Contra la Corriente, n.º 14, abril de 1944 (págs. 36-39). PDF del número completo

La prensa mexicana ha dado ha conocer sólo párrafos inconexos de la declaración hecha por el funcionario stalinista al renunciar a su puesto en una de las comisiones del gobierno ruso establecidas en Washington. A la vista de la declaración completa publicada en el New York Times (4-4-1944), se puede aventurar un criterio sobre la significación del caso.

No carece de interés establecer quien es Kravchenko. Ingresó en el Partido comunista de la U.R.S.S. en 1929, teniendo entre los 23 y los 24 años de edad. En medio de la grandiosa época revolucionaria que atravesaba el país desde 1917, 23 años, o incluso 20, eran edad nada precoz para manifestar tendencias revolucionarias. Kravchenko parece habérselas descubierto precisamente en 1929, en los momentos en que la revolución cedía terreno ante la contrarrevolución burocrática políticamente expresada en el stalinismo. Su época de ingreso al partido ruso es la de expulsión y deportación a Siberia de la Oposición de Izquierda (Trotskistas). El burócrata hoy dimisionario debió entrar al Partido como parte integrante de una de aquellas hornadas de arrivistas que el stalinismo introducía en él para reforzarse en la lucha contra la Oposición bolchevique-leninista. De arrivistas semejantes, e incluso de blancos ingresados en aquella época, está plagado el aparato burocrático que sustenta al mariscal. De arriba a abajo, intelectual, política y psicologicamente, Kravchenko es formación y producto stalinista. A su imagen pueden ser referidos la inmensa mayoría de los burócratas rusos. Sus reacciones e ideas constituyen un índice de las ideas y las reacciones posibles en toda la capa burocrática a la que Kravchenko pertenecía. Su caso adquiere por ello una cierta importancia simbólica.

En el razonamiento escrito de las causas de su dimisíon -considerablemente largo y ampliado por una interview-, es imposible encontrar nada que directa o indirectamente denote preocupación por el proletariado y la revolución socialista, ni en el terreno mundial ni en el interior de las fronteras rusas. Las palabras revolución, proletariado y socialismo, están excluidas en todo lo que concierne a Kravchenko, ni mas ni menos que en lo concerniente a los documentos y peroraciones de su ex-amo Stalin y todos los Kravchenkos aun sumisos.

He aquí, con sus propias palabras, las razones de su dimisión: "No puedo soportar mas la doblez de las maniobras políticas que mientras se dirigen a la colaboración con los Estados Unidos y la Gran Bretaña persiguen objetos incompatibles con la misma. No puede perseguirse la colaboración con los paises democráticos mientras el gobierno soviético y sus líderes están siguiendo, en realidad, una política oculta pero en desacuerdo con sus declaraciones públicas".

¿La contradicción entre lo oculto y lo público consiste, -como pretenden algunos cabalísticos pseudomarxistas- en que cualquier día de estos Stalin se volcará repentinamente en favor de la revolución proletaria mundial? Lejos de ello. En la imaginación de Kravchenko no cabe siquiera la posibilidad de antítesis entre capitalismo y socialismo, sencillamente porqué el socialismo es inexistente para él. Su declaración expresa así la llamada contradicción: "Los planes y objetivos reales del gobierno soviético, a diferencia de sus manifestaciones públicas, están en contradicción con los intereses y necesidades del pueblo ruso y de la causa por la que luchan los pueblos de las Naciones Unidas. Mientras manifiesta procurar el establecimiento de la democracia en los países liberados del fascismo, el gobierno soviético no ha dado un sólo paso en su propio territorio para acordar libertades elementales al pueblo ruso."

