Contra la Corriente, n.º 13, marzo de 1944 (págs. 7-13). PDF del número completo
Gente que pasa por radical afirma frecuentemente que durante nuestra guerra civil quebraron todas las organizaciones obreras. Sin dejar de ser verdad, el juicio es demasiado general. Las organizaciones socialista y stalinista habían quebrado ya, bastante tiempo antes de que la guerra civil comenzase. Esta ultima fue como una imensa floración de sus quiebras parciales acumuladas durante años, nacional e internacionalmente. Cualquier persona que permaneciese fiel, al principio de la lucha de clases, podía comprender que el socialismo era un fosil político desde la época de la primera guerra imperialista; el stalinismo, (mal llamado comunismo) desde antes del triunfo hitlerista en Alemania. El frente popular consagró y dió forma a la traición stalinista; pero la traición misma habiase consumado definitivamente durante las luchas que precedieron a la derrota del proletariado aleman. Años antes de que comenzara nuestra guerra civil, podía tenerse la certidumbre de que los dirigentes socialistas y stalinistas actuarían como aliados de la burguesía contra la revolución proletaria. Habian actuado ya como tales antes de la guerra civil, aunque en forma diferente. Su quiebra como organizaciones obreras, es muy anterior a la prueba decisiva que presentó la lucha contra Franco.
No puede decirse lo mismo del anarquismo. La guerra civil sí le dió a él ocasión de revelar su quiebra, de anularse como anarquismo y como factor digno de la confianza de las masas trabajadoras. Hasta entonces, un juicio riguroso de las debilidades ideologicas del anarquismo podía distinguir fallas, oportunismos velados y prever futuras prevericaciones. La practica militante del anarquismo, con todo, se basaba en la lucha de clases y su energía combativa arrebataba la simpatía de los trabajadores. El anarquismo en general y la C.N.T. en particular, no solamente eran dignos de la simpatía de los trabajadores sinó tambien del apoyo de los revolucionarios, con la actitud crítica que reclamaban sus amenazantes fallas ideológicas. Por sus caracteristicas clasistas, la C.N.T. pudo haberse convertido en uno de los pilares mas sólidos de la revolución. Pero en lugar de ocurrir así, al llegar la guerra civil, pruba suprema de idoneidad para toda organización revolucionaria, las fallas ideológicas del anarquismo salieron bruscamente a la superficie, inundaron el organismo todo, determinaron su conducta, o se la impusieron y arrastraron a la C.N.T. a aquella euforia de colaboracionismo que llevó a sus representantes a codearse con los asesinos de la G.P.U. y a servir de estribo al funesto gobierno contrarrevolucionario Negrín-Stalin. La C.N.T. como organismo semi-anarquista, y el anarquismo español en general, estoy persuadido de ello, murieron durante la guerra civil. La prueba fué negativa para el anarquismo.
El primer síntoma degenerativo grave de la C.N.T. se manifestó durante la constitución del frente popular y las elecciones de febrero de 1936. Los anarquistas dirigentes de la C.N.T. contemplaron con benevolo silencio la constitución del frente popular. Sin embargo desde su anuncio por Dimitrof en el VII y postrer congreso de la Internacional comunista, era evidente que con él se trataba de cortar el paso a la revolución socialista. El frente popular era un nombre nuevo dado al viejo sistema reformista de constreñir el proletariado a las reivindicaciones compatibles con el sistema capitalista de propiedad. En él se congregaban todos los elementos que, poseyendo intereses incompatibles con la revolución socialista, se imaginaban poder impedir el triunfo del fascismo convirtiendose en exponentes de un capitalismo liberal y prometiendole a la burguesía guiar a la clase obrera por el camino contrario a la revolución. Era deber ineludible de toda organización revolucionaria combatir el frente popular y preparar a las masas para derrocarlo una vez que hubiera llegado al poder. La C.N.T. no lo combatió. Dejó creer a sus militantes que no se mezclaba en política, al mismo tiempo que se disponía a votar las las candidaturas burguesas del frente popular. Los votos de los obreros anarquistas fueron a reforzar a los políticos burgueses, y a sus mas peligrosos sirvientes en el campo obrero, stalinistas y socialistas.
