Contra la Corriente, n.º 6, agosto de 1943 (págs. 35-42). PDF del número completo
BOLCHEVISMO Y MENCHEVISMO EN ESPAÑA
Las operaciones militares de Abisinia, de España y de Extremo Oriente, son cuidadosamente estudiadas por todos los Estados Mayores Militares, en su preparación para la futura Gran Guerra. Los combates del proletariado español, esos relámpagos precursores de la futura revolución mundial, deben ser estudiados con no menos atención por los Estados Mayores revolucionarios: es sólo con esta condición que los acontecimientos que se aproximan no nos encontrarán desprevenidos.
Tres concepciones se han enfrentado - con fuerzas desiguales - en el campo llamado republicano: la menchevique, la bolchevique y la anarquista. En lo que concierne a los partidos republicanos burgueses, ellos no han tenido ni ideas ni importancia política independiente y no han hecho más que mantenerse sobre las espaldas de los reformistas y de los anarquistas. Por otra parte, no será una exageración decir que los jefes del anarco-sindicalismo español han hecho todo lo posible por rechazar su doctrina y reducir, prácticamente, su importancia a cero. En los hechos, en el campo llamado republicano, dos doctrinas se han enfrentado: la menchevique y la bolchevique.
Según la concepción de los socialistas y de los stalinistas, esto es: los mencheviques de la primera y de la segunda cosecha, la revolución española no tiene más que resolver tareas "democráticas", por eso es necesario un frente único con la burguesía "democrática". Toda tentativa de parte del proletariado para salir de los cuadros de la democracia burguesa es, desde ese punto de vista, no solamente prematura, sino funesta. Además, lo que se encuentra a la orden del dia, no es la revolución, sino la lucha contra el rebelde Franco. El fascismo, es la "reacción". Contra la "reacción" es necesario unir todas las fuerzas del "progreso". Que el fascismo sea la reacción, no feudal, sino burguesa; que contra la reacción burguesa no se puede luchar con éxito más que con las fuerzas y los métodos de la revolución proletaria, es una noción que el menchevismo, rama del pensamiento burgués, no quiere ni puede hacer suya.
El punto de vista bolchevique, expresado de manera terminante sólo por la joven Sección de la Cuarta Internacional, procede de la teoría de la Revolución Permanente, a saber: que aún tareas puramente democráticas, tales como la liquidación de la propiedad territorial semi-feudal; no pueden ser resueltas sin la conquista del poder por el proletariado y ésta, a su vez, pone a la orden del dia la Revolución Socialista. Además, los mismos obreros españoles, desde las primeras etapas de la Revolución, plantearon prácticamente tareas, no simplemente democráticas, sino aún puramente socialistas. Exigir la no salida de los límites de la democracia burguesa, no es defender con los hechos la revolución democrática, sino renunciar a ella. Es solamente por la subversión de las relaciones sociales en el campo que se podía hacer del campesino, masa principal de la población, una muralla poderosa contra el fascismo. Mas, los propietarios de la tierra están ligados por lazos indisolubles a la burguesía comercial e industrial y a la inteligencia burguesa que depende de ella. El partido del proletariado se encuentra, de este modo, ante la necesidad de escoger: o con las masas campesinas o con la burguesia liberal. Incluir en una coalición común a los campesinos y a la burguesía libe- ral, no puede tener más que un objeto: ayudar a la burguesia a engañar a los campesinos y aislar de ese modo a los obreros. La revolución agraria no podia realizarse más que contra la burguesía, y por consecuencia solamente por medio de las medidas de la dictadura del proletariado. No existe ningún régimen intermedio.
