Contra la Corriente, n.º 7, septiembre de 1943 (págs. 27-34). PDF del número completo
El rol del POUM
El POUM, por su parte, no tiene una actuación mejor. Teoricamente, ha tratado de apoyarse sobre la fórmula de la revolución permanente (es por ésto que los stalinistas han tratado a los poumistas de trotskistas). Pero la revolución no se contenta con simples áceptaciones teóricas. En lugar de movilizar las masas contra los jefes reformistas, incluyendo a los anarquistas, el POUM trataba de convencer a esos señores de las ventajas del socialismo sobre el capitalismo. Ese era el diapasón de todos los artículos y discursos de los líderes del POUM. Para no disgustarse con los jefes anarquistas, no organizaron sus propias células en el seno de la CNT. y, en general, no hicieron ningún trabajo entre el ejército republicano. En lugar de ello, crearon sus "propios" sindicatos y su "propia milicia", la que defendía "su propio edificio" o se ocupaba de sus "propios sectores" del frente. Aislando la vanguardia revolucionaria de la clase, el P.O.U.M., debilitaba la vanguardia y dejaba a las masas sin dirección. Políticamente, el P.O.U.M., estuvo todo el tiempo incomparablemente más cerca del Frente Popular, del que cubria el ala izquierda, que del bolchevismo. Si, no obstante, el P.O.U.M., ha caido victima de una represión sangrienta y cobarde, ello se debe a que el Frente Popular no podía llenar su misión de estrangular la revolución socialista por otros medios que abatiendo pedazo a pedazo su propio flanco izquierdo.
A despecho de sus intenciones, el P.O.U.M. se encontró, al fin de cuentas, siendo el principal obstáculo en el camino de la creación de un partido revolucionario. Es una responsabilidad muy grave la que han echado sobre sí los partidarios platónicos o diplomáticos de la IV Internacional, los que, como los jefes del Partido Socialista Revolucionario Holandés, Sneevliet, ostensiblemente han sostenido al P.O.U.M., en su hibridez, su indecisión, su tendencia a eludir las cuestiones candentes, en una palabra, en su centrismo. La revolución no se concilia con el centrismo. Tal es una de las más importantes lecciones de la revolución española.
EL PROBLEMA DEL ARMAMENTO.
Los socialistas y anarquistas que tratan de justificar su capitulación ante Stalin por la necesidad de pagar con el abandono de los principios, y de la conciencia las armas de Moscú, mienten simplemente y sin habilidad. Con toda seguridad, muchos de ellos hubieran preferido prescindir de los asesinatos y de las falsificaciones. Pero cada objetivo impone sus medios. Desde Abril de 1931, esto es, mucho tiempo antes de la intervención militar de Moscú, los socialistas y anarquistas han hecho todo lo que han podido, para frenar la revolución proletaria. Stalin les ha enseñado como conducir ese trabajo hasta el fin. Llegaron a ser los cómplices criminales de Stalin porque pensaban políticamente en la misma forma.
Si los jefes anarquistas hubieran sido tan solo un poco revolucionarios, debieron responder desde el primer chantage de Moscú no solamente por la continuación de la ofensiva socialista, sino, además, pregonar ante la clase obrera mundial las condiciones contra-revolucionarias de Stalin. Con eso, hubieran forzado a la burocrácia de Moscú a escojer abiertamente entre la revolución socialista y la dictadura de Franco. La burocracia termidoriana, teme la revolución y la odia. Pero ella teme también ser estrangulada entre un anillo fascista. Ella depende, por otra parte, de los obreros. Todo permite creer que Moscú se hubiera visto forzado a proveer las armas y, muy posiblemente, a un precio más moderado.
Además, el mundo no se reduce al Moscú de Stalin. En un año y medio de guerra civil, se podia y debia reforzar y desarrollar en España la industria de guerra, adaptando a las necesidades de ésta una serie de usinas y fábricas civiles. Si este trabajo no ha sido realizado, ello se debe sólo a que las iniciativas de las organizaciones obreras han sido combatidas por Stalin y sus aliados españoles. Una poderosa industria de guerra hubiera llegado a ser un potente instrumento en las manos de los obreros. Pero los jefes del Frente Popular han preferido la dependencia de Moscú.