No se deduzca de lo anterior que juzgáramos preferible que la C.N.T. hubiese seguido su tradicional conducta, impropiamente llamada apolítica. Debió, desde el primer día, enseñar a las masas que el frente popular era una conspiración contrarrevolucionaria, poner entre la espada y la pared a stalinistas y socialistas proponiendo una coalición electoral sin mas propósito que el de derrocar a las derechas poniendo en libertad al proletariado para continuar su lucha por la revolución al día siguiente de las elecciones. Si su propósito no lograba exito, debió presentar candidatos propios en todas las juridicciones donde tuviera asegurada la mayoría, y votar los del frente popular donde la división corriera el riesgo de dar el triunfo a las derechas, pero diciendo claramente a la clase obrera que se trataba de una votación forzada y que el frente popular se volvería imediatamente su principal enemigo. Lejos de actuar así, la C.N.T. entregó todos los votos de sus militantes y simpatizantes a una coalición gubernamental burguesa.
Triunfante esta, su gestión, como era de esperarse, dió a generales y burguesía la posibilidad de preparar el levantamiento fascista. Por fortuna, la clase obrera había conservado aun suficiente fuerza para lograr derrocar a la bueguesía sublebada, en la mayor parte del territorio. La guerra civil dió comienzo y con ella el fracaso del anarquismo español.
El triunfo de las masas sobre militares, burguesía y fascistas, produjo una formidable eclosión revolucionaria. Con esos tres elementos había sido derrotado el estado capitalista. Como representación de éste quedó únicamente el frente popular, con todos los partidos que lo constituian. Representación entelequica, verdadero cuerpo insepulto que sólo esperaba unas paletadas de tierra para desaparecer definitivamente del medio social español. La C.N.T. con solo proponerselo, habría podido desempeñar facilmente esa indispensable tarea historica de la revolución proletaria. Pero en lugar de arrojar paletadas de tierra sobre el cuerpo insepulto del estado burgués, subitamente le prestó servicio de puntal, pidió al estado burgués unos puestos casi como un favor y le fueron concedidos como una salvación; contribuyó muy poderosamente a reconstruir el esqueleto desarticulado, a revivir el cuerpo muerto, a destruir paralelamente el germen del poder proletario; y ya adentrada por ese camino, llegó hasta colaborar abiertamente en la represión de los trabajadores y en la política del contrarrevolucionario gobierno Negrin, mas dirigido contra el proletariado y la revolución socialista que contra Franco. Los dirigentes anarquistas de la C.N.T. no cejaron hasta engalanarse con el oprobioso título de miembros titulares del frente popular. En el curso de la guerra civil, la organización de masas mas clasista de España fué convertida en sostén de la reacción capitalista representada por el frente popular.
Son conocidas las explicaciones que han dado de su actuación los dirigentes anarquistas. La presencia de la guerra civil les obligaba a modificar su conducta, a hacer concesiones, a aplazar la realización de sus altos ideales, a "renuncias y sacrificios en aras de la victoria", copiando las pamemas de rigor. Las explicaciones mismas revelan indirectamente la verdadera razón de la quiebra del anarquismo.
Por una parte, la revolución socialista ha sido la panacea máxima de la clase obrera europea durante cerca de cien años. Por otra, el anarquismo se atribuía capacidad para realizar la panacea por sus metodos apolíticos y antiestatales, en oposición a los métodos políticos del marxismo. La revolución social no es otra cosa que la lucha de clases llevada hasta la derrota de la burguesía. El momento decisivo de esta lucha es precisamente la guerra civil. Las justificaciones de la conducta anarquista confiesan tacitamente que en el momento decisivo de la lucha de clase la revolución socialista y la reacción burguesa, la panacea de la revolución social es inútil y perjudicial a los intereses de la victoria sobre la burguesía; los métodos anarquistas inoperantes y buenos únicamente para arrumbarlos. A eso se reducen todos los intentos de justificación de la conducta anarquista durante la guerra civil.
