Comunismo, n.º 24, mayo de 1933 (págs. 193-199). PDF del número completo

El Primero de Mayo, jornada histórica de movilización obrera y de combate, se ha caracterizado este año por la derrota del proletariado alemán. Millones de obreros alemanes, entre los cuales la tradición del Primero de Mayo de combate es, a la vez, tan reciente y tan gloriosa, no han podido flamear su bandera. El fascismo, combinando los medios de destrucción de las fuerzas proletarias (destrucción física y sometimiento), ha tendido a transformar esta jornada gloriosa de lucha de clases en jornada de abandono y de unión de clases. Favorecido por sus criados, los jefes de los Sindicatos reformistas alemanes, Hitler ha logrado en gran parte este objetivo. La Oficina de la Internacional Obrera Socialista, en su manifiesto de Primero de Mayo, llama a esto «la imposición para los hitlerianos de inclinarse, aunque contra su voluntad, a reconocer este día como fiesta oficial, ante la resolución tomada por la Internacional Socialista en 1889». El fascismo se ha inclinado para romper de una manera más decisiva las vértebras al movimiento sindical alemán, cuyos líderes imploran de rodillas.

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Desde hace años, la Segunda Internacional tiende a ocultar el origen de clase del Primero de Mayo, a transformarle en jornada de fiesta, a traicionar esta tradición de una jornada internacional de lucha, que fué establecida en el Congreso Socialista Obrero de París, cuyo Congreso, al adoptar una declaración de Lavigne, Guesde, Bebel, Liebknecht, decidió que todos los años se celebrara una gran manifestación internacional, para imponer la reducción de la jornada de trabajo a ocho horas y las reivindicaciones obreras; adoptó como fecha de esta manifestación la del Primero de Mayo, marcada por la lucha heroica de los obreros americanos, el martirio de Spiess y de sus tres compañeros ahorcados en Chicago. La socialdemocracia había comenzado a profanar el Primero de Mayo; Hitler ha continuado su obra. La participación activa de delegaciones numerosas de guardias blancos rusos demuestra en qué dirección, sobre el plano internacional, estaba dirigida la manifestación de mayo en Berlín. Cada día aparece con más claridad la aspiración de Hitler de ser un super Wrangel. Este plan encuentra un apoyo en Rusia soviética, y a través del mundo en todas las capas de la contrarrevolución. El debilitamiento, por la política staliniana, de la dictadura del proletariado en la Unión Soviética contribuye al reforzamiento de estas capas contrarrevolucionarias, lo mismo que el debilitamiento de la I. C. y de sus secciones contribuye al reforzamiento en Alemania y a través del mundo de la contrarrevolución. Por esto, la manifestación grandiosa de Moscú no puede hacer olvidar todo lo que se ha modificado la relación de fuerzas en beneficio de la contrarrevolución internacional, todo lo grande que es el peligro para el proletariado mundial y su patria soviética y lo criminal que fué para el proletariado mundial y para Rusia soviética el abandono sin combate del Poder a Hitler.

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En España ha sido seguramente el país del mundo, después de la Unión Soviética, donde el Primero de Mayo ha tenido un mayor relieve. ¡Pero qué relieve! La socialdemocracia española, uncida al carro de la colaboración ministerial, aprovecha sus privilegios oficiales para obtener un paro general mediante el beneplácito de la propia burguesía y del Gobierno. Mayor desnaturalización del verdadero significado de la fecha del Primero de Mayo no es concebible. Incluso el socialismo español renuncia a lo que era tradición en dicha fecha: la manifestación. No oculta el porqué de los motivos de esta suspensión: el temor a la intervención en ella de los obreros revolucionarios. Nada mejor que esto pone al desnudo el desplazamiento absoluto hacia el campo de la burguesía de los socialistas y su separación de los ideales de la clase trabajadora. El Primero de Mayo, en España, ha quedado prácticamente convertido en una fiesta oficial de la República..., es decir, ha sido así durante estos tres últimos años. El porvenir está lleno de peligros y de promesas. Este año, en los feudos mayores del socialismo español, el paro ha sido completo; pero, para sangriento contraste, al mismo tiempo que esto sucedía, las cárceles españolas estaban más llenas que nunca de trabajadores. E incluso del tradicional manifiesto para el Primero de Mayo del Partido Socialista y la U. G. T., ha desaparecido la mínima reivindicación de una amnistía para los presos políticos y sociales. Si el socialismo español no estuviera ya cubierto por completo de oprobio y de vergüenza, esto hubiera sido suficiente para ello. En él encuentra el capitalismo, en esta época de descomposición de este régimen inhumano, su más firme puntal.