Desde el punto de vista de la teoría, lo que sorprende sobre todo en la política española de Stalin, es un olvido completo del A.B.C. del leninismo. Después de un lapso de varias décadas -¡y qué décadas!-, el Comitern ha restaurado completamente la doctrina del menchevismo. Más todavía, se ha esforzado en darle a esa doctrina una expresión más "consistente", y, por lo mismo, más absurda. En la Rusia zarista, al comienzo de 1905, la fórmula de la "revolución puramente democrática" tenía en su favor en todo caso, infinitamente más argumentos que en 1937, en España. Nada de sorprendente tiene que en la España contemporánea, la "política obrera liberal" del menchevismo se haya transformado en la política anti-obrera reaccionaria del stalinismo. Por eso, la doctrina de los mencheviques, esta caricatura del marxismo, ha llegado a ser su propia caricatura.
LA "TEORIA" DEL FRENTE POPULAR.
Sin embargo, sería ingenuo pensar que en la base de la política del Comitern en España, hay algún "error teórico". El stalinismo se guía, no por la teoría del marxismo, ni por cualquier otra teoría, sino por los intereses empíricos de la burocracia soviética. Entre ellos, los cínicos de Moscú se burlan bastante de la "filosofía" de Dimitrov, del Frente Popular. Pero tienen a su disposición, para engañar a las masas, cuadros numerosos de propagandistas de esta fórmula sagrada, sinceros o ladrones, ingenuos o charlatanes. Louis Fisher con su ignorancia y su suficiencia, con su espíritu de razonador provincial, orgánicamente sordo a la revolución, es el representante más repulsivo de esa cofradía poco atrayente. "La unión de las fuerzas progresivas". "El triunfo de la idea del Frente Popular". "La acometida de los trotskystas a la unidad de las filas antifascistas". ¡Quién creería que el Manifiesto Comunista ha sido escrito hace noventa años!
Los teóricos del Frente Popular no van, en rigor, más allá de la primera regla de la aritmética, la de la adición: la suma de los comunistas, de los socialistas, de los anarquistas y de los liberales, es más grande que cada uno de ellos separadamente. Tal es toda su sabiduría. La aritmética es, no obstante, insuficiente en este asunto. Es necesario, por lo menos, la mecánica: la ley del paralelógramo de las fuerzas es cierta también en política. La resultante es, como se sabe, tanto más debil cuanto más diverjan entre sí las fuerzas componentes. Cuando los aliados políticos actúan en direcciones opuestas, el resultado puede llegar a ser igual a cero. El bloque de los diversos grupos políticos de la clase obrera es absolutamente necesario para resolver las tareas prácticas comunes. En ciertas condiciones históricas tal bloque es capaz de atraer hacia sí las masas pequeño burguesas oprimidas, cuyos intereses se encuentran próximos a los del proletariado. La fuerza común de semejante bloque puede llegar a ser mucho más grande de que la de cada una de sus partes constituyentes. Por el contrario, la alianza política del proletariado con la burguesía, cuyos intereses en la época actual, en las cuestiones fundamentales, divergen entre ellos como los lados de un ángulo de 180 grados, no puede, en regla general, más que paralizar la fuerza revolucionaria del proletariado.
La guerra civil, en la cual la fuerza de la pura violencia tiene poca validez, exige de sus participantes una dedicación suprema. Los obreros y los campesinos no son capaces de asegurar la victoria más que en el caso en que ellos conduzcan la lucha por su propia emancipación. Someter en esas condiciones al proletariado a la dirección de la burguesía, es asegurar por adelantado su derrota en la guerra civil.
Estas simples verdades no son, de ninguna manera, fruto de un análisis puramente teórico. Al contrario, ellas representan la conclusión inquebrantable de toda la experiencia histórica, a partir por lo menos de 1848. La historia moderna de la sociedad burguesa está llena de Frentes Populares de todas clases, esto es, de combinaciones políticas de las más diversas, para engañar a los trabajadores. La experiencia española no es más que un nuevo eslabón trágico en esta cadena de crímenes y de traiciones.
LA ALIANZA CON LA SOMBRA DE LA BURGUESIA.
