Contra la Corriente, n.º 4, mayo de 1943 (págs. 14-17). PDF del número completo

La burguesía internacional está de enhorabuena. Jamás, desde que la clase obrera organizó la lucha por la defensa de sus intereses, dándole un contenido ideológico que la oriéntase y una dirección táctica que la acercase al fin, se han beneficiado los intereses del capitalismo de tal manera como en el presente.

En la segunda guerra mundial del siglo, se ha conseguido lo que las ambiciosas ilusiones de un Cavignac, de un Noske, de un Franco o de un Hitler, no habrían llegado nunca a sospechar. Por el rampante camino de la traición y del confusionismo se ha colocado al proletariado mundial en una situación inerme, a merced de las aves de presa de los imperialismos rivales.

A un lado y otro de la divisoria imaginaria que separa los bandos capitalistas contendientes, la clase trabajadora sufre no solo la represión de sus propias burguesías, sino que a mas padece angústiada la traición moral y material de sus direcciones, de quienes se dicen sus representantes.

El hecho no se debe a generación expontánea, tiene sus antecedentes en la primera guerra mundial. Pero lo que si se debe a una insólita expontaneidad es la facilidad con que se han olvidado las lecciones del pasado que tendían a que estos hechos de entrega y traición no se repitiesen. Zimmerwald, Kienthal, Lenin, la Revolución Rusa de Octubre, los primeros años de la Internacional Comunista, las polémicas contra los colaboradores y servidores de sus burguesías nacionales, como Vandervelde, Kautsky, Martov, Cachin, etc., han sido relegados al olvido y proyectados a la lejanía como arcaismos empolvados. A penas se los recuerda y cuando se hace es como a viejos pendones a los que solo se les permite airearse en dias de solemnidad y de acuerdo con un programa de festejos previamente establecido. Los últimos treinta años de experiencias en el movimiento obrero se pierden en el saco roto de la cobarde traición de la II y III Internacional.

El apoyo mas grosero y radical a esta labor, es el que aporta el stalinismo. Como prueba, una mas entre las mil, la tenemos en las consignas del Partido comunista de la URSS para el primero de Mayo y en los trabajos inspirados por los sentimientos que animan estas consignas.

Quien sin una sólida formación revolucionaria, haya leido estas consignas y los artículos inspirados en ellas, se inclinaría a creer en realidad que el actual conflicto se debe solamente a la megalomanía hitleriana, a las rivalidades "eternas" de los germanos con los eslavos y otros pueblos y, que con la simple victoria sobre Hitler la paz reinaría en Europa. Tales, son las habilidades del Sr. del Kremlin y sus voceros para presentar las cosas.

La lucha de clases y los problemas que su dinámica genera, no existen para estos señores. Las rivalidades imperialistas en la lucha por nuevos mercados de expansión se han esfumado para aparecer el fervoroso deseo de Inglaterra y Estados Unidos de luchar por la libertad del mundo. La humanidad ha dejado de dividirse en explotados y explotadores, como Marx y Lenin lo repitieron hasta la saciedad. Hoy, no existe mas que la URSS y sus aliados de un lado y de otro los bandidos alemanes, de los que sólo hay que fiarse cuando están muertos según la expresión textual de Ilya Eremburg. -Los cinco millones de obreros alemanes que votaron al Partido Comunista en víspera de la subida de Hitler al poder no podrán por menos que constatar la miopia selectiva de tan furibundo eslavo como el Sr. Eremburg y de comprobar con toda tristeza como las actuales teorías stalinistas no benefician mas que a Hitler, al igual que las de la social democracia rusa no beneficiaron mas que al Kaiser durante la guerra de 1914, las de la social-democracia alemana al Zar Nicolás II y así correlativamente las de la social-democracia de no importa que país a las fuerzas reaccionarias del país enemigo-.

