Contra la Corriente, n.º 8, octubre de 1943, número especial dedicado a Octubre de 1934 (págs. 2-4). PDF del número completo

¡U.H.P., U.H.P.! De la entraña de la mina subió el grito esperanzador. Inundó el aire todo de Asturias, lo repitieron a pleno pulmón los hemanos proletarios en medio del combate, sonó triunfante en las explosiones de la dinamita lanzada sobre los cuarteles de la Guardia civil, se escribió en los tanques rudimentarios construdidos precipitadamente y la sangre de la represión reaccionaria marcó imperecederamente el suelo asturiano: U.H.P. El eco de las montañas heridas repercutió en los cuatro confines de España: ¡U.H.P., U.H.P.! Los hermanos proletarios fueron aplastados una, otra vez durante la guerra civil; pero desde el fondo de la España oprimida, vencida, no rendida, se eleva aun, grave, jadeante, amenazador, el grito revolucionario de Asturias: ¡U.H.P., U.H.P.!

Amenaza que terminará aniquilando a las clases reaccionarias hoy bovantes y a su auxiliares de la izquierda, responsables de que el U.H.P. no sea una realidad consolidada en España. U.H.P. reprsenta una gran afirmación de la revolución socialista y solo de la revolución socialista. Sus traidores, stalinistas y socialistas, son enemigos de la Unión de Hermanos Proletarios, que sólo acechanzas pueden depararle. El anarquismo y el P.O.U.M., comprometidos por complicidad con aquellos, no podrán recuperar el derecho a enarbolar el grito de Octubre sino por la mas implacable lucha contra la colaboración de clases.

U.H.P. fué la realización espontanea de las palabras del Manifiesto Comunista: "La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos". La inmensa mayoría de los obreros sublevados en Asturias, ignoraban el Manifiesto Comunista y las razones que llevaran a Marx y Engels a su conclusión. Pero las teorías no valen un pepino si no son arrancadas de la realidad material, es decir, si no interpreten conscientemente el mundo exterior. Una teoría sociológica carente de esa condición, a revelarse falsa, traba la marcha revolucionaria. Por el contrario, la teoría justamente deducida de la realidad existente, coindidiendo con la marcha espontanea y necesaria de los acontecimientos, es un poderoso auxiliar del triunfo revolucionario; permite conciliar libertad y necesidad. Porque la necesidad satisfecha es la libertad. Dicho en otras palabras: la necesidad de la sociedad moderna es la socialización de los elementos de producción; su realización es la libertad social, política. Ahora bién, este fin puede ser logrado únicamente por el proletariado aliado a los campesinos pobres: es la revolución. Quienes se oponen a ella van contra la necesidad social y por consecuencia contra la libertad política, si bien es verdad que invariablemente se cubren con la misma palabra libertad, abstractamente empleada. El proletariado debe tenerlo presente: no hay libertad sin revolución social. Quienes se oponen a ella como perpectiva de hoy, como salida inmediata a la que se subordina la táctica de lucha de los explotados, son adversarios velados de la libertad, reaccionarios porque van al encuentro de las necesiadades históricas.

El U.H.P. asturiano unió a todos los proletarios sin distinción de tendencias, en contra del común enemigo burgués. Esta condición hizo posible la lucha, le dió su heorismo reconocido incluso por el enemigo, determinó la tendencia innegablemente socialista del alzamiento. Fué la materialización del frente único de clase, primera condición del triunfo revolucionario. "La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos". Apenas la lucha revolucionaria toma un cariz directo y violento contra la burguesía, la afirmación del Manifiesto Comunista aparece en toda su inmensa veracidad y la revolución empieza a ser un hecho. Porque el frente único de clase no se produjo en Asturias sino con el estallido que hizo saltar las trabas burocráticas de los dirigentes. Así fué ratificada en Asturias la teoría marxista. Lo probaron las luchas de los mineros, las explosiones del combate, la derrota misma y los ecos de las montañas heridas, repitiendo de pico en pico, quejumbrosa y afirmativamente: ¡U.H.P.! ¡U.H.P.!

La sencilla y cálida fraternidad del U.H.P. astur, no es una exclamación sentimental, o, al menos, no lo es en el sentido peyorativo de la sentimentalidad. Para Marx, la idea, fundamentalmente la idea crítica contra las condiciones sociales, "no es una pasión cerebral; es el cerebro de la pasión". El cerebro de la pasión revolucionaria, llevó a los dos fundadores del internacionalismo proletario, a formular la idea acabada de un nuevo horizonte social: "La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos". Idéntica idea campea, inacabada, en las iniciales U.H.P. La mas incontestable de las críticas contra las condiciones sociales existentes, la crítica de las armas, parió, entre gritos de alegría y llanto, de victoria y de derrota, esas tres letras. La realización práctica de la idea, como la idea misma, quedó inacabada, cortada en su desenvolvimiento por el fracaso de la insurrección. La idea revolucionaria no puede, no tiene otra forma de realizarse que haciéndose revolución. Durante la guerra civil, el U.H.P., rodando de fábrica en fábrica, de pueblo en pueblo, desplegó un esfuerzo gigantesco para completarse, como únicamente es posible completarlo: terminando con su antípoda, el capitalismo. Los mismos que en 1934 acorralaron la insurrección en Asturias, ya engrasados, y aun precedidos por los "comunistas", ahogaron el nuevo intento durante 1936 y 1937, con lo que desbrozaron el camino al sicario Franco. El grito, ¡U.H.P.!, ha quedado atravesado en la garganta gimiente del proletariado. Pero ahí está, listo para borbotar estentóreamente a la primera oportunidad. Símbolo de la lucha de clase contra clase, arrancado letra a letra de la experiencia y los dolores de la revolución española, no puede morir mientras no desaparezca la mas remota posibilidad de victoria del socialismo.