El hecho que más sorprende políticamente, es que en el Frente Popular Español no hay siquiera, en esencia, paralelógramo de las fuerzas: el lugar de la burguesía estaba ocupado por su sombra. Por intermedio de los stalinistas, de los socialistas y de los anarquistas, la burguesía española se ha subordinado el proletariado, sin tomarse el trabajo de participar en el Frente Popular: la mayoría aplastante de los explotadores de todos los matices políticos, se pasaron abiertamente al campo de Franco. Sin ninguna teoría de la Revolución Permanente, la burguesía española ha comprendido, desde el comienzo mismo, que el movimiento revolucionario de las masas, cualquiera que sea su punto de partida, está dirigido contra la propiedad privada de la tierra y de los medios de producción y que es absolutamente imposible terminar ese movimiento por medio de las medidas democráticas. Es por esto que no quedarón en el campo republicano más que los desechos insignificantes de las clases poseedoras; los señores Azaña, Companys y sus semejantes, abogados políticos de la burguesía, pero de ningún modo ella misma. Habiendo puesto sus esperanzas en una dictadura militar, las clases poseedoras supieron, al mismo tiempo, utilizar sus representantes políticos de ayer para paralizar, desorganizar y, enseguida, aplastar el movimiento socialista de las masas sobre el territorio "republicano".
No representando ya en el más mínimo grado a la burguesía española, los republicanos de izquierda representaban aún menos a los obreros y a los campesinos. No representaban más que a ellos mismos. No obstante, gracias a sus aliados socialistas, stalinistas y anarquistas, esos fantasmas políticos jugaron en la revolución un rol decisivo. ¿Cómo? Simplemente, en tanto que encarnación del principio de la "revolución democrática", esto es: de la inviolabilidad de la propiedad privada.
LOS STALINISTAS EN EL FRENTE POPULAR.
Las causas de la aparición del Frente Popular Español y su mecánica interior son absolutamente claras. La tarea de los líderes retirados del ala izquierda de la burguesía consistía en detener la revolución de las masas y de esta manera ganar otra vez la confianza perdida de los explotadores. "¿Porqué os es necesario Franco, si nosotros, los republicanos, podemos hacer la misma cosa?" Los intereses de Azaña y Companys coincidían plenamente sobre este punto central, con los intereses de Stalin, para quien era necesario ganarse la confianza de las burguesias francesa e inglesa, probándoles en los hechos su capacidad de preservar el "orden" contra la "anarquía". Azaña y Companys eran necesarios a Stalin como cubierta frente a los obreros; el mismo Stalin está, evidentemente, por el socialismo; pero no se puede despreciar a la burguesía republicana: Stalin era necesario a Azaña y a Companys como verdugo experimentado que tiene una autoridad de revolucionario: sin ésto, reducidos a un grupito insignificante no hubieran jamás podido, ni osado, atacar a los obreros.
Los reformistas tradicionales de la Segunda Internacional, después de largo tiempo desorientados por la lucha de clases, recibieron un nuevo impulso de seguridad en sí mismos gracias al apoyo de Moscú. Este apoyo fué, por otra parte dado, no a todos los reformistas, sino solamente a los más reaccionarios. Caballero representaba la parte del partido socialista que miraba a la aristocracia obrera, Negrín y Prieto volvian siempre sus miradas hacia la burguesía. Negrín ha vencido a Caballero con la ayuda de Moscú. Los socialistas de izquierda y los anarquistas, prisioneros del Frente Popular se han esforzado, es verdad, por salvar de la democracia lo que se podia salvar. Pero como no supieron movilizar las masas contra los gendarmes del Frente Popular, sus esfuerzos se han reducido, en fin de cuentas, a lastimeras lamentaciones. Los stalinistas se encontraron de este modo en alianza con el ala más derechista, la más abiertamente burguesa del partido socialista. Ellos dirigieron sus golpes a la izquierda, contra el P.O.U.M., los anarquistas y los socialistas de "izquierda", esto es, contra los grupos centristas que, aunque en grado remoto, reflejaban la presión de las masas revolucionarias.