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La política del Gobierno republicanosocialista y la división del movimiento obrero, van haciendo posible que la contrarrevolución monárquica se vuelva cada día más insolente, levante cabeza y se apreste a nuevos complots. Es sabido que una represión, y menos una simulada represión, no acaba de raíz con una conspiración. Los hilos de parte del movimiento monárquico del mes de agosto pasado continúan en las mismas manos, favorecidos por la benignidad del trato gubernamental. Cada día nos trae la Prensa la noticia de que un nuevo complicado detenido ha logrado escapar y atravesar la frontera. Por momentos crece el tono provocador de la Prensa monárquica. Puede decirse que la contrarrevolución monárquica conspira ya a la luz del día, favorecida por los medios gubernamentales, es decir, por las autoridades. Al parecer, últimamente había sido preparado un nuevo golpe. El Gobierno ni siquiera ha dado los informes existentes sobre el mismo, y éste ha tomado meramente estado público a consecuencia de la deportación o detención de varios militares. Pero lo cierto es que se intenta un nuevo movimiento, y que éste puede llegar a surgir, aunque también es cierto que la clase trabajadora sabrá dar buena cuenta de él. Si la reacción monárquica tiene como bandera el decir que este Gobierno de represión está entregado a los trabajadores, excusamos señalar con la saña que, triunfantes, procederían contra el movimiento obrero revolucionario. El manifiesto del general Sanjurjo hablaba ya terminantemente de poner fuera de la ley a las organizaciones que obedecieran consignas del extranjero. La clase trabajadora debe ponerse en pie al menor asomo contrarrevolucionario.

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La más negra reacción, colocada en la oposición, llega en todos los países y en todas las épocas a manejar la más desenfrenada demagogia para buscar un sostén en ciertas capas populares de educación política retardataria. A este espectáculo, puesto en escena por el lerrouxismo, asistimos en la actualidad en España. En todas las épocas también la más negra y demagógica reacción se alimenta de los desperdicios humanos, de los tipos moralmente más tarados. El fascismo europeo es un ejemplo elocuente; nuestro lerrouxismo, otro. Puede decirse que en él se agrupa el detritus social, los alimentadores de los grandes escándalos administrativos y municipales, los aspirantes a hacer de la administración del Estado burgués un colosal «Panamá». La moral del jefe es la media prevaleciente en los demás capitostes. Emiliano Iglesias sigue hablando en nombre del partido, y el jefe, en primera línea, es el disculpador reiterado del contrabandista cobarde March. Bajo el nombre de bloque de oposiciones se ha formado un conjunto abigarrado de toda la reacción, que anhela imponer por la violencia la liquidación de las más mínimas ventajas democráticas. Por eso no deja de ser monstruoso que los anarquistas, de una manera inconsciente, naturalmente, se estén convirtiendo en juguete de esos elementos, que les prometen una amnistía para los presos sociales. Por boca de Lerroux y por la actuación de sus partidarios se expresan todas las tendencias feudales de los contrarrevolucionarios monárquicos. El proletariado debe manifestar de una manera terminante su oposición hacia el lerrouxismo, amparador del capitalismo más reaccionario. Pero al mismo tiempo debe combinar su lucha con la actuación contra el Gobierno republicanosocialista, que con sus métodos favorece el desarrollo de esos elementos. Y en primer lugar, contra los socialistas, que no se recatan en decir públicamente, y en obrar, que ellos se hallan prestos a facilitar el arribo al Poder del lerrouxismo. No atreviéndose todavía a liquidar la República, la reacción monárquica ha hecho de Lerroux su órgano de expresión política.

