Contra la Corriente, n.º 5, junio-julio de 1943 (págs. 31-34). PDF del número completo

Nota de la Redacción.- El siguiente capítulo pertenece al libro de León Trotsky "La revolución traicionada", escrito el año 1936. Es un balance completo de la contrarrevolución stalinista y un programa de lucha para los revolucionarios bolcheviques en la U.R.S.S. y en el mundo.

Reflexionando sobre la desaparición del Estado, Lenin escribía que el hábito a observar las reglas de la comunidad es suceptible de alejar toda necesidad de imposición "si nada suscita la indignación, la protesta y la revuelta llamando así a la represión". Todo está en este sí. El régimen actual de la U.R.S.S. suscita a cada paso protestas tanto mas dolorosas cuanto que ellas son ahogadas. La burocracia no es solamente un aparato de coacción, es tambien una causa permanente de provocación. La existencia misma de una casta de señores ábida, mentirosa y cínica, no puede dejar de suscitar una revuelta escondida. El mejoramiento de la situación de los obreros no les reconcilia con el poder; lejos de esto, prepara, al elevar su dignidad y al abrir su pensamiento a las cuestiones de política general, sus conflicto con los dirigentes.

Los "jefes" inamovibles se complacen en repetir que es necesario "aprender", "asimilar la técnica", "cultivarse" y otras bellas cosas. Pero los amos mismos son ignorantes, poco cultivados, no aprenden nada seriamente, permanecen groseros y desleales. Su pretensión a la tutela total de la sociedad, ya sea mandar a los generentes de cooperativa o a los compositores de múscia, se hace intolerable. La población no podrá alcanzar una cultura mas alta sin sacudir su humillante sujeción a esta casta de usurpadores.

¿El funcionario acabará por deborar al Estado obrero o la clase obrera reducirá al funcionario a la impotencia de perjudicarla? Tal es la cuestión de la que depende la suerte de la U.R.S.S. La inmensa mayoría de los obraros es desde ahora ostil a la burocracia; las masas campesinas le profeson un vigoroso odio plebeyo. Si, contrariamente a los campesinos, los obreros no se comprometen casi en la lucha, dejando de esta manera al campo, con sus procedimientos y su impotencia, no es solo a causa de la represión: los obreros temen abrir el camino a una restauración capitalista. Las relaciones de reciprocidad entre el Estado y la clase obrera son mucho mas complejas de lo que se imaginan los "demócratas" vulgares. Sin economía planificada, la U.R.S.S. sería arrojada a un atraso de decenas de años. Manteniendo esta economía, la burocracia continua cumpliendo una función necesaria. Pero de tal manera que prepara el torpedeamiento del sistema y amenaza todo lo adquirido durante la revolución. Los obreros son realista. Sin hacerse ilusiones sobre la casta dirigente, al menos sobre las capas de esta casta que conocen de cerca, ven en ella por el momento la guardiana de una parte de sus conquistas. Cuando las posibilidades de préscindir de ellos se presenten no dejarán de arrojar al guardían, deshonesto, insolente y sospechoso. Para esto hace falta que un resplandor revolucionario aparezca en Occidente o en Oriente.

El cese de toda lucha política visible es representada por los agentes y los amigos del Kremlin como una "estabilización" del régimen. En verdad, no significa mas que la estabilización momentanea de la burocracia, al contener el descontento del pueblo. La joven generación sufre sobre todo el yugo del "absolutismo ilustrado", mucho mas absoluto que ilustrado... La vigilancia cada vez mas remible de la burcracia ante todo brote de pensamiento, lo mismo que el incensamiento insoportable del "jefe" providencial, atestiguan el divorcio entre el Estado y la sociedad y también la agravación de las contradicciones interiores que, presionando contra las paredes del Estado, buscando una salida que encontrarán inevitablemente.

Los atentados cometidos contra los representantes del poder, tienen con frecuencia una gran importancia sintomática que permiten juzgar la situación de un país. El mas resonante ha sido el asesinato de Kirof, dictador hábil y sin escrúpulos de Leningrado, personalidad típica de su corporación. Los actos terroristas son por sí mismos incapaces de derrotar la oligarquía burocrática. El burócrata, considerado individualmente puede temer al revolver; la burocracia en su conjunto explota con éxito el terrorismo para justificar sus propias violencias, no sin dejar de culpar a sus adversarios políticos (el asunto Zinovief, Kamenef y otros)1. El terrorismo individual es el arma de los aislados impacientes o desesperados, que pertenecen frecuentemente a la joven generación de burócratas. Pero como bajo la autocracia los crímenes políticos anuncian que el aire se carga de electricidad, hacen presentir una crísis.

