Contra la Corriente, n.º 5, junio-julio de 1943 (págs. 35-38). PDF del número completo

A propósito de la Conferencia Mundial de la IV Internacional

Nota de la Redacción.- El siguiente trabajo es la carta dirigida por el c. Leon Trotsky al Congreso de Fundación de la IV Internacional celebrado en Francia durante el año 1938.

En el momento en que se imprimen estas lineas, la Conferencia de la IV Internacional ha terminado ya probablemente sus trabajos. La celebración de esta Conferencia representa un gran acontecimiento. Una tendencia revolucionaria intransigente, sometida a persecuciones que indudablemente jamás sufrió ninguna otra tendencia política en la historia mundial, nuevamente ha mostrado su fuerza. Sobreponiéndose a todos los obstáculos, ha celebrado su Asamblea Internacional, bajo los golpes de poderosos enemigos. Este hecho es un testimonio infalible de la profunda vitalidad y de la inquebrantable obstinación de los bolcheviques leninistas de todos los paises. El éxito de la Conferencia fué asegurado de antemano por el espíritu de internacionalismo revolucionario que nutre todas nuestras secciones. En realidad, hay que conceder un gran valor al enlace internacional de la vanguardia proletaria, para reunir un estado mayor revolucionario mundial, mientras Europa y el mundo entero viven en la espera de la guerra que se aproxima. Los hedores del odio nacional y las persecuciones raciales constituyen actualmente la atmosfera de nuestro planeta. El fascismo y el racismo no son sino la expresión extrema de esta bacanal de cauvinismo cuyo objeto consiste en borrar o ahogar intolerables contradicciones de clase. El renacimiento del social-patriotismo en Francia y en otros paises, mas exactamente, su nueva manifestación descarada e impúdica, pertenecen a la misma categoria que el fascismo, adaptada unicamente a la ideología democrática o a sus escombros.

Al mismo grupo de fenomenos pertenece el hecho de que el nacionalismo sea abiertamente cultivado en la URSS, en las asambleas, en la prensa y en las escuelas. No se trata de manera alguna del llamado "patriotismo socialista", es decir, de la defensa de las conquistas de la revolución de Octubre contra el imperialismo. No, se trata de reanudar las tradiciones patrioticas de la vieja Rusia. Tambien aquí, la tarea consiste en crear valores super-sociales por encima de las clases para disciplinar mejor, gracias a ellos, a los trabajadores y someterlos a los ávidos canallas de la burocracia. La ideología oficial del Kremlin actual recurre a las hazañas del principe Alejandro Newsky, al heroismo del ejército de Suvorof-Rymnikski o de Kutuzof-Smolenski, cerrando los ojos sobre el hecho que este "heroismo" se basaba en la servidumbre y la ignorancia de las masas populares, siendo precisamente por esta razón que el viejo ejercito ruso no ha alcanzado victorias sino en la lucha contra pueblos asiaticos todavía mas atrasados o sobre estados limitrofes en occidente, debiles y decadentes. En los conflictos con los paises avanzados de Europa el valiente ejercito zarista siempre se ha encontrado desamparado. Es evidente que en el Kremlin ya se ha enterrado la experiencia de la guerra imperialista, de la misma nanera que han olvidado el hecho no sin importancia de que la revolucion de Octubre ha salido directamente del derrotismo. ¿Qué importa todo esto a los termidorianos y a los bonapartistas? Necesitan fetiches nacionales. Alejandro Nevsky debe venir en ayuda de Nicolas Iejof (jefe de la G.P.U. N. de la R.).

