Contra la Corriente, n.º 6, agosto de 1943 (págs. 12-26). PDF del número completo

El 7 de Noviembre de 1937, Trotsky nos dijo a algunos de sus amigos, en Coyoacán: "Dentro de dos años seré tres veces joven, pues tendré tres veces veinte años". Celebrábamos aquél día el aniversario de su natalicio y el vigésimo aniversario de la Revolución de Octubre.

El 21 de este mes, conmemoramos el tercer aniversario de la inmortalidad de Leon Trotsky. ¿Para qué recordar al asesino a sueldo del Kremlin? ¿Para qué recordar al traidor de la Revolución de Octubre y por esta razón enemigo mortal de cuantos a ella dieron vida primero y defendieron después? La historia citará sus nombres para acusarles. El proletariado no les olvidará porque necesita juzgarles. El porvenir humano les señalará con asco como la personificación de la abyección en la crisis mortal del capitalismo y de la tabla de valores por él establecida. Violentamente fué extinguida la luz orientadora del pensamiento de Trotsky, cuando el proletariado en particular y la sociedad humana en general se debatían en la mas retorcida oscuridad. Los traidores se ensañaron contra la vida de Leon Trotsky porque nadie mejor que él representaba el porvenir humano. Se consumó un atentado contra el porvenir de la humanidad, por eso el crimen adquiere una trascendencia de incalculable repercusión histórica. El ejecutor del crimen, los responsables directos e indirectos del mismo, y toda la ralea de cómplices que en él intervino, no merecen sino el oprobio del proletariado en primer lugar, de la historia y del porvenir después. Los que ensalzan a los criminales, revelan unicamente la monstruosidad de su intimidad envilecida. Cuando el nombre de Leon Trotsky avance adentrándose en el futuro humano, los de sus victimarios y los de cuantos a ellos se han unido correrán inexorablemente por la cloaca de los excrementos de la historia.

En éste y en los sucesivos aniversarios de la inmortalidad de Leon Trotsky, debemos recordar a él y no a sus victimarios; al hombre que alcanzó -como lo había asegurado- triple juventud; al hombre histórico en cuya existencia se congujan los tres tiempos del verbo ser, es decir, que fué, que es, que será.

Los responsables del asesinato de Leon Trotsky -alentándolo, preparándolo, ejecutándolo- sólo podían concebir en su mezquindad que la palabra escrita es letra muerta, porque estaban lejos de descubrir que el pensamiento vivo es gérmen que se desarrolla, planta que crece en raíz profunda para dar altos frutos de triunfo. El asesinato fué cometido por traidores agobiados por una vergonzosa triplicidad: de traición a la Revolución de Octubre, de traición al proletariado mundial, de traición al porvenir humano. Unidos por triple traición están los miserables que cometieron el crimen en la vida del hombre de la triple juventud. No podían tolerar la presencia dinámica de un hombre excepcional que a los 60 años revalorizaba triplemente a la juventud. La vida de Leon Trotsky, limpia, fuerte, luminosa, representaba triple acusación juvenil a la triplicidad tenebrosa de los traidores. Pero no son los hechos de los traidores sino la inmortal voz de Lenin la que reivindica el proletariado para su triunfo histórico. Y Lenin ha dicho al proletariado, para acompañarle hasta el final de su victoria completa y para acompañar a la sociedad socialista después: "¡la vida triunfa por encima de todo!".


Difícil tarea es la de trazar en algunas páginas un boceto en el cual se puedan apreciar los mas firmes trazos de la múltiple individualidad de Leon Trotsky. Sólo su nombre despierta una tumultuosa avalancha de recuerdos vivos, diferentes y unidos todos como las recias caras de los obreros que constituyen la fuerza decisiva del proletariado. Sin embargo, menester será que encaucemos la desbordante presencia de estos recuerdos.

Tres grandes rios confunden sus aguas en la inmensa corriente amazónica que es la vida de Leon Trotsky. Nada hay mas dialéctico que el agua: siempre en movimiento de avance sin repetición; transformándose en salto revolucionario de cuerpo líquido a sólido y gaseoso; ascendiendo desde la realidad presente a las nubes altas para mirar desde ellas amorosamente al mundo en su violencia constante de tesis y antítesis -día y noche- y en su serenidad de síntesis -milenaria órbita astral-; descendiendo a la tierra después para alegrarla y alimentarla con su mensaje que guarda el origen de la vida. Bien está, pues, afirmar que la vida de Leon Trotsky fué inmensa corriente amazónica. ¿No hay en ella tempestuosidad de torrente que desciende de la cumbre al valle, arrasando cuanto a su paso encuentra; no hay fuerza incontenible -¡fuerza proletaria!- que rompe las represas para crear nuevos cauces; no hay caidas bruscas como niágaras épicas; no hay serenidad incomparable de agua profunda y ampliamente bondadosa? ¡Leon Trotsky es el hombre amazónico del siglo XX! Dentro el amplio cauce de su vitalidad, avanzarán libremente los hombres, las mujeres y los niños de nuestro presente para desembocar en el mar del porvenir humano con un sonoro mensaje de fraternidad, el socialismo mundial. Precicemos algunos rasgos de la vida -singular en la historia- de Leon Trotsky: en su íntimo valor de hombre; en su impetuosidad plural de acción revolucionaria; en su serenidad consciente de responsabilidad histórica.


Trotsky en su intimidad de hombre: este aspecto de su vida nos es tal vez el mas querido a quienes le conocimos. Aquél que conoció a Leon Trotsky personalmente y no guarda en su intimidad honda alegría por ese conocimiento, con absoluta seguridad, no es un obrero revolucionario y tampoco un hombre honrado.

