Contra la Corriente, n.º 1, febrero de 1943 (págs. 13-17). PDF del número completo (continuación)

"La guerra no es un accidente, no es un pecado como se lo imagina el sacerdote cristiano, es una etapa inevitable del capitalismo, una forma tan natural de la vida capitalista como la paz". LENIN. 10- 11- 1914.

La primera guerra mundial y la actual, no son otra cosa en el fondo, que una subversión de las fuerzas de producción contra las viejas formas políticas, contra los estrechos moldes de la nación y del estado. Su existencia anuncia el desmoronamiento del Estado nacional como ente económico independiente y el del sistema capitalista su beneficiario.

Pese los deseos de los grupos financieros e industriales nacionales, las contradicciones del mundo capitalista, no permiten la existencia de la nación mas que como una realidad cultural y psicológica, pero de ninguna manera como un hecho económico. En esta guerra como en la anterior, se manifiesta claramente la caída de los actuales nucleos económicos nacionales, y el intento de su substitución por un nucleo económico mundial único.

Cuanto se hace y se dice por presentar el conflicto como una lucha decidida por la defensa de las libertades de los pueblos y de la democracia, no es mas que fariseismo o ceguera. La solución del problema, la defensa de las libertades y de la democracia, no se logrará continuando la explotación del sistema económico-mundial por la clase capitalista del país vencedor, sino por la organización y la inteligente cooperación de todos los productores.

Una salida progresiva a la actual crisis, exije como condición previa la desaparición del Estado nacional y del sistema de economía capitalista. El capitalismo, ha revolucionado de una manera definida y completa la economía mundial, repartiendo la tierra entre las grandes potencias oligárquicas que no permiten la existencia mas que de aquellas otras naciones que pueden subsistir al margen de sus rivalidades. El desenvolvimiento económico mundial dentro del marco capitalista, jamás podrá ser pacífico, en virtud de que su existencia entraña una lucha sin descanso por nuevos espacios de explotación capitalista. Tras una guerra, un nuevo reparto del mundo. Tras un nuevo reparto, otra guerra. ¿Pueden negar ésto ahora, quienes a la sombra del Tratado de Versalles, frenaban las aspiraciones de la clase trabajadora de Europa, escamoteando las soluciones revolucionarias por una fraseología de promesas idílicas, dentro del cuadro de la sociedad capitalista?

En el mundo capitalista jamás cesaron las rivalidades económicas y a fuer y medida que aumenta el caos y la desorganización producidos por las divisiones nacionales, por la limitación de mercados y por el empobrecimiento del poder adquisitivo de las masas, se va saltando sin reparo, como hasta el momento, por encima de los mas elementales principios humanos, imponiendo sixtemas totalitarios o militaristas que fuerzan indefectiblemente a la rapiña, a la guerra y a la destrucción.

La guerra 1914-18, puso de manifiesto como un sixtema económico comienza a destruirse en virtud de sus propias contradicciones. La guerra de 1939, señala como no hay solución posible de enmienda para este proceso de autodestrucción. De manera decidida, en esta segunda guerra mundial, todas las fuerzas históricas que integran la sociedad capitalista han proclamado su incapacidad para conducir la humanidad hacia nuevas formas de vida, mas justas y mas humanas. Defender el sixtema capitalista, como un sistema de civilización es imposible cuando en ciclos fatales, bajo el impulso de sus contradicciones propias, este sixtema avoca de catástrofe en catástrofe. Los pueblos no pueden perdurar como víctimas inactivas de estas masacres: el sixtema que los inmola tiene que terminar aplastado cuando se den cuenta de la realidad, de toda la horrible realidad. Si la guerra del 1914-18 sublevó a la clase trabajadora de Europa, forzándola a luchar en todas las naciones vencedoras o vencidas, contra sus propias burguesías, arrancando al viejo mundo la preciada conquista de la Revolución Soviética; la actual guerra propiciará, si deducimos las experiencias de los errores pasados y arrojamos por la borda a cuantos filisteos se interesen en lo contrario, el triunfo de la revolución socialista en Europa. La reacción revolucionaria de los pueblos será mayor, cuanto mayor sea la desgracia y miseria que pese sobre ellos.

Las condiciones de un nuevo sixtema económico socialista han sido creadas por el capitalismo. Su etapa superior el imperialismo, con su secuela de medidas represivas, fascismos y guerras, empuja al proletariado a buscar una salida revolucionaria de esta caótica encrucijada histórica.

La lucha por el "espacio vital" que reclama y anima la política de las clases dirigentes de Alemania, Italia y Japón, contraria y atentatoria para los intereses anglo-sajones, para el "espacio vital" de yankis e ingleses, es la prueba mas clara de que el capitalismo se ha extendido por encima de los límites del Estado nacional, siéndole intolerable la vida en la cintura estrecha de sus fronteras; imposible su existencia, sin las rivalidades hostiles entre naciones o grupos. En su actual forma decadente, el capitalismo imperialista no puede pretender desarrollarse en paz, en tanto que subsista otro imperialismo que pretenda discutirle los mercados de la tierra.

