Contra la Corriente, n.º 1, febrero de 1943 (pág. 27). PDF del número completo

Walter Duranty, perruno defensor de las imposturas procesales de Moscú, al estilo del señor Davies, ha publicado recientemente un librejo titulado "The Kremlin and the people", destinado a defender los procesos y asesinatos, en forma vergonzante. En las páginas 206 y 207, cuenta que un alto diplomático soviético en Washington -sin duda Litvinov o su antecesor, el conocido agente de la G.P.U., Oumansky-, se quejó amargamente a Duranty de que la prensa americana continue llamando a los soviéticos "rojos" y al ejército "Ejército Rojo". Y el autor explica que la palabra rusa "krasny" puede significar lo mismo rojo que bonito, dándosele, según él, la segunda acepción en Rusia. La cosa no deja de ser graciosa y significativa. Ya sabiamos que el stalinismo no tiene nada de rojo, y aunque tampoco tenga nada de bonito, la renegación del color es al mismo tiempo la confesión de la renegación política. Lo rojo corresponde al bolchevismo y el stalinismo trata de cubrir su mueca traidora bajo la máscara de "bonito". Naturalmente, para los Duranty y el capitalismo el stalinismo es hasta...bonito. Como para nosotros la palabra "krasny" fué empleada por los bolcheviques para decir rojo, el stalinismo para nosotros no es "bonito". La contrarrevolución se asusta hasta de las palabras. Cualquier día la burocracia del Kremlin explicará que la palabra socialismo tiene otra acepción de la dada por el marxismo revolucionario. En todo caso, en el stalinismo la palabra socialismo ya no tiene nada que ver con la empleada por Marx, Engels, Lenin y Trotsky.