Expresaba Trotsky su excepcional hondura humana en excepcional altura de humanidad; su palabra ambientaba amplio aire internacionalista y dentro de él alentaba fraternalmente la intimidad individual de quien le escuchaba; confianza en la revolución proletaria y en el mejor porvenir humano parentizaban sus palabras, que salian expontaneamente de su intimidad orientadas con la brújula del marxismo. Trotsky era en primer lugar, ante todo, no un hombre sino el hombre con consciencia histórica. Dificil es conocer a un hombre así, hoy y siempre pero ahora mas que nunca. Y Trotsky por ser la mejor excepcion entre las excepciones era el hombre con la consciencia histórica de nuestro tiempo. Frente a él se podía medir la talla de un hombre que de cuerpo entero tenía presencia en el porvenir humano, pues bien lejos avanzaba en él con su consciencia histórica. ¿Acaso no desafió valientemente con su realidad dinámica -en pensamiento, en acción, en vida- a cuántos por ser lastre del pasado o traidores al porvenir le atacaron con costras de su miseria? ¿Y quien pudo detener la trayectoria al futuro en la vida revolucionaria de Leon Trotsky? El valor de la honestidad de Trotsky se expresaba en su mirada limpia que alcanzaba lejanos horizontes y no enclaba naúfraga en oscuros rincones del presente. La honestidad en la vida Trotsky fué mas que la honestidad en la vida de un hombre; fué la honradez al porvenir socialista, es decir, la honradez a la ór- bita de la humanidad en su marcha de siglos. Por ésto, conocer personalmente a Trotsky era entablar diálogo directo, preciso y fraterno con la consciencia misma de la revolución proletaria internacionalista y con el porvenir socialista. ¡Aquél porvenir en que se conquiste la fraternidad humana, basada en la individualidad del hombre, de la mujer y del niño; aquella sociedad en la que cada quien de según sus posibilidades y reciba según sus necesidades! No hay que olvidarlo, Trotsky fué asesinado por luchar con mas pasión y consciencia que nadie para alcanzar esa realidad.

¿Cómo era el compañero Trotsky? Quien había sido el mejor camarada de Lenin, no podía ser mejor camarada. La palabra camarada, dicha por Leon Trotsky no podía expresar una mas sentida, franca y optimista fraternidad revolucionaria. No podía ser en otra forma, ya que Trotsky invariablemente daba un valor diferente, vital, propio, a cada palabra que utilizaba justamente para expresar lo que deseaba. Por eso son latigazos hirientes sus palabras dichas contra los traidores al movimiento obrero; valientes, contra los hermafroditas políticos -reformistas y centristas, en cuyo honor hay que recordar lo que dijo Montaigne: "el hombre es un ser contradictorio, ondulante y vario"- y mortales sus palabras implacables contra el capitalismo. Ahora que las palabras representan monedas de diverso cuño -según su país de origen-; ahora que sirven para efectuar transacciones comerciales, de compra y venta; ahora que han perdido su contenido propio a fuerza de haber sido vitalmente desvalorizadas por farsantes capitalistas, por cobardes reformistas y traidores miserables; ahora que con una vocinglería de palabras sin vida se trata de ensordecer al proletariado; precisamente ahora, es necesario subrayar con rojo el caracter de precisión, de honestidad y de responsabilidad que ellas tuvieron siempre en Leon Trotsky. Palabras muertas se escuchan en el ambiente y con ellas se trata de ahogar a las que tienen vida. La palabra nace muerta en el que la dice en contra de los intereses de la humanidad y crece con vida en quien defiende la vida humana. Las palabras muertas son anticipo de la guerra, la muerte y las lágrimas en la humanidad; las palabras con vida son alegre anticipo de la revolución y del triunfo en la vida humana. Las palabras de Leon Trotsky siempre nacieron con vida: para crecer en fraternidad cuando hablaba con un camarada y en vigor, a través del tiempo, cuando las escribió. Las palabras de Leon Trotsky han expresado rigurosamente la intimidad vital de quien las dijo: la realidad heroica de un dirigente del proletariado.

La cordialidad de Leon Trotsky con los camaradas -obreros casi siempre- se hacía visible en preguntas diferentes para cada uno, pues su enorme trabajo político no le impedía el conocimiento de los problemas que a cada uno afectaban, interesándose por la mejor solución de ellos, como un amigo. En la conversación nunca decía frases standard: creaba diálogo de intimidad humana. Y su sonrisa, que era alegría de optimismo revolucionario, subrayaba cariñosamente el diálogo. Mas aun, Trotsky sabía reir. ¿Cómo podría concebirse la triplemente heroica vida de Leon Trotsky, sin su palabra fraterna, sin su sonrisa de tanta valentía humana, sin su optimismo revolucionario? La clave de su vida residía en su consciencia históricamente revolucionaria; su fraternidad, en la confianza en el porvenir humano; su integridad, en la fuerza acumulada del proletariado.

Algo mas sobre la intimidad de Leon Trotsky: no perdió la expontaneidad. Nunca olvidaré algo que me dijo la primera vez que hablé con él: "Me sentí tan contento al leer en su poesía 'Juventud proletaria, triunfo de juventud', que yo represento a la juventud, que mi vida es un triunfo de juventud, que inmediatamente llevé el periódico a Natalia para mostrarle que un camarada revolucionario y poeta me miraba no como viejo sino como joven..." ¡Cuánta ternura para su compañera insuperable guardan estas palabras, cuánta pureza de juvenil poesía en nacimiento vivo encierran, cuánta infancia atrayente en la madurez de una vida creadora!

Trotsky en la intimidad de hombre siempre era mejor de como se lo imaginaba quien quería conocerle, buscando este aspecto de él. Hombre de tal hombría, que conservaba en plenitud la niñez, la juventud y la madurez humanas, no podía tener una realidad mas generosa. "Nunca he sentido la tragedia porque nunca me he traicionado a mi mismo" me dijo una vez. El singular valor de la excepcional hombría de Trotsky en el mundo ha quedado retratado cabalmente en la instantanea de esta afirmación precisa. No podía condenar a su tiempo quien tan bien conocía la verdad íntima de la historia; no podía renegar de la humanidad quien era su mejor defensor; no podía doblegarle el dolor del presente a quien le alegraba tan merecidamente el futuro.

Natalia, la compañera de la vida de Leon Trotsky; la mujer digna de tal hombre; la mujer cuya supervivencia a la muerte de Leon Davidovich expresa el límite máximo de valentía consciente que puede conferir a una mujer la pasión indestructible de la revolución; Natalia, que no ha perdido su fraterna delicadeza, que sabe reir tiernamente y sentir el optimismo de la alegría -a pesar de todos los pesares-, ha escrito en histórico relato, con entrañables palabras, vigorosos trazos de la intimidad de L.D.:

"Apenas transcurrieron tres o cuatro minutos, oí un grito terrible y estremecedor, no dándome cuenta de quien era. Me arrojé sobre él... Entre el comedor y el balcón, sobre el quicio de la puerta, apoyado en el bastidor, estaba Leon Davidovich, con la cara ensangrentada, destacándose claramente el azul de sus ojos, sin las gafas, y los brazos caidos.

-"Qué pasa, qué pasa?" -le abracé; pero él no me contestó inmediatamente. Tuve tiempo de pensar si habría caido algo del techo, que estaba en reparación. ¿Pero, por qué aparece de repente ahí? El me dijo lentamente, sin alteración, amargura o despecho:

-"Jacson".

Leon Davidovich lo dijo como si hubiera querido decir: "Se cumplió". Adelantamos algunos pasos, y con mi ayuda, L.D. se reposó sobre la estera.

