
... El sistema capitalista existe en todas partes del mundo, tanto en los llamados países desarrollados como en los llamados «subdesarrollados». Es básicamente la misma relación de producción la que hoy rige la explotación del hombre por el hombre, basada en el trabajo asalariado y en la ley del valor (¡aunque hay tribus en algunos lugares!). Es un único mundo (con las particularidades que existen en sus diferentes zonas), el del capital, que ya no tiene razón de ser, y que por lo tanto merece el mismo destino en todas partes: su destrucción por la revolución proletaria mundial.
El surgimiento de grupos que orientan su teoría y práctica hacia esta única solución es muy importante, especialmente cuando se encuentran en áreas geográficas donde las mistificaciones de las distintas fracciones capitalistas mantienen su peso reaccionario más concretamente (patriotismo, nacionalismo, antiimperialismo, tercermundismo, guerrillerismo, etc.).
Por eso, y a pesar de las diferencias que tenemos, queremos saludarlos fraternalmente, y ¡esperamos que los vampiros que chupan plusvalía encuentren que cada vez hay más proletarios que quieren dejar de serlo desde una perspectiva clasista revolucionaria!
Ahora vayamos al grano. Sin entrar aquí en detalles, su «propuesta», o más exactamente, el espíritu que impulsa su «propuesta», muestra su deseo de avanzar, su voluntad de coordinar en la práctica los esfuerzos de los internacionalistas que actúan de manera demasiado aislada en todo el mundo, de romper sin medias tintas con el sectarismo y el espíritu de capilla... La intención es buena, y visto de esta manera nadie debería oponerse a tal propuesta. Mejor aún, que sepamos, ningún grupo (tendencia u organización) reclama el título de sectario. Sin embargo, estas mismas organizaciones, en la mayoría de los casos, siguen actuando por separado, incluso en lugares donde podrían actuar juntas sin ninguna dificultad práctica. Creemos que esta situación no se debe sólo a la mala voluntad o al sectarismo. Recientemente ha habido intentos similares, especialmente aquellos impulsados principalmente por la «CCI» y Battaglia Comunista a través de las conferencias internacionales de las que suponemos que han oído hablar. El hecho de que haya habido intentos no hace que el suyo sea menos importante. Lo que queremos subrayar es que el fracaso se debe a razones políticas. No podemos ni debemos ocultar esto. Después de este fracaso (que habíamos predicho, pero eso no es lo más importante) nos cuesta imaginar cómo todos estos grupos (entre ellos el nuestro) podrían en la situación actual responder positivamente a su propuesta en su totalidad. Compréndannos bien. Cuando hablábamos de razones políticas, nos referimos a las posiciones fundamentales que hoy defienden los que dicen ser revolucionarios. Porque es obvio que en la misma organización, aunque ésta tenga una visión global precisa de la historia del movimiento obrero, pueden existir matices así como por parte de sus militantes un conocimiento más o menos profundo de las caracterizaciones puntuales (sobre la primera, segunda y tercera internacionales, oposiciones de izquierda, fracciones, IVª inicial...). Cuando decimos razones políticas nos referimos a los siguientes puntos principales:
¿CUÁLES SON LAS TAREAS MUNDIALES QUE LA CLASE PROLETARIA EN GENERAL Y SU(S) VANGUARDIA(S) REVOLUCIONARIA(S) DEBEN ASUMIR TANTO EN LA LUCHA INMEDIATA COMO EN PLENA REVOLUCIÓN?
Sobre esto hay profundos desacuerdos entre grupos, organizaciones, tendencias, corrientes y militantes revolucionarios. Es decir, además de los puntos que ustedes enuncian (independientemente de cómo estén redactados aquí) en «¿a quién dirigimos esta propuesta?» con los que podemos estar de acuerdo en términos generales, hay dos puntos esenciales para que nosotros, como organización, promovamos una práctica común organizada entre los distintos grupos.
¿Revolución política o revolución social?
La única solución revolucionaria hoy en día es la revolución proletaria en todo el mundo. Pero ésta, donde surja, debe ser directamente socialista; por lo tanto, debe atacar de inmediato las relaciones capitalistas de producción y, en consecuencia, hacer que el trabajo asalariado se reduzca a polvo lo antes posible en la perspectiva de la mundialización de esta misma revolución.