Las consecuencias de esos rezonamientos conducen muy lejos. Si la panacea de la revolución socialista perjudicara realmente a los intereses de la guerra civil, habría que deducir en extricta lógica que es un programa falso e irrealizable en general. La lucha por su consecución conduce necesariamente a la guerra civil, y si para ganar la guerra civil hiciera falta renunciar al factor que la produce, es que toda la lucha anterior en pro del mismo tenía un caracter artificial, sin base en las necesidades materiales de la población. Las justificaciones ácratas llevan a renunciar a la revolución en general. Para no admitir explicitamente esta conclusión, los anarquistas han tratado de hacer una excepción de las condiciones en que se desarrolló nuestra guerra civil, tan excepción, que la definieron, husmeando la terminología stalinista, como "guerra de independencia nacional". Es tan poco honesto este argumento, o mejor dicho argucia, que repugna tener que parase a refutarlo. Contra todo proletario en guerra civil con su burguesía intervendrán directa y militarmente las potencias capitalistas mas reaccionarias, mientras las restantes harán también el juego de la parte burguesa. La revolución no puede desencadenarse con permiso o compromiso de neutralidad de la burguesía internacional. Ha de triunfar necesariamente contra ella o perecer en el intento. Así ha sido en el pasado, así será inevitablemente en el futuro.
Las condiciones internacionales en que se desarrolló nuestra guerra por el contrario, permitían esperar grandes resultados de la solidaridad del proletariado internacional, tanto para contrarrestar la intervención de la burguesía en favor de Franco, como la intervención militar en contra nuestra. La guerra civil española, conducida revolucionariamente, pudo desembocar en una guerra civil europea que diera el triunfo al proletariado en la mayoría del Continente. No tienen derecho a quejarse de falta de solidaridad del proletariado mundial quienes yugularon la revolución española o colaboraron a ello. La mayor capacidad de solidaridad solo puede producirse para la revolución socialista. Renunciando a ella en nombre de la guerra y de la situación internacional, se menguaba la capacidad de lucha interior contra Franco y la de solidaridad del proletariado mundial. Los acusadores son los responsables de que no alcanzara la intensidad debida.
Otros anarquistas, negándose a admitir la renuncia a la revolución social como beneficiosa a la conducta de la guerra, quieren justificar la actitud de la dirección cenetista como obligada por la decisión reformista y stalinista de quedarse en la democracia burguesa. No teniendo a la mayoría del proletariado en toda España, -arguye este otro sector- no podiamos imponer nuestros ideales. Cierto la C.N.T. no poseía la mayoría, aunque estaba muy cerca de ello. Pero el argumento es tambien falso. Nadie le reprocha el no haber tratado de imponerse como minoría, sinó el no haber practicado una oposición enérgica y persistente en favor de la revolución social, única manera de poder conquistar a la mayoría y poner en practica, acto seguido, la revolución socialista. Plegarse al colaboracionismo y a la traición, es renunciar a vencerles y teminar en complice. Esa fué la evolución del anarquismo durante la guerra civil.
La causa verdadera de sú conducta radica en sus propias caracteristicas ideológicas. Con la derrota de los militares se desplomó enteramente el aparato estatal burgués, del que la fuerza armada es el principal piloto. Poder económico, poder político y armas, cayeron en manos de los obreros y campesinos. Mientras estos ejercían sus poderes localmente, sin lograr alcanzar una articulación nacional, los poderes del estado capitalista se refugiaban en las secretarías de los partidos stalinista y socialista, enemigos de la revolución, en el frente popular y en los fantasmas de gobiernos que quedaban en Madrid y en Barcelona. Organizar el nuevo poder revolucionario en todos sus ordenes, impidiendo para siempre la vuelta del estado capitalista, habría sido cosa fácil. Era el desarrollo de ese poder disperso en millares de poblaciones que ejercían las clases pobres. Pero era absolutamente necesario organizarlo nacionalmente y acabar de rematar al moribundo estado de la clase burguesa. Al anarquismo español le faltó la idea de hacerlo. De habersele ocurrido se habría superado a sí mismo por ese sólo hecho. Es idea esencial ácrata el no reconocer la necesidad de organizar un estado proletario como instrumento de la revolución. Incapaz de ver la naturaleza de clase del estado y su relación con las formas de propiedad, considera a todo estado como identico en lo fundamental a cualquier otro. En esa falsa idea empiezan los males, la degeneración y las complicidades del anarquismo español con los sepultureros de la revolución.