Precisamente en esta custión es que aparece de una manera singular- mente clara el rol pérfido del Frente Popular quien impuso a las organizaciones proletarias la responsabilidad por las transacciones traidoras de la burguesía con Stalin. En la medida en que los anarquistas se encontraban en minoria, ellos no podian, evidentamente, impedir de inmediato al bloque dirigente, realizar los compromisos que le parecieran buenos con Moscú y los "dueños" de Moscú, Londres y Paris; pero podian y debian ser incesantemente los mejores combatientes en el frente, separarse abiertamente de la traición y de los traidores, explicar la verdadera situación a las masas, movilizarlas contra el gobierno burgués, acrecentar dia a dia sus fuerzas para, en fin de cuentas, apoderarse del poder, con él, de las armas de Moscú.
Pero ¿qué hubiera sucedido si Moscú, con la ausencia del Frente Popular, hubiera rehusado entregar armas? Y qué hubiera sucedido, respondemos nosotros a eso, ¿si la Unión Soviética no hubiera existido? Las revoluciones no han vencido nunca, hasta ahora, gracias a encumbrados protectores extraños que les proporcionaron armas. Los protectores extraños, ordinariamente se han encontrado del lado de la contra-revolución. ¿Es necesario recordar la experiencia de las intervenciones de los ejércitos francés, inglés, americano, japonés y otros, contra los Soviéts? El proletariado de Rusia venció a la reacción interior y a los intervencionistas extranjeros sin sostén militar de afuera. La revoluciones resultan victoriosas, ante todo, con la ayuda de un programa social audaz que dé a las masas la posibilidad de apoderarse de las armas que se encuentran en su territorio y de desorganizar el ejército del enemigo. El Ejército Rojo se apoderó de las provisiones militares francesas, inglesas y americanas y echó al mar los cuerpos expedicionarios extranjeros. ¿Se habrá olvidado esto ya?
Si al frente de los obreros y campesinos armados, esto es: al frente de la España llamada "republicana", hubiera habido revolucionarios y no agentes poltrones de la burguesía, el problema del armamento no hubiera jugado jamás un papel de primer orden. El ejercito de Franco, incluyendo los rifeños coloniales y los soldados de Mussolini, de ninguna manera estaba inmunizado contra contagio revolucionario. Cercados por todas partes de la llama de la revolución socialista, los soldados del fascismo se hubieran encontrados reducidos a una cantidad insignificante. No han sido las armas ni los "Genios Militares" los que han faltado a Madrid y Barcelona; lo que ha faltado ha sido el partido revolucionario.
LAS CONDICIONES DE LA VICTORIA.
Las condiciones de la victoria de las masas en una guerra civil contra el ejército de los opresores, son, en su esencia, muy simples:
1.- Los combatientes del ejército revolucionario deben tener plena consciencia de que ellos se baten por su completa emancipación social, y no por el restablecimiento de la antigua forma (democrática) de explotación.
2.- La misma cosa debe ser comprendida por los obreros y los campesinos tanto a la retaguardia del ejército revolucionario, como a la retaguardia del enemigo.
3.- La propaganda sobre su propio frente, sobre el del adversario y a la retaguardia de los dos ejércitos, debe estar completamente impregnada del espiritu de la revolución social. La palabra de orden: "Primero la victoria y después las reformas", es la fórmula de todos los opresores y explotadores, comenzando por los reyes biblicos y terminando por Stalin.
4.- La política debe estar determinada por las clases y capas que participan en la lucha. Las masas revolucionarios deben tener un aparato de Estado que exprese directa e inmediatamente su voluntad.
5.- El ejército revolucionario debe, no solamente proclamar, sino realizar inmédiatamente en las provincias conquistadas, las medidas apremiantes de la revolución social: expropiación y entrega a los necesitados de las provisiones existentes de productos alimenticios, manufacturados y otros; redistribución de los alojamientos en beneficio de los trabajadores especialmente, de las familias de los combatientes; expropiación de la tierra y de los implementos agrícolas en beneficio de los campesinos; establecimiento del control obrero sobre la producción, y del poder soviético en lugar de la antigua burocracia.