La contradicción entre lo público y lo oculto se esfuma, al menos como contradicción fundamental susceptible de interesar al proletariado. Cada uno de los principales componentes del conglomerado constituido por las Naciones Unidas, practica una política de cordialidad, compenetración y compadreo oficial, mientras subterráneamente maquina contra sus queridos aliados. La doblez es inseparable del mundo capitalista. Incorporándose a ella, el gobierno de Stalin muestra su tendencia a la identidad con la burguesía. Stalin puede maquinar quedarse con este o aquel territorio que Inglaterra y Estados Unidos no quieren darle de buena gana, o bien substituir por la propia, la influencia política y económica del imperialismo anglo-sajón en otros países. A su vez, Inglaterra y los Estados Unidos maquinan para reducir al mínimo las concesiones que se ven obligados a hacer al mariscal, al mismo tiempo que se mordisquean entre sí antes de darse las grandes dentelladas por la parte del león en la victoria. Lo dicho por Kravchenko al respecto es un secreto a voces. Pero el hecho de que en la política mundial no vea un polo burgués (con el stalinismo como sumando) y otro proletario, sino dos polos reaccionarios, el uno "democrático" y el otro stalinista, dice mucho sobre la mentalidad de la casta burocrática rusa.

Para Kravchenko, la contradicción entre las manifestaciones públicas y los fines ocultos del stalinismo adquiere esta única expresión concreta: mientras las Naciones Unidas - y con ellas la U.R.S.S.-, dicen luchar por la democrácia, "en los territorios limpiados de invasores nazis, el gobierno soviético está estableciendo un regimen político de violencia y sin ley. Mientras prisiones y campos de concentración continuan funcionando como antes". ¡Bravo por la confesión! Pero si Kravchenko cree que esto puede indignar a los gobernantes de Londres y Washington, se equivoca de medio a medio. Ambas capitales pueden aprovechar la declaración de Kravchenko para favorecer sus propias finalidades imperialistas, pero continuarán aprobando la conducta de Stalin, como esencialmente conforme con los fines de las Naciones Unidas, el aplastamiento de la creciente ola revolucionaria. Si Stalin habla de democracia e impone su dictadura reaccionaria, otro tanto aspiran a realizar los capitostes de las Naciones Unidas. La contradición que advierte Kravchenko existe igualmente respecto de las declaraciones públicas y los propósitos ocultos de los Estados Unidos e Inglaterra. Stalin, todo lo mas, puede servirles de arquetipo y vanguardia de sus propósitos reaccionarios. Despues de Italia, la hipocresía de la lucha por la democrácia no puede engañar mas que a los interesados en dejarse engañar, o a los tontos de remate, que nunca faltan.

Con su dimisión, Kravchenko no ha hecho mas que desplazarse de un segmento a otro segmento del mismo círculo reaccionario. Del stalinismo procapitalista pasa decididamente al capitalismo. Esa es la única característica interesante de su dimisión, posiblemente representativa de un determinado sector de la burocracia. En la interview subsiguiente a sus declaraciones, el funcionario stalinista se expresó así: "He confirmado mis antiguas sospechas de que la democracia capitalista, tal como es representada por la propaganda y las enseñanzas del gobierno soviético carece de relación con la realidad que he encontrado en los Estados Unidos." Para un hombre que debiera estar cargado de las valiosas enseñanzas inherentes a la primera revolución proletaria, el alago de la democracia burguesa es doblemente miserable, por lo mismo tanto mas significativo... Kravchenko ha vivido el período de mayor democrácia conocido hasta la fecha en la historia de las naciones: el período de democrácia proletaria, en la época de Lenin y Trotsky, basado en los soviets. Referida a esta democracia, la democracia burguesa que Kravchenko alaga queda desnuda en su verdadero carácter de dictadura capitalista. Cierto en su degeneración contrarrevolucionaria el stalinismo ha privado de libertad a las masas pobres en mayor grado que la burguesía de países dichos democráticos. Pero ese crimen no recae sobre el proletariado y la revolución socialista; recae sobre la burguesía mundial en su conjunto y sobre la contrarrevolución burocrático stalinista en particular. El totalitarismo característico de la última es producido por su destrucción de la obra de Octubre, por su tendencia cada vez mas pronunciada a la restauración capitalista en la U.R.SS

Ideológicamente formado por el stalinismo, perfectamente adaptado a su tendencia, Kravchenco es incapaz de oponer democracia proletaria a democracia burguesa. Como extremos por los que tomar partido, (descarta la ya segura derrota del eje), vé únicamente el stalinismo o el imperialismo pseudodemocrático, dos componentes de un mismo todo reaccionario. Como tantos otros funcionarios desertores del campo stalinista, Kravchenko ha recibido de él toda la educación ideológica y los impulsos necesarios para permitirle pasar sin contradicciones graves al campo capitalista. Es el desemboque natural de la educación política stalinista.