Promulgando la nueva constitución la burocracia husmea el peligro esforzándose en remediarlo. Pero mas de una vez ha sucedido que la dictadura burocrática, buscando la salud en reformas de pretensiones "liberales", no ha hecho sino debilitarse. Manifestando el bonapartismo, la nueva constitución ofrece una trinchera semi-legal para combatirlo. La rivalidad electoral de las camarillas puede ser el punto de partida de luchas políticas. El aguijón dirigido contra los "órganos del poder funcionando mal" puede transformarse en un aguijón contra el bonapartismo. Todos los indicios nos llevan a creer que los sucesos abocarán infaliblemente a un conflicto entre las fuerzas populares, acrecidas por el desenvolvimiento de la cultura y la oligarquía burocrática. Esta crisis no tolera una solución pacífica. Jamás se ha visto al diablo morderse las uñas voluntariamente. La burocracia soviética no abandonará sus posiciones sin combate; el país se encamina manifiestamente hacia una revolución.

En presencia de una enérgica presión de las masas, dada la diferenciación social entre los funcionarios, la resistencia de los dirigentes puede ser mucho mas débil de lo que se supone. Sin duda, sobre este propósito no caben mas que conjeturas. Sea lo que sea, la burocracia no podrá ser eleminada mas que revolucionariamente y como siempre con tanto menos sacrificio cuanto mas enérgica y denodadamente se haga. Preparar esta acción y ponerse a la cabeza de las masas en una situación histórica favorable, tal es la tarea de la Sección soviética de la IV Internacional, hoy todavía débil y obligada a una existencia clandestina. Pero la ilegalidad de un partido no es la inexistencia: no es sino una forma penosa de existencia. La represión puede mostrarse perfectamente eficaz contra una clase que abandona la escena, la dictadura revolucionaria de 1917 a 1923 lo ha demostrado plenamente; el recurso a la violencia contra la vanguardia revolucionaria no salvará a una casta que se sobrevive, con solo que la U.R.S.S. tenga un porvenir.

La revolución que la burocracia prepara contra ella misma no será social como la de Octubre de 1917: no se tratará de cambiar las bases económicas de la sociedad, de reemplazar una forma de propiedad por otra. La historia ha conocido, aparte de las revoluciones sociales que han sustituido por el régimen burgués al feudalismo, revoluciones políticas que sin tocar los fundamentos económicos de la sociedad, derribaron a las viejas formaciones dirigentes (1830 y 1848 en Francia, febrero 1917 en Rusia). La subversión de la casta bonapartista tendrá naturalmente profundas consecuencias sociales; pero se mantendrá en el marco de una transformación política.

Un Estado nacido de la revolución obrera existe por primera vez en la historia. Las etapas que debe franquear no están escritas en ninguna parte. Los teóricos y los constructores de la U.R.S.S. esperaban, verdad es, que el sistema flexible y claro de los soviets permitiría el Estado transformarse pacíficamente, disoverse y languidecer a fuer y medida que la sociedad cumpliese su evolución económica y cultural. La vida se ha mostrado mas compleja que la teoría. El proletariado de un país retrasado ha tenido que hacer la primera revolución socialista. Verosimilmente tendrá que pagar este privilegio histórico con una segunda revolución, contra el absolutismo burocrático. El programa de esta revolución dependerá del momento en que estalle, del nivel que el país habrá alcanzado y en medida muy apreciable, de la situación internacional. Sus elementos esenciales, bastante deficidos del el presente, están indicados a través de las páginas de este libro: son las condiciones objetivas del análisis de las contradicciones del régimen soviético.