6.- Del ejército revolucionario deben ser despiadadamente echados los enemigos de la revolución socialista, esto es, los elementos explotadores y sus agentes, aunque se cubran con la "máscara" de demócratas, de republicanos, de socialistas o de anarquistas.
7.- Al frente de cada unidad militar debe haber un comisario, con una autoridad irreprochable como revolucionario y como combatiente.
8.- En cada unidad militar debe haber un núcleo bien ligado de los combatientes mas decididos y abnegados, récomendados por las organizaciones obreras. Los miembros de este núcleo tienen un sólo privilegio: ser de los primeros en el combate.
9.- Los puestos de mando contienen necesariamente, en los primeros momentos, muchos elementos extraños y poco seguros. Su verificación y selección debe hacerse sobre la base de la experiencia militar y de los testimonios proporcionados por los comisarios y los informes emanados de los combatientes de linea. Al mismo tiempo los esfuerzos deben dirigirse hacia la preparación de mandos provenientes de las filas de los obreros revolucionarios.
10.- La estrategia de la guerra civil debe combinar las reglas del arte militar con las tareas de la revolución social. No solo en la propaganda, sino también en las operaciones militares, es necesario contar con la composición social de las diferentes partes del ejército del adversario (voluntarios burgueses, campesinos movilizados a la fuerza o, como Franco, exclavos coloniales) y, en el instante de escoger las lineas de operaciones tener estrictamente en cuenta la estructura de las regiones correspondientes del país (regiones industriales, regiones campesinas, revolucionarias o reaccionarias, regiones de nacionalidades oprimidas, etc.). Brevemente dicho, la política revolucionario domina a la estrategia.
11.- El Gobierno revolucionario, en tanto que comité ejecutivo de los obreros y de los campesinos, debe conquistarse la completa confianza del ejército y de la población laboriosa.
12.- La política exterior debe tener como objeto principal despertar la conciencia revolucionaria de los obreros y de los campesinos, y de las nacionalidades oprimidas del mundo entero.
Stalin aseguró las condiciones de la derrota.
Las condiciones de la victoria son, como lo hemos visto, completamente simples. Su conjunto se llama la revolución socialista. Ninguna de esas condiciones ha existido en España. La principal razón es que allí no ha habido un partido revolucionario. Es cierto que Stalin ha tratado de trasladar a España las formas exteriores del bolchevismo: Buró político, comisarios, células, G.P.U., etc. Pero vació esas formas de su contenido socialista. El renuncia al programa bolchevique y con él a los soviets, en tanto que forma necesaria de la iniciativa revolucionaria de las masas. Puso la técnica del bolchevismo al servicio de la propiedad burguesa. En su estrechez burocrática se imaginó que los comisarios, en sí mismos, eran capaces de asegurar la victoria. Pero los comisarios de la propiedad privada no han sido capaces mas que de asegurar la derrota.
El proletariado español ha manifestado cualidades militares de primer orden. Por su peso especifico en la economía del país, por su nivel político y cultural, se encontró, desde los primeros dias de la revolución, no por debajo, sino por encima del proletariado ruso al comienzo de 1917. Fueron sus propias organizaciones las que constituyeron el obstáculo en la via de la victoria. La pandilla dirigente, de acuerdo con su formación contrarrevolucionaria, estaba compuesta en general de agentes pagados, de carreristas, de elementos desclasados y de escorias sociales de todas clases. Los representantes de las otras organizaciones obreras --reformistas invertebrados, charlatanes anarquistas, centristas incurables del P.O.U.M.-- gruñendo, suspirando, dudando, maniobrando, pero, en fin de cuentas, se adaptaban a los stalinistas. Como resultado de su trabajo en conjunto, el campo de la revolución social --obreros y campesinos-- se encuentra sometido a la burguesía, mas exactamente, a su sombra, vacía de individualidad, espíritu y vida. Ni el heroismo de las masas, ni el valor de los revolucionarios aislados faltaron. Pero las masas fueron abandonadas a su suerte y los revolucionarios quedaron aislados, sin programa, sin plan de acción. Los jefes militares "republicanos" se cuidaban mas de destruir la revolución social, que de las victorias militares. Los soldados perdían confianza en los mandos, las masas en el Gobierno, los campesinos se ponían a la espectativa, los obreros se cansaron, las derrotas se sucedieron, la desmoralización cundió. No era dificil prever todo eso, desde el comienzo mismo de la guerra civil. Proponiéndose como tarea la salvación del régimen capitalista, el Frente Popular estaba destinado a la derrota militar. Colocando al bolchevismo de cabeza, Stalin ha desempeñado con éxito completo el papel de enterrador en jefe de la revolución.
