Contra la Corriente, n.º 9, noviembre de 1943 (págs. 28-30). PDF del número completo
¡7 de Noviembre de 1917! La fecha que hizo estremecer al mundo capitalista en en siglo XX. La más trascendental, hasta ahora, para el porvenir de la humanidad, ya que en ella se realizó la primera victoria proletaria revolucionaria. El hecho de que el primer estado obrero haya degenerado, hasta convertirse en manos de Stalin, en una fuerza contrarrevolucionaria y antiproletaria, en nada niega ni disminuye la grandeza de la revolución dirigida genialmente por Lenin y Trotsky en la sexta parte del mundo, pues ella evidenció la justeza del pensamiento revolucionario de Marx y Engels.
Triunfó el 7 de Noviembre de 1917 la teoría marxista y la práctica leninista. Es decir, triunfó el proletariado como fuerza especificamente revolucionaria y ratificó responsablemente, como clase, el contenido propio de su misión histórica: derrocar el capitalismo y crear la sociedad socialista. La revolución proletaria del 7 de Noviembre comprobó, objetivamente, que el marxismo-revolucionario está muy lejos de ser una utopía y que es, en realidad, la teoría, la estrategia y la táctica capaces de conducir al proletariado a la victoria.
Antes del marxismo existieron otras teorías revolucionarias que sostenían la necesidad de la transformación social, pero con ninguna de ellas el proletariado, la clase especificamente revolucionaria en la sociedad burguesa, logró triunfar, demostrándose, en consecuencia, que, en el mejor de los casos, no eran sino utopías, como fueron calificadas por Marx y Engels. Antes de 1914, floreció en el movimiento obrero internacional una variedad marxista que limitó mezquinamente el pensamiento revolucionario de Marx y Engels a un reformismo mendicante, pero la guerra de 1914-1918 se encargó de echar a la basura los pétalos inservibles, marchitos y corrompidos de este florecimiento. Y la defensa implacable del marxismo revolucionario, emprendida por Lenin y Trotsky, junto con Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht no fué estéril: el 7 de Noviembre de 1917 justificó ampliamente su trascendental alcance histórico. Después de la Revolución Soviética, el marxismo revolucionario representado fundamentalmente por Lenin y Trotsky, comprobó que no solamente servía para derrocar al capitalismo, sino también para dirigir con franco éxito los primeros pasos heroicos del incipiente estado obrero, defendiéndolo con decisión frente al capitalismo mundial y organizándolo interiormente a pesar de haberse realizado la revolución en un país no especificamente obrero. A la muerte de Lenin, debido a las condiciones de la Unión Soviética -estado obrero con mayoría campesina y deformaciones burocráticas, según expresión de Lenin en 1920- y a los fracasos del movimiento obrero internacional, la burocracia logra imponer el thermidor, divorciándose del marxismo revolucionario que, bajo la jefatura de Trotsky, inició la lucha contra la degeneración contrarrevolucionaria del primer estado obrero. Ni un solo instante, el marxismo revolucionario ha dejado de combatir al thermidor soviético y el thermidor no ha dejado pasar un solo día sin manifestar su creciente incompatibilidad con el marxismo revolucionario, llegando a utilizar, a falta de argumentos teóricos para atacarle, los medios criminales: fusilamientos y asesinatos, de sus mejores representantes. También, paralelamente a la degeneración stalinista, no han faltado "nuevos" teóricos que, sin atreverse a renegar del marxismo, puesto que no podían negar su éxito revolucionario, se han empeñado en modificarlo, orientándolo siempre por la fácil ruta del reformismo; pero estos novedosos "teóricos" van desacreditandose una a una sus teorías, pues los hechos siempre dan al traste con ellas. En cambio, el marxismo revolucionario, bajo la dirección de Trotsky, ha explicado, y señalado con anticipación, el proceso de degeneración del estado obrero, que puede llegar inclusive a la reinstauración del capitalismo, y el desarrollo de las inevitables contradicciones del capitalismo mundial en su fase irremisiblemente declinante, que puede llegar a rehabilitar la barbarie, si