La teoría del socialismo en un solo país que liquida el programa de la lucha revolucionaria internacional del proletariado, no podía dejar de terminar con una ola de nacionalismo en la U.R.S.S. y de engendrar otra correspondiente en los partidos "comunistas" de los otros países. Hace todavía dos o tres años se afirmaba que las secciones de la Komintern deberian sostener unicamente a sus gobiernos en los países llamados democráticos, que estuvieran dispuestos a ofrecer su apoyo a la U.R.S.S. en su lucha contra el fascismo. La tarea de defender al Estado obrero tenía que ser la justificación del socialpatriotismo. Actualmente, Browder, que no esta ni mas ni menos prostituido que los otros jefes de la Stalinntern, acaba de declarar ante la Comisión senatorial de investigación, que en caso de guerra entre los Estados Unidos y la U.R.S.S., él, Browder, y su partido se encontrarián al lado de su patria democrática. Es muy probable que esta respuesta le haya sido soplada por Stalin. Pero esto no cambia en nada la cuestión. La traición tiene su lógica. La Tercera Internacional adentrada en la vía del social-patriotismo, escapa ahora manifiestamente de las manos de la pandilla del Kremlin. Los "comunistas" se han covertido en social-imperialistas y no se distinguen de sus aliados y competidores "socialdemócratas" sino por un cinismo mayor.

La traición tiene su lógica. La Tercera Internacional, despues de la Segunda está definitivamente muerta como internacional. Ya no es capaz de manifestar cualquier iniciativa que sea, en el dominio de la politica mundial del proletariado. Indudablemente el hecho no es fortuito, que tras quince años de desmoralización progresiva la Komintern haya develado su putrefacción interna definitiva, en el momento aproximarse la guerra mundial, es decir precisamente cuando el proletariado tiene más necesidad que nunca de su cohesión revolucionaria internacional.

La historia ha acumulado monstruosos obstaculos ante la IV Internacional. La tradicción muerta se alza contra la revolución viviente. A siglo y medio la irradiación de la gran Revolución francesa sirve aún a la burguesía y a su agencia pequeño-burguesa -la II Internacional-, para doblegar y paralizar la voluntad revolucionaria del proletariado. Con el mismo objeto, explota ahora la Tercera Internacional las tradiciones incomparablemente más frescas y potentes de la revolución de Octubre. El recuerdo de la primera sublevación victoriosa del proletariado contra la democracia burguesa, sirve en manos de los usurpadores para salvar a la democracia burguesa de la sublevación del proletariado.

Ante la proximidad de la nueva guerra imperialista, las organizaciones social-patriotas han juntado sus fuerzas a las del ala izquierda de la burguesía, bajo el nombre de frente popular, que no representa más que un intento de la burguesía agonozance para subordinarse nuevamente el proletariado, como se lo subordinó la burguesía revolucionaria en la aurora del capitalismo. Lo que antaño fué un fenomeno histórico progresivo aparece ahora a nuestra vista como una innoble farsa reaccionaria. Pero si los "frentes populares" son impotentes para contener siquiera la ofensiva militar del fascismo, -¡el ejemplo de España está repleta de importancia simbolica!- son, pese a todo, bastante poderosos pra sembrar ilusiones en las filas de los trabajadores, paralizar y disolver su voluntad de combate y por ello mismo crear las más grandes dificultades en el camino de la IV Internacional.

La clase obrera, sobre todo en Europa, se encuentra [ilegible] en situación de retirada o en el mejor de los casos, de espera. Las derrotas están aún demasiado frescas y la seria no se ha agotado. Han tomado la forma más aguda en España. En medio de estas condiciones se desarrolla la IV Internacional. ¿Que tiene de asombroso que su crecimiento sea más lento de lo que querriamos? Los diletantes, los charlatanes o los imbeciles, que no son capaces de penetrar en la dialectica de los flujos y reflujos históricos, han tratado más de una vez de fallar su veredicto: "Las ideas de los bolcheviques leninistas son, quizas, justas, pero ellos son incapaces de construir una organización de masas". ¡Como si una organización de masas se pudiese construir en no importa que condiciones! ¡Como si un programa revolucionario no obligara, en una época de reacción, a quedarse en minoria y a nadar contra la corriente! El revolucionario que mide los ritmos de su época por su propia impaciencia, no vale nada. Nunca hasta ahora ha estado tan obstaculizado por tamaños impedimentos el camino del movimiento obrero revolucionario, en vísperas de una nueva época de formidables sacudidas revolucionarias. Una exacta apreciación marxista de la situación impone la conclusión que, pese a todo, en los últimos años hemos obtenido éxitos inapreciables.

