Contra la Corriente, n.º 5, junio-julio de 1943 (págs. 1-4). PDF del número completo

Tomemos la Internacional comunista en dos momentos: el de su nacimiento y el de su disolución. Una somera comparación de ambas organizaciones es la luz que mejor puede ilustrar las causas del decreto dado en Moscú. El lector verá fácilmente que la Internacional comunista tal como salió de las manos de los bolcheviques e internacionalistas que la fundaron, y la Internacional comunista que se ha disuelto para dar gusto a la contrarrevolución mundial, son dos organizaciones completa, totalmente diferentes, sin otra cosa en común que el nombre.

Fijemos primero la duración de los que fué internacional revolucionaria. Hasta el IV Congreso mundial, las tendencias mencheviques, ya en desarrollo en el partido comunista ruso, no habían logrado infiltrarse en el organismo internacional. Los diversos partidos comunistas del mundo y la Internacional misma, pudieron haber cometido errores y cometieron mas de uno, como cualquier organismo en desarrollo, pero en manera alguna podía hablarse de tendencia oportunista instalada en la internacional con bases económicas particulares y extrañas a los intereses del proletariado mundial. Aun durante el V Congreso, en 1924, no podía hablarse de curso decididamente oportunista en la Internacional. El proceso que la creó y la instaló en el organismo mundial, adquirió desarrollo en el tiempo transcurrido entre el V Congreso de la I.C. y el VI. Al reunirse éste, despues de un periodo de mas de cuatro años sin congresos, la tendencia burocrática del partido soviético ya había modificado la linea política e instalado a hombres de su camarilla en la dirección internacional. El VI Congreso se reunió bajo el signo termidoriano de la burocracia stalinista. Sus deliberaciones y resoluciones las preside la mordaza anticrítica que constituyó el elemento principal del triunfo stalinista en la U.R.S.S. Un programa inpregnado de tendencias oportunistas, sale de él. A partir de entonces, la I.C. es una organización centrista (entre marxista revolucionaria y reformista) que no interviene en los movimientos revolucionarios sino para facilitar su derrota, hasta que, -evolución obligada- se convierte definitivamente en una organización reformista, con la adopción de la política de los frentes populares. La organización que aquí comparamos con la Internacional comunista disuelta, es, entiendase bien, la que vivió hasta el IV Congreso mundial reunido en 1923.

Nace la III Internacional de una lucha implacable, sostenida por reducidos grupos de internacionalistas, contra la guerra imperialista de 1914-18; stalinismo la disuelve para dar a los imperialistas satisfacción y tranquilidad plenas, en la segunda guerra por la tiranía y la explotación del mundo. Lenin, los bolcheviques rusos y los internacionalistas europeos que con ellos concordaban, batallaron contra la unidad nacional patrocinada por los socialdemócratas, denunciándola como la peor y la mas grave de las traiciones a la clase trabajadora; la internacional stalinista, desde mucho tiempo antes de disolverse, era un organismo social-patriota, totalmente entregado a la unidad nacional. La revolución socialista de Octubre de 1917, convirtió a la I.C. en un arma terrible a la burguesía, al reformismo y al centrismo, demostrando que un pequeño grupo de revolucionarios, armado de ideas justas, puede vencer definitivamente a la burguesía; dirigiendo a la I.C., la contrarrevolución staliniana ha ido batiéndose continuamente en retirada ante la burguesía, haciéndole concesión tras concesión, sacrificándole los principios revolucionarios de la organización mundial y finalmente la organización mundial misma. La I.C. de los primeros años llegó a constituir grandes partidos de masas en todos o casi todos los países, mediante una lucha implacable de minorías revolucionarias, contra la burguesía; la I.C. staliniana destruye uno tras otro todos los partidos, mediante una política cobarde de vergonzosa capitulación. La I.C. bolchevique declara al mundo capitalista una guerra sin cuartel; la I.C. stalinista ha sido un vil instrumento en manos del capitalismo contra el proletariado. La I.C. bolchevique era el aliado mas fiel de los pueblos coloniales contra las metrópolis opresoras; la I.C. stalinista era -y sigue siéndolo- un partido aliado de los imperialistas, contra los esclavos coloniales. La IC. bolchevique tenía por lema y practicaba donde podía, la fraternización de los proletarios por encima de las fronteras y de sus respectivas burguesías; la IC. stalinista ha hecho de los obreros de un campo imperialista enemigos de los obreros del otro campo imperialista. La I.C. bolchevique, siendo la U.R.S.S. mucho mas débil que hoy en relación al capitalismo mundial, preparaba su defensa en caso de guerra, combinando la actividad militar del Ejército Rojo, con la lucha por la revolución socialista del proletariado de los países agresores y de los demas en general; la I.C. stalinista no ha pensado mas que en alianzas con la burguesía en contra de la revolución socialista, y en los países europeos ayuda a Hitler y a Mussolini a continuar la guerra identificando al obrero alemán e italiano -que es antifascista e incluso comunista- con la burguesía y los fascistas, haciendo artificialmente de él un "enemigo del pueblo eslavo". Finalmente, la I.C. bolchevique tenía una tarea que cumplir, noble y altamente revolucionaria: la substitución del podrido mundo capitalista por un mundo socialista; interponiéndose traidoramente en su camino, el stalinismo hizo de la I.C. un sostén del capitalismo en putrefacción, tarea antihistórica, tarea innoble, tarea contrarrevolucionaria.

