Contra la Corriente, n.º 11, enero de 1944 (págs. 6-10). PDF del número completo

Las Trades Union británicas, sindicatos los mas conservadores de Europa, cuyo único par en el mundo son los estadunidenses, han tomado el acuerdo de convocar, para mediados de éste año, una conferencia mundial de "representantes de los obreros organizados". Poco podía esperarse de cualquier iniciativa aprobada por los rampantes dirigentes sindicales ingleses. La convocatoria ofrece aun menos; mejor dicho, ofrece mucho a la burguesía; a la clase trabajadora, ataduras aun mas sólidas que en la anteguerra.

Ya la terminología empleada, "conferencia mundial", es un zafio engaño. La proposición admite a los sindicatos de los países neutrales con voz y voto restringido, reservando a los de los países beligerantes deliberaciones y decisiones en los "asuntos relacionados con el esfuerzo bélico, arreglos de paz y papel que desempeñarán los sindicatos en la conferencia de la paz". Los respetables líderes sindicales ingleses se reservan así el derecho de respaldar totalmente los designios imperialistas de su burguesía, impidiendo que, en el congreso, la voz sindical de los países neutrales, menos directamente supeditada a las necesidades del capital financiero anglosajón, ponga notas discordantes. En cuanto a los trabajadores de los países enemigos de Inglaterra y Estados Unidos, el proyecto de conferencia les ignora y excluye, forma tácita de considerarlos enemigos. La mundialidad de la conferencia se reduce a los países y sindicatos que secundan activa o pasivamente a la burguesía de los honorables líderes ingleses. Cohonestando la terminología con la realidad, debiera hablarse de conferencia obrera por imperialismo anglosajón.

A lo mismo tienden los temas del orden del dia previamente propuesto. Los principales son el fomento del esfuerzo de guerra aliado y la actitud a adoptar por la representación de los sindicatos en los arreglos de paz y en los problemas de reconstrucción de la postguerra. Se trata, en primer término, de colaborar al triunfo del imperialismo anglosajón, y en segundo, de asegurarle la dictadura económico-política después de la paz. No es misión de la clase trabajadora ayudar al esfuerzo de una guerra imperialista, sino oponerse a ella y precipitar su fin por medio de la colaboración internacional del proletariado, particularísimamente del proletariado de los países contendientes, contra sus respectivos capitalismos. Un congreso obrero que no tuviera por objeto verdadero socavar la acción proletaria internacional y la revolución socialista, en lugar de hablar de fomento del esfuerzo de guerra aliado propondría un plan de acción conjunta del proletariado inglés, estadunidense, alemán, japonés, y de los demás países de la Tierra, con el objeto de poner fin a la guerra, luchando contra los capitalistas alemanes, japoneses, ingleses, americanos, etc., y sus respectivos gobiernos, causantes de la guerra y obstáculos de la paz. La clase obrera mundial necesita encaminarse a la destrucción del capitalismo mundial; el futuro congreso de Londres promete ayudar al capitalismo aliado y ayuda indirectamente al del Eje, pues al cerrar a la clase obrera alemana, japonesa, etc., la posibilidad de una lucha en común contra la burguesía nazi, nipona y anglosajona, les obliga a someterse a la defensa nacional que sus explotadores y opresores les presentan como única salida. En Londres, se promete decir: "La salud del mundo está en la victoria angloamericana"; un congreso obrero revolucionario debería gritar: "La salud no la dará ninguna burguesía ni existe bajo el capitalismo; ¡trabajadores de todos los países, juntemos nuestro esfuerzo para acabar con la guerra actual y con toda posibilidad de guerra futura, destruyendo su gérmen, el capitalismo internacional; preparémonos a dar cima a la revolución socialista". El pro- yecto de congreso de Londres, empieza por dividir a los trabajadores según los uniformes que sus respectivas burguesías les han calado. La burguesía, así del Eje, como del otro eje, Washington-Londres, no puede desear nada mejor. Por ese sistema su supervivencia está asegurada; la clase obrera continuará siendo un esclavo fácilmente manejable.

A esta incitación a la servidumbre denominada congreso obrero, ha respondido ya --lamidos de botas y meneos de rabo-- el Comité Nacional de la Unión General de Trabajadores de España regenteado por Indalecio Prieto. No podemos hacer a los trabajadores de la U.G.T. --ni a los de España ni a los refugiados-- la injuria de considerarlos responsables de lo que hace y dice el Comité Nacional. Este, sin consultar a su base refugiada, aprovechando ladinamente la confusión ideológica creada por la guerra y falsificando manifiestamente el sentimiento revolucionario de los militantes ugetistas, transforma su deseo de lucha revolucionaria contra el fascismo en lucha de la burguesía anglosajona contra la burguesía alemana. Durante nuestra guerra civil, los trabajadores de la U.G.T. demostraron con hechos irrecusables su voluntad y su necesidad de destruir el capitalismo. Don Indalecio Prieto y sus semejantes --socialistas y stalinistas-- lo impidieron entonces. La derrota de la revolución española trajo la guerra imperialista. Y ahora los miembros del Comité Nacional tratan de aprovechar las condiciones de la guerra, producidas con su colaboración, para hundir de nuevo a la clase trabajadora en la ciénaga de la colaboración con el capitalismo. A su tiempo, los trabajadores ugetistas de España deberán exigir cuentas de lo que en su nombre dice y hace el C.N. Pero los que están en la emigración tienen el deber de alzarse contra los propósitos del C.N. y exigir una conducta de clase internacionalista.

