Contra la Corriente, n.º 5, junio-julio de 1943 (págs. 28-30). PDF del número completo

Lo siguiente es el capítulo en que Trotsky critica la parte internacional del proyecto de programa presentado por la fracción stalinista al VI Congreso de la Internacional comunista. Aparece en el libro titulado en español "El gran organizador de derrotas", análisis de la política de la organización mundial después de Lenin. Este libro es uno de los mas importantes documentos del marxismo moderno. La crítica certera y durá de la dialéctica materialista señala en él todos los errores y concesiones al reformismo que han de arrastrar hasta la traición socialpatriota y la deserción vergonzosa de las filas revolucionarias.- Nota de la Redacción.

La cuestión no puede ser resuelta mas que en el terreno de la revolución mundial.

La nueva doctrina dice: el socialismo puede ser construido sobre la base de un Estado nacional, con tal de que no se produzca intervención. De ahí puede y debe desprenderse una política colaboracionista hacia la burguesía del exterior, pese a todas las declaraciones solemnes del proyecto de programa. (Se refiere al programa aprobado por el VI congreso de la Internacional comunista. Redacción) El objeto es evitar la intervención: en efecto, esto asegurará la construcción del socialismo, así se encontrará resuelto el problema histórico fundamental. La tarea de los partidos de la Internacional comunista adquiere de esta manera un carácter secundario: preservar a la U.R.S.S. de las intervenciones, y no luchar por la conquista del poder. No se trata, evidentemente, de las intenciones subjetivas, sino de la lógica objetiva del pensamiento político.

"La divergencia de miras consiste --dice Stalin-- en que el Partido considera que esas contradicciones (internas) y conflictos eventuales pueden ser vencidos perfectamente, basándose en las propias fuerzas de nuestra revolución, mientras que el camarada Trotsky y la Oposición consideran que no se puede vencerlas mas que en el dominio mundial, en la arena de la revolución mundial del proletariado". ("Pravda" No. 262, 12-11-1926).

Si, la divergencia de miras consiste precisamente en eso. No se podría explicar mejor, con mayor precisión, la contradicción existente entre el nacionalreformismo y el internacionalismo revolucionario. Si nuestras dificualtades, obstáculos, contradicciones internas que no son, principalmente, mas que la refracción de las contradicciones mundiales, pueden ser resueltas simplemente por "las propias fuerzas de nuestra revolución", sin salir "a la escena de la revolución mundial", entonces la Internacional comunista es una institución semiaxiliar, semidecorativa, cuyos congresos pueden convocarse cada cuatro años, cada diez o incluso no convocarlos en absoluto. Si se añade también que el proletariado de los otros países debe proteger nuestra construcción contra una intervención militar, la Internacional debería, segúan ese esquema, desempeñar el papel de un instrumento pacifista. Su papel principal, el de instrumento de la revolución mundial, recule inevitablemente a segundo no. Y, repitámoslo, eso se produce no como consecuencia de intenciones [ilegible] de cualquier parte que sea, (al contrario, toda una serie de pasajes del programa testimonian las mejores intenciones de los autores) sino como consecuencia de la lógica interior inclusa en la nueva manera de abordar el problema desde el punto de vista teórico; eso es mil veces mas peligroso que las peores intenciones subjetivas.

En efecto, ya en el VII Pleno del Comité Ejecutivo de la Internacional comunista, Stalin tuvo la audacia de desarrollar y demostrar el pensamiento siguiente: "Nuestro partido no tiene el derécho de engañar(!) a la clase obrera: debería haber dicho entonces francamente que la falta de certidumbre (!) de poder construir el socialismo en nuestro país, lleva al abandono del poder, a la transformación de nuestro partido, abandonando la posición de partido gubernamental para convertirse en partido de oposición". (Actas estenográficas. vol. II, p. 10. Subrrayado por mi).

Esto significa: no tienes derecho de depositar tu esperanza mas que en los flacos recursos de la economía nacional no te permitas esperar algo de los recursos inagotables del proletariado internacional. Si no puedes prescindir de la revolución internacional, cede el poder, precísamente el poder de Octubre que hemos conquistado en interés de la revolución internacional. ¡He ahí hasta que indigencia se puede llegar, en el dominio de las ideas, partiendo de una manera radicalmente falsa de plantear el problema!

