L'Arme de la critique, n.º 6, mayo de 1990 (pág. 30). PDF del número completo · Texto original en francés
«En el aspecto económico como en el cultural, las necesidades de cada persona y del conjunto de la sociedad son ilimitadas. Dejarles libre curso es el cometido que desde el instante mismo de su victoria debe asignarse la revolución socialista, inseparable, además, de la desaparición de las clases y del Estado. Hacia él deberá enderezarse desde el primer día la sociedad de transición que nacerá de su triunfo, sin perder de vista ni un momento la estrecha dependencia existente entre producción y consumo. En la sociedad actual, el lucro intercalado entre ambas desde el primer acto de la producción hasta el último del consumo, reduce ya la una, ya el otro. Cuando el consumo mengua, beneficios capitalistas y producción bajan, causando las crisis mal llamadas de superproducción; al contrario, aquellos aumentan cuando la demanda de mercancías supera la oferta. Pero el consumo de las masas se ve continuamente mermado por el despilfarro de los armamentos, los ejércitos y las policías, las burocracias y toda suerte de ocupaciones parasitarias, a más de estrictamente limitado por la ley del valor que pone un precio al trabajo y a los productos de éste, comprendiendo los conocimientos científicos y la cultura en general. Y la tasa del precio del trabajo por el Estado empeora la situación del trabajador, dejándole indefenso ante el capital. En la sociedad de transición, el lucro tiene que estar proscrito, incluso bajo la forma de grandes sueldos que es susceptible de adoptar. Siendo la mira de una economía de verdad planificada acordar a las necesidades de consumo la producción, sólo la plena satisfacción de aquellas, no el lucro o el privilegio, ni la «defensa nacional» o las exigencias de una industrialización ajena a los menesteres cotidianos de las masas, ha de ser tenida como pauta de la producción. El primer requisito de tal empeño no puede ser pues otro que la desaparición del trabajo asalariado, cimiento el más profundo de la ley del valor universal en toda sociedad capitalista, por más que muchas de ellas se reputen hoy de socialistas o comunistas.
Cualquier economía sedicente planificada que no tenga en cuenta las necesidades vitales de las masas está por ese sólo hecho orientada a la satisfacción de las necesidades de una minoría explotadora y dominante, que impone a la sociedad las normas capitalistas más draconianas y encarna una forma policíaca de Estado.»
Pro segundo manifiesto comunista1
Texto español según Pro Segundo Manifiesto Comunista (FOR, 1961), apartado «Decadencia del capitalismo», cotejado con la versión francesa que reproduce L'Arme de la critique. El recuadro empieza a mitad de párrafo («En el aspecto económico...») y se detiene en «forma policíaca de Estado», antes del final del párrafo; como en el francés, los dos primeros párrafos del español se dan aquí en uno solo. Por lo demás, el francés traduce fielmente el original. ↩