Este solo punto, sobre el que no queremos transigir (lo que no tiene nada que ver con el sectarismo) causa en la gran mayoría de los grupos que podrían estar de acuerdo con sus puntos una terrible furia al acusarnos (¡amablemente, por supuesto!) de bujarinistas e incluso de stalinistas, como si quisiéramos el socialismo en un solo país (¡e incluso esta analogía sobre este punto es falsa, porque por lo que sabemos, Stalin nunca defendió, una vez encaramado al poder, el socialismo en ninguna parte!). De todos modos, incluso si lo quisiéramos, es imposible porque el movimiento comunista es anacional por definición. Uno de sus aspectos es la destrucción de las fronteras. En cuanto a Stalin, cuando hablaba de «socialismo en un solo país» sólo estaba consolidando el capitalismo de Estado como producto empírico del fracaso de la tentativa de revolución mundial en Rusia.
También estamos a favor de la creación de un Partido Comunista Mundial, pero afirmamos que sólo merecerá este título si defiende prácticamente, dondequiera que esté, la tarea social de la revolución, sea cual sea la ubicación geográfica en la que surja el movimiento. Hoy desconfiamos, puesto que las condiciones materiales objetivas para el triunfo de la sociedad comunista están ampliamente presentes, de quienes, como la CCI y el BIPR, hablan del poder internacional de los consejos obreros (ya sea que el Partido esté en el frente, detrás o en el medio, no importa aquí) sin especificar las medidas directamente socialistas de la revolución, medidas que precisamente impiden que el Estado posrevolucionario sea dueño de los medios de producción a expensas de la clase obrera.
En resumen, no basta con hablar de revolución proletaria si no especificamos su naturaleza directamente socialista. Al menos los revolucionarios del pasado, estemos de acuerdo con ellos o no, especificaron claramente la política que querían impulsar (revolución democrática, Tesis de Abril, revolución permanente...). La dictadura del proletariado sólo puede atacar hoy al trabajo asalariado; de lo contrario, habrá dictadura del capital.
Luchas inmediatas
Las tareas de los revolucionarios en las luchas inmediatas deben estar directamente relacionadas con el primer punto mencionado, ya que no se trata de desarrollar, no importa en qué forma (poder burgués, colaboracionista, proletario) el capitalismo en ninguna parte, sino de abatirlo en todas partes. Ya no hay ninguna posibilidad de llevar a cabo tareas democrático-burguesas sobre la superficie de la Tierra. Pero debido al muy bajo nivel de consciencia revolucionaria dentro de nuestra clase, principalmente debido a la contrarrevolución capitalista de Estado (pilar de la contrarrevolución en el mundo) y no a la prosperidad o crisis económica del capital, los revolucionarios siguen estando contracorriente. Es decir, las ideas dominantes son las ideas de la clase dominante (capitalismo global sin importar sus fracciones, en el poder o en la oposición). Por eso, como parte más consciente y decidida, no podemos aceptar con la sonrisa en los labios cualquier acción de nuestra clase por el simple hecho de que se haya movido. Por supuesto, es cuando se mueve cuando está más capacitada para transformarse en una clase revolucionaria, pero es precisamente entonces cuando la acción revolucionaria de las minorías se hace más importante. Si bien es cierto que debemos llamar a la autoorganización, a la extensión de las luchas, también debemos, como proletarios comunistas, contribuir a dar contenido político a estas luchas. La unificación de las luchas inmediatas no puede dejarse a la simple espontaneidad de las masas, ni puede lograrse proclamando su simple necesidad. Por eso Fomento Obrero Revolucionario escribió en su Pro Segundo Manifiesto Comunista un capítulo (el último), «Las tareas de nuestra época», en el que trata de establecer los ejes fundamentales que permitan actuar a la clase en su conjunto y a los revolucionarios, tratando de dar respuesta a todos y cada uno de los principales problemas (en el plano político, organizativo, económico y social). Estas propuestas son acusadas por casi todas las organizaciones que conocemos de ser un «programa de transición» (en su acepción trotskista), mientras que todas ellas aceptan (¡ante la clase, sin duda, debemos arrodillarnos!) casi siempre una lucha reivindicativa circunscrita al marco del capital, y que por lo tanto no apunta en absoluto a la base misma de la explotación del hombre por el hombre. Hoy en día, incluso las huelgas que inicialmente escapan a la estructura sindical, casi siempre mantienen por atavismo una orientación sindicalista. Para nosotros, en todos los movimientos de la clase, y con más fuerza y energía en los movimientos masivos como en Inglaterra y Bélgica recientemente, debemos poner por delante: NO A LOS DESPIDOS, MENOS TRABAJO Y MÁS SALARIO REAL, INCORPORACIÓN DE LOS PARADOS A LA PRODUCCIÓN. ABAJO LOS SINDICATOS, ORGANIZACIÓN INDEPENDIENTE DE CLASE. Ahí empieza la verdadera solidaridad de clase y, al mismo tiempo, la posibilidad concreta de aplastar el sistema mercantil capitalista. De lo contrario, cualquier acción de los trabajadores será fácilmente supervisada y dirigida por los sindicatos, organizaciones indispensables para el mantenimiento de la explotación salarial (como intermediarios o directamente como administradores del capital).