-"Natacha, te amo". Lo dijo tan inesperadamente, tan significativamente, casi severo, que yo, sin fuerzas por un interno temblor, me incliné hacia él.

-"¡Oh!, ¡oh!, a nadie hay que dejar entrar en tu casa sin registrarlo". Y cautelosamente, poniendo un almohadón bajo su cabeza rota, coloqué hielo en la herida y, con un algodón, restañé la sangre de su rostro.

-"Hay que alejar a Seva de todo ésto" -dijo con dificultad, indistintamente; pero me pareció que él no se daba cuenta de esta dificultad.

-"Sabes, allí -y señaló con los ojos la puerta del estudio- sentí... comprendí lo que él quería hacer... me quiso todavía una vez... pero yo le impedí" -dijo en voz baja, calmosa, entrecortada.

"Pero yo le impedí", estas palabras revelaban una cierta satisfacción...."


¿Cuál ha sido la vida de Trotsky como revolucionario? La simple enumeración cronológica de los hechos trascendentales en los cuales tomó parte, desde los 18 años en que adquirió "fe en el futuro brillante y claro de la humanidad" hasta su muerte, llenaría decenas de páginas.

A los 18 años, Leon Davidovich dijo a un amigo, estudiante como él, refiriéndose al trabajo revolucionario: "Es tiempo ya de que empecemos". Y añadió en la conversación: "Debemos ir al encuentro de los obreros. No esperar ni preguntar a nadie. Sólo buscar a los obreros y empezar". A los 18 años dió una orientación revolucionaria definida a su vida y sus últimas palabras fueron la rúbrica firme a la afirmación revolucionaria de su vida: "Estoy seguro del triunfo de la IV Internacional. ¡Adelante!". No pudo expresar con menos palabras, mas sinteticamente, su confianza inquebrantable en la revolución proletaria internacionalista y el socialismo mundial. Tenía que guardar las fuerzas para decir sus últimas palabras, Trotsky solamente podía despedirse de la vida con un saludo al porvenir.

La fidelidad de Trotsky como orientador del proletariado para el cumplimiento de su misión histórica no ha sido ni podrá ser superada y en muy pocos encuentra íntima fraternidad: Marx, Engels, Lenin, Karl Liebknecht, Rosa Luxemburgo.

Antes de dar a conocer su teoría de la "revolución permanente", ya tenía Trotsky un intenso decenio de actividad revolucionaria: cárceles, deportación a Siberia, fuga valiente a través de miles de kilometros de estepa, intervención dinámica entre los socialistas europeos, redactor de "Iskra", aquél periódico que fué la chispa que encendió la Revolución de Octubre. Cuando Lenin le conoció en Londres, inmediatamente le consideró de los suyos y logró, debido a su autoridad, incluirle en el cuerpo de redacción de "Iskra", donde se libraban trascendentales batallas teóricas entre los "inflexibles" y los "dúctiles". Lenin ganó la mayoría con la inflexibilidad de Loen Trotsky y pudo decir con certeza refiriéndose a la tensión creada en el Partido: "No se romperá. Nuestro arco está fabricado con irrompible material proletario, y se debe tender la cuerda del Partido mas cada día, para que la flecha poderosa pueda volar bien lejos".

A los 27 años Trotsky dió a conocer su teoría marxista de la "revolución permanente" e inclusive marxistas como Lenin no otorgaron franca adhesión a la teoría: los hechos eran los llamados a comprobar su justeza (siempre son los hechos de la historia los que dicen la palabra definitiva sobre las teorías basadas en el materialismo histórico). La teoría de la "revolución permanente", aparecida en 1906, tuvo su comprobación en 1917: la primera conquista del poder por el proletariado la comprobó. Lenin comprendió inmediatamente que debía dejar a un lado su consigna de "dictadura democrática del proletariado y los campesinos" y adoptó sin reservas la de "dictadura del proletariado y revolución socialista". (En mas de una ocasión Lenin tuvo que rectificar sus opiniones en favor de las de Trotsky y viciversa, porque el uno completaba al otro). La teoría de Trotsky triunfó en su primera fase: sobre la naturaleza proletaria de la revolución rusa. En su aspecto posterior, de "socialismo internacionalista" se ha encargado de comprobarla -muy a su manera- el traidor Stalin, con el fracaso del "socialismo en un solo país" y su farsa trágica. Por otra parte, Lenin y Trotsky afirmaron en la hora oportuna, que en caso de que la Revolución de Octubre no fuera seguida de revoluciones proletarias en otros paises -particularmente europeos-, estaba condenada a degenerar. En 1920, precisó Lenin: "El estado obrero es una abstracción. En realidad tenemos un estado obrero con las siguientes características especiales, primera, son los campesinos y no los obreros los que predominan en la población, segunda, es un estado obrero con deformaciones burocráticas". Estas deformaciones debían crecer y arraigar con la muerte de Lenin y otros factores históricos y correspondió a Trotsky su estudio en la penetración de la raíz y en el crecimiento monstruoso que han adquirido.

Stalin, por su miopía intelectual, por su estrecha concepción de sosialismo cercado, por su psicología temerosa de burócrata, tenía que ser innoble adversario de la teoría de la "revolución permanente" y convertirse en el proceso de su degeneración en un traidor responsable y consciente del proletariado mundial. "La traición tiene su lógica", ha escrito Leon Trotsky. Y la teoría de la "revolución permanente" es mas que la lógica de la revolución, es la dialéctica de la misma. Con la teoría de Trotsky la revolución no se detiene, ni envejece -¡la revolución no es otra cosa que un triunfo de juventud!-, ni pierde optimismo: es, en su mas amplia y genérica acepción, el triunfo de la revolución en la vida de la humanidad. Mientras haya sociedad humana, la humanidad vivirá en proceso dialéctico de reforma y transformación. La teoría de Leon Trotsky es clara, fuerte y amplia voz de juventud para conquistar el porvenir socialista ahora y avanzar después. La "revolución permanente" representa la táctica y la estrategia para la toma del poder por el proletariado en el cumplimiento de su misión histórica: el socialismo mundial. Como vemos, esta teoría tan calumniada por el stalinismo, es medularmente engeliana-marxista-leninista, por eso trotskista. Y la aplicación práctica de ella corresponde a la IV Internacional -Partido Mundial de la Revolución Socialista- de la que fué Trotsky fundador y guía. Psicologicamente antipodas, Trotsky y Stalin, historicamente tambien lo son: Trotsky durante toda su vida evidenció la mas absoluta confianza en el porvenir socialista; Stalin, desde que es conocida su voz por ser dicha desde el alto puesto al cual se encaramó, solamente ha expresado no solo la desconfianza sino el miedo a ese porvenir, así se explican sus zig-zags, de "social-fascismo" a "frente popular", de la alianza con Hitler a la alianza con los otros imperialismos, la defensa de la "democracia" burguesa y el exterminio del socialismo internacionalista, finalmente, la sepultura del cadaver de la III Internacional.