¿Que de asombroso tiene el decreto de disolución? ¿Es que existía realmente una internacional? No, sino un despreciable remedo burocrático sin nada de común con los proletarios del mundo. El internacionalismo solo puede existir teniendo por base la unidad de todos los proletarios de la tierra, unidad de situación en la máquina de la producción capitalista, unidad en la explotación, unidad de intereses contra los capitalistas y dominadores de todas las nacionalidades, unidad en la salida histórica determinada por las mismas características. La consecuencia de toda esta unidad es un partido mundial firme, indoblegablemente resuelto a aprovechar todas las circunstancias, todas las posibilidades, para favorecer la revolución internacional. La primera condición es una actitud de clase inquebrantable, nada de colaboración con los explotadores, nada para los imperialistas. Miserables lacayos de Washington y Londres como son jefes stalinistas y socialistas, han abandonado el terreno del proletariado por el de la burguesía. Como agentes provocadores que se infiltran en una organización revolucionaria para preparar la represión, así se infiltran ellos entre el proletariado para insuflarle el contrabando ideológico de la burguesía y dificultar así la inmensa tarea de su emancipación. Ello no les impide, sino les exige, dar de vez en cuando muestras de radicalismo proletarizante. Pero son siempre fácilmente reconocibles porque nunca rompen por completo los cables de la colaboración política que les unen a la burguesía.

La internacional disuelta no era una internacional revolucionaria sino un sistema de oficinas de la alta burocracia rusa, que tenía por cometidos principales facilitar las relaciones con los gobiernos burgueses y luchar contra los revolucionarios por todos los medios, el del asesinato incluido. Como decíamos en nuestro número anterior, la I.C. auténtica no ha sido disuelta; murió en combate contra el termidor (la contrarrevolución salida de la propia revolución) stalinista. El Partido comunista ruso, fué el campo principal de batalla. A medida que se iban afirmando en él los elementos burocrático-stalinistas, iba muriendo el internacionalismo. Pero la batalla no quedó definitivamente decidida en favor de los termidorianos, hasta las famosas purgas y procesos de Moscú, que costaron la vida a varias decenas de miles de los mejores revolucionarios rusos. Mientras tanto, la dirección híbrida a que estaba sujeta la I.C., llevó a la derrota la revolución alemana de 1923-24, de China en 1926-27, produjo el fracaso de la huelga general minera de Inglaterra en 1926 y numerosos fracasos de revoluciones en países mas pequeños, como Hungría, Estonia, Lituania y Polonia. En la revolución española, hasta 1935, el stalinismo interviene como un elemento de confusión, revolucionario verbalmente, oportunista de hecho; facilitando por este medio la tarea de traición de la dirección socialista. La subida de Hitler al poder en Alemania, de cual es principalmente responsable la política seguida por la burocracia stalinista, trae, no una intransigencia mayor en los principios revolucionarios sino una capitulación total ante la burguesía mundial. La adopción de la política de los frentes populares es la conversión definitiva del stalinismo a la política antiproletaria del reformismo. A partir de entonces, vuelve a intervenir en la revolución española, no ya como un elemento de confusión sino como un elemento de traición consciente, deliberada y pérfida, como ninguna otra. Durante la revolución española, los traidores socialdemócratas han sido escolares al lado de los traidores stalinistas.

