Contra la Corriente, n.º 1, febrero de 1943 (pág. 27). PDF del número completo

Tras lo bonito viene lo santo; es un encadenamiento natural. Así como Stalin es "el elegido de Dios", para los jefes de las iglesias rusas, nuestros stalinistas españoles aspiran a ser los ungidos por el Nuncio de Su Santidad y por el arzobispo de Toledo. La Unidad Nacional es ya punto menos que la unidad en el seno de la santa madre iglesia apostólica y romana. Derogación del artículo 26 de la constitución republicana, que determina la separación de la Iglesia y el Estado, colaboración, pedida en "España Popular" con los ultramontanos requetés, llamamientos continuos a los "viejos residentes", esto es, a los burgueses españoles franquistas; llamamiento a los generales y personajes que se han distinguido en el asesinato de trabajadores españoles; todo ello ha culminado, según parece, en La Habana, en un pacto entre stalinistas y falangistas.

La pendiente de la degeneración contrarrevolucionaria tiene que llegar hasta el fin. Los millares de militantes proletarios asesinados por el stalinismo en Rusia y España ya no pueden oponerse a sus alianzas con la reacción. Esa sangre es la que a los ojos de la iglesia ha ungido a Stalin como el "bendecido por Dios". Sin ella el stalinismo no podría pedir la derogación del artículo 26, ni aliarse con los requetés y algunos falangistas. Hasta el señor Velao, agente del funesto Negrín en México, se ha sentido incomodo y ha tenido que dimitir de la Unidad Nacional Stalinista. Ya están practicamente solos con los requetés, los católicos y uno que otro fascista anglófilo. Y como escapulario común, ya pueden elegir uno que lleve inscritas estas tres palabras: "Dios, Patria y Papa"; para unos se tratará del Papa del Vaticano, para otros se tratará del que está en el Kremlin.