La vida revolucionaria de Trotsky, desde los 18 años hasta su muerte, es la de dirigente del proletariado, es decir, de un socialista internacionalista. Los éxitos de su actuación revolucionaria los obtuvo unicamente como tal. En 1905 le vemos presidiendo el primer soviet, en Petrogrado, vale decir el instrumento que historicamente faltaba para que el proletariado ejerciera el poder, falta que Lenin ya había mostrado estudiando, no como alumno que repite sino como maestro que crea, las lecciones de la Comuna de Paris.

En 1917, encontramos a Trotsky movimentando el soviet de Petrogrado en su caracter de Presidente del mismo e inaugurando la memorable sesión del 7 de Noviembre con las siguientes palabras: "En nombre del Comitée Militar Revolucionario, declaro: el gobierno provisional no existe..." La insurrección proletaria, planeada, organizada y dirigida por Leon Trotsky había alcanzado el mas rotundo éxito. En el mismo discurso en que Trotsky proclamó la toma del poder por el proletariado en armas, dijo con sonora voz de desafío a las cinco sextas partes capitalistas del mundo: "El poder del gobierno provisional, presidido por Kerensky, era un cadáver y sólo esperaba ser barrido por la escoba de la historia". Lenin afirmó: "Ante todo, esta revolución nos da un gobierno soviético, nuestro propio órgano del poder, sin ninguna participación de la burguesía". Aquel 7 de Noviembre de 1917, que hizo estremecer en sus cimientos al mundo capitalista, se dejó constancia expresa del sentir de los delegados de obreros, campesinos y soldados, en la Resolución que se adoptó después de su aprobación: "El Soviet está convencido de que el proletariado de los paises de Occidente nos ayudará a conducir la causa del socialismo a una victoria completa y durable". Terminó aquella trascendental reunión, en cuya fecha se extendió el acta de nacimiento de la mas grandiosa revolución de la historia -¡la revolución proletaria, no por ser la última sino la mejor, tenía que ser superior a todas las registradas!- con la mas entusiasta repetición: "¡Viva la Revolución Socialista Mundial!", "¡Viva la Revolución Socialista Mundial!". En Trotsky vivió hasta su muerte el optimismo revolucionario de aquel instante y Trotsky ha legado a la IV Internacional su obra, su ejemplo y su vida. Hoy, solamente en nosotros, los trotskistas, encuentra resonancia aquel jubiloso entusiasmo del Soviet de Petrogrado, el 7 de Noviembre de 1917, y en todos los paises trabajamos y trabajaremos por hacer realidad de vida la Revolución Socialista Mundial. El mismo día que nació con fecha histórica la Revolución de Octubre, Trotsky cumplió 38 años: los celebró como justamente lo merecía. Parece que la fecha del nacimiento de Trotsky tambien obedeciera a una predestinación histórica.

Desde 1917 hasta 1923, el nombre de Leon Trotsky está en la raíz misma de todos los esfuerzos herculeos realizados en la URSS, en defensa de la Revolución de Octubre y en la construcción proletaria del primer Estado obrero. Firma la obligada paz de Brest-Litovsk para salvar la revolución. Por mas de cuatro años su acción como Jefe del Ejército Rojo -creación suya, como el juramento que hacían los soldados no ante la "patria" sino ante el proletariado del mundo al que solemnemente declaraban defender y de quien demandaban el oprobio en caso de ser traidores- le consagra como un genial estratega y táctico militar. "Mostradme, dijo Lenin, golpeando la mesa con el puño, algún otro capaz de organizar como él un ejército casi modelo y aun conquistar el respeto de los especialistas militares. A ese hombre tenemos y con él lo que nos hace falta", cuenta Gorky. "¡Valor, muchachos, el camarada Trotsky nos dirige!", en estas palabras, tan conocidas en la época, se encierra la clave del insólito triunfo militar en la defensa de Petrogrado, casi perdida ya. Y Trotsky tuvo presencia plural en decenas de frentes, para infligir derrota tras derrota a los ejércitos imperialistas enemigos, que acosaban a la Unión Soviética a través de miles y miles de kilometros. Terminada heroicamente, con una victoria absoluta, su campaña militar, se hace cargo -¡siempre le confiere Lenin el puesto de mayor responsabilidad en turno!- de la reorganización de los transportes y consigue restablecer y mejorar los medios de comunicación en la sexta parte del mundo. Y el desempeñó de otros cargos, que no por ser transitorios dejaban de ser trascendentales, en un sitio y otro, en una y otra actividad.

Pero mientras Trotsky afrontaba con decisión avasalladora la solución de los conflictos prácticos mas apremiantes y graves, demostrando una indestructible capacidad y actividad en el periodo defensivo y constructivo de la revolución proletaria -¡el periodo heroico por excelencia!-, enri- queciendo al marxismo con capitales aportaciones teóricas e inapreciables enseñanzas históricas: divulgando el proceso de la revolución soviética, estudiando el desarrollo de los acontecimientos internacionales, alentando con su madura experiencia al proletariado mundial, a través de libros, folletos y centenares de artículos (hasta 1927, las ediciones del Estado, en Moscú, llevaban publicados ya 18 volúmenes pertenecientes a las Obras Completas de Leon Trotsky).

Con Lenin, Zinoviev, Rakowsky y Platten, Trotsky dió vida a la III Internacional, sembrando juntos la semilla internacionalista de ella en Zimmerwald, cuando la social-democracia al estallar la primera guerra mundial, renegó -¡salvó constadas excepciones individuales!- del principio marxista básico, la lucha de clases, convirtiendo a la II Internacional en sostén de las burguesías nacionales. A partir de 1919, Lenin y Trotsky fueron quienes mas cuidaron del crecimiento revolucionario de la III Internacional -fundada en su realidad práctica ese año-, elaborando plataformas, escribiendo tesis, organizando los cuatro primeros congresos en los que se abrazan la teoría y la práctica del bolchevismo, dirigiéndola, en una palabra.