La experiencia española, dicho sea de paso, demuestra nuevamente que Stalin no ha comprendido absolutamente nada, ni de la revolución de Octubre, ni de la guerra civil. Su tardo espíritu provincial se ha quedado lamentablemente atrás de la marcha tempestuosa de los acontecimientos de los años 1917 a 1921. Todos sus discursos y artículos de 1937, en los que él expresaba un pensamiento propio, contienen toda su última "doctrina" "termidoriana". En ese sentido, el Stalin de la España de 1937, es el continuador del Stalin de la Conferencia bolchevique de marzo de 1917. Pero, en 1917 estaba solamente asustado de los obreros revolucionarios; en 1937, los ha estrangulado. El oportunista se ha convertido en verdugo.
La guerra civil en la retaguardia.
Pero, para la victoria sobre los gobiernos de Caballero y Negrín, hubiera sido necesaria la guerra civil en la retaguardia del ejército republicano --gritan con horror los filisteos demócratas. Como si, sin ello, no hubiera habido en la España republicana una guerra civil mas engañadora y deshonesta, la guerra de los propietarios explotadores contra los obreros y los campesinos. Esta guerra incesantes se tradujo en los arrestos y asesinatos de los revolucionarios, la destrucción del movimiento de masas, el desarme de los obreros y el armamento de la policía burguesa, el abandono del frente, sin armas ni socorro de los destacamentos obreros, en fin, en el impedimento artificial del desenvolvimiento de la industria de guerra. Cada uno de esos actos representa un golpe cruel para el frente, una traición militar probada, dictada por los intereses de clase de la burguesía. No obstante, el filisteo "demócrata" -- y puede ser stalinista, socialista o anarquista -- juzga la guerra civil de la burguesía contra el proletariado, aunque sea a la retaguardia inmediata del frente, como una guerra natural e inevitable, que tiene por objeto asegurar la "unidad del Frente popular". Por el contrario, la guerra civil del proletariado contra la contrarrevolución "republicana", es a los ojos del mismo filisteo, una guerra criminal, "fascista", trotskista, que destruye la "unidad de las fuerzas antifascistas". Las decenas de Normand Thomas, Mayor Attlee, de Otto Bauer, de Ziromsky, de Malraux, y otros pequeños traficantes de la mentira del género de Duranty y Luis Fischer, espanden está sagacidad de esclavos a través del mundo entero. Mientras tanto, el gobierno del Frente popular se desplaza de Madrid a Valencia, de Valencia a Barcelona.
Si, como lo atestiguan los hechos, sólo la revolución socialistas es capaz de destruir al fascismo, por otra parte, la insurrección victoriosa del proletariado no es concebible mas que si las clases dominantes caen en grandes dificultades. Por tanto, los filisteos demócratas invocan, precisamente, esas dificultades para demostrar la inadmisibilidad de la insurrección proletaria. Si el proletariado espera que los filisteos demócratas le anuncien la hora de su emancipación, será eternamente esclavo. Enseñar a los obreros a reconocer los filisteos reaccionarios bajo todas sus máscaras, y a despreciarlos, cualesquiera que sean, tal es la obligación del revolucionario.
El desenlace.