Este hecho político, rebosante de significación en sí mismo, da al mismo tiempo la medida de la degeneración del Comitern en los últimos años. Nosotros hemos definido en su tiempo al stalinismo como un centrismo burocrático, y los acontecimientos dieron cierto número de pruebas de la justeza de esa definición. Pero actualmente ha llegado a ser evidentemente anticuada. Los intereses de la burocracia bonapartista no concuerdan ya con la hibridez centrista. En su búsqueda de acomodamiento con la burguesía, la pandilla stalinista es capaz de aliarse únicamente con los grupos más conservadores de la aristocrácia obrera mundial. Así el carácter contra-revolucionario del stalinismo en la arena internacional ha quedado establecido definitivamente.
LAS VENTAJAS CONTRA-REVOLUCIONARIAS DEL STALINISMO.
Llegamos aquí al corazón de la resolución del enigma: ¿cómo y porqué el partido "comunista" español, insignificante por su número y el nivel de su direción, ha llegado a ser capaz de concentrar en sus manos todas las palancas del poder, a pesar de la presencia de organizaciones socialistas y anarquistas, incomparablemente más poderosas? La explicación común, diciendo que los stalinistas han cambiado el poder por las armas soviéticas, es demasiado superficial... Para dar armas, Moscú ha recibido oro español. Según las leyes del mercado capitalista, esto es suficiente. ¿Cómo Stalin ha logrado, entonces, recibir también en esta ganga, el poder? A esto se nos contesta de ordinario: elevando su autoridad ante los ojos de las masas, por el hecho de suministrar implementos militares, el gobierno soviético ha puesto como condición para su "colaboración" las medidas decisivas contra los revolucionarios y de esa manera ha quitado de su camino a los adversarios peligrosos. Todo esto es absolutamente indiscutible: pero no es más que uno de los aspectos de la cuestión, y por otra parte, el menos importante. A pesar de la "autoridad" creada por los implementos militares soviéticos, el partido comunista español sigue siendo una minoría pequeña, y, de parte de los obreros encuentra un odio cada día más creciente. Por otra, no es suficiente que Moscú ponga condiciones, es necesario, además, que Valencia las acepte. Este es el fondo de la cuestión. No solamente Companys y Negrín, sino el mismo Caballero, cuando era Presidente del Consejo de Ministros, todos han ido con más o menos buena voluntad, todos se han inclinado ante las exigencias de Moscú. ¿Porqué? Porque esos mismos señores son los que desean mantener la revolución en los cuadros burgueses.
No solamente los socialistas, sino también los anarquistas, han dejado de oponerse seriamente al programa stalinista. Tenian miedo de la ruptura con la burguesia. Se sorprendian terriblemente de cada ofensiva revolucionaria de los obreros. Stalin con sus armas y su ultimatun contra-revolucionario fué el salvador para todos esos grupos. El les garantizaba, como ellos esperaban, la victoria militar sobre Franco, y al mismo tiempo los liberaba de toda responsabilidad acerca de la marcha de la revolución. Ellos se han apresurado a quitarse y guardar su máscaras socialistas y anarquistas, y las pusieron en el guardarropa con la esperanza de volver a utilizarlas cuando Moscú haya establecido para ellos la democracia burguesa. Para colmo de comodidad, esos señores podian justificar su traición hacia los obreros, por la necesidad de un compromiso militar con Stalin. Stalin, a su vez, justificaba su política contra-revolucionaria por la necesidad de un compromiso con la burguesia republicana.
Es sólo desde ese amplio punto de vista que se explica la paciencia angelical de que han dado pruebas, con respecto a los representantes de la GPU, los campeones del derecho y de la libertad, tales como Azaña, Negrín, Companys, Caballero, Garcia Oliver y otros. Si ellos no han podido escoger, como lo afirman, no es de ningún modo porque no pudieran pagar los aviones y los tanques de otro modo más que con las cabezas de los revolucionarios y los derechos de los obreros, sino porque les era imposible realizar su programa "puramente democrático", esto es: antisocialista, por otras medidas que no fuera el terror. Cuando los obreros y los campesinos entran en el camino de su revolución, esto es: se apoderan de las fábricas y de las propiedades del campo, y arrojan a sus antiguos propietarios, tomando el poder en las provincias, entonces la contra-revolución burguesa-democrática, stalinista o fascista, todo es igual, no tiene otros medios de detener este movimiento más que con la violencia sangrienta, complementada por la mentira y el engaño. La ventaja que ha gozado la pandilla stalinista en este camino consiste en que ella inmediatamente empezó a aplicar los métodos que sobrepasaban la capacidad de Azaña, Companys, Negrín y sus aliados de izquierda.
