Contra la Corriente, n.º 4, mayo de 1943 (págs. 4-6). PDF del número completo

Consecutivamente, el ministro de la guerra español y su generalísimo han hablado de paz. Su humor antibélico no tiene nada de sorprendente, contrariamente a lo que han asegurado en la prensa mexicana las personalidades de nuestra emigración, que a cada nueva procedente de España se creen obligadas a lanzar al común de los hombres algunas de las profundas vacuidades atesoradas en sus magines. Que Franco desencadenó la guerra sobre España, que llamó en su auxilio a tropas alemanas e italianas, que bombardeó ciudades abiertas, que asoló, asesino, saqueó y vendió eso que él mismo llama patria, al extranjero, que ha hecho una represión monstruosa y que cuatro años después de terminada la guerra civil sigue fusilando; perfectamente sabido, sentenciosos aspirantes a ministro. Todo ello no incapacita a Franco para hablar de paz en el sentido que lo ha hecho: al contrario, le obliga.

Pero todos los que se han puesto de puntillas para deslumbrarnos con su sabiduría, desde el audente de si mismo señor Albornoz hasta el autómata Mije, pasando por Prieto, entre prosopopeyico y procaz, lo hacen tambien, y principalmente, para hacerse notar por Londres y Washington. Ven en Franco un competidor en el servicio de los futuros dictadores de la paz y les aterra pensar que sus complacencias pasadas y presentes sean desconsideradas. Desde hace mas de diez años y particularmente desde el Frente popular acá, todos ellos, pese a las querellas intestinas, han puesto su empeño en aventajar los intereses económicos y diplomáticos de los imperialismos de habla inglesa. Obstinados en ello, persiguieron encarnizadamente, durante la guerra civil, cuanto en nuestra retaguardia semejaba a revolucionario, desempeñando por si mismos el trabajo de Franco. ¡Y ahora inocentándose encuentran asombroso que Franco pueda hablar de paz! A vosotros debe Franco la posibilidad de hablar de paz, de guerra o de cualquier otra cosa. Si los imperialismos a los que tanto agasajais prefieren halar la cadena del perro Franco, en lugar de la cadena del perro Negrin, Prieto o Unidad nacional -que cada uno ladra por su cuenta- recordad la vieja frase: a los traidores se los emplea cuando hacen falta, pero no se les paga. Vuestros servicios serán solicitados nuevamente cuando la burguesía tenga que hacer frente a la próxima revolución española. Mientras tanto, ladrar y menear la cola al amo; a otra cosa no teneís derecho.

Tanto los dos discursos en que Franco ha hablado de paz, como el de Jordana, están inspirados en la proclama de Hitler comentada en el numero anterior de "Contra la Corriente". Por indicación expresa de la diplomacia alemana, el "gauleiter" español tiende una mano al Fuehrer y otra a las democracias. En la proclama de Hitler, "todos los demás acontecimientos palidecen" frente a la necesidad de contener "la invasión asiática". No admite dudas la proposición de paz separada en favor de la guerra anti-soviética. Franco y su ministro recalcan la nota y proponen la paz sin embajes. La continuación de la guerra es una locura, según Franco, porque el comunismo acecha por todas partes. Tambien al decir esto, Franco repite mas claramente palabras anteriores de Hitler, que hace poco designaba su retaguardia como el lugar de la mas importante tarea histórica, para el próximo año, del partido nazi. Porque en Alemania, como en toda Europa, las masas empiezan a ponerse en movimiento, y cuando ellas sacuden la inercia y la desmoralización, la revolución que parecía definitivamente rechazada se presenta nuevamente en perspectiva. El sentido verdadero del empate del que habla el ensangrentado dictador español es este: "La guerra entre las burguesías es un empate, pero la guerra del proletariado internacional contra la burguesía se está desarrollando alarmantemente; hagamos la paz contra él antes de que sea demasiado tarde".

Franco, rodeado de una atmosfera de odio, no se hace ciertamente ilusiones sobre la solidez de su régimen. Será uno de los primeros que caigan en Europa, y donde el movimiento revolucionario irá mas lejos desde el primer ataque. No en vano hemos pasado por el grandioso Julio de 1936. Todo lo que se hizo yace en la consciencia de las masas, y lo que no se hizo tenderá a hacerse. He aquí por qué Franco se ve obligado a hablar de paz. Quiere la paz, si, pero la paz entre la burguesía para hacer mejor la guerra al proletariado. Y en todo caso quiere mostrarse bastante servicial para recibir el apoyo de Washington y Londres, después de la paz, sea negociada o por rendición incondicional de Alemania.

¿Lo oirán o no lo oirán las democracias? No está excluido en manera alguna, a pesar de las muecas desdeñosas hechas en Washington y Londres. Pero, alterada con el transcurso de la guerra la correlación de las fuerzas, cambia de manos el látigo contrarrevolucionario. En 1939, el embajador francés en Berlin aconsejaba a Hitler no desencadenar la guerra porque al final podría triunfar la revolución, que el embajador personificaba en Trotsky. Hitler reconocía el peligro, pero confiando en sus armas, contaba vencer rapidamente a las burguesías rivales y quedar lo suficientemente fuerte para entendérselas con la revolución. Lo contrario ocurre ahora. Hitler y Franco advierten a sus enemigos del peligro revolucionario. Estos asienten, y mirando a los millones de hombres y al material inmenso acumulado en su retaguardia, se dicen a sí mismos: Si, pero todo ésto será suficiente para vencer a la altiva burguesía alemana.. y al proletariado revolucionario. Las masas deben mantenerse alertas y no dejarse alejar de sus objetivos socialistas. La paz justa, la paz verdadera, sin saqueo ni desmenbración nacional, sin explotación financiera ni ocupación militar, unicamente puede ser concertada por la clase obrera desde el poder.