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Es de esperar que el reciente movimiento llevado a cabo por la F. A. I. sea el final de una serie de errores que desde la proclamación de la República ha venido cometiendo. Es preciso que los camaradas anarquistas, o simplemente sindicalistas, se convenzan de lo disparatado y catastrófico de su táctica. La revolución social es algo más serio y fundamental que el simple acuerdo de unos cuantos grupos para llevar a efecto un golpe de mano. Una revolución no se hace independientemente de una serie de factores económicos y políticos y por el solo propósito de una minoría de gentes audaces. Esa concepción simplista de lo que es una revolución es lo que ha conducido a los faístas en reiteradas ocasiones a intentar golpes de mano. Esta táctica sólo sirve para ir liquidando poco a poco a la C. N. T. Del movimiento del mes de enero, el organismo confederal salió bastante debilitado; con éste, su debilitación será mayor, y puede ser aprovechada exclusivamente en beneficio del grupo de los treinta, lo que prácticamente equivaldría a borrar todo el significado revolucionario de la Confederación. De lo que se trata fundamentalmente es de salvar a la C. N. T. del caos a que la conducen los métodos irresponsables de la F. A. I. El fenómeno cierto en el movimiento sindical actualmente es que mientras cada día se ponen más al descubierto las traiciones de los jefes socialistas, la U. G. T. ve aumentar todos los días sus efectivos, al mismo tiempo que la C. N. T. los pierde en proporciones aterradoras. Y esto debe preocuparnos intensamente a los comunistas y poner nuestro esfuerzo en corregirlo. Pero para ello no es precisamente la táctica más ajustada el crear centrales sindicales nada más que fantasmas; pero a nuestra imagen y semejanza. Los mayormente interesados en conservar las esencias revolucionarias de la Confederación debemos de ser los comunistas, y a esta aspiración debemos atemperar nuestra táctica.

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Los sucesos producidos en los últimos días en la Universidad de Madrid revelan nuevamente que las posibilidades de desarrollo de un movimiento fascista no son utópicas. Vemos cómo en poblaciones como Granada estos elementos, al parecer, dominan en los medios universitarios. Su procacidad va en aumento. El fascismo universitario se alimenta ahora de las juventudes católicas y de la aportación de aventureros típicos. El que de momento no constituyan un peligro serio no quiere decir de ninguna manera que no pueda convertirse mañana en un grave daño. Desvalorizar las posibilidades de desarrollo del enemigo es el más profundo error político. Pero, para evitar este desarrollo, lo más atinado es proceder con la máxima energía desde su comienzo. Téngase en cuenta que todos los movimientos fascistas, principalmente el italiano y el alemán, donde primeramente comenzaron a exteriorizarse fué en los medios universitarios, para después extenderse a otras capas sociales. El fascismo, actualmente, se encuentra en esta primera etapa, y es allí donde hay que combatirle con todo encarnizamiento. Los estudiantes comunistas, o simplemente revolucionarios, vienen reaccionando con energía contra las audacias fascistas. Pero el proletariado no puede inhibirse ni dejar sólo estos primeros combates en manos de los estudiantes. Los trabajadores deben prestarles su solidaridad más completa y eficaz. Estos primeros brotes son alimentados por la reacción a base de una especie de misticismo nacionalista. Este nacionalismo se exterioriza, en primer lugar, contra el marxismo, por su carácter internacional. A este respecto debe servirnos de gran lección lo sucedido en Alemania.