STALIN, A SU MODO, CONFIRMA LA JUSTEZA DE LA TEORIA DE LA REVOLUCION PERMANENTE.
De esta manera, sobre el territorio de la España republicana, dos programas irreconciliables se han enfrentado. De una parte el programa de la salvación de la propiedad privada contra el proletariado y en la medida de lo posible, la salvación de la democracia a toda costa contra Franco. De otra parte, el programa de la abolición de la propiedad privada, por medio de la conquista del poder por el proletariado. El primer programa expresa los intereses del capitalismo, por intermedio de la aristocracia obrera, las capas elevadas de la pequeña burguesía y, sobre todo, de la burocracia soviética. El segundo programa tradujo en lenguaje marxista, las tendencias, aún no plenamente conscientes, pero poderosas, del movimiento revolucionario de las masas. Para desgracia de la revolución, habia entre el puñado de bolcheviques y el proletariado revolucionario el muro contra- revolucionario del Frente Popular.
La política del Frente Popular, a su vez, no fué de ningún modo determinada por el chantage de Stalin, como proveedor de armas. Seguramente, el chantage no ha faltado. Pero la razón del éxito de ese chantage se encuentra contenida en las condiciones internas de la misma revolución. El fondo social de ésta, en el curso de los seis últimos años, habia sido la ofensiva creciente de las masas contra el régimen de la propiedad semi-feudal y burguesa. Y es, précisamente a la necesidad de defender esa propiedad por los medios más extremos, lo que ha echado a la burguesia en manos de Franco. El gobierno republicano habia prometido a la burguesía defender la propiedad por medio de medidas "democráticas", pero reveló especialmente, sobre todo en Julio de 1936, su completa bancarrota. Cuando la situación en el frente de la propiedad se tornó todavia más amenazante que sobre el militar, los demócratas de toda especie, incluyendo a los anarquistas, se inclinaron ante Stalin: y éste ultimo no ha encontrado en su arsenal otros métodos que los de Franco.
Sin las persecuciones contra los "trotskystas"; los poumistas, los anarquistas revolucionarios y los socialistas de izquierda; las calumnias cochinas; la falsificación de documentos, las torturas en las celdas stalinistas, los asesinatos por la espalda en las calles oscuras, sin todo eso, el régimen burgués, bajo la bandera republicana, no se hubiera sostenido dos meses. La G.P.U., se encontró dueña de la situación únicamente porque defendió de una manera más consistente que los otros, quiero decir: con más engaño y crueldad, los intereses de la burguesía contra el proletariado.
En la lucha contra la revolución socialista, el "demócrata" Kerensky buscó primero un apoyo en la dictadura militar de Kornilov, después, trató de entrar en Petrogrado en el tren de equipaje del general monárquico Krasnov. Por otra parte, los bolcheviques, para conducir la revolución democrática hasta el fin, se vieron obligados a derribar el gobierno de los charlatanes "demócratas". Y por lo mismo, pusieron fin de pasada, a todas las tentativas de dictadura militar (o fascista).