el proletariado internacional no liquida la burguesía. En resumen, el 7 de Noviembre de 1917, el marxismo revolucionario comprobó ser la única teoría y la única práctica capaces de conducir al proletariado a su triunfo histórico y, después de esa fecha ha comprobado su exclusividad para orientar revolucionariamente al proletariado -y salvar a la sociedad- en la realidad mas compleja que pueda darse, cuando en ella coexisten un estado obrero en degeneración progresiva y un imperialismo en plena putrefacción. Y es así como se establece el proceso histórico de la teoría del marxismo revolucionario: triunfando con Marx y Engels sobre el anarquismo; con Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht, sobre el reformismo marxista; con Lenin y Trotsky realizando la primera revolución proletaria y finalmente con la herencia que recogen los marxistas revolucionarios para luchar implacablemente contra el reformismo, el stalinismo y las variantes neo-reformistas, en el camino del triunfo internacional del proletariado. Así se justifica el nacimiento de la I Internacional, la que pudo existir como marxista, derrotando al anarquismo; la impotencia de la II que no ha podido rehabilitarse desde la guerra de 1914-18; la disolución de la III, despues de renegar del marxismo revolucionario y la existencia de la IV Internacional, heredera de toda la tradición del marxismo revolucionario.
En el movimiento obrero, no cabe duda, domina en la actualidad en forma abrumadora la influencia marxista, aunque la mayoría de quienes dicen ser marxistas son traidores al marxismo revolucionario. Pero aún subsiste el anarquismo, particularmente en España. El anarquismo, como teoría, se ha estancado en los primeros años de este siglo: los teóricos anarquistas mas renombrados siguen siendo los mismos que libraron batallas sobre principios con Marx y Engels. No cuenta el anarquismo con ningún teórico posterior, de la talla de Lenin y Trotsky, quienes ya no tuvieron que luchar contra los anarquistas, como lo hicieron Marx y Engels, sino contra las deformaciones reformistas y traidoras del marxismo. Sin embargo, el movimiento anarquista español no pudo identificarse con el reformismo, aunque la mayoría de sus dirigentes fraternicen con los reformistas. El proletariado anarquista español, a través de las luchas revolucionarias, ha demostrado con frecuencia que si carece de consciencia política posee, en cambio, un instinto clasista que le ha dictado innumerables iniciativas. Esto no tiene nada de extraño: el anarquismo español ha sido mucho más practico-proletario y no teórico-pequeño burgués y precisamente por eso ha subsistido; tambien ésto aclara que sus dirigentes facilmente terminen en reformistas y las masas se mantengan revolucionarias. En el terreno de la lucha revolucionaria en España, no ha sido extraña la fraternización de las masas revolucionarias anarquistas con los marxistas revolucionarios a pesar de sus dirigentes. En consecuencia, el anarquismo español -la única supervivencia del anarquismo-, a su manera, exhibiendo por una parte su tradicional incapacidad teórica frente al marxismo revolucionario le otorga a ésto justificación plena a sus principios y, por otra parte, la fraternización de los proletarios anarquistas con los marxistas revolucionarios, en el terreno de la lucha de clases, justifica ampliamente la práctica marxista-revolucionaria.
¡7 de Noviembre de 1917! Nosotros reivindicamos esta fecha como la mejor justificación histórica que ha tenido el pensamiento marxista-engeliano y la estrategia y la táctica leninista-trotskista, es decir, reivindicamos esta fecha para el marxismo revolucionario en su mayor amplitud teórica y práctica. Reconocemos en la fecha del 7 de Noviembre de 1917, la mas gloriosa en la historia de la lucha del proletariado, como clase, para el logro de su misión histórica: derrocar al capitalismo para implantar el socialismo mundial. Nosotros afirmamos responsablemente que hacemos nuestra la tradición del marxismo revolucionario, ahora que todos la repudian y la temen, y por eso, nuestra organización, la IV Internacional, se llama Partido Mundial de la Revolución Socialista.