Adueñadas las masas de toda la actividad y el poder práctico, el anarquismo se encontró repentinamente ante la necesidad imperiosa de desempeñar funciones políticas o ser dejado al margen de la situación y abandonar todo el campo a socialistas y comunistas. De haber comprendido que existían una política burguesa y otra proletaria, un estado burgués en agonía y otro estado proletario en nacimiento, y decidido luchar por este último, la virada política de la C.N.T. habría resultado salvadora. Pero ocurrió lo contrario. Obligandole la fuerza de la situación a entrar en política, su indiscernimiento de las diferentes bases de clase que puede tener un estado le llevó a la colaboración con el fantasma del estado burgues escondido en las secretarías ministeriales, socialistas, stalinistas y frente populistas en general. Los anarquistas no conocían mas que una clase de estado. Si el peso de la realidad les obligaba a reconocer la necesidad del mismo, ¿no tenía que colaborar con el estado que ellos conocían, el único a su entender? Encrucijada decisiva. Si por los meses siguientes a la victoria proletaria de Julio, el anarquismo hubiese decidido ir a la organización de un estado proletario, la revolución habría triunfado y con toda probabilidad Franco no estaría en el poder. Doy por descontado que, aún no teniendo al principio el anarquismo la confianza de la mayoría de los trabajadores españoles, cosa indispensable, una campaña en pro del poder obrero, teniendo en cuenta la extensión que hubiese podido darle la C.N.T., no habría tardado en darle la mayoría abrumadora del proletariado y del campesinado. Desgraciadamente las ideas anarquistas sobre el estado y la política le impelían a la colaboración con el estado y los políticos burgueses. A partir de entonces el anarquismo empezó a ser un elemento político, activo en la destrucción del naciente estado proletario y por lo tanto en la destrucción de la revolución.
No hay palabras capaces de negar esta evolución conservadora del anarquismo. Obligado hacer frente a la hostilidad de su propia militancia, y procurando darse a sí mismo disculpas íntimas, conservó aún en su prensa abundante fraseología revolucionaria, custudiada por francas declaraciones oportunistas. No lograba con ella sinó hacer resaltar mas la contradicción entre las palabras revolucionarias y la practica de colaboración con los enemigos de la revolución. La mas tremenda contradicción de ese orden se produjo como consecuencia de los acontecimientos de mayo de 1937. El órgano de la C.N.T., "Solidaridad Obrera", acogió al gobierno Negrín calificandolo a toda plana de contrarrevolucionario. Imediatamente los dirigentes cenetistas se dedicaron a solicitar su ingreso en el gobierno contrarrevolucionario. Y le dieron tantas pruebas de confianza que al fin lo consiguieron.
A nadie escapa la importancia de la evolución política del anarquismo durante la guerra civil. Es un hecho que marcará etapa en la Historia del movimiento obrero español. El anarquismo no volverá a ser nunca mas lo que fué antes de la guerra civil. Para hablar mas exactamente, ha dejado de existir en España, al menos como movimiento de importancia y de porvenir. Seguramente la mayoría de los militantes de la F.A.I. y de la C.N.T. seguirán considerandose anarquistas. No lo serán, no lo son ya, salvo contadas personas. Como justificación de su intervención en política, el anarquismo adujo las urgentes necesidades de la guerra civil. Polemizando con colegas extranjeros, algunos dirigentes llegaron a burlarse de las enseñanzas de los maestros, que aquellos les acusaban de violar. Sin embargo, al cabo de cinco años de cesada la guerra civil, el anarquismo sigue practicando la misma política que durante ella. El accidente se ha convertido en regla; el apoliticismo en permanente política oportunista. Lejos de estar superando a los maestros del anarquismo, los dirigentes españoles han retrogradado hasta mancharse con el colaboracionismo. En lugar de corregir los errores teóricos del anarquismo, se fugaron por su intersticio a las posiciones del reformismo. En una palabra hicieron perder a su organización sus mejores calidades revolucionarias.
Creo que las dos fracciones de la C.N.T. existentes en Mexico -la Delegación General y el grupo Garcia Oliver-, resumen las posiciones de los diferentes grupos anarquistas españoles emigrados por todo el mundo. Ambos son grupos políticos con diferencia de matiz; sin divergencias en el fondo. El inspirado por Garcia Oliver lo reconoce sin recato; la Delegación General trata aún de envolverse en los viejos paños, pero no son ya mas que harapos que dejan por todas partes al desnudo su verdadera orientación política. Ambas fracciones pisan el terreno de la colaboración de clases y amenazan aniquilar el principal valor de la C.N.T., su antigua practica de la lucha de clases.