Pese que olvidado, es sabido por todo el mundo los esfuerzos que los partidos de la II Internacional realizaron durante la guerra de 1914-18 para justificar la intervención de sus burguesías imperialistas y presentarla como una necesidad vital para todo el pueblo. Así, podemos recordar como los señores Thomas y Vandervelde justificaban su apoyo a la guerra cuando se dirigían al proletariado francés, inglés y belga diciendo: "había que defender la libertad y la democracia de la amenaza del prusianismo". Sheidemann y Noske, no variaban mucho su disco al hablar a los trabajadores alémanes: "la barbarie medieval zarista amenazaba a Alemania, su triunfo daría al trasto con las instituciones democráticas de la clase obrera". En Rusia, Martov, Plejanov y Cia. animaban al pueblo a proseguir interviniendo en la matanza en nombre de la libertad, la igualdad y la fraternidad... de su aliada Francia. De uno y otro lado, por los llamados entonces representantes de la clase obrera, se atizaba la hoguera de la guerra en la que solo se quemaba la miserable carne de los explotados. Sistematicamente, se enseñaba al trabajador francés uniformado como su peor enemigo era el trabajador alemán en idénticas condiciones y viceversa. Se alimentaba el odio de pueblo a pueblo, de trabajador a trabajador, empleando a este fin las mayores calumnias o insidias. La colaboración en ello de los hombres de la II Internacional fué total. La reacción a esta miserable actitud de la social-democracia europea, fué Lenin y un puñado de socialistas internacionalistas. El resultado fué el bolchevismo y la III Internacional.

¿Hoy, en la segunda guerra imperialista del siglo, qué queda del bolchevismo y de la III Internacional? Los objetivos de guerra de la URSS con respecto a Alemania son la respuesta negativa a su existencia.

Las palabras de orden que el stalinismo ha lanzado a los cuatro vientos en forma de consignas, de órdenes del día y de artículos en su numerosa prensa, señalan el máximo alejamiento de los puntos de vista leninistas. La lección ha sido olvidada, no por falta de memoria sino por ánimo estúpido y traidor. Se habla de "lucha contra los invasores germano-fascistas", sin especificar que los invasores germano-fascistas no son otra cosa que la vanguardia de todo el capitalismo mundial, incluido el yanky y el inglés, en su ataque a la URSS por lo que en ésta pueda haber de potencial revolucionario. Se invita a "los patriotas europeos para que se alcen en lucha por su liberación contra el yugo fascista", se les dice: "¡derrocad a la tiranía hitleriana!" y por el jefe supremo se remarca, "quien duda que la paz será una realidad en Europa una vez que Alemania sea vencida".

Confuso galimatías. ¿Quiénes son los patriotas europeos? La clase trabajadora de seguro que no. Los burgueses dominadores de la banca, de la industria, de la agricultura y del comercio; los señores feudales del dinero, los propulsores y beneficiarios de guerra, los animadores de represiones contra los humildes cuando estos reclaman su puesto al sol, los que ven en sus iguales alemanes peligrosos competidores en el negro negocio de la explotación, éstos son los patriotas. ¿Qué conseguirá el proletariado con que estos señores se liberen del yugo alemán? Sufrir un nuevo yugo. "¡Derrocad la tiranía hitleriana!". Si, pero no para substituirla por la de los "buenos patriotas europeos" sino para dar paso al poder del proletariado. De otra manera la clase trabajadora no notará la diferencia.

¿Qué "quién duda que la paz será una realidad en Europa cuando Alemania sea vencida"? Todo el mundo y el propio Stalin, pese que olvidándose del marxismo se haya entregado al mas grosero y reaccionario revisionismo que haya conocido el socialismo en cualquier época. ¿Es que los problemas que la humanidad tiene planteados se reducen a rivalidades abstractas de Alemania con otros paises? ¿Una vez vencido el contendiente germano los ingleses y yankis harán dejación de sus intereses como grupo social capitalista? ¿O es que cree el stalinismo que la lucha de clases es un mito para explotar con fines demagogicos solamente en los periodos de aventurerismo izquierdista, de acuerdo con las conveniencias de la burocracia? Si es así el proletariado europeo lo sacará de su taimado equívoco. Lenin señaló que el peor enemigo del proletariado es su propia burguesia. ¿Con la simple caida del fascismo en Alemania e Italia, los trabajadores europeos romperán el yugo de explotación que los atenaza y lograrán iniciar su marcha hacia el socialismo autorizados por sus burgueses patriotas? Macabro eufemismo encierran las citadas palabras de Stalin. La historia del proletariado sabe las víctimas que le han costado las ilusiones democráticas.