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El acreditado y consecuente botarate José Antonio Balbontín, si bien después de su ingreso en el Partido oficial no ha aprendido políticamente nada y sigue siendo el pequeñoburgués llorón y cursi de siempre, en cambio, rápidamente se ha asimilado las mañas y trucos de esa degenerada burocracia staliniana que arruina el movimiento revolucionario mundial. Inmediatamente, para contraer méritos ha echado su cuarto a espadas. Y este reiterado catador de salsas políticas se ha permitido escribir en Mundo Obrero: «El contrarrevolucionario Trotsky, para el que no pasan los años ni las experiencias.» Después de esto, ese saltimbanqui puede dormir tranquilo y decir todas las herejías políticas y hasta poner en ridículo al «Partido de la revolución» en pleno Parlamento. La irresponsabilidad peculiar del stalinismo permite estas expansiones interesadas. Una de las pruebas más fehacientes de lo bajo que ha caído el stalinismo es el que en países como España puedan hablar en su nombre sujetos como Balbontín o Falcón. Balbontín ha pasado en su vida por todas las gamas políticas. Desde el más encendido misticismo católico, hasta el confusionismo turbio de la ideología de La Tierra. En pleno período agudo de la revolución española, cuando los comunistas nos esforzamos por señalar una política justa de clase a los trabajadores, Balbontín se entregaba a introducir la confusión más nefasta entre las masas proletarias y campesinas, contrayendo así una gran responsabilidad histórica. Danzante y cursi, alternaba los dos defectos para obtener un resultado más nefasto. Ha naufragado en todas las naves políticas para arribar finalmente al puerto staliniano. No es el primero, ni seguramente será el último de los ataques que nos dirija semejante botarate, del que sería dificilísimo encontrar un solo español que le tome en serio. Quizás no hayamos extralimitado a tomar demasiado en serio la estupidez del diputado staliniano. El nombre de Trotsky está demasiado alto para que pueda mancharlo ese pigmeíllo de la política y la literatura.

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La represión en los países americanos, principalmente en Argentina, Cuba, Perú, Brasil y Chile, es cada día mayor. Los tiranuelos que regentan estos países recurren constantemente al terror para intentar someter a los obreros y estudiantes que luchan en las primeras filas revolucionarias. Las noticias que recibimos de Cuba son de que la ola de represión es cada día mayor. Se acude al asesinato público, y los asesinos son apoyados resueltamente por las autoridades. Las prisiones de Cuba están repletas de revolucionarios. La mayoría de nuestros camaradas de Oposición se encuentran encarcelados y sometidos a un régimen de ferocidad. En otro lugar de este número damos la noticia de que nuestro camarada Islas, secretario de la Izquierda Comunista argentina, ha sido deportado a la isla del Fuego, que es tanto como condenarle a la muerte. En la Argentina la represión se hace más ostensible contra los obreros extranjeros, y de éstos, principalmente, contra italianos y polacos. La distancia que los separa de Europa da lugar a que el proletariado comunista europeo no conozca sus martirios. Pero la solidaridad internacional proletaria debe exteriorizarse ampliamente en favor de nuestros camaradas americanos. Cada día son mayores los gritos de angustia que nos llegan de aquellos países. Es preciso, urgente, que el Socorro Rojo Internacional inicie una gran campaña mundial en favor de los trabajadores perseguidos por las dictaduras americanas. La Izquierda Comunista está presta a apoyar resueltamente dicha campaña.

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Incesantemente, en estas últimas semanas, la Oposición Comunista Internacional ha reclamado de la burocracia staliniana que manifiesten concreta y rápidamente qué suerte han corrido nuestros camaradas Rakovsky y Víctor Serge. ¿Han sido desterrados o encarcelados? La burocracia calla. Quiere anular físicamente a los más bravos campeones de la Revolución de Octubre. Después de la perfidia con Rakovsky, viene la perfidia contra Víctor Serge, cuya historia revolucionaria brillante nadie puede poner en duda. Serge hizo esta revolución y la defendió con las armas en la mano. Después de haber hecho la revolución, hizo la Historia, y es a él a quien el proletariado debe el más bello libro en lengua francesa sobre la revolución naciente: «El año 1 de la revolución rusa». Fué encarcelado por primera vez en 1928, y libertado por la solidaridad activa de una gran parte del proletariado francés. Ha sido nuevamente encarcelado ahora, y se ignora su suerte. Serge es, como pocos, un combatiente y un escritor de la revolución. Pero un auténtico escritor revolucionario, no uno de esos literatuelos dilettantis y decadentes que forman parte de las Asociaciones de Escritores «Proletarios». La Oposición de Izquierda no cejará hasta conseguir la liberación de todos los camaradas rusos deportados, lo cual sólo es factible mediante el aplastamiento de la burocracia staliniana.


En «Crítica», de Buenos Aires, del 13 de abril, se insertan unas supuestas declaraciones de nuestro camarada Juan Andrade. Debemos advertir que son absolutamente apócrifas.