U.H.P. es un terrible índice acusador apuntado a quienes reniegan el principio: clase contra clase. Ellos han pretendido desviar esas tres iniciales en un sentido puramente sentimental, exteriormente demagógico. De la Unión de Hermanos Proletarios han deducido el conformismo a las actuales organizaciones proletarias, sometidas, a través de sus dirigentes, a la sociedad capitalista. El grito surgido de la crítica de las armas se convierte así en un elemento de mansedumbre, no-crítico, antirrevolucionario. Han hecho, de la unión proletaria contra el capitalismo, la unión bajo el capitalismo; de un elemento revolucionario, otro apaciguador, contrarrevolucionario. Explotan la palabra unidad en forma abstracta, vaciándola de su sentido de clase. U.H.P. se esgrimió contra la burguesía; stalinistas y socialistas procuran ponerlo al servicio de la burguesía. De lo que es, en su expresión máxima, insurrección armada, han hecho rendición de armas del proletariado ante la unión sagrada con los capitalistas. El desprecio del proletariado debe abatirse sobre esas gentes.

Pero, ni el proletariado en general, ni los revolucionarios en particular, permitirán que los fariseos conduzcan nuevamente el movimiento revolucionario a una derrota. U.H.P, la insignia de Octubre rojo y de Julio socialista, preside e incia toda acción revolucionaria. Quien teme a la unidad de clase teme los objetivos de clase y por lo tanto es opuesto a ellos. El Partido mal llamado comunista propugna la unidad nacional; el Partido no mejor llamado socialista, también, aunque hasta ahora no se avenga con el primero. Así falsifican el sentido de la unidad. Su unidad na es la Unión de Hermanos Proletarios de Octubre y Julio; es la "unión" de los insurrectos de Octubre con la soldadesca y el gobierno que los aplastó, la "unión" de los vencedores de Atarazanas, La Montaña, etc. etc., con los militares sublevados. Pero esa clase de unión adquiere su expresión perfecta en los asesinatos y la represión de Asturias, generalizada y hecha permanente por Franco. El desarrollo de la unidad preconizada por stalinistas y socialistas, al parecer en divergencia, en realidad desde distintos ángulos de una misma finalidad colaboracionista, conduce, invariablemente, a un triunfo ulterior de la contrarrevolución. Pero, aparte stalinistas y socialistas hay también los anarquistas, que parecen haber perdido definitivamente la vena revolucionaria, aunque elemental, de sus antecesores. Tampocos ellos son hoy fieles a las iniciales U.H.P., porque no se han opuesto decididamente a la unidad nacional patrocinada por aquellos. Ellos mismos pisan, en parte, terreno colaboracionista, con el Pacto U.G.T.-C.N.T., que deja en la sombra cuanto puede caracterizar una lucha de clase contra clase. La C.N.T. misma parece no estar por la unidad nacional, pero la U.G.T. sí. Establecer un Pacto con esta sin rechazar terminantemente toda responsabilidad por su política anti-proletaria, es hacerse cómplice de ella. Eso hay que reprochar a la C.N.T., eso deben combatir en su seno los militantes.

El proletariado español ha pagado ya a un elevadísimo precio las frases burguesas sobre la unidad en general. Debe distinguir entre la unidad con la burguesía y la unidad contra la burguesía; de lo contrario, en el próximo período revolucionario será triturado para una larguísima época, si nó definitivamente. Toda unidad que no pueda definirse clara, terminantemente, como unidad de clase contra clase, es unidad del proletariado con la burguesía; en otras palabras, es [ilegible] traiciona la insignia de Octubre y de la guerra civil. La España proletaria y campesina, llagada, sangrante, jadea su venganza: ¡U.H.P., U.H.P.! Mientras tanto, los despreciables sacamuelas stalinistas y socialistas repiten en todos los tonos: ¡Unidad, unidad!, y se aprestan a hacerla en torno a la propiedad privada. Y la C.N.T. juega al equívoco, se abstiene de combatir la colaboración de clase, y pacta ella misma un acuerdo en el que el principio de clase contra clase es relegado a la sombra.

¡Basta ya de pérfidas especulaciones en torno a la palabra unidad! La única unidad positiva y revolucionaria es la sentada por Octubre y generalizada durante los primeros meses de la guerra civil. Unidad de clase contra clase; armamento del proletariado, desarme de la burguesía; expropiación del capitalismo, propiedad socialista. ¡U.H.P., U.H.P.! "La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos". El U.H.P. astur resonará de nuevo de pico en pico, de fábrica en fábrica, de pueblo en pueblo. A su conjuro se alzaran las masas españolas en pos de la revolución socialista. Y aplastarán no solamente a la burguesía, sino también, cosa indispensable, a los falsificadores de la unidad proletaria. El desprecio de los obreros españoles caerá sobre quienes traicionan el grito ahogado en su garganta por Franco: ¡U.H.P., U.H.P.! Hasta ahora sólo el Grupo español en México de la IV Internacional mantiene en alto las letras de Octubre.