Compañeros, estos dos puntos, entre otras cosas porque todo está ligado, nos impiden tener una práctica común organizada con las organizaciones que consideramos revolucionarias a pesar de estas diferencias. ¡Y no hablamos de las que tienen entre ellas! Si lo hemos mencionado es para que se den cuenta de la situación real que existe entre las tendencias revolucionarias que irán conociendo mejor más adelante.
Dicho esto, no nos quedamos por ello encerrados en un círculo para destilar la teoría comunista. No tenemos la estúpida pretensión de representar en solitario al Partido Revolucionario, que es tan necesario para el triunfo del comunismo. Sin embargo, lo que es seguro es que creemos en nuestras ideas y en nuestra práctica. Es mediante la confrontación de su praxis en las luchas como avanzarán las organizaciones hoy existentes, porque creemos en la relación dialéctica entre todo el proletariado y su vanguardia.
La situación actual (que no consideramos como un empuje cualitativo y cuantitativo de la lucha de clases y su consciencia) no facilita las cosas. Sin embargo, los revolucionarios son un factor decisivo en su transformación. Hay que denunciar y atacar a todas las fuerzas que se dicen obreras y que realmente defienden este sistema podrido (P«C», P«S», trotskistas, sindicalistas). Es cierto que muchas organizaciones, quizás todas ellas, a las que han enviado «la propuesta» están tratando de hacerlo. Pero ahora, debido a los problemas mencionados anteriormente, sólo podemos hacer lo que K. Liebknecht dijo en su momento: «golpear juntos, marchar separados». No tiene sentido apresurarse, lo que es esencial es el resultado positivo que todos queremos. Incluso «golpear juntos» se hace hoy en día por separado debido a las diferencias en la forma de golpear.
Por último, no queremos darles la impresión de que no queremos avanzar hacia la unificación de las fuerzas revolucionarias. Los debates, cuando no son repetitivos (los grupos se conocen desde hace mucho tiempo) por la situación actual de la lucha de clases y no por los participantes, son necesarios. Es necesario que los revolucionarios se informen entre sí sobre las luchas, huelgas, actitudes y acciones de su clase allá donde ocurren. En este sentido, es cierto que queda mucho por hacer ahora y siempre ha sido así. En la medida de nuestras fuerzas, lo haremos con ustedes y con otros cuando tengamos información directa que nadie más conozca.
Bueno, no vamos a extender demasiado este primer intercambio de ideas ya que no podemos decir todo de una vez. Por cierto, les hemos enviado una primera selección de nuestro material en español. Cuando lo reciban, hágannoslo saber pronto. Si ustedes tienen publicaciones, nos gustaría tenerlas, la única manera de conocerles mejor por el momento, ya que es difícil para nosotros llegar tan lejos.
Esperando recibir una respuesta, reciban nuestros saludos comunistas.
F.O.R (Alarme) F.O.R (Alarma)
P.D. Sabemos que tuvieron problemas con los trotskistas argentinos. Aparte de la denuncia que podemos hacer frente a tal acción, la mejor solidaridad práctica (dada la distancia que nos separa) sigue siendo la de decirles que los revolucionarios tienen los mismos problemas en todas partes. La relación de fuerzas les es favorable por el momento. Contribuimos y contribuiremos a que sea de otro modo. Los denunciamos y los denunciaremos sin cesar.
Nota. Texto español según la versión publicada en el archivo de la Escuela, en «Los vástagos de la Izquierda Comunista Italiana», cotejada con el francés de L'Arme de la critique y corregida en algunos pasajes para ajustarla a él. La carta iba dirigida a un grupo argentino y la firmaban conjuntamente las secciones francesa y española del FOR.