Esas han sido las verdaderas etapas de la disolución de la Internacional comunista. Los contrarrevolucionarios del Kremlin, las han llenado de cadáveres de revolucionarios, en la U.R.S.S. y en todo el mundo y han sembrado su camino de crueles y costosisimas derrotas del proletariado mundial. El termidor en un país revolucionario corre siempre paralelamente a los triunfos de la contrarrevolución en el mundo. El triunfo definitivo de Stalin es absolutamente inconcebible sin la serie de derrotas proletarias que hemos enumerado. Stalin ha contribuido principalísimamente a dar el triunfo a la reacción, porque las necesidades conservadoras de la burocracia soviética, a quien representa, le inducían a practicar internacionalmente una política oportunista, traidora. Hitler y Stalin se determinan mutuamente. El uno es la reacción extrema sobre la base de la propiedad burguesa; el otro es la reacción extrema sobre la base de la propiedad nacionalizada por una inmensa revolución social. Si Stalin, por su política antiproletaria, ha facilitado la tarea de todos los Hitler y Franco del mundo, éstos, una vez arrellanados en el poder, hacen presión sobre Stalin para empujarle aun mas a la derecha. Y si personificamos a la reacción mundial en Hitler y Franco, no es porque sea absolutamente inseparable de ellos o porque les pertenezca en exclusiva. No; el símbolo de la reacción burguesa mundial, puede cambiar sin que cambie por ello el movimiento contrarrevolucionario mismo. Durante la actual guerra imperialista, la bandera de la contrarrevolución está cambiando de manos. A medida que Hitler se debilita y su derrota aparece mas evidente, se destaca mas, como símbolo de la contrarrevolución mundial, la burguesía estadunidense. La determinación mutua que ha regido entre el stalinismo y el fascismo seguirá rigiendo dondequiera que se desplace el centro mas importante de la contrarrevolución burguesa. Y si cuando la subida de Hitler al poder vimos a la par burguesía inglesa y americana aplaudirle como a un salvador, en el futuro, la burguesía alemana verá en la americana su salvadora y a ella se entregará en cuerpo y alma para que le libre de la revolución social.

Un síntoma extremadamente importante es la disolución de la I.C., que obedece a presiones directas de Washington. Por este acto, la burguesía americana dice a la burguesía alemana y a la de los países ocupados: "Ved; nosotros representamos una garantía anticomunista mucho mas sólida que Hitler. Sin Pacto anti-Komintern, nosotros hemos deshecho la Komintern y os garantizamos que Stalin es un conservador de fiar. Tened la seguridad de que no moverá un dedo por el proletariado mundial, y que se puede contar con su colaboración para aplastarlo. Por otra parte, somos muy fuertes militarmente. No os queda mas remedio que aceptar nuestro dominio que es tambien la mejor garantía contrarrevolucionaria".

Toda guerra imperialista, lleva consigo, junto a la disputa por el dominio económico mundial, otra disputa por la jefatura de la contrarrevolución. Asi se reveló, en condiciones menos agudas que hoy, durante la guerra de 1914-18. Los aliados y sus agentes disfrazados de socialistas, condujeron la guerra en nombre de la democracia, contra el militarismo prusiano. Los vencedores se convirtieron enseguida en el núcleo contrarrevolucionario mas poderoso del mundo. Tendieron la mano a la burguesía alemana contra su propio proletariado e hicieron todos los esfuerzos a su alcance por destruir la revolución rusa. Hoy, la cosa es mucho mas clara y consciente que durante la otra guerra, porque el problema de la revolución social ha adquirido una agudeza desgarradora. De ahí que los Estados Unidos se ven obligados a ofrecer a la burguesía mundial actos (disolución de la I.C. pactos y arreglos con los fascistas franceses, italianos y españoles, etc.) que por su significación misma comprometen las propias mentiras americanas respecto a la guerra por la democracia. Y el dia en que Hitler sea derrotado definitivamente, depositará la bandera de la contrarrevolución en la Casa Blanca de Washington.

De los traidorzuelos corrompidos que pertenecieron a la I.C., no puede esperarse mas que traiciones. Para no asustar a sus amos burgueses, la mayoría de ellos abandonarán pronto la designación de comunistas para adoptar otra mas en consonancia con su título oficial de lacayos. El proletariado español debe combatirlos con la saña con que se combate a enemigos disfrazados. Lo que quedó de la Internacional comunista de la época bolchevique, sus principios, su denuedo indomable, las enseñanzas nuevas y los mejores revolucionarios templados al fuego terrible de las últimas derrotas obreras, están en la IV Internacional. ¡La IV Internacional no pacta ni se disuelve! La IV Internacional no reconoce mas intereses que los del proletariado y todos los pobres de la Tierra. No propone, no quiere ni actuará sino por la única salida positiva que tiene la humanidad: la revolución socialista. Cualquier otra proposición intermedia, contribuirá a hundir el mundo en la miseria, la esclavitud y la descomposición. Los traidores han certificado su propia traición. Trabajadores: ¡La IV Internacional es la internacional de la revolución socialista mundial!