No quiero decir qúe las dos fracciones sean idénticas. Tambien dentro del oportunismo y la colaboración de clases existen escalas. La Delegación General se halla a la izquierda del grupo Garcia Oliver, pero ni la una ni el otro ocupan una posición netamente revolucionaria. La tendencia Oliver es una segunda edición, mucho mas conservadora y menos inteligente, del grupo Pestaña allá por 1934-1935. Caso de desarróllarse terminaría en la constitución de un partido político liberal-burgués totalmente ajeno a las necesidades de la revolución. García Oliver que siempre tuvo veleidades bismarquianas, ha visto en Stalin la encarnación moderna del canciller alemán. La política de su grupo padece una infeudación al stalinismo que le destina, de persistir, a los mas altos cometidos contrarrevolucionarios. A Oliver le cae como casaca a la medida el refrán castellano: Aquellos polvos trajeron estos lodos. De un "alto el fuego" se pasa sin sentirlo a un "fuego sobre los revolucionarios". García Oliver no ha pronunciado aún estas palabras, pero las pronunciará de seguir en alianza con el stalinismo. Su servil aprobación de la llamada Junta Suprema de Unidad Nacional es ya una promesa de metralla para los trabajadores españoles. Si el stalinismo y su unidad nacional llegaran a ser gobierno, tendriamos un régimen mas reaccionario que el Lerroux-Gil Robles, autor de la espantosa represión de Asturias en 1934.
Por su parte la Delegación General es manifiestamente anti-stalinista. Pero el anti-stalinismo a secas está tan lejos de significar algo revolucionario como el pan y el agua de una alimentación suficiente. Basta recordar que el propio Prieto, el mas burgués de todos los "socialistas" españoles, hace gala de anti-stalinismo. Habiéndose revelado el stalinismo una fuerza reaccionaria de primer orden durante la guerra civil, en España resulta un buen recurso demagógico oponerse a él. El metro por el que deben ser medidas las organizaciones obreras y los dirigentes políticos en general no es el stalinismo; es la practica de la lucha de clases. Referida a ese metro la Delegación General se queda chaparra. Basta leer la cronica de su mitin sobre la Junta Española de Liberación (Prieto-Barrio), aparecida en "Solidaridad Obrera". En el mitin no se la condenó ni se la aprobó. Se dijo unicamente que la Delegación General no podía dar la adhesión a un organismo constituido sin consultarla ni convocarla a los trabajos preliminares. La Delegación General se siente ofendida por el menosprecio de que ha sido objeto, pero se abstiene de tomar posición en contra de la pertenencia a bloques políticos con la burguesía. Al contrario, en los discursos del mitin se dejó sobrentendido que, con ciertas condiciones, la Delegación General estaría dispuesta a integrarse, si no en la Junta Prieto-Barrio, si en otra semejante.
Pero entre la junta Prieto y la junta Stalin, puestas en la balanza de clases y de las necesidades revolucionarias, no hay mas que una diferencia de grado en el caracter comunmente reaccionario. Ambas juntas se erigen en protectoras de la propiedad privada y mendigan el favor de los grandes bandidos del imperialismo mundial. Se diferencian en que la stalinista extiende su circulo de amigos hasta los monárquicos, los generales y los falangistas en contricción, mientras la de Prieto, menos estúpido y mas cuco, no se compromete verbalmente a tenerlos por amigos, pero ofrece a los mismos elementos reconciliación, perdon y abrazos. Diferencia sin importancia comparada con el objetivo comun a las dos juntas: El encadenamiento de obreros y campesinos a la roca capitalista.
Mientras la Delegación General de la C.N.T. en Mexico no se pronuncie contra todo bloque político con la burguesía y adopte una tactica de lucha de clases, no podrá negar que sigue una política reformista.
En resumen, las dos fracciones de la C.N.T., con diferencias cuantitativas, continuan practicando una política de colaboración con la burguesía a que se entregaron durante la guerra civil. Por ese camino la C.N.T. será convertida mañana, como tantas otras centrales sindicales, en organismo auxiliar del capitalismo. Sin embargo, la faena aún no ha sido cumplida por completo. Teniendo en cuenta el renacimiento revolucionario de España, contamos con que no se cumplirá. La militancia confederal, que sigue siendo una de las mas luchadoras y clasistas, deberá tomar manos en el asunto. En ella confiamos y con ella estaremos.