Las causas verdaderas que hayan determinado la dimisión de Kravchenko son en el fondo muy secundarias. Pudiera bien tratarse de un funcionario vendido al espionaje americano, que sintiendose sorprendido descubre subitamente las ventajas de la burguesía americana sobre el totalitarismo stalinista. No lo sabemos. De qualquier manera que sea, creemos que las ideas expresadas en su declaración deben constituir el estado de espíritu general de determinadas capas burocráticas stalinistas. La fraseología pro-democrática sirve de cortina a las intenciones pro-capitalistas. Ese es el reflejo principal traido a flor de tierra por el asunto Kravchenko.

Desde su inicio el stalinismo ha sido un producto político ciego de las necesidades reaccionarias de la burocracia soviética. Aun conformandola a veces e imponiendola ciertos límites, su vida política y su estabilidad relativa las ha debido a una adaptación cada vez mas completa a los intereses materiales de la burocracia. En ventitantos años de dominio el desenvolvimiento burocrático ha creado una situación de hecho cuyo análisis no podemos abordar aquí. Su resultado consiste en que la burocracia no puede consolidar su dominio sin restaurar el capitalismo sobre su propia base, cometido que ha de cumplir precisamente cuando el proletariado mundial inicia una poderosa ofensiva por la revolución socialista, a la que inevitablemente se sumará el proletariado ruso. Sobre la manera, el momento preciso y los aliados a elegir para salvar ese difícil paso, deberán suscitarse forzosamente divergencias entre la alta burocracia. Si el "genial mariscal" retardara un poco el ritmo, correría el riesgo de ser desbancado por los grupos de burócratas y generales mas impacientes. Hay indicios de que Stalin y sus íntimos, conscientes de las necesidades burocráticas, figuran a la vanguardia de los restauradores. Sin embargo, los problemas que se presentarán a la burocrácia son muchos y difíciles. La lucha de clases puede degenerar facilmente en competencia por el apoyo de este o aquel imperialismo, en complots y golpes de estado. Tanto el imperialismo germano como el anglo-sajón tratarán de sacar provecho de la situación, sea apoyando el de Stalin o a otro con probabilidades de victoria sobre el de Stalin. Desde el punto de vista interior, la substitución de Stalin puede aparecer a la burocracia como una necesidad demagógica. La restauración capitalista sería presentada entonces como una lucha contra el totalitarismo stalinista y contra el terror de la G.P.U. El odio de las masas sovieticas contra ambos sería canalizado contra las masas mismas.

No es aventurado pensar que Kravchenko es un representante mas o menos consciente de este tipo de tendencia restauradora. Su denuncia del terror gepeista en la U.R.S.S. y su servil alago del imperialismo yanki refuerzan la hipótesis. "El pueblo ruso -dice- está sujeto, como siempre, a indecible opresión y crueldades, mientras la N.K.V.D. (nuevas iniciales de la G.P.U.), actuando a traves de sus millares de espías, continúan manteniendo su desenfrenado dominio sobre el pueblo". De esta la principal verdad de su declaración, Kravchenko pasa a la admiración del sistema capitalista. No le inquieta que el terror stalinista esté dirigido integramente contra los elementos revolucionarios; nada dice de las purgas ni de los procesos de Moscú, que fueron una siega general de cabezas revolucionarias. Su parangón entre el régimen stalinista y el de los Estados Unidos puede ser simbólico de toda una tendencia burocrática procapitalista que tratará de aprovechar para sus fines el odio del pueblo contra la G.P.U. y el stalinismo.

Pero cualquier régimen que no sea la restauración de la dictadura del proletariado perpetuará en la U.R.S.S. el reinado de la miseria, de la violencia y del terror antiproletario. Los revolucionarios no tienen nada que hacer con ninguno de los clanes burocráticos que puedan surgir. Deben combatir a cada uno de ellos en particular tanto como la burocracia en su conjunto. La salud del proletariado está en la destrucción del régimen burocrático y la restauración del poder de los soviéts. Es lo único que puede impedir la vuelta de la U.R.S.S. al capitalismo, ya apuntada en una larga serie de medidas gubernamentales anteriores.