En este estado de hechos, en esta situación histórica, ¿puede tener algún interés la clase trabajadora en defender alguno de los imperialismos que contienden?. ¿Hay quien pueda creer, no siendo un farsante o un tonto, que en el actual conflicto se dirime la libertad nacional e individual de este u otro pueblo?. O por lo contrario, ¿lo que simplemente se ventila es el derecho de seguir explotando, o comenzar a explotar el Africa, la India o la China?. La actual guerra, no tiene mas causa sacrosanta que una nueva división imperialista de la Tierra. El proletariado no tiene mas tarea que la de luchar y oponer al mundo capitalista en general, la organización socialista de la economía mundial.

La intervención de la U.R.S.S. en el conflicto, no disminuye en nada las características imperialistas de esta guerra. ¿La colaboración militar de los imperialismos aliados con Rusia, ha modificado en algo las relaciones entre las clases trabajadoras y las burguesías de estos paises?. ¿Han encontrado solución los problemas de clase?. Por virtud, ¿los fines de guerra de los anglo-sajones se identifican con los del pueblo soviético?. Esta alianza militar coincidencial, no debe forzar a la clase trabajadora a colaborar con sus enemigos de clase. La defensa de la U.R.S.S. debe coincidir con la preparación de la revolución internacional. Los únicos métodos a emplear, son aquellos que no contradigan los intereses de clase. Por esto, la defensa de la U.R.S.S. no obliga a dar por buenos los métodos del stalinismo y de sus aliados. Es en el dominio de la lucha de clases donde se consigue el doble objeto de defender la U.R.S.S. y el socialismo internacional. Renunciar al derrotismo revolucionario en el campo imperialista en que se encuentra la U.R.S.S., determina el entregar al enemigo el arma mas preciada con que cuenta el proletariado en la actual fase de sus luchas. El abandono de una política independiente, no significa otra cosa que apoyar a un bando imperialista contra otro, en detrimento de la lucha por los verdaderos fines. La defensa de la U.R.S.S., la defensa del pueblo soviético, depende intimamente del éxito en la lucha del proletariado mundial contra sus opresores y la de los pueblos coloniales por su independencia, no en la victoria de uno u otro imperialismo.

Pese las lecciones de la primera guerra imperialista, pese las experiencias que de ella fueron deducidas por quienes dieron al mundo proletario la Revolución de Octubre, la situación actual de la clase trabajadora no puede ser mas crítica. Los híbridos restos de las direcciones social-demócratas y los cuadros directores de la Tercera Internacional, la han entregado, atada de pies y manos, a las respectivas burguesías nacionales. En todos los Continentes, bajo la custodia de sus "representantes" el proletariado combate, bien en el frente del trabajo, bien en el campo de batalla, entregando jirones de su carne. Las que debían ser viriles voces de clase en protesta contra el actual estado de cosas y en lucha formal por el socialismo, se han atiplado y hacen el "coro griego" en la campaña desencadenada por el "patriotismo" mundial en beneficio -según las fechas-, del uno o del otro de los grupos imperialistas contendientes.

Se intenta hacer olvidar, que la Internacional Comunista surgió para dar al proletariado mundial un partido de clase, que luchase decididamente por los intereses de los trabajadores, en lugar de la Segunda Internacional que en la matanza del 1914-18, se entregó a la defensa de los intereses del enemigo: la burguesía imperialista. Se mixtifica, cuando no se oculta solapadamente, que lo que determinó a Lenin en Zimmerwald a luchar por la constitución de una nueva Internacional, fué la traición de la socialdemocracia al solidarizarse con la primera guerra imperialista. Esto se explica por el hecho, de que los actuales beneficiarios de la I.C.: la burocracia staliniana, al abandonar la política de clase y liquidar bestialmente el internacionalismo, ha superado la grosera traición de la Segunda Internacional. Pero de ningún modo tales hechos deben ser aceptados por la clase trabajadora. Hoy como ayer, los intereses de la casta burocrática, que coinciden con los de la burguesía, no pueden ser de ninguna manera los de los explotados. Por mucho que se esfuercen en pintar con sus mas bellos colores la intervención en esta guerra, nada tiene que hacer el proletariado en una contienda en que se dilucidan rivalidades de los imperialismos, sino es prepararse para transformarla en guerra civil.

Para que no falte nada en este caos de confusión, existe la teoría "centrista", que argumentando sobre el pretendido "carácter no capitalista de la economía nazi", descubre "rasgos profundamente revolucionarios en la guerra actual". ¡Estúpido equilibrio sobre el alambre de la inconsecuencia!. Una vez mas, es necesario repetir -lo mismo a los tontos que a los traidores y a los creadores de teorías o interpretaciones "originales"-, que la guerra 1914-18 y la actual son contiendas de tipo imperialista.

Contrariamente a como opinan ciertos centristas, el socialismo será la obra consciente del proletariado, no el logro "automático" de la historia. Los métodos económicos del nazismo son forma obligada que adopta la defensa del capitalismo en su ultimo extremo. La estatificación de la economía de un país, no supone sino el deseo de profundizar su linea de defensa. Es al Socialismo y al Partido Revolucionario, a quienes les corresponde la misión de forzar esta etapa, pese a quienes habiendo sacado los dos pies del marxismo quieren hacer creer que todavía andan de puntillas sobre él.

