Contra la Corriente, n.º 7, septiembre de 1943 (pág. 40). PDF del número completo

John L. Lewis, presidente de los obreros mineros unidos (UMW), ha solicitado la readmisión en la Federación Americana del Trabajo (AFL). Este cambio ha transtornado mucho al Partido Comunista, pues lo encuentra demasiado a la izquierda. Temen que el reingreso de Lewis en la AFL aumentará su influencia, y que otros sindicatos puedan seguir el ejemplo, desafiando la administración de Roosevelt.

En el congreso de la Federación del Trabajo de New-York, la fracción comunista "luchó por una declaración sin reserva que impidiera el regreso de los mineros a la Federación, a causa de la posición tibia del Sr. Lewis sobre la guerra, su desafío al Gobierno durante las huelgas mineras recientes y su oposición al Presidente Roosevelt". (NEW-YORK TIMES, Agosto 26). Sus intentos fracasaron y ninguna resolución fué aprobada opuesta a la decisión de Lewis.


Durante la primavera y el verano los obreros mineros unidos entablaron varias negociaciones que abocaron en diversas huelgas tendentes a obtener un mejor contrato de sus patronos. Esta lucha surgida en las minas de carbón bituminoso tuvo como disputa principal la cuestión del pago "puerta a puerta". El gobierno, bajo la dirección de Roosevelt se apoderó de la administración de las empresas, continuando su explotación. Actualmente ha comenzado a devolverselas a los propietarios, continuando los mineros su trabajo en las mismas condiciones.

En la industria de carbón de antracita, el sindicato de mineros logró negociar un contrato con la Illinois Coal Operators Association que incluyó un acuerdo por pago "puerta a puerta". Sin embargo, cada contrato tiene que ser aprobado por el Consejo de Trabajo y Guerra, formado dicho Consejo por cuatros representantes respectivos de la industria, del Gobierno y del trabajo. Este Consejo es la forma americana de la participación de los trabajadores en el Gobierno. Como ocurre generalmente en tales casos, el nuevo contrato fué rechazado por los 8 votos pertenecientes al Gobierno y a la industria. Fué considerado que el aumento de un dolar veinticinco centavos por el tiempo perdido en viajar dentro de la mina, constitúia un aumento de salario "enmascarado".