La Oposición de Izquierda rusa aparecio hace quince años. El verdadero trabajo en la arena internacional no cuenta todavia diez años. La prehistoria de la IV Internacional se divide por sí misma en tres etapas. Durante la primera, la Oposición de Izquierdas contaba aún con la posibilidad de una regeneración de la Komintern y se consideraba su fracción marxista. La innoble capitulación de la Komintern en Alemania, tácitamente aceptada por todas sus secciones, planteo abiertamente el problema de la necesidad de edificar la IV Internacional. Sin embargo nuestras organizaciones, de debiles efectivos, nacidas por selección individual en el proceso de la crítica teórica, casi fuera del movimiento obrero [ilegible] no se encontraban aun preparadas para actuar independientemente. El segundo perído se caracteriza por los esfuerzos para encontrar a estos grupos de propaganda aislada, un medio político real, aun al precio de un renunciamiento temporal a la independencia formal. La entrada en los partidos socialistas ha acrecentado de golpe nuestras filas, aunque cuantitativamente haya dado menos de lo que se podía esperar. Pero la entrada significó una etapa extremadamente importante en la educación política de nuestras secciones que, por primera vez, se medido y contrastado sus ideas cara a cara con las realidades de la lucha política y sus exigencias. El resultado de la experiencia realizada ha consistido en que nuestros cuadros han alzado la cabeza. Tampoco es una conquista de poca importancia que se hayan separado de nosotros los sectarios incorregibles, los confusionistas y los escamoteadores que tienen la costumbre de unirse al principio de todo movimiento nuevo para desacreditarlo y paralizarlo en la medida de sus fuerzas.

Las etapas del desarrollo de nuestras secciones en los diversos países no puede, bien entendido, coincidir cronológicamente. Pero se puede, a pesar de todo, considerar como el fín del segundo período la creación del Partido socialista obrero norteamericano. A partir de entonces, la IV Internacional se coloca frente a tareas de un movimiento de masas. El reflejo de este viraje considerable, es el programa de la epoca de transición, cuya importancia reside no en dar un plan teórico a priori, sino en realizar el balance de la experiencia ya acumulada por las secciones nacionales y abrir sobre la base de esta experiencia una mas amplia perspectiva internacional.

La adopción de este programa, preparado y asegurado mediante una larga discusión previa, mas exactamente, por una serie de discusiones, representa nuestra conquista capital. La IV Internacional es en la actualidad la única organización internacional que no solamente se da cuenta claramente de las fuerzas motrices de la época imperialista, sino que está armada además de un sistema de reivindicaciones transitorias capaz de concentrar las masas en la lucha revolucionaria por el poder. Estamos lejos de engañarnos. La desproporción entre nuestras fuerzas actuales y las tareas de mañana nos aparece mucho mas clara que a nuestros críticos. Sin embargo, empujadas al último grado de la exasperación y de la rebelión, las masas no encontrarán otra dirección que la que les propone la IV Internacional.

L. TROTSKY.

"Los mencheviques engañaban miserablemente al pueblo cuando representaban esta gueera como una guerra defensiva o revolucionaria, y Kautsky, aprobando su política, aprueba su embuste, aprueba su papel de pequeño-burgueses, que por complacer a los capitalistas embaucan al pueblo y sujetan a los obreros al carro del imperialismo. Kautsky practica una política típicamente burguesa, toda hipocrasía, engañando o inculcando a las masas la idea de que el poner antes una palabra cambia muy poco el fondo del asunto. Toda la historia de la socialdemocracia también evidencia estas ilusiones; para engañar al pueblo, los burgueses confundieron y confundirán todas las "palabras" posibles. Pero se trata de cimentar la verdad, de confrontar las palabras con los hechos, de no confomarse con frases idealistas o relumbronas y de buscar en ellas la realidad, los intereses de clase. La guerra imperialista no deja de serlo, aunque unos charlatanes o unos fariseos de la burguesía pongan unas cuantas palabras llamativas como lema de ella. No dejará de serlo hasta el dia en que la clase que dirige la guerra imperialista y que está sujeta por milleres de vínculos, incluso económicos, sea derribada realmente y substituida en el poder por la clase verdaderamente revolucionaria, por el proletariado. Es la única manera de librarse de una guerra imperialista y de una paz imperialista de conquista. (V. I. Lenin: "La victoria proletaria y el renegado Kautsky", Biblioteca nueva. Madrid. p. 116).