No se trata de reemplazar una camarilla dirigente por otra, sino de cambiar los métodos de la dirección económica y cultural. La arbitrariedad burocrática debe ceder la plaza a la democracia soviética. El restablecimiento del derecho de crítica y de una libertad electoral auténtica son condiciones necesarias al desarrollo del país. El restablecimiento de la libertad en los partidos soviéticos, empezando por el partido bolchevique, y el renacimiento de los sindicatos está implícito. La democracia acarreará, en la economía, la revisión radical de los planes en interés de los trabajadores. La libre discusión de las cuestiones económicas disminuirá los gastos generales impuestos por los errores y los zigzags de la burocracia. Las empresas suntuarias, Palacios de los Soviets, nuevos teatros y metros construidos para asombrar darán lugar a las casas de alojamiento para obreros. Las "normas burguesas de reparto", serán conducidas a las proporciones estrictamente impuestas por la necesidad, para retroceder, en medida del crecimiento de la riqueza social, ante la igualdad socialista. Las categorías serán abolidas inmediatamente, las condecoraciones arrinconadas con lo accesorio. La juventud podrá respirar libremente, criticar, engañarse y madurar. La ciencia y el arte sacudirán sus cadenas. La política extranjera reanudará la tradición del internacionalismo revolucionario.

Mas que nunca los destinos de la Revolución de Octubre se encuentran hoy día ligados a los de Europa y del mundo. Los problemas de la U.R.S.S. se resuelven en la península Ibérica, en Francia, en Béelgica. Cuando este libro aparezca, la situación será probablemente mucho mas clara que en estos dias de gueera civil en Madrid. Si la burocracia soviética logra, con su pérfida política de los "frentes populares", asegurar la victoria de la reacción en Francia y en España, --y la Internacional comunista hace todo lo que puede en este sentido--, la U.R.S.S. se encontrará al borde del abismo y la contrarrevolución burguesa se pondrá a la orden del dia, mas que la sublevación de los obreros contra la burocracia. Si por el contrario, peso al sabotaje de los reformistas y de los jefes "comunistas", el proletariado de occidente se abre paso haci el poder, un nuevo capítuolo se habrirá en la historia de la U.R.S. La primera victoria revolucionaria en Europa hará a las masas soviéticas el efecto de una descarga eléctrica, las despertará, leventará su espíritu de independencia, reanimará las tradiciones de 1905 y 1917, debilitará las posiciones de la burocracia y no tendrá menos importancia para la II Internacional que tuvo para la III la victoria de la revolución de Octubre. Para el porvenir del socialismo, el primer estado obrero no encontrará la salud sino por este camino.

"Todos los pequeños burgeses, todos los campesinos ignorantes razonan exactamente como los renegados kaustkistas, longuetistas, como Turati y compañía, a saber: el enemigo está en mi país, todos los demás no me importan.

El socialista, el proletario revolucionario, el internacionalista, razona de otra manera: el carácter de la guerra, reaccionaria o revolucionaria, no depende de saber quien ha atacado y de en que territorio está el "enemigo", sino de saber que clase dirige la guerra y que política la prolonga. Si la guerra es una guerra imperialista, reaccionaria, es decir, entre dos grupos mundiales de la burguesía, reaccionaria e imperialista, toda burguesía, hasta la de un pequeño país, se hace cómplice de un bandidaje, y mi deber, mi tarea de representante del proletariado revolucionario, es preparar la revolución proletaria mundial, como única solución posible contra los horrores de la guerra mundial. No es desde el punto de vista de "mi" país como debo razonar (esto debe dejarse al desgraciado cretino, al burgués nacionalista que no comprende que él es un juguete en manos de la gran burguesía imperialista), sino desde el punto de vista de mi participación en la preparación, en la propaganda en la aceleración de la revolución proletaria universal. He aquí lo que es el internacionalismo; este es el deber del obrero revolucionario verdaderamente socialista e internacionalista". (V. I. LENIN: "La victoria proletaria y el renagdo Kautsky", Biblioteca Nueva, Madrid, p. 124)

Hoy, que los Longuet, los Kautsky, los Turati, etc, están representados por los Stalin, los Torhez, los Browder, los Prieto, los Uribe, Pasionaria, García Oliver, etc, la IV Internacional sigue fiel a las ideas de Lenin y combate en primera fila por el triunfo de la revolución proleria mundial. La lucha contra estos amarillos traidores a su clase es una condición indispensable para el triunfo obrero.

  1. El autor hace alusión al primer proceso Zinoviev, Kamenef en 1935. ↩