Pero en estas palabras que engruesan la tesis oficial del "comunismo stalinista", no reside el único ni el mayor peligro en el ilusionismo democrático, no. Hay otro peligro que aventaja al citado en calidad y cantidad. Se mide a todos los alemanes con el mismo patrón. En montón confuso se lanzan las palabras "alemán" y "Alemania" sin diferenciar al proletariado alemán de sus verdugos nacionales, la pandilla hitlerista y los capitalistas que la auparon y la subvencionan; se cae en la aberración criminal que distinguió a los hombres de la social-democracia durante la otra guerra, de presentar a los trabajadores de un país como los peores enemigos de los trabajadores de otro. Se suman al coro de los que oponen sus teorías raciales a las alemanas, presentando al alemán sea trabajador o "junker" como un producto determinado e incompatible con los señores y esclavos de otros paises.

De tales teorías, se deducen conductas de odio y exterminio contra todo lo alemán. De todo ésto Hitler es el primer beneficiario. Su científico aparato de propaganda no le rinde mejor servicio. Esta actitud, principalmente la soviética, favorece sus designios, permitiendole presentar la guerra a las masas alemanas como una necesidad de defensa nacional y ocultarles la realidad de la empresa imperialista. Su brutal demagogia se afianza en estos vientos de odio contra lo alemán en abstracto que los incapaces burocratas stalinistas no solamente han apoyado sino incrementado con su aptitud contrarrevolucionaria que niega la tradicional consigna marxista: "¡proletarios de todos los paises, uniós!".

¿Qué salida positiva se les ofrece a los trabajadores alemanes? Morir y padecer bajo la sangrienta dirección de Hitler o morir y padecer bajo el dominio de los vencedores. Aprisionados bajo este doble círculo que aniquila sus perspectivas, se les entrega a un fatalismo aprovechable por Hitler y se desperdicia el factor revolucionario, que no solamente pondría término a la guerra con la derrota del totalitarismo germano-italiano sino que a la vez garantizaría al proletariado europeo una solución revolucionaria a sus problemas.

Una justa política revolucionaria aconseja emplear los mas profundos resortes para romper la inercia de la mecánica social, máxime cuando esta inercia es impuesta por un hecho violento como lo es el fascismo. Una guerra llevada por un ejército y un país revolucionario obliga a no circunscribirse solamente al formalismo de la estrategia y de la táctica sobre el terreno y las argucias maquiavélicas de la diplomacia. Exige, como condición previa del éxito, el empleo del arma revolucionaria mas eficaz en el campo enemigo: la lucha de clases. En esta dirección el stalinismo ni siquiere se inhibe sino que adoptando actitudes contrarias a los intereses del proletariado logra el máximo de beneficios para la burguesía internacional. Su ausencia de métodos revolucionarios merma sus éxitos a la vez que retrasa y amputa la liberación de la clase trabajadora alemana y con ella de la europea.

Solamente la degradación progresiva que durante años viene sufriendo la III Internacional, explica ésto. El marxismo revolucionario, en su mas genial expresión, el leninismo, que se creía salvado por un momento, ha sido sepultado por los grandes sacerdotes que mantienen el culto burocrático en la URSS. La clase trabajadora mundial vuelve a pagar con su carne y sus huesos los errores y las traiciones. La salida que entraña su salvación obliga a reagrupar en torno a los principios revolucionarios al proletariado internacional. Lenin ha dejado escrito: "Sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario posible. Sin partido revolucionario no hay revolución triunfante". La IV Internacional es la réplica a las nuevas traiciones. Los enterradores del leninismo serán enterrados por sus propios errores. La segunda guerra imperialista no acumula cadáveres y miseria en vano. El proletariado, única clase revolucionaria, cumplirá con su misión histórica.

19 Mayo 1943.-