La revolución española demuestra, una vez más, que es imposible defender la democracia contra las masas revolucionarias de otro modo que no sean los métodos de la reacción fascista. E inversamente, es imposible conducir una verdadera lucha contra el fascismo con otros métodos que no sean los de la revolución proletaria. Stalin ha hecho la guerra al "trotskysmo" (la revolución proletaria) destruyendo la democracia con las medidas bonapartistas de la G.P.U. Esto derrumba una vez más y definitivamente, la vieja teoria menchevista, de la que se ha apropiado el Comitern, teoria que divide la revolución democrática y la socialista en dos capitulos históricos independientes, separados el uno del otro por el tiempo. La obra de los verdugos de Moscú confirma, a su modo, la justeza de la teoría de la revolución permanente.
EL ROL DE LOS ANARQUISTAS.
Los anarquistas no han tenido, en la revolución española, ninguna posición independiente. No han hecho más que oscilar entre el bolchevismo y el menchevismo. Para hablar más exactamente, los obreros anarquistas tendian instintivamente a encontrar una salida por la via bolchevique (19 de Julio de 1936, jornadas de Mayo de 1937), mientras que los jefes, por el contrario, empujaban con todas sus fuerzas a las masas hacia el campo del Frente Popular, esto es: hacia el régimen burgués.
Los anarquistas han dado pruebas de una incomprensión fatal de las leyes de la revolución y de sus problemas, cuando han intentado limitarse a sus sindicatos, organizaciones impregnadas de la rutina de los tiempos de paz, ignorando lo que pasa fuera de los limites de los sindicatos, en las masas, en los partidos políticos y en el aparato del Gobierno. Si los anarquistas hubieran sido revolucionarios, hubieran antes que nada, apelado a la creación de soviets, que reunieran a los representantes de todos los trabajadores de las ciudades y de los pueblos, incluyendo a las capas más explotadas y que jamás han pertenecido a un sindicato. En estos soviets, los obreros revolucionarios hubieran, naturalmente, ocupado una posición dominante. Los stalinistas se hubieran encontrado en minoria insignificante. El proletariado se hubiera convencido de su fuerza invencible. El aparato del Estado burgués hubiera quedado suspendido en el aire. No hubiera sido necesario más que un golpe fuerte, para que ese aparato hubiera caido hecho polvo. La revolución socialista hubiera recibido un impulso poderoso. El proletariado francés no hubiera permitido mucho tiempo a León Blum bloquear la revolución proletaria al otro lado de los Pirineos.
La burocracia de Moscú no hubiera podido de ningún modo permitirse ese lujo. Las cuestiones más difíciles se hubieran resuelto por ellas mismas.
En lugar de ello, los anarco-sindicalistas, que trataban de refugiarse en la "política" de los sindicatos, se encontraron, con gran sorpresa de ellos mismos y de todo el mundo, que constituian la quinta rueda del carro de la democracia burguesa. No por mucho tiempo, porque la quinta rueda no sirve a nadie. Después que Garcia Oliver y compañia ayudaron a Stalin y sus acólitos a quitarle el poder a los obreros, los anarquistas mismos se vieron echados del Frente Popular. No encontró entonces nada mejor que correr detrás del carro del vencedor y asegurarle su devoción. Escondía así el pavor del pequeño burgués ante el gran burgués, del pequeño burocrata, ante el gran burócrata, con discursos plañideros sobre la santidad del frente único (las victimas con los verdugos) y sobre la imposibilidad de admitir ninguna clase de dictadura, inclusive la de ellos mismos. "Nosotros pudimos tomar el poder en Julio de 1936..." "Nosotros pudimos tomar el poder en Mayo de 1937..." De este modo los anarquistas imploraban de Negrín y Stalin, reconocerles y recomendarles su traición a la revolución. ¡Cuadro repugnante!
Esta sola justificación de sí mismos: "Nosotros no tomamos el poder, no porque no hubieramos podido, sino porque no lo hemos querido; porque nosotros estamos contra toda clase de dictadura, etc.", encierra una condenación sin remedio del anarquismo, como una doctrina completamente contra-revolucionaria. Renunciar a la conquista del poder, es dejarlo voluntariamente a quien lo tiene, esto es: a los explotadores. La esencia de toda revolución ha consistido y consiste en llevar una nueva clase al poder y darle así la posibilidad de realizar su programa.