No tiene nada de extraño que esa falsa representación de los trabajadores ugetistas pida a los convocadores del congreso --según informa el propio Prieto en Excelsior, 11-1-1944-- que se "modifiquen los términos de la convocatoria que no consiente a los delegados de organizaciones obreras enclavadas en países neutrales intervenir en deliberaciones ni acuerdos sobre 'asuntos relacionados con el esfuerzo bélico, arreglos de paz y papel que desempeñarán los sindicatos en la conferencia de la paz'". Los dirigentes redactores de la contestación se considerarían deshonrados si no contribuyeran, siquiera sea de palabra, a llenar bombas y cartuchos destinados a matar obreros alemanes obligados por Hitler a embutirse en un uniforme, y a colaborar con la burguesía anglosajona en el futuro saqueo del mundo que ella designa con el sarcástico nombre de paz. A mas de estas poderosas razones, los dirigentes prietistas de la U.G.T. tienen la desgracia de pertenecer a un país que los cánones de la burguesía mundial consideran neutral. Herido así en su susceptibilidad colaboracionista --no hay lugar para susceptibilidad revolucionaria--, el C.N. de la U.G.T. protesta de que no se le permita colaborar. Pero en cambio acepta como natural la exclusión de los trabajadores de los países enemigos de Inglaterra y Estados Unidos. Son, en eso, perfectamente lógicos, porque siendo el principio de la colaboración de clases y el social-patriotismo fenómenos burgueses en el movimiento obrero, es imposible que sus fieles concedan a la clase obrera de los países vencidos derecho de igualdad con la de los países vencedores. La igualdad entre la clase trabajadora internacional sólo puede darse sobre la base de la lucha de clase contra clase, por encima de las fronteras y de las lineas de fuego, las fronteras de tiempos de guerra. Quienes, traicionando este principio básico de toda actuación revolucionaria, corren a ampararse bajo las añagazas propagandísticas de una de las burguesías beligerantes, tienen que tratar a la clase obrera de los otros países, confiésenlo o no, en calidad de enemigo. Si no explícita, el C.N. de la U.G.T. prietista lo confiesa implícitamente. Reconozcámosle esa sinceridad en la degradación.

Entusiasmado de su propia anglofilia, va a proponer al congreso de Londres que en las reparaciones de guerra que Estados Unidos e Inglaterra impondrán a Alemania e Italia, se comprendan los "daños causados a España en su marina mercante, en sus puertos, en sus ferrocarriles y en sus ciudades por las fuerzas marítimas, aereas y terrestres de Italia y Alemania". Se ve que el señor Prieto y sus amigos del C.N. esperan, derrochando anglofilia, encaramarse otra vez en la gubernatura del Estado español. Y no puede tratarse sino del estado burgués. Si tuvieran la idea de un estado proletario, absolutamente imposible sin previa revolución, no se preocuparían de exigir reparaciones a Alemania, sino de concertar la acción revolucionaria con el proletariado alemán, para ayudarse mutuamente en la toma del poder y en la reconstrucción económica. Una Alemania socialista podría ayudar a España infinitamente mas, y mas pronto, que todas las reparaciones que Prieto y sus adláteres puedan conseguir. En caso de reparaciones, se beneficiaría únicamente la burguesía española; en caso de concierto revolucionario se beneficiarían el proletariado español y el mundial. Los dirigentes prietistas de la U.G.T. revelan mas de lo que les conviene su designio de impedir la revolución española, la alemana y la mundial en general.

En idéntico sentido abunda la tercera de sus mas importantes proposiciones, la mas reveladora de todas. La U.G.T. quiere que se estudie la legislación mundial en cuanto a seguros sociales, particularmente el plan Beveridge, y que se vaya a otro congreso mundial para lograr un sistema de protección contra las "eventualidades de paros forzosos, accidentes de trabajo, enfermedades o incapacidades, mas otras propias de la mujer, y asegurando a la infancia contra abandonos sanitarios y educativos y a la vejez contra tristes indigencias, amparo a todos los humanos 'desde la cuna hasta la tumba'". Tanta caridad cristiana casi nos enternece; pero la generosidad de los hombres del C.N. prietista no se detiene ahí. Llega a reclamar "la intervención de los sindicatos obreros, a título de colaboradores de los Gobiernos en la organización del trabajo y en el reparto de los beneficios".