La dictadura de los stalinistas en el campo republicano, por su misma naturaleza, no será de larga duración. Si las derrotas provocadas por la política del Frente popular arrojan una vez más al proletariado español en una ofensiva revolucionaria, esta vez con éxito, la pandilla stalinista será barrida defitivamente. Pero, si, lo que por desgracia es mas probable, Stalin logra conducir hasta el fin su trabajo de enterrador de la revolución, aun en este caso no ganará agradecimiento. La burguesía española ha tenido necesidad de él como verdugo, pero no le es útil como protector o preceptor. Londres y París, de una parte, Berlín y Roma de la otra, son a sus ojos firmas mucha mas serias que Moscú. Es muy posible que Stalin mismo trate de retirarse de España antes de la catástrofe definitiva: espera de este modo hacer recaer la responsabilidad de la derrota sobre sus aliados mas cercanos. Despues de lo cual, Litvinof solicitará de Franco el restablecimiento de relaciones diplomáticas. Es algo que ya hemos visto mas de una vez.
Por todo ello, aun victoria militar completa del ejército republicano sobre el general Franco, no significará de ningún modo el triunfo de "la democracia". Los obreros y los campesinos han llevado dos veces a los republicanos y a sus agentes de izquierda al poder: en abril de 1931 y en febrero de 1936. Las dos veces los héroes del Frente popular han cedido la victoria del pueblo a los representantes mas reaccionarios y mas serios de la burguesía. La tercera victoria lograda por los generales del Frente popular, significará su acuerdo inevitable con la burguesía fascista, sobre las espaldas de los obreros y los campesinos. Tal régimen no será mas que otra forma de dictadura militar, aunque puede ser sin monarquía, ni la dominación abierta de la iglesia católica.
En fin, es posible que las victorias parciales de los republicanos sean utilizadas por los intermediarios anglo-frances "desinteresados", para reconciliar a los beligerantes. No es dificil comprender que, en caso de semejante variante, los últimos restos de democracia serán apagados en los abrazos paternales de los generales Miaja "comunista", y Franco "fascista". Una vez mas: solo pueden vencer la revolución socialista o el fascismo.
No se puede excluir la posibilidad de que la tragedia dé lugar, en el último momento, a una farsa. Cuando los héroes del frente popular deban abandonar su última capital, antes de subir al barco o al avión, puede ser que proclamen una serie de reformas "socialistas", para dejar de ellos un buen recuerdo al pueblo. No obstante, no les servirá de nada. Los obreros del mundo entero recordarán con odio y desprecio a los partidos que han conducido a su pérdida una revolución heróica.
La experiencia trágica de España es una advertencia amenazante --puede ser la última advertencia-- antes de acontecimientos todavía mas graves-- dirigida a todos los obreros avanzados del mundo. Según las palabras de Marx, "las revoluciones son las locomotoras de la historia". Avanzan mas deprisa que el pensamiento de los partidos revolucionarios a medias. El que se detiene, cae bajo las ruedas de la locomotora; por otra parte --y este es el principal peligro-- la locomotora misma descarrila frecuentemente. El problema de la revolución debe ser penetrado hasta el fondo, hasta sus últimas consecuencias concretas. Es necesario conformar la política a las leyes fundamentales de la revolución, esto es: al movimiento de clases en lucha y no a los prejuicios y a los temores de los grupos pequeño-burgueses superficiales que se intitulan frentes populares y muchos otros frentes. La linea de menor resistencia se convierte, en la revolución, en la linea del peor fracaso. El miedo a "aislarse" de la burguesía, conduce a aislarse de las masas. La adaptación a los prejuicios conservadores de la aristocracia obrera, significa la traición a los obreros y a la revolución. Los excesos de "prudencia" constituyen la imprudencia mas funesta. Tal es la principal lección del hundimiento de la organización política mas honesta de España, el P.O.U.M., partido centrista. Los partidos y los grupos del Buró de Londres no desean o no saben, manifiestamente, sacar las conclusiones necesarias de la última advertencia de la historia. Por eso, ellos mismos están destinados a la catástrofe.
Por el contrario, existe ahora un generación de revolucionarios que se educa en las lecciones de las derrotas. Ha comprobado con hechos la reputación de ignominia de la Segunda Internacional. Ha medido la profundidad de la caída de la Tercera Internacional por sus actos. Gran escuela inapreciable pagada con la sangre de innumerables combatientes. Los cuadros revolucionarios se rehacen ahora únicamente bajo la bandera de la IV Internacional. Esta ha nacido bajo el ruido de las derrotas, para conducir los trabajadores a la victoria.
Coyoacán, D.F. 17 diciembre 1937.
L. Trotsky.