Comunismo, n.º 24, mayo de 1933 (págs. 220-221). PDF del número completo
Acaba de celebrarse en Moscú el proceso de los ingenieros ingleses. ¿Culpables o no? Poco importa esto a la burguesía internacional, que ha tomado partido por ellos, en primer lugar el Reino Unido, en defensa de sus fieles súbditos.
Que los imperialismos mundiales, que no cejan de espionarse mutuamente, traten de averiguar los secretos de defensa e incluso de sabotear la economía soviética, esto no es sólo probable, sino cierto de toda evidencia. Esto no es, por otra parte, más que uno de los aspectos de la lucha de la burguesía internacional contra el proletariado ruso, culpable a sus ojos de haber tomado el Poder. El proceso sobrepasa con mucho su propio marco. De lo que se trata no es tanto únicamente de la culpabilidad de los ingenieros ingleses como de las circunstancias que han favorecido y desarrollado las posibilidades de sabotaje y de espionaje, que se han denunciado con una frecuencia cada vez mayor en los procesos periódicos más o menos amalgamados.
Es necesario decirlo abiertamente: no es sólo un proceso lo que puede reforzar el Poder soviético y aplastar el veneno blanco. La lucha de la burguesía rusa e internacional contra el Poder soviético es una lucha de clase frente a la cual la dictadura del proletariado no puede oponerse más que por el reforzamiento de sus propias bases, así como también de las posiciones de la clase obrera internacional. Todo debilitamiento de la dictadura es una brecha abierta al enemigo de clase. En la medida en que la política centrista ha contribuído a desorganizar la economía soviética, en la misma medida los elementos de las clases enemigas ganan posiciones tanto más fuertes cuanto que se hallan reforzadas por la derrota del proletariado alemán.
La política de la infalibilidad burocrática tiene por corolario y resultante inevitable el pisoteamiento de la democracia en el seno del Partido y de la clase obrera: así no se permite ejercer su control de clase y descubrir al enemigo. Por otra parte, la política económica de la burocracia staliniana hace perpetuos zigzags, sirve los deseos de la contrarrevolución y favorece su obra. Ya después del proceso de Rasim y compañía en 1931, los debates demostraron cómo los saboteadores llevaban a cabo su acción nefasta ejecutando y llevando a sus últimos extremos los ritmos inconsiderados impulsados a la industria. Hoy el problema es el mismo. Las desproporciones aumentan en el seno de la economía, la tensión de la producción industrial, la relación desfavorable entre la ciudad y el campo y la situación crítica de esta última crean una gravedad de las fuerzas sociales y de los reagrupamientos de clase que permiten al enemigo del interior y a los espías de los imperialistas mundiales entenderse. Pueden tanto más insinuarse y proseguir su obra cuanto que la vida del Partido se ha extinguido por su disolución en el seno de una clase obrera que la burocracia usurpadora priva de todo control, aplastando la democracia soviética.
Hace cerca de dos meses, la Oposición de Izquierda, por la voz autorizada de Trotsky, lanzó su «señal de alarma» sobre el peligro que corre la economía soviética. Cada día el peligro no hace más que crecer, mientras que internacionalmente la situación de la U. R. S. S. se agrava tanto en Oriente como en Occidente.
El proceso de los ingenieros ingleses prácticamente ha puesto en acusación la política del socialismo en un solo país. La marcha de todo el proceso ha demostrado cómo la política exterior de la U. R. S. S. está ligada a su política interior. Las sentencias incluso han tenido por resultado minimizar la autoridad de la justicia soviética, al mismo tiempo que el boicot de Inglaterra con respecto a Rusia demostraba la dependencia de esta última del mercado mundial, repercutiendo sobre su situación interior, tan gravemente en peligro.
La política de Stalin favorece la introducción del enemigo de clase creándole, por su política burocrática, un terreno favorable en la Unión Soviética y permitiendo a la burguesía británica, gracias a la derrota del proletariado alemán, atacar de frente a Rusia declarando el boicot. Tanto interior como exteriormente, Rusia está en peligro.
La lucha verdadera contra el enemigo de clase debe estar subordinada a una política que cese de facilitar un terreno favorable al desarrollo nefasto de las organizaciones blancas. Una de las armas principales es el restablecimiento inmediato de un régimen honrado en el seno del partido y de la democracia soviética, únicos capaces de permitir a los obreros ejercer una acción consciente de control de clase. La política plebiscitaria sirve, en último análisis, al enemigo de clase.
La economía rusa no puede reponerse con procesos. Estos no son más que pequeños remedios. Para responder a los ataques del enemigo le es necesario al proletariado una política revolucionaria. En el interior del país, una política de reforzamiento de la economía; en el exterior, una política de movilización de las masas sobre una plataforma de acción verdaderamente comunista.
Cortado de su fracción de izquierda, el Partido bolchevique y la Internacional Comunista no pueden oponerse eficazmente al enemigo de clase, porque la burocracia que los dirige es su auxiliar inconsciente.
El proletariado y su vanguardia deben comprender que cuando la Unión Soviética se ve obligada en las sentencias a batirse en retirada ante el imperialismo inglés, es urgente que el ala marxista del Partido bolchevique vuelva a ocupar su puesto en el combate y que es un crimen contra la defensa de la Unión Soviética dejar perecer en los aisladores, los lugares de deportación o en el destierro a los millares de bolcheviques leninistas que, con Rakovsky, Muralov, Sosnovsky, Trotsky, han sido sus artífices más seguros.
J. JACQUES.