Distingamos tres cosas en esta última parrafada de masturbación colaboracionista. Primero: Si la U.G.T. prietista cree posible que dentro de la sociedad capitalista se puede preservar a la humanidad de las calamidades del paro forzoso, la indigencia aun para los que trabajan, el abandono de la niñez y de la vejez y amparar a todos los humanos "desde la cuna hasta la tumba", la revolución socialista deja de ser una realidad, la U.G.T. renuncia explícitamente a ella y aconseja abiertamente a los trabajadores españoles limitarse a las migajas que el capitalismo les abandone. Esta es evidentemente, la idea principal en el documento que la U.G.T. prietista somete a los buenos oficios de los representantes de la burguesía en el movimiento obrero británico. Los trabajadores ugetistas no necesitarían mas para deponer inmediatamente, como traidores a su clase, a todos los hombres que han aprobado el documento de referencia. Los militantes refugiados de la U.G.T. tienen el deber de plantear: O se considera que bajo el capitalismo todos los humanos pueden ser amparados "desde la cuna hasta la tumba" y se condena lógicamente todo intento de revolución socialista, o se proclama públicamente que los problemas humanos y de la civilización requieren como premisa indispensable la consumación de la revolución socialista, en cuyo caso todos los aprobadores del documento de la U.G.T. prietista son culpables de traición a las tareas de la revolución proletaria. Segundo: Al reclamar la "intervención de los sindicatos obreros, a título de colaboradores de los Gobiernos en la organización del trabajo y el reparto de los beneficios", los líderes de la U.G.T. prietista adoptan por iniciativa propia y oficialmente, el título de auxiliares del capitalismo mundial, cosa en perfecta consonancia con personas que han renunciado a la revolución obrera, mil veces repetida desde 1914 por el marxismo revolucionario. La expresión es inequívoca: "a título de colaboradores de los Gobiernos". Pero los gobiernos no son mas que los consejos administrativos de la burguesía, esto es, de la sociedad caracterizada por la explotación del hombre por el hombre. Los dirigentes prietistas quedan ducumentalmente comprometidos a sostener el sistema de explotación del proletariado por la buguesía.

Tercero: La idea de un reparto de los beneficios entre burguesía y proletariado, como en general toda idea de colaboración armónica entre las mismas clases, es esencialmente fascista. La grasa reaccionaria de Prieto rezuma aquí a través de los acuerdos de la U.G.T. No caeremos por ello en la estúpida teoría del "social-fascismo", preconizada por el stalinismo en sus tiempos centristas. Aun en esta época de extrema descomposición del capitalismo y degradación de las grandes organizaciones obreras, el reformismo sigue conservando intereses que le obligan a luchar contra el fascismo, si bién es incapaz de oponerle un programa revolucionario. En la misma medida en que el fascismo, para conservar la integridad de la sociedad capitalista, se ve obligado a suprimir las organizaciones obreras, incluyendo las mas conservadoras, el reformismo, que vive de la colaboración obrera con la burguesía, se ve también obligado a luchar contra el fascismo. Pero Prieto, a través del documento referido y de otros escritos personales anteriores, propone un Estado y una sociedad en la cual cada individuo ocupe su rango y disponga de sus beneficios particulares, una sociedad que asegure la convivencia entre expropiadores y expropiados, entre explotadores y explotados, entre multimillonarios y miserables, por medio del "reparto de los beneficios". Esta burda añagaza del reparto de los beneficios y la convivencia pacífica y armoniosa de las clases antagónicas, ha constituido la base ideológica fundamental tanto del fascismo italiano como del nacionalsocialismo alemán. En suma, lo que Indalecio Prieto pide es una sociedad corporativista, sin huelgas, "demagogias", lucha de clases ni perspectiva de revolución, en la que los líderes reformistas como Don Inda, en lugar de ser excluidos, tengan una participación correspondiente a sus respectivas personalidades. Con esta condición, Prieto y el C.N. de la U.G.T. ofrecen al imperialismo anglosajón sus servicios para permitirle evolucionar sin dificultades hacia el totalitarismo corporativista, el tipo ideal del fascismo.

Pero la evolución fascista del capitalismo mundial no admite componendas. El proletariado debe ser aplastado o aplastar a la burguesía. Las promesas de un Prieto sólo servirán para facilitar el aplastamiento del proletariado. No será inútil recordar que Carlos Kautsky, al llegar Hitler al poder, ofreció a éste la colaboración de los sindicatos reformistas. Hitler la rechazó. Los ofrecimientos de Prieto y su C.N. ayudarán muy poderosamente a la burguesía anglosajona contra la revolución proletaria; pero si el proletariado, separándose de Prieto y compañía, no corta por el atajo de la toma del poder, sobrevendrá el triunfo de un nuevo totalitarismo y el mas implacable aniquilamiento de las organizaciones obreras, incluidas aquellas a las que todos los Prieto del mundo engañan miserablemente. Para terminar, asentemos que la posición de la U.G.T. dirigida por Gonzalez Peña, Rodríguez Vega, etc., no se distinguirá esencialmente de la adoptada por la U.G.T. prietista. Y el stalinismo español, mas los sindicatos soviéticos dominados por la pandilla stalinista, sostendrán aproximadamente la misma posición. En los problemas esenciales y en los momentos decisivos, los enemigos de la revolución proletaria, vengan de Moscú o del reformismo clásico, convergerán en sujetar la clase obrera mundial al capitalismo. La conferencia de Londres nos dará la razón incontrovertiblemente.