La muerte de Lenin, en 1924; el fracaso de las insurrecciones proletarias en Hungría, Italia y Alemania, junto con otras derrotas sufridas por la clase trabajadora; el obligado retroceso táctico de la N.E.P. en la URSS. el cansancio físico de las masas soviéticas y su explicable decaimiento revolucionario; la reincidencia de la II Internacional en su traición al proletariado mundial; estos principales factores y otros mas, permitieron que la burocracia del primer Estado obrero consumara el thermidor de la Revolución de Octubre, bajo la jefatura del oscuro intrigante que se movía en su elemento en la oscuridad, Stalin. Trotsky se enfrentó francamente a la contra-revolución thermidoriana. Exhibió en su defensa, contra el falsario de la historia, Stalin, un documento de significado histórico: una hoja en blanco, con la firma de Lenin. Por anticipado firmó Lenin lo que Trotsky escribiera. Solamente en Trotsky tuvo Lenin tal confianza: el documento es único, nadie ha podido mostrar otro. Trotsky no utilizó el documento, pero cuanto ha escrito después de la muerte de Lenin, por ser leninismo auténtico, lleva con la de él la firma de Lenin tambien. Así ha comprobado Trotsky, históricamente, que Lenin no se equivocó -como siempre- al firmar tal documento.

"Un campesino, llegado a Moscú, no podía entender lo que le aseguraban: que Lenin había muerto, pero que Trotsky estaba vivo. Creía que trataban de engañarlo, pues si Trotsky estaba vivo, Lenin no podía estar muerto: para el campesino, los dos nombres pertenecían a la misma persona" -cuando Victor Serge hablaba conmigo, me contó esta anécdota. La ingenuidad del campesino no expresó una equivocación: su creencia expresó una verdad histórica. La indestructible aleación metálica, de inflexibilidad revolucionaria, Lenin-Trotsky, fué verdad histórica desde 1917 hasta la muerte de Lenin; siguió siéndolo desde el 23 de Enero de 1924 hasta la muerte de Trotsky; lo será hasta la implantación del socialismo en el mundo. ¿Acaso es posible concebir la Revolución de Octubre aislando o separando tan solo los dos nombres? ¿Los dirigentes imperialistas, que saben reconocer muy bien a su enemigo mortal, el proletariado, y que tienen la costumbre de nombrarlo personificándolo en quien mejor lo representa, alguna vez separaron los nombres de Lenin y Trotsky, hasta el 21 de Agosto de 1940? ¿Y quién podrá desligar los nombres Lenin-Trotsky de la Revolución Proletaria Internacionalista y del Socialismo Mundial?


Humanamente, no es posible concebir mayor reciedumbre moral que la de Leon Trotsky. Parece que la historia se esmeró como en nadie en poner a prueba, dia tras día y año tras año, su serenidad consciente, su fraternidad humana, su responsabilidad en la época en que vivió. Pero en la medida en que fueron mas terribles las pruebas, mas grandioso es el triunfo de Leon Trotsky al vencerlas. La historia no se equivocó al fijar sus ojos en Leon Trotsky, si ella tuvo una exigencia insaciable, el escojido por ella como ejemplo del hombre en el siglo XX tuvo una generosidad inagotable. Tenía que ser así, no podía ser en otra forma, la historia defiende al porvenir humano, pero solamente el hombre puede salvarlo. En nuestro tiempo, solamente el proletariado puede salvar el porvenir humano, nada de extraño tiene en consecuencia que haya evidenciado toda su capacidad heroica a través de la vida de su dirigente por excelencia, después de la muerte de Vladimiro Ilyich, Lenin. Una revolución no es un capricho de la historia y un revolucionario no es un accidente individual: las revoluciones han triunfado porque han sido una necesidad humana en una época determinada y los revolucionarios, para llegar a serlo, necesitan justificar a través de su vida, su obra y su ejemplo, su madurez responsable para enterrar cadaveres insepultos y crear nueva vida humana. Leon Trotsky, el mejor ejemplo del revolucionario en la historia, siéndolo en nuestra época unicamente podía ser un socialista internacionalista. Leon Trotsky ha comprobado hasta donde el hombre es la expresión del triunfo consciente de la vida humana en la tierra, hasta donde la tierra es en verdad ya el hogar que ofrece sus puertas abiertas a la fraternidad socialista. Historicamente, Trotsky ha mostrado la plenitud de la madurez humana: con su ejemplo, ha señalado al proletariado el camino a seguir para imponer conscientemente, serenamente, con responsabilidad implacable, la realidad del socialismo en la tierra. Nada detendrá al proletariado en su camino revolucionario, pues vencerá utilizando las defensas que la historia le opone para entregarle el porvenir, porque el futuro es sólo para el que sabe conquistarlo. La historia la hacen los hombres, ciertamente, pero antes del marxismo las fuerzas sociales actuaban por instinto biológico y no por consciencia histórica. Marx y Engels representan en sociología lo que Galileo y Copérnico en Astronomía. Trotsky me dijo una vez: "Los marxistas sólo queremos que sean los factores conscientes los que dirigan el proceso de la historia, nada mas".

"El día 16 de Enero de 1927, desde las primeras horas de la mañana, nos pusimos a recojer y empaquetar las cosas. Tengo temperatura y entre la fiebre y la debilidad se me va la cabeza en este caos de los objetos que acaban de traer del Kremlin y de los demás que hay que empaquetar para llevar con nosotros" -ha escrito en su diario la compañera de Leon Davidovich, Natalia Sedova, narrando las condiciones en que se desterró a Trotsky con su familia, a 4.000 kilometros de Moscú y a 250 del ferrocarril.

Allí, en aquel lejano y gélido rincón del mundo, en Alma Ata, L.D. extendió la constancia que acreditaba haber recibido el decreto de su expulsión de la URSS: "El decreto, criminal en el fondo e ilegal en la forma, de la G.P.U., me ha sido notificado con fecha 20 de Enero de 1929.- Trotsky".

Ante la negativa de visado para su pasaporte, comunicada por el gobierno alemán, Trotsky dirigió el 12 de Abril el siguiente telegrama al Presidente del Reichstag: "Lamento mucho que se me deniegue la posibilidad de estudiar practicamente las ventajas del derecho democrático de asilo".

Nuevas peticiones y reincidentes fracasos en la obtención de visado. Pero Trotsky recuerda en "Mi vida", con orgulloso humorismo hiriente estas gestiones: "Confieso que la apelación a las democracias europeas, en este pleito del derecho de asilo, me ha valido muchos ratos de regocijo. A veces, parecíame estar asistiendo a la representación de una especie de comedia "pan-europea", en un acto, titulada "Los principios de la democracia"".

