L'Arme de la critique, n.º 6, mayo de 1990 (contraportada). PDF del número completo · Texto original en francés

La caída de la contrarrevolución stalinista resquebrajaría el sistema mundial del capitalismo muchísimo más que la caída del zarismo en 1917. La victoria de la revolución comunista en Europa ya no encontraría sino obstáculos menores. Con todo, es el proletariado europeo, americano, japonés, el que tiene por el momento mayores posibilidades de suscitar un movimiento revolucionario que repercuta en Rusia y dependencias. Debe en verdad considerar esta última tarea como una de sus principales incumbencias. No sólo por solidaridad de clase, sino porque él dispone de condiciones de acción inmediata de que el proletariado ruso está por completo privado, y también porque sin el aniquilamiento de la contrarrevolución stalinista no habrá porvenir para el comunismo, ni aún siquiera después de la revolución en varios países.

Con tal objeto, el proletariado debe concertar internacionalmente su ataque a cada capitalismo y forzar la intervención solidaria con el proletariado del otro Bloque. Motivos directos de lucha contra la esencia misma del sistema sobreabundan en todas partes. Apuntan, aunque mal formulados, en numerosas huelgas, enseguida desnaturalizadas y convertidas en estériles regateos salariales. Mientras que el proletariado, y con él la sociedad entera, no puede dar un solo paso adelante sin atacar todos y cada uno de los aspectos funcionales del capitalismo, sin declarar caduco y deletéreo este sistema, sindicatos y partidos le ofrecen por cebo reivindicaciones dichas obreras, que en realidad son desperdicios de la programación capitalista. Varias veces, semejante situación ha estado en un tris de ser rota y la han restablecido, no el patronato o el Estado, sino los partidos y sindicatos cuya profesión es negociar con aquellos. Negociar, porque cuentan trocar un día su papel de vendedores1 de fuerza de trabajo obrera en compradores de la misma. Con toda seguridad, los trabajadores no se dejarán siempre confiscar sus luchas y vaciarlas de contenido. Es imposible prever donde y cuando tendrá lugar una lucha revolucionaria abierta. Por el contrario, es seguro que, por su forma, tomará el aspecto de una ruptura deliberada con los profesionales de la negociación; por su contenido el de una arremetida frontal a los cimientos económicos y políticos del capital, comprendida la primera de sus relaciones sociales: la esclavitud salarial. Es indispensable un éxito importante en tal dirección para que se produzca en escala internacional un nuevo período de luchas por la revolución comunista.

Conviene precisar todavía: tal éxito que ha de encender otra vez la llamarada de la subjetividad revolucionaria, no podrá producirse en Europa sino en contra de los partidos stalinistas. Sin dislocar sus aparatos, el proletariado no conseguirá acercarse siquiera al poder... El porvenir inmediato y a largo plazo de los explotados, se juega en este dilema: o la revolución comunista que ha de emprender inmediatamente la supresión del trabajo asalariado, única manera de suprimir el capital, o la suprema concentración de éste en capitalismo estatal. Dilema de vida o muerte para la revolución, y eso en los cuatro puntos cardinales. Y si la revolución fuese rechazada, ya no quedaría sino la contradicción entre Bloques imperialistas y la guerra en perspectiva.

Recapitulando: la contrarrevolución stalinista mató la revolución entre las dos guerras. Contribuyó así decisivamente a la sobrevivencia del sistema capitalista históricamente sobrepasado, es decir decadente. Por ese hecho, ella misma entraba en el sistema y en su decadencia. Pero el crecimiento industrial por tal conducto consentido al viejo mundo, y al suyo propio ha agravado y hecho más evidentes al cabo todos los efectos de la corrupción del sistema, comprendidos los de las asesinas rapacidades imperialistas. Al término de ese proceso reaccionario en que nos encontramos hoy, la revolución comunista reaparece como la única salida para la humanidad, como una necesidad ineluctable y urgente.

Fragmento de «Partido-Estado, stalinismo, revolución», Éditions Spartacus.2

  1. Nuestro texto español decía por errata «vencedores» (ya corregido); el francés dice «courtier» («corredor», «intermediario»). ↩

  2. Texto español de Munis según Partido-Estado, stalinismo, revolución, capítulo «Del bolchevismo al stalinismo», cotejado con la versión francesa que reproduce L'Arme de la critique (la de la edición de Spartacus, París, 1975). El francés sigue de cerca el original, con algunas diferencias: dice que el proletariado occidental «debe en verdad actuar como si esa tarea le correspondiese», en lugar de «considerar esta última tarea como una de sus principales incumbencias»; en el segundo párrafo, «el proletariado debe ante todo hacer frente en todas partes a su propio capitalismo con sus propios medios y unificar internacionalmente su acción», en lugar de «concertar internacionalmente su ataque a cada capitalismo y forzar la intervención solidaria con el proletariado del otro Bloque»; habla de «regateos estériles sobre el precio de la esclavitud asalariada» y de un ataque a los fundamentos del capital «hasta su relación social esencial», sin nombrar la esclavitud salarial; omite la última frase del tercer párrafo («Y si la revolución fuese rechazada, ya no quedaría sino la contradicción entre Bloques imperialistas y la guerra en perspectiva»), y en el último dice «la revolución comunista» donde el español dice «la revolución», y «rapacidades interimperialistas». ↩