Contra la Corriente, n.º 4, mayo de 1943 (págs. 3-4). PDF del número completo

Los hechos y las acusaciones públicas respectivas son conocidos de todos por la prensa diaria. Sólo es necesario descubrir lo que hay detrás, porque lo publicado no puede ser sino la forma exterior de algo inconfesado, mantenido en secreto por los gobiernos y cancillerias respectivas.

En primer lugar, es absolutamente inconcebible que el gobierno polaco, sin autorización tácita o expresa de sus patrocinadores angloamericanos, se haya atrevido a adoptar contra el soviético una actitud hostil, de cuyas consecuencias no podía dudarse. En la propia nota dada por el gobierno Sikorsky, se refiere que el asunto de los oficiales desaparecidos había sido reiteradamente tratado muchos meses antes, entre el gobierno soviético y el embajador polaco en Moscú. Ninguna fricción, al menos ninguna fricción seria, se dedujo durante los largos meses de tramitación insoluta. La propaganda alemana tampoco dijo nada. Su acusación coincide con las propuestas encubiertas de paz hechas por Hitler a las democracias y las descaradas procedentes de España. Lo mas grave y sintomático de todo es precisamente esta coincidencia, que no puede ser casual. Si las democracias hubieran deseado evitar ese "triunfo de la propaganda nazi", habrían tomado en sus manos el asunto, en Moscú, impidiendo la coincidencia entre uno de la familia de las Naciones Unidas y el Eje. Es imposible creer que el gobierno polaco obrara por cuenta propia o indisciplinadamente. Por su propio peso cae la conclusión que los dirigentes de las Naciones Unidas han querido hacer una demostración anti-soviética, en el instante preciso en que por las propuestas de paz hitleriana, significaban una amenaza de entendimiento con el Eje.

Esa es la maniobra de las democracias; no cabe otra interpretación. Descubrir el motivo y el objeto, es ya propósito mucho mas sujeto a conjeturas y equivocaciones. Se puede, sin embargo, tomar como base de hipótesis dos premisas ciertas: el recelo que a la burguesía anglo-americana inspiran las victorias del Ejército Rojo, y el criterio político que a la misma merece el gobierno de Stalin. Ambas premisas son contradictorias entre si y del choque entre ambas saldrá la derrota o la verdadera victoria de la Unión Soviética, que no es la victoria estrictamente militar.

De los triunfos del Ejército Rojo y sus posibilidades se trata detenidamente en un artículo que aparece adelante. Para la indagación del conflicto polaco-soviético, nos basta reconocer el miedo anglo-americano a una victoria soviética decisiva. La frecuencia con que ha sido expresado en la prensa burguesa, nos exime de abundar en pruebas. Citaremos solamente al "New-York Times", órgano de la gran burguesía americana. Escribía el 14 de Febrero: "A medida que el Ejército Rojo se precipita hacia adelante, surgen en muchas mentes muchos interrogantes sobre el orden que hayan inscrito en sus banderas; y mientras mas crecen las victorias soviéticas mas insistentes se hacen los interrogantes".

Este es el aspecto inquietante para la burguesía, pero, en cambio, la tranquiliza el criterio político que tiene de la burocracia staliniana. Se resume perfectamente en un informe del embajador polaco en Moscú, dirigido a su gobierno el 6 de Noviembre de 1939: "La segunda consecuencia entraña ciertas previsiones para el porvenir. Las ejecuciones en masa del tiempo de Lenin hicieron imposible toda restauración monárquica y capitalista. Las ejecuciones en masa que tienen lugar actualmente hacen imposible la restauración del leninismo..." ("Les relations polono-allemands et polono-sovietiques".-Republique de Pologne. Ministere des Affaires Etrangeres. Paris. Flammarion. Mars, 1940.-Pag. 228). Con criterio político justo sobre las ejecuciones en tiempo de Lenin, el embajador polaco las equipara falsamente a los asesinatos stalinistas, efectuados realmente en masa y la inmensa mayoría sin proceso. Pero lo que interesa es el criterio político que de la burocracia tiene la burguesía. Se da cuenta, desde luego, de que Stalin y su régimen han ahogado en sangre el leninismo, por lo que les debe gratitud eterna. La burguesía de todos los paises lo sabe perfectamente y en esa aniquilación del leninismo basa su política respecto a la URSS. Incluso el libro de Davies, tan venteado por el stalinismo, lo reconoce indirectamente. Pero aniquilar el leninismo no es aún restaurar el capitalismo. Y el régimen interior soviético, cualquiera que sea su corrupción, no obedece a las leyes de la propiedad privada. Por una parte, la inercia de su desenvolvimiento le lleva a ensanchar su base en Europa mediante la revolución socialista y a deshacerse de estorbos en la URSS. Pero tambien la burocracia, que es el estorbo mayor, tiene su propia inercia, contraria a la revolucion mundial y contrarrestadora de la evolución socialista en la URSS. La burguesía conoce los dos factores, y apoyándose en la burocracia, trata de impedir la "restauración del leninismo". Por el momento, ya tiene asegurada la colaboración del stalinismo en su lucha contra la revolución mundial. Pero exige mas, quiere someter completamente la burocracia a las condiciones de paz dictadas en Washington y Londres. Por el contrario, la burocracia, aun ligada al sistema de propiedad creado por la revolución, está interesada en organizar un sistema de protección en sus fronteras occidentales, que forzosamente acarrearía una disminución del area de la propiedad privada en el mundo. Muy probablemente, esa es la razón verdadera del conflicto polaco-soviético. Puede asegurarse sin temor de equivocación que cualquier arreglo a que lleguen burguesía democrática y burocracia stalinista, aunque ésta adquiera ventajas territoriales, será, en fin de cuentas, en perjuicio de la revolución mundial y de la Unión Soviética. Arrastrada por sus ya poderosisimos intereses antisocialistas la burocracia llevará su traición hasta la ruptura de la economía planificada y la introducción de elementos capitalistas en la URSS. Solo el proletariado ruso y el europeo, mediante la revolución, pueden salvar a la URSS. La burocracia, aun venciendo militarmente, la perderá.