Contra la Corriente, n.º 9, noviembre de 1943 (págs. 3-6). PDF del número completo
No pretendemos, en los restringidos límites de este editorial, sentar una posición completa y debidamente analítica, respecto a la paz mas o menos completa que seguirá necesariamente a la terminación de las hostilidades. Vamos simplemente a apuntar los principales rasgos del problema, siguiendo los apuntes ya hechos al respecto por la burguesía mundial, es decir, por la que piensa dictar la paz. En 1918, habiendo desertado del campo proletario el reformismo de la II Internacional, sólo el bolchevismo ruso y mas tarde la III Internacional, enarbolaban contra los imperialistas de ambos bandos la bandera de la paz proletaria. Actualmente, habiendo desertado también del campo proletario los partidos oriundos de la III Internacional, quedan unicamente los grupos y partidos de la IV Internacional para oponer la paz del proletariado a la de los opresores. Lo decimos con el triste orgullo de quienes contemplan la traición de dos internacionales sucesivas.
Bajo el capitalismo sólo cabe la paz de la desolación, el orden impuesto por la violencia, el silencio entre dos estallidos del látigo, la abundancia de la esclavitud. La paz es un intermedio para otra guerra. Lo que los capitalistas de cualquier matiz político entienden por paz, es la conservación de sus privilegios a costa de la miseria y la opresión política de centenares de millones de esclavos, de diversas categorías. Frente a esa noción de paz, el proletariado debe alzar su propia noción de paz, que implica la aniquilación de la minoría privilegiada en beneficio de los centenares de millones de esclavos. Ya ha llegado el momento de hacerlo, puesto que los capitalistas del mundo traman su paz.
En uno de sus últimos discursos, Churchill ha repetido lo que ya había dicho hace dos años : que no se ha encargado del poder para presenciar la desmembración del imperio. En otros términos, que la burguesía inglesa está decidida a mantener su yugo sobre la India y las colonias de Africa. Por ese lado, el mundo de los explotados, o, ideológicamente dicho, el internacionalismo proletario, tiene que hacer frente a los imperialistas ingleses reivindicando tanto la independencia de la India como la de las colonias de cualquier otro país. La guerra "por la democracia" toma para Churchill --que expresa los intereses y proyectos de la burguesía inglesa-- su verdadero carácter, el de una guerra para la salvación de su burguesía. La democracia se reduce así a sus justos términos : democracia entre y para los explotadores de esclavos. El punto de vista y los intereses de los esclavos, coinciden con los representados por Churchill de la misma manera que coinciden dos locomotoras marchando sobre la misma vía en direcciones contrarias. Todos los explotadores del mundo, mas sus sirvientes stalinistas y socialistas, se esfuerzan en descarrilar la locomotora de los esclavos, para que la locomotora de los explotadores pueda pasar libremente. Las masas, y en primer término los revolucionarios, deben prepararse a dejar libre vía a la locomotora de los esclavos. Entre los intereses de la burguesía inglesa y los de sus esclavos coloniales y metropolitanos, no puede haber de común sino el terreno de batalla. La burguesía lo oculta hipócritamente porque así le conviene; el proletariado inglés, mas los esclavos coloniales, deben ponerlo de relieve porque así conviene a sus intereses, coincidentes con los de la humanidad. La paz de Churchill y su burguesía, necesita como requisito indispensable el mantenimiento de la esclavitud ; la paz de los esclavos requiere indispensablemente el aplastamiento de la burguesía inglesa. O con los esclavos o con los esclavistas, he ahí el dilema de la paz venidera.
En cuanto a los Estados Unidos, ese imperialismo perfecto, puesto que es capaz de dejar la apariencia de la libertad nacional y garantizar la servidumbre bajo el dollar, se tiene ya mas de un indicio de lo que significará su paz. Conforme a su inmenso potencial financiero, su política de paz debe tender a relajar los lazos que traben la libre propagación de su capital financiero y la penetración de su mercadería. En China tomó la iniciativa de la renuncia a las concesiones de extraterritorialidad, porque en igualdad de condiciones su capital financiero y sus mercancías concurren en China con ventaja sobre los de cualquier otro país. En la India puede presentarse como abogado de la burguesía nativa porque con tarifas aduaneras iguales y sin protección especial para los exportadores ingleses de capital, la colonia pasaría pronto a manos de Wall Street. De la misma manera, desarrollará en Europa una política que favorezca, frente a Inglaterra, la penetración de los mercados y la exportación de su capital financiero.
En la Sociedad de Naciones que contribuyó a preparar ésta guerra, Inglaterra y Francia eran los asociados de primera categoría; los demás países, sus feudatarios, absolutamente incapaces de determinar nada sin el consentimiento de aquellas, y menos contra él. La sujeción política expresaba, en medida varia, sujeción económica. La nueva Sociedad de Naciones ya en hurdimbre, se distinguirá de la anterior en que el yugo económico y político de las grandes naciones sobre las pequeñas o débiles adquirirá totalidad y una forma completamente cínica. Pero el papel dirigente principal se ha desplazado ya. Francia no cuenta; los mas recientes sucesos no dejan lugar a dudas respecto a las intenciones yanki-británicas. Está decidido que Francia sea bajada al rango de potencia subsidiaria de segunda o tercera categoría. A Inglaterra misma no le corresponderá sino el puesto y los beneficios del cómitre o capataz, aunque un cómitre con la engoladura debida a la "respectability" británica. El señorío verdadero corresponderá al inmenso imperialismo estadunidense, lo que no irá, claro está, sin numerosas y apretadas ataduras al dollar. En el futuro organismo mundial que se forme, la palabra de Washington, o mas bien, la palabra de Wall Street expresada por Washington, será ley.