El proyecto expresa una idea incontestable diciendo que los éxitos económicos de la U.R.S.S. constutuyen una parte indisolublemente ligada a la revolución proletaria mundial. Pero el peligro político de la nueva teoría esta en el erronea juicio comparativo, atribuido a las dos palancas de mando del socialismo mundial: la de nuestras relaciones económicas y la de la revolución proletaria mundial. Sin que esta triunfe nosotros no construiremos el socialismo. Los obreros de Europa y el mundo entero deben comprenderlo claramente. La palanca de la construcción económica tiene una importancia enorme. Si la dirección comete faltas, la dictadura del proletariado se debilita; la caída de esta dictadura asestaría tal golpe a la revolución mundial que esta no se restablecería, durante una larga sucesión de años. Pero la solución a ofrecer al proceso fundamental de la historia suspendido entre el mundo del socialismo y el del capitalismo, depende de la segunda palanca, es decir, de la revolución proletaria mundial. La enorme importancia de la Unión Soviética consiste en que constituye la base sobre la que se apoya la revolución mundial, de ninguna manera en que independientemente de esta revolución la Unión Soviética sea capaz de construir el socialismo.

Adoptando un tono de superioridad nada motivado, Bujarin nos preguntó reiteradamente: "Si existen ya premisas, esos puntos de partida, una base suficiente e incluso algunos éxitos en la obra de construcción del socialismo, ¿donde está entonces el límite, la arista a partir de la cual 'todo se opera en sentido inverso'? No hay tal arista". (Actas estenográficas del VII Pleno del C.E. de la I.C., p. 116).

Eso es mala geometría y no dialéctica histórica. Puede existir semejante "arista". Pueden existir varias en el dominio interior, internacional, político, económico y militar. La "arista" mas importante, la mas amenazadora, seria una consolidación seria y durable del capitalismo mundial, un nuevo ascenso del mismo. En consecuencia, desde el punto de vista político y económico desemboca pues en la arena mundial. ¿Puede la burguesía asegurar una nueva época de crecimiento capitalista? Negar semejante eventualidad, contando con la situación "sin salida" del capitalismo, sería simplemente verbalismo revolucionario. "No hay situación que carezca absolutamente de salida" (Lenin). La actual situación de equilibrio de clases existente en los países europeos, no puede durar infinitamente, precisamente porque es inestable.

Cuando Stalin y Bujarin demuestran que la U.R.S.S., en cuanto Estado, puede prescindir de la ayuda del proletariado extranjero, es decir, sin vencer a la burguesía, porque la actual simpatía activa de las masas obreras nos preserva de la intervención, dan prueba de la misma ceguera que en todas las consecuencias de su error fundamental.

Es absolutamente incontestable que despues del sabotaje socialdemocrata a la insurrección postbélica del proletariado europeo que erguía contra la burguesía, la simpatía activa de las masas obreras salvó a la República Soviética. Durante esos años la burguesía europea no se encontró con fuerza suficiente para conducir una gran guerra contrea el Estado obrero. Pero creer que semejante relación de fuerzas puede mantenerse durante largos años, por ejemplo, hasta la construcción del socialismo en la U.R.S.S., es dar prueba de la mayor ceguera, juzgando toda la curba por un pequeño segmento. Una situación así inestable, cuando el proletariado no puede tomar el poder, mientras la burguesía no se siente el amo seguro, debe, tarde o temprano, aproximadamente en un año, decidirse brutalmente en un sentido u otro, en el de la dictadura del proletariado o en el de la consolidación seria y durable de la burguesía instalándose sobre las espaldas de las masas populares, sobre los huesos de los pueblos coloniales y quien sabe... sobre los nuestros. "No hay situación que carezca absolutamente de salida". La burguesía puede escapar de manera durable a sus peores contradicciones únicamente siguiendo el camino abierto por las derrotas del proletariado y los errores de la dirección revolucionaria. Pero lo recíproco es igualmente cierto. Ya no habrá nuevo ascenso del capitalismo mundial (considerando, claro está, una nueva época de grandes conmociones) sino en caso de que el proletariado no haya sabido encontrar un desemboque que le permita salir del equilibrio presente por la via revolucionaria.

"Ahora hay que probar por el trabajo práctico de los partidos revolucionarios --decía Lenin el 19 de julio de 1920, al II Congreso-- que tienen suficiente conciencia, espíritu de organización, contactos con las masas explotadas, resolución, conocimientos, para utilizar esta crisis en provecho de una revolución triunfante, que desemboque en el éxito". (Lenin. Obras, vol. XVII, p. 264).

En cuanto a nuestras contradicciones internas, que dependen directamente de la marcha de la lucha europea y mundial, pueden ser inteligentemente reguladas y atenuadas gracias a una política interior justa, basada en la previsión marxista pero no se podrá vencerlas mas que eliminando las contradicciones de clase, de lo que no puede trtarse antes de que se produzaca la revolución europea triunfante. Stalin tiene razón: hay divergencia precisamente en este punto y es la divergencia fundamental existente entre el reofrmismo nacional y el internacionalismo revolucionario.