Se le niega el visado en Europa y también en América, autorizando con su silencio la sonora exclamación de Trotsky: "¡Ni un solo país en todo el planeta que se preste a estampar el visado en mi pasaporte!". La burguesía mundial se defendía, no podía permitirse ni la mas leve debilidad en favor del hombre que había iniciado, junto con Lenin, el principio del fin de su sistema económico. El mundo capitalista, archifragmentado en paises cercados con fronteras de sangre, no admitía la presencia de Leon Trotsky en ninguno de ellos. El mundo de la época imperialista, tarado y en declinación histórica, senil y corrompido, no podía albergar en su suelo al hombre que simbolizaba el porvenir socialista, es decir, a su enemigo a paz de muerte. Y Trotsky sale de la Unión Soviética, porque la burocracia contra-revolucionaria tampoco podía tolerar la presencia revolucionaria de quien desde 1917 había sido poderoso iman que atraía el proletariado de la sexta parte del mundo.

"...pero ocurre que en el destierro Trotsky no hace mas que crecer, hasta completar la parábola prodigiosa de su personalidad: la de un caudillo mayor de la inteligencia, con su pedestal de libros capitales; la de un luchador de tal pureza heroica que nunca supo lo que es aflojar el arco; la del forjador de una conducta aere perennius; todo congugándose así en la fihura mas entera de nuestros tiempos..." -ha escrito el gran poeta argentino, Luis Franco, en la emocionada y apasionante semblanza que hiciere de Leon Trotsky, al conocer el crimen de Coyoacán, el crimen con el cual la G.P.U. ofendiera tan brutalmente al generoso Gobierno del General Cárdenas, que había ofrecido tan limpiamente la hospitalidad de la tierra mexicana al mas grande revolucionario de nuestra época.

La majestuosidad de los 10 años de exilio de Leon Trotsky es incomparable. ¡Palabra infantil resulta la de calvario, que hace derramar lágrimas cristianas! Pero es que un dirigente revolucionario del proletariado expresa el mejor crecimiento de la hombría en la vida de la humanidad y en Trotsky culminó. Y los 10 años de exilio de Leon Trotsky no hacen derramar lágrimas a los revolucionarios proletarios: hacen cerrar los puños, apretar los dientes, mirar severamente y actuar hasta morir o vencer, que el revolucionario que muere en la lucha, conquistando el futuro triunfo de la revolución muere.

En Prinkipo recibe Leon Trotsky en propias manos el cablegrama en que se le comunicaba la muerte de su hija Zina y se encierra tres dias en su cuarto, con Natalia, rehusandose a comer, negandose a hablar con sus secretarios -me contó ésto el secretario de Trotsky, Van. Al cuarto día salió Trotsky, mostrando indelebles huellas de dolor y continuó como siempre su trabajo de revolucionario indestructible.

Solo, perseguido, calumniado, tiene asoladora fuerza moral para desenmascarar a la burocracia traidora del Kremlin, que ensaña su venganza en la vida de los familiares y amigos de Leon Trotsky. Pero nada ni nadie pudo hacer silenciar esta voz heroica dicha tenazmente con la fuerza pujante de una triple juventud revolucionaria. Y la burocracia asesina de bolcheviques, gasta millones de rublos en atacar a Trotsky y los trots- kistas, desparrama a sus criminales profesionales por el mundo entero, garantizándoles la impunidad para sus delitos, con la complicidad de los gobiernos burgueses, democráticos y fascistas.

¡Si el proletariado alemán hubiera escuchado la voz de Trotsky en su debido tiempo, antes de la subida de Hitler al poder, ahora en lugar de una Alemania fascista existiría, con toda probabilidad, una Alemania socialista, pues las consignas de Trotsky fueron las únicas que pudieron conducir al potente proletariado aleman a la victoria, pero siguió las de Stalin que garantizaban previamente su derrota. La burocracia traidora, que no pudo silenciar la voz de Trotsky si logró, debido a sus recursos económicos, a sus métodos de corrupción y a su connivencia con la burguesía en degeneración, impedir que el proletariado alemán escuchara la voz de Trotsky, como lo consiguió mas tarde en España. Pero el proletariado llegará al fin a escuchar la voz revolucionaria de Trotsky, si bien es cierto que mientras mas pronto reconozca que ella le orienta por el camino de la victoria se ahorrará mas sacrificios. Precisamente, para ahorrar a la clase trabajadora nuevas derrotas cruentas, Trotsky proclamó la necesidad histórica de la IV Internacional en 1933 -después de la derrota del proletariado alemán- y trabajo activamente para que quedara realmente fundada en vísperas de la segunda guerra munial, en Septiembre de 1938.

En los últimos diez años de su vida, Trotsky alcanzó una serenidad que no encuentra equivalente en la historia. Fué la serenidad que correspondía al mejor dirigente del proletariado en la época de mas aguda crisis para el mismo. Trotsky mantuvo esa serenidad porque nunca desconfió de la misión historicamente revolucionaria del proletariado, la soportó por la alegría que le proporcionaba la fraternidad humana del porvenir socialista. Y no hubo resignación en su serenidad, ya que no fué pasiva sino activa, creadora, es decir, destructura y constructura. La pasión que alimentó la vida de Trotsky no fué una simple pasión humana: fué una inconmensurable pasión por la humanidad. Y serenamente expresó su mas ascendrada pasión: con consciencia marxista revolucionaria, con responsabilidad histórica.

Pocos años antes de su muerte tuvo que hacer frente a los procesos mas canallas de la historia, los de Moscú, de los cuales se valió Stalin para asesinar a los últimos sobrevientes de la vieja guardia bolchevique. Naturalmente, Stalin tenía que culpar a Trotsky en estos procesos. Trotsky no se aprovechó del exilio para quedarse al margen de los procesos: todo lo contrario, declaró estar listo a presentarse ante el tribunal de cualquier país y aceptar que se procediera a su extradición si se le encontraba culpable. Naturalmente, este era un reto que no podía aceptar el farsante de Stalin. Y una Comisión integrada por hombres honestos -entre ellos John Dewey y Otto Ruehle- proclamó solemnemente la inocencia del gran revolucionario calumniado. El imperialismo que tiene los diplomáticos que necesita para realizar sus altos chantajes, con motivo de los procesos de Moscú, exhibió a uno de sus representantes en toda su falsedad, en su mas acomodaticia doblez: el Embajador de EE.UU. en la URSS, residente en Moscú durante los procesos indicó que había derecho a dudar de la veracidad de las confesiones de los acusados y a considerar que la acusación había sido forjada... y tres años después glorificaba a Stalin en un libro abyecto que los stalinistas han tomado por el nuevo testamento. Marx dijo "nada humano me es extraño" y enseñó no a asombrarse ante la realidad, sino a explicarsela, mediante el metodo de investigación que forjó: nosotros seguimos fieles a las enseñanzas de Marx y Engels.

