Contra la Corriente, n.º 12, febrero de 1944 (pág. 8). PDF del número completo
A fines de enero el dictador alemán hizo de sus discursos de opereta. Hablando con su acostumbrado tono y convicción de enviado del cielo, su peroración no carece de interés para el proletariado. La lectura de sus palabras producen la impresión de que las pronuncia despues de intentos fracasados de paz, con los dos bandos. Vienen a ser como un intento mas sólo bién inteligible a quienes están en antecedentes de los otros. Aunque parece inclinarse mas al bando anglosajón, el discurso no carece de frases apuntadas al Kremlin. La verdad es que Hitler se quedaría con cualquiera de los dos que le tendiese una mano. Pero Hitler ya empieza a oler a cadaver corrompido. Se necesitarían otros hombres para que en Oriente o en Occidente atendieran las voces de la burguesía alemana.
Es muy importante que al valorizar su lucha contra la U.R.S.S. no pretenda ya estar conteniendo el peligro bolchevique procedente de los gobernantes del Kremlin. Dice lo mismo que la burguesía anglosajona al referirse a su lucha contra la burguesía alemana. Ambos pretenden estar conteniendo la barbarie y defendiendo la civilización. Nunca los autores de barbarie han dejado de invocar la civilización, como los tramposos la honradez. Pero que Hitler, cuya principal razón de existencia fué la lucha contra la revolución proletaria, por lo que Inglaterra, Estados Unidos y Francia jalearon su llegada al poder, le apoyaron y le facilitaron créditos para rearmarse, es algo definitivo para decidir la orientación del proletariado revolucionario mundial. Citemos las propias palabras del "Fuhrer" tal como aparecieron en Excelsior del 31-1-1944:
"El problema que en lo sucesivo tendrán ante sí tanto Inglaterra como los Estados Unidos, ya no es el de si quieren o pueden, una vez que termine la guerra, luchar contra el bolchevismo, sino el de si podrán defenderse contra el bolchevismo dentro de sus propios territorios".
La cita es en extremo sabrosa. Se confiesa en ella que el peligro del bolchevismo no procede del gobierno mangoneado por Stalin, sino que procede de un fenómeno social que se renueva cualesquiera que sean las traiciones stalinistas y reformistas. Porque lo que la burguesía mundial llama bolchevismo es la tendencia del proletariado mundial a la toma del poder político, cuya obra es la única realmente civilizadora de nuestra época. Frente a esa tarea, tanto Hitler como Churchill, Roosevelt y Stalin son defensores de la barbarie capitalista. El dictador alemán no dice, claro está, que el peligro de insurrección proletaria lo sufre él tanto como sus rivales, porque su discurso no pretende decir la verdad, sino lo necesario para conseguir una paz negociada. Trabajo inútil. Sus rivales saben perfectamente cuan importante es el peligro de la revolución social, saben igualmente que no encontrará un animador, sino un enemigo en el gobierno de Stalin, y se aprestan a combatirlo sin despreciar las lecciones que Hitler les ha dado.
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El señor Churchill ha hecho también su ejercicio oratorio, pero para informar al mundo que, según sus cálculos, la guerra no terminará este año y se prolongará no se sabe por cuanto tiempo. La moral alemana es aun fuerte, pretendió, como si hablara para imbéciles. La moral alemana no puede ser sino muy mala, como toda moral basada en el terror. Si se sostiene es porque Chirchill no ofrece mas que otra moral basada en el terror anglosajón. En consecuencia, él y quienes le apoyan contribuyen a mantener la llamada moral alemana.