Un leve anuncio de la futura dictadura mundial estadunidense, ha sido dado recientemente con la constitución de la A.A.R.N.U. (Administración de Ayuda y Rehabilitación de las Naciones Unidas). En la prensa mexicana no han sido publicadas las cláusulas del acuerdo, firmado por 43 naciones. Pero los métodos capitalistas son bastante conocidos para prever, de antemano, que la A.A.R.N.U. dará a los Estados Unidos y a su cómitre británico un control sin precedente sobre las fuentes de materias primas y los mercados mundiales. So capa de ayuda y rehabilitación meterán mano en todos los países de la Tierra. La ayuda será un negocio fabuloso para la burguesía yanki-británica; la rehabilitación un pacto de complicidad con las burguesías nativas. Pero los gastos de la ayuda y la rehabilitación serán invariable y caramente pagados por las masas explotadas. La guerra imperialista ha extendido la miseria y la esclavitud en proporciones fantásticas; hecha la paz, los imperialistas querrán aun sacar beneficios de la miseria producida por su guerra. A eso le llamarán "ayuda", y al socaire de ella aumentarán la esclavitud de las masas. Al final de la guerra anterior, la hipocresía puritana estadunidense, se jactó también de ayudar a la mísera Europa. Las masas sólo pudieron, si podían, comprar mercancías y comestibles averiados a precios de mercado negro. La misma operación va a repetirse en escala grandiosa. Por eso se necesita un organismo del tipo de la A.A. R.N.U.
No puede esperarse, en general, que las burguesías de los países pequeños o débiles hagan frente a la invasión econo-mica y a las exigencias políticas de los dos imperialismos señores. Aunque no están excluídos intentos de resistencia breves y esporádicos, las burguesías indígenas preferirán ocupar el puesto de corredores de comercio, con su correspondiente participación en los beneficios, entre los amos de Washington y Londres, y sus respectivas masas explotadas. Para hacerles frente tendrían que recurrir a estas últimas, que tratarían de sacudir, al mismo tiempo que el yugo de los explotadores extranjeros, el de los nacionales. Las burguesías en cuestión serán cómplices y copartícipes en la futura paz de los explotadores.
No ocurriá lo mismo con el proletariado y la gran masa de campesinos pobres. Para éstos, la lucha por la emancipación nacional es al mismo tiempo una lucha por la emancipación del capitalismo, es decir, por la revolución socialista. Cualesquiera medidas que los amos imperialistas tomen --y llegarán hasta la ocupación militar y el empleo de métodos hitleristas-- las masas pobres, empujadas por sus necesidades y por las necesidades de la evolución histórica, se enfrentarán por todas partes con el imperialismo anglosajón. En esa lucha que ya se anuncia gigantesca y que será una de las masa importantes en la historia humana, se encuentran de parte de las masas explotadas las condiciones de una paz justa, sin anexiones, sin indemnizaciones, ocupaciones militares o económicas; se encuentran las condiciones de una verdadera paz, que sólo puede ser anticapitalista y revolucionaria.
Recientemente, el senador americano McKellar, dirigiéndose a la cámara alta, pidió : "Si se ha de mantener la paz mundial y si los Estados Unidos han de empeñar su palabra de que ayudarán a su mantenimiento, entonces se hace necesario que contemos con bases protegidas tanto por aire como por mar, con estaciones y rutas, dondequiera que las haya y a quienquiera que pertenezcan en la actualidad y con títulos perpetuos y completos sobre las mismas".
"No debemos permitir --agregó-- que se nos coloque en la situación de un policía a quién se manda hacer su ronda sin darle una cachiporra, una maza o una pistola".
La intención aparece cínicamente develada. El honorable senador no ha hecho mas que decir públicamente lo que su clase y el Gobierno de su país preparan en la sombra cuidadosamente. Debemos, sin embargo, agradecerle que hay revelado francamente el caracter policíaco y opresivo de la paz capitalista. Lo explotados podrán ver mas facilmente que su lucha por la paz difiere totalmente de la paz capitalista; que una y otra chocan incompatiblemente, se aniquilan. McKellar ha mostrado claramente la burguesía estadunidense como el principal enemigo de la paz de los explotados. Estos deberán organizarse internacionalmente contra la burguesía norteamericana, oponiendo la paz de la revolución socialista a la paz de la explotación capitalista. El proletariado de los Estados Unidos y sus partidos revolucionarios mas especialmente, tienen el deber de alzarse contra la paz de saqueo, explotación y miseria, que si burguesía trata de dictar. El proletariado americano puede convertirse aun en la mas efectiva ayuda de la paz revolucionaria, de la paz socialista.