La firmeza de Trotsky en el cumplimiento de su destino se destaca nitidamente en la frase final que me dijera una vez que me hizo el mas fervoroso elogio de Engels, particularmente sobre su enorme valor humano: "Mire Ud., camarada Melter, cuando yo tengo algún momento de desfallecimiento, leo a Engels". Trotsky tenía una privilegiada sensibilidad, no por azar lo encontró su hermana haciendo poesías en su niñez y no podía en su madurez ser ajeno al dolor que le causaban las traiciones al proletariado; la calumnia a los revolucionarios honestos; el ataque cobarde, ensañado y canalla de los caínes del movimiento obrero contra los que luchaban por el socialismo. Pero su consciencia, su responsabilidad y su grandeza humana reconfortaron fraternalmente a su sensibilidad humana para que no estallara y maldijera en soledad. Y en sus momentos de desfallecimiento, Trotsky sabía templar su espíritu con el ejemplo de Engels o haciendo suyas, como al final de su obra "Mi vida", las palabras de Rosa Luxemburgo y Proudhon. ¿Qué hombre no ha tenido en su vida momentos de desfallecimiento? La grandeza del hombre no está en ocultarlos, sino en vencerlos.

¿En qué obra se ha traducido la labor de Leon Trotsky en los últimos 15 años de su vida? Sus mejores libros pertenecen a esta época: "La revolución permanente" (explicación, ordenación y proceso de su teoría dada a conocer en 1906), "Mi vida", "La Revolución rusa", "La revolución desfigurada", "El gran organizador de derrotas", "¿Y ahora...?" (¡ese inmejorable libro que pudo haber servido para conducir al triunfo al proletariado alemán!), "La revolución traicionada"... y otros mas. Y a estos libros capitales hay que agregar centenares de artículos, de estudios (¡son trascendentales los que hiciera sobre Francia y España!), de polémicas (¡inolvidable su defensa de la dialéctica!), de cartas (muchas deben conocerse por su inapreciable valor histórico), tratando los mas diversos temas -historia, política, economía, filosofía, moral, literatura- todo, absolutamente todo, escrito con la única finalidad de mantener en alto la bandera revolucionaria del proletariado.

¿Hasta dónde fué Trotsky capaz de mantener su excepcional clarividencia, en esta hora caótica como ninguna en la historia? ¡Nunca perdió su lucidez irradiante, en esta hora en que tantos han naufragado superando en la profundidad de su caida a Kautsky, Plejanof y otros mas cuyo nombre cubre piadosamente el olvido! La lucidez extraordinaria y fielmente revolucionaria de Trotsky la expresan mejor de lo que cualquiera pudiera hacerlo, sus propias palabras:

"La política del frente único de los obreros contra el fascismo se desprende de toda la situación. Ella abre al P.C. inmensas posibilidades. La condición del éxito reside en consecuencia en el abandono de la teoría y de la práctica del "social-fascismo" cuya nocividad se convierte en peligrosa en las condiciones actuales"... "Contra la consignas de desesperación nacional y de locura es necesario plantear las consignas de una solución internacional. Para ésto, es indispensable depurar su propio partido del veneno del nacional-socialismo cuyo elemento esencial es la teoría del socialismo en un solo país"... "Los Estados Unidos Soviéticos de Europa, tal es la consigna justa que da una salida al despedazamiento de Europa, despedazamiento que amenaza no solamente a Alemania, sino a toda Europa con una completa decadencia económica y cultural" (De "El viraje de la Internacional Comunista y la situación en Alemania"-26-IX-1930)

"Los teóricos del Frente Popular no van, en rigor, mas allá de la primera regla de la aritmética, la de la adición: la suma de los comunis- tas, de los socialistas, de los anarquistas y de los liberales, es mas grande que cada uno de ellos separadamente. Tal es toda su sabiduría. La aritmética es, no obstante, insificiente en este asunto. Es necesario, por lo menos, la mecánica: la ley del paralelogramo de las fuerzas es cierta también en política. La resultante es, como se sabe, tanto mas débil cuanto mas divergen entre si las fuerzas componentes"... "Las condiciones de la victoria de las masas en una guerra civil contra el ejército de los opresores, son, en su esencia, muy simples: 1.-Los combatientes del ejército revolucionario deben tener plena consciencia de que ellos se baten por su completa emancipación social, y no por el restablecimiento de la antigua forma (democrática) de explotación. 2.-La misma cosa debe ser comprendida por los obreros y los campesinos tanto a la retaguardia del ejército revolucionario, como a la retaguardia del enemigo. 3.-La propaganda sobre su propio frente, sobre el del adversario y a la retaguardia de los dos ejércitos, debe estar completamente impregnada del espíritu de la revolución social. La consigna "Primero la victoria y después las reformas", es la forma de todos los opresores y explotadores, comenzando por los reyes bíblicos y terminando por Stalin". (De "La lección de España, la última advertencia"17-XII-1937)

"Los marxistas no poseen el menor derecho (si no se considera un "derecho" la decepción y la fatiga) de sacar la conclusión de que el proletariado ha usado sus posibilidades y debe renunciar a pretender dominar la próxima época. Veinte años en la balanza de la historia, cuando se trata del profundo cambio de los sistemas económicos y de cultura, son menos que una hora en la vida de un hombre. ¿Qué vale un hombre que a causa de fracasos empíricos durante una hora o un día, renuncia a la finalidad que se ha propuesto a base de la experiencia y el estudio de toda su vida anterior?". (Esta cita y las que siguen, son tomadas de artículos que Leon Trotsky escribio en "Clave", de 1938 a 1940)

"Se trata de saber apreciar la perspectiva histórica mundial de las próximas decenas de años y aun de siglos: ¿Hemos entrado en la época de la revolución social y de la sociedad socialista o en la época de la sociedad declinante de la burocracia totalitaria?".

"El abandono del derrotismo en las condiciones de la guerra imperialista equivale al abandono de la revolución socialista. El abandono de la revolución -en nombre de la defensa de la URSS- destinaría a la URSS a la putrefacción definitiva y a la ruina".

"Defender a la URSS como la principal fortaleza del mundo proletario, contra todos los ataques del imperialismo munlial y de la contrarrevolución interna, es el mas importante deber de cada obrero consciente de su clase".

"Nosotros no somos un partido gubernamental; somos un partido de oposición implacable, no solo en los paises capitalistas sino también en la URSS. Nosotros realizamos nuestras tareas, inclusive la "defensa de la URSS", no por intermedio de los gobiernos burgueses, ni siquiera por el del gobierno de la URSS, sino exclusivamente por medio de la educación de las masas, por medio de la agitación, explicando a los obreros lo que es preciso defender y lo que es preciso derrocar. Semejante "defensa" no puede producir resultados milagrosos inmediatos. Tampoco lo pretendemos. Todavía somos una minoría revolucionaria"

"Durante la guerra desaparecerá toda la diferencia entre la "democracia" imperialista y el fascismo. En todos los paises dominará una dictadura militar despiadada".