No olvidemos que el fascismo es un fenómeno típico del capitalismo, quien recurre a él bajo cualquiera de sus formas, siempre que sus contradicciones externas e internas amenazan su existencia, lográndolo instaurar, cuando el proletariado -paralizado en el cumplimiento de sus tareas por los partidos oportunistas-, no logra hacer a tiempo la revolución socialista.

La simple victoria de uno de los imperialismos contendientes dentro del marco social capitalista, no acabaría con el fascismo y sus métodos. De nuevo, las clases dirigentes recurririan a la violencia para defender sus intereses. Nada se habría conseguido, sino cambiar lo que hoy son espacios de influencia germana, en espacios de influencia anglo-sajona o viciversa. La clase trabajadora no encontraría vital beneficio en el cambio. ¿Con qué genial panacea cuenta el posible imperialismo vencedor, para cambiar fundamentalmente la imagen del mundo de la post-guerra?. La crisis de superproducción o de consumo, ¿cómo serán obviadas?. ¿Las multitudes de desocupados, que propiciará la desmovilización y las crisis, como encontrarán trabajo?. ¿Los pueblos hambrientos y desposeidos, como atenderán las necesidades de su existencia?. ¿Qué vientos de conjura serán insuflados, para que estos millares de víctimas se conformen apaciblemente con su suerte, pese que la especulación y el lucro se benefician con su desgracia?. ¿El propósito de enmienda del capitalismo será de tal naturaleza, que cederá pacificamente al descontento de sus víctimas, entregándoles sus privilegios?

Absurdo y estupido, tan solo los traidores o los tarados pueden responder con una solución favorable a estos problemas. Las crisis se producirán y en magnitudes hasta ahora desconocidas; los parados se contarán por decenas de millares y los socorros facilitados por sus respectivos estados, no bastarán para hacer languidecer su hambre y su miseria: los pueblos desposeidos no cubrirán sus necesidades ni aún a cambio de su completa sumisión al vencedor y, si la airada protesta de las víctimas amenaza los intereses de los vencedores, las violencias del estado o de los grupos de estados, se manifestarán represiva y brutalmente, sin diferenciarse en nada de los procedimientos nazi-fascistas.

La clase trabajadora debe inexcusablemente impedir que lo anterior sea una terrible realidad. Para ello, es necesario en principio desoir los [ilegible] cantos de las sirenas socialdemócratas y stalinianas. Nada de cuanto dicen tiende a defender los intereses de clase del proletariado. Su son nos es muy conocido, pues no en vano hace ya cerca de treinta años, se sumó incondicionalmente a la causa de los enemigos. Ni siquiera la originalidad le cabe a Stalin y acólitos. Su postura, salvando situación y época, es idéntica a la de los Kautsky, Seidenman, Noske y comparsas. Por paradoja, a la que solo conduce la inconsciencia y la traición, el hombre mas representativo de la Rusia Soviética, el "factotun" de la Tercera Internacional, coincide y se identifica con los mas acérrimos enemigos que tuvo en su heroica época de lucha la Revolución socialista. Las manos que asesinaron a Liebknecht y a Rosa Luxemburgo, se cierran amistosamente con las del beneficiario de los procesos de Moscú.

La lucha por el desenmascaramiento del stalinismo y sus formas, es una necesidad primordial. Junto a ella, laboremos incansablemente en pro de una lucha revolucionaria, aprovechando las actuales contradicciones del mundo capitalista, al margen de groseras e híbridas colaboraciones con el enemigo, para que en el momento en el que se den las condiciones precisas, sea el proletariado la vanguardia consciente en la lucha por la verdadera democracia: la democracia socialista. No fiemos, a la paz que impongan los ejércitos victoriosos, la solución de los graves problemas que tiene planteados la humanidad. Un mundo mejor, al amparo de represiones y guerras, en el cual no encuentre beneficio la lucrosa explotación del hombre por el hombre, no podrá jamás ser propiciado por quienes representan los intereses de una clase que apila y cimenta sus privilegios en la racionalización, cada vez mas científica, de la explotación. Si a la salida del actual conflicto, o continuándole, el proletariado no es capaz de vencer a su enemigo de clase y el imperialismo voraz y decadente perdura, la civilización traspasaría, indefectiblemente, la puerta de su ocaso.

México-Enero-1943.

"La defensa de la colaboración de clases, el renunciamiento a las ideas de la revolución socialista y a los métodos revolucionarios de lucha, la adaptación al nacionalismo burgués, el olvido del caracter históricamente transitorio de las nacionalidades y de las patrias, el fetichismo de la legalidad burguesa, la abdicación del punto de vista de clase y aun de la lucha de clases, por temor a enajenarse "la masa de la población (leer: la pequeño-burguesía), tales son incontestablemente las bases ideológicas del oportunismo".

LENIN (Situación y tareas de la Internacional Socialista. 1° de Nov. de 1914)