¡Imposible dirigir una guerra sin desear la victoria! ¡Es imposible dirigir a las masas hacia la insurrección sin prepararse para la conquista del poder!
Nadie hubiera podido impedir a los anarquistas establecer, después de la toma del poder, el régimen que les hubiera parecido necesario, admitiendo, evidentemente, que su programa sea realizable. Pero los jefes anarquistas mismos habian perdido la fe en él. Ellos se han escondido del poder, no porque estén en contra de "toda dictadura", en los hechos, refunfuñando y lamentándose, ellos sostuvieron y sostienen la dictadura de Negrín-Stalin, sino porque habian abandonado completamente sus principios y perdido todo valor, si es que han tenido alguna vez unos y otro. ¡Tenian miedo! Miedo de todo: al "aislamiento", a la intervención, al "fascismo". Tenian miedo a Stalin. Tenian miedo a Negrín. Tenian miedo a Francia e Inglaterra. Pero a lo que estos habladores tenian miedo, sobre todo, era a las masas revolucionarias.
Rehusar a la conquista del poder, echa, inevitablemente a toda organización obrera en el fango del reformismo y, en los hechos, la convierte en juguete de la burguesía; y no puede ser de otro modo, en virtud de la estructura de clase de la sociedad.
Oponiéndose al objetivo, la conquista del poder, los anarquistas no podian, en fin de cuentas, dejar de oponerse contra los medios, la revolución. Los jefes de la C.N.T. y de la F.A.I., han ayudado a la burguesía, no solamente a mantener la sombra del poder en Julio de 1936, sino a restablecer pedazo a pedazo, lo que habian perdido de un solo golpe. En Mayo de 1937 ellos sabotearon la insurrección de los obreros y han salvado, por lo mismo, la dictadura de la burguesía. De este modo el anarquismo, que no quería ser más que anti-político, ha sido en los hechos anti-revolucionario y, en los momentos más críticos, contra-revolucionario.
Los teóricos anarquistas que, después de la gran prueba de los años 1931 a 1937 repiten las viejas cantinas reaccionarias sobre Kronstadt y afirman: "el stalinismo es el producto inevitable del marxismo y del bolchevismo", no hacen más que demostrar con eso que se encuentran por siempre perdidos para la revolución.
¿Ustedes dicen que el marxismo está viciado en sí y que el stalinismo es su descendiente legítimo? ¿Entonces, porqué nosotros, marxistas revolucionarios, nos encontramos en lucha mortal con el stalinismo en el mundo entero? ¿Porqué, entonces, la banda stalinista ve en el trotskysmo su principal enemigo? ¿Porqué toda aproximación a nuestras concepciones o nuestro sistema de acción (Durruti, Andrés Nin, Landau y otros) fuerza a los gangsters del stalinismo a recurrir a una represión sangrienta? ¿Porqué, por otra parte, los jefes del anarquismo español, eran en el instante de los crímenes de la G.P.U. en Moscú y en Madrid, los Ministros de Caballero y Negrín, esto es: servidores de la burguesia y de Stalin? ¿Porqué, ahora mismo, bajo el pretexto de luchar contra el fascismo los anarquistas son prisioneros voluntarios de Stalin-Negrín, esto es: de los verdugos de la revolución, que han demostrado toda su incapacidad para luchar contra el fascismo?
Los abogados del anarquismo que se escudan tras de Kronstadt y Makhno no engañarán a nadie. En el episodio de Kronstadt y en la lucha contra Makhno, nosotros hemos defendido la revolución proletaria contra la contra-revolución campesina. Los anarquistas españoles han defendido y defienden todavia la contra-revolución burguesa, en contra de la revolución proletaria. Ningún sofisma borrará de la historia el hecho de que el anarquismo y el stalinismo se han encontrado en la revolución española del mismo lado de la barricada, las masas obreras y los marxistas revolucionarios del otro. ¡Tal es la verdad que entrará para siempre en la consciencia del proletariado!
---CONTINUARA---