"Es necesario enseñar a los obreros a odiar y a despreciar a los agentes del imperialismo, pues envenenan la consciencia de los trabajadores; es necesario explicar a los obreros que el fascismo no es sino una de las formas del imperialismo; que tenemos que luchar no contra síntomas exteriores de la enfermedad, sino contra sus causas orgánicas, o sea el capitalismo".

"La tarea que plantea la historia no es la de apoyar un sector capitalista en contra de otro sector, sino de poner fin al sistema entero".

"En las condiciones del capitalismo en putrefacción el proletariado no crece ni en número ni en cultura. Por eso no había razón para esperar que se elevara al nivel de las tareas revolucionarias".

"En épocas reaccionarias como la nuestra el revolucionario debe saber nadar contra la corriente".

"Sí, no dudo que la próxima guerra mundial provocará con absoluta inevitabilidad la revolución mundial y el derrumbamiento del sistema capitalista".

"Con el fin de crear una situación revolucionaria -dicen los sofistas del social-patriotismo- es necesario dar un golpe a Hitler. Para obtener una victoria sobre Hitler, es necesario apoyar a las democracias imperialistas. Pero si para salvar a las "democracias", renuncia el proletariado a una política revolucionaria independiente, entonces, ¿quién utilizaría la situación revolucionaria que surgiera de la derrota de Hitler? No ha faltado situaciones revolucionarias en el último cuarto de siglo. Pero si ha faltado un partido revolucionario capaz de utilizar la situación revolucionaria. Renunciar a la preparación de un partido revolucionario con la esperanza de provocar una "situación revolucionaria", es llevar a los trabajadores, con los ojos vendados, a la matanza". (Del artículo escrito por Trotsky, inmediatamente después de la capitulación de Francia, a mediados de Junio de 1940 y publicado después de su muerte)

"Estoy seguro del triunfo de la IV Internacional. ¡Adelante!" (Sus últimas palabras, 20 de Agosto de 1940).


Hemos llamado a este aniversario de la muerte de Leon Trotsky, tercer aniversario de inmortalidad. Ella nunca fué eterna ni divina, pero después de Einstein sólo podrá calificarla así un ignorante. La inmortalidad es material y relativa, es decir, fundamentalmente humana. Pero es que Einstein ha llevado lo material hasta el límite de lo absoluto y lo relativo en el tiempo hasta el límite de lo eterno. Y la inmortalidad humana ha existido, existe y existirá. Hay hombres que son inmortales y su inmortalidad comienza a contarse desde que mueren. Según las culturas de los pueblos han cambiado en ellos los dioses, siempre productos efímeros, pero sobrevive en ellos la inmortalidad de sus hombres excepcionales, los que movimentaron con su enseñanza una época. Trotsky pertenece a esta categoría de hombres excepcionales y de contados nombres conocidos en la historia.

Montaigne decía, hablando de la amistad que tuvo con La Boetie, que se daría un caso en varios siglos. Esta afirmación dicha por un hombre de tan extremada circunspección como Montaigne evidencia a las claras el enorme valor humano que él concedía a la amistad. Pero las palabras evolucionan y a través de los siglos se expresa mejor lo que quiso indicar Montaigne en la palabra fraternidad. Y el proletariado, la clase social a la que la historia ha conferido la mayor responsabilidad conocida en la vida de la humanidad, la de crear con el socialismo una sociedad en que sea realidad la fraternidad de hombres, mujeres y niños, el proletariado como clase, repetimos, ha dado en un siglo tres casos de aquella amistad hondamente sentida por Montaigne, tres casos incomparables de fraternidad humana, como anticipo esplendoroso de la que existirá mañana, con la realidad del socialismo en el mundo. La amistad entre Marx y Engels, que fué fraternidad creadora, la voz consciente del proletariado que desde hace 95 años, a través del "Manifiesto Comunista" no ha silenciado un solo día: "proletarios de todos los paises, uníos". La amistad entre Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo, ambos con integridad heroica, ambos aceptando con serena responsabilidad la representación del proletariado en momentos en que al hacerlo dieron en fraternidad generosa su propia vida, sacrificada por traidores oscuros, padres auténticos del que a los veinte años mas tarde sería llamado histrionicamente "padre de los pueblos", en la misma hora en que asesinaba por la espalda a la vieja guardia de bolcheviques denigrando, además, toda su vida de revolucionarios. La amistad entre Lenin y Trotsky, que es fraternidad del primer triunfo proletario en la sexta parte del mundo, comienzo de revolución proletaria internacionalista y promesa de socialismo en el mundo. ¡En un siglo, tres casos de amistad fraternal que eclipsan todos los ejemplos pasados! El proletariado, como clase, sin establecer el socialismo, ya ha comenzado a prodigar su generosidad como nunca lo hiciera antes una clase social y menos un pueblo en la historia. Con tales ejemplos, ¿quién puede negar que el proletariado no está tradicionalmente capacitado para crear un mundo mejor? ¡Qué miserable es el traidor que se atreve a exhibir su sevidumbre a los imperialismos! ¡Qué intima alegría deben haber sentido todos los marxistas revolucionarios desaparecidos, nosotros, que seguimos sus pasos, bien podemos apreciarla! Si. Los hombres, las mujeres y los niños del mundo tendrán al fin, con y por la acción revolucionaria del proletariado, un mundo en libertad, alegre, fraterno y con amor, bien sepultos los cadaveres que impiden esta realidad de vida: la religión, la propiedad privada y la familia burguesa.

Ahora, en honor a la memoria de Leon Trotsky, queremos recordar sentidas, fraternas palabras que él pronunciara con motivo de la irreparable pérdida de Lenin:

"Lenin ya no existe, pero el leninismo perdura. Lo inmortal de Lenin, su doctrina, su trabajo, su método, su ejemplo, vive en nosotros, vive en el Partido que él fundó, vive en el primer Estado proletario del que fué cabeza y guía".

"Nuestro corazón está tan sumido en la pena, porque todos nosotros, gracias a la merced grandiosa de la historia, nacimos contemporaneos de Lenin, trabajamos con él, y aprendimos de él. Nuestro partido es el leninismo en práctica, nuestro partido es el guía de los obreros. En cada uno de nosotros vive una partícula de Lenin, que es lo mejor de nosotros".

21 de Agosto-1943.-

Luis Melter.-