Contra la Corriente, n.º 14, abril de 1944 (págs. 4-7). PDF del número completo

Despues de la acometida de Roosevelt contra nuestros camaradas americanos ha venido la acometida de Churchill contra los partidarios ingleses de la IV Internacional. La prensa diaria ha informado ampliamente de los cateos practicados por los polizontes del gobierno de la City en los locales de nuestros camaradas. Despues vendrán las detenciones y los procesos; el mismo camino seguido por el gobierno alemán antes de entregarse a Hitler.

La persecución contra los cuartinternacionalistas ingleses y americanos tiene una inmensa importancia significativa y constituye una advertencia inequívoca a la clase obrera mundial. Como los propios mensajes de Prensa han cuidado señalar, la importancia orgánica de nuestros camaradas es pequeña, sus recursos propagandísticos reducidos. Sin embargo, al hacer explosión las formidables huelgas mineras en las que participaron más de doscientos mil trabajadores, el gobierno de los patrones ingleses, incapaz de contener a los obreros por medio de los líderes laboristas y stalinistas, lanzóse a la persecución de la sección inglesa de la IV Internacional. El corresponsal de la agencia Reuter escribía en "El Universal" el día 4: "Se supone que la IV Internacional es la mano que ha estado moviendo el largo proceso de propaganda entre los trabajadores y que se esconde también detrás de la alarmante cadena de huelgas en las industrias básicas nacionales".

Los sabuesos de Scotland Yard saben perfectamente que esto no es verdad, pero que puede serlo y no de una manera oculta, sino abierta, pública y desafiadora. Nuestros camaradas ingleses están lejos de haber alcanzado la influencia necesaria para dirigir una huelga de doscientos mil trabajadores, pero se afanan entusiásticamente para estar en condiciones de hacerlo aun en más grande escala, hasta el derrocamiento del gobierno de los imperialistas británicos. A la huelga, cumpliendo con sus deberes de clase y de partido revolucionario, han aportado lo que sus fuerzas les permitieran y toda la ayuda y la solidaridad de su prensa. Churchill y sus polizontes están convencidos de que, con la IV Internacional o sin ella, habrían estallado las huelgas mineras y estallarán otras aun más poderosas en el porvenir. Estas se deben al régimen de hambre a que Churchill somete los trabajadores en nombre de la victoria, mientras la victoria está sirviendo a los capitalistas para amasar millones con la sangre de los obreros caídos. Los trabajadores ingleses huelgan por las mismas razones que han holgado seis millones de obreros en las ciudades norteñas de Italia. Con tanques, balas, cateos y encarcelamientos, Hitler ha procurado meterlos en cintura. Exactamente lo mismo trata de hacer Churchill con los obreros ingleses. Su ataque a la IV Internacional y a los huelguistas es un primer ensayo. Si no se le obliga a retroceder vendrán las balas y los tanques; vendrán los fusilamientos y vendrá el Hitler británico. Por todas partes, los revolucionarios deben denunciar la acción de los polizontes de Churchill como lo que es: una medida de la misma naturaleza que la de los S.S. nazis en cualquier país ocupado o en Alemania misma.

Para encubrir las medidas reaccionarias de Churchill, no podían faltar las añagazas de rigor sobre el interés de la victoria, las mismas que los dirigentes laboristas y stalinistas, revolcándose en su propia abyección, repiten a coro con los patrones y los polizontes. Pero la victoria de que hablan no es ciertamente la victoria sobre el fascismo, sino la victoria económica de la burguesía angloamericana sobre la alemana y japonesa. El verdadero significado de las explicaciones dadas es el siguiente: "Obreros, ayudadnos a derrotar a nuestros competidores comerciales; despues estaremos en mejores condiciones de derrotaros a vosotros". La lucha contra el fascismo no es más que un latiguillo demagógico de la burguesía anglosajona. Ella es la principal responsable de la existencia de aquel; ella fué su principal auxilio en el pasado y será su más sólido asidero en el porvenir (Italia ya lo muestra). Recientemente, un socialdemócrata aliadófilo, Stampfer, se veía obligado a responder a Lord Vansittart que quienes habían impedido el movimiento ilegal antihitlerista en Alemania habían sido las autoridades inglesas: "...En 1937 se nos informó que a petición de una autoridad extranjera teníamos que suspender todas nuestras actividades para evitar una fricción entre Praga y Berlín... La autoridad extranjera a la cual se hacía referencia, era el Ministerio del Exterior de Londres." Los archivos secretos revelarían cosas mucho más graves, aun durante la guerra. Y no vamos a callarnos porque no los conozcamos todavía. La burguesía angloamericana pide a sus obreros hambre y sangre para enriquecerse ella misma, en nombre de la victoria sobre el fascismo cuyo principal programa - el aplastamiento de la revolución proletaria -, ha sido recogido por ella de las manos languidecientes de Hitler. La represión contra los cuartinternacionalistas y contra los trabajadores en general es una prolongación de la empresa hitlerista.

Sentemos la más importante de las razones que impelen, tanto a Roosevelt como a Churchill, a lanzar sus aparatos represivos al ataque de las débiles organizaciones de la IV Internacional. Peligro actual, inmediato para sus respectivas dominaciones, no significan ninguno. La represión no conseguirá sino popularizar a la IV Internacional y hacerla querida a los ojos de los explotados del mundo entero. Porque en el punto de claridad a que las cosas han llegado basta que los gobiernos angloamericanos repriman a una organización obrera para que ésta arrebate inmediatamente la simpatía de todas las capas pobres de la población. La represión, lejos de disminuir, aumentará el número de militantes de la IV Internacional y su renombre. En cierto modo, se puede decir que las medidas reaccionarias de Churchill y Roosevelt hacen el juego de la IV Internacional, por tanto de la revolución mundial. ¿Por qué pues las toman, si, aunque burgueses, no pueden dejar de ser inteligentes en cuanto a sus intereses respecta? A tanto equivaldría preguntar por qué un hombre caído de lo alto de un campanario no se detiene antes de estrellarse contra el suelo. Y el capitalismo mundial está más que a medio camino entre lo alto del campanario y el suelo. En la inercia de su caída, tome las medidas que tome, sea reprimiendo el movimiento obrero y asesinando a los dirigentes revolucionarios, sea instaurando una dictadura totalitaria y tratando de crear el reino milenario de los capitalistas, llegará inevitablemente a estrellarse contra el suelo. Tratando de suprimir los gérmenes revolucionarios que le aniquilarán, favorece, a la corta y a la larga, su multireproducción.

En el caso de represión reaccionaria desencadenada contra la IV Internacional por los administradores políticos de los multimillonarios angloamericanos, no se trata de plazos largos, sino cortos, muy cortos. La concatenación dada por la evolución histórica ha propiciado una situación peculiarísima. El odio natural y legítimo de las masas contra el capitalismo hase elevado a la enésima potencia como consecuencia de la primera condensación del capitalismo en fascismo. Si el gobierno de la Unión Soviética hubiese continuado siendo revolucionario como en sus primeros años, la batalla decisiva entre capitalismo y socialismo habríase librado globalmente, comprendiendo de una parte a la Unión Soviética y el proletariado mundial, de otra a los gobiernos capitalistas y los explotadores. Degenerando en contrarrevolución de tendencias capitalistas, el stalinismo ha permitido que las contradicciones entre las burguesías competidoras sean superiores a las contradicciones entre la burguesía globalmente considerada y la Unión Soviética aliada al proletariado mundial. Sin entrar en detalles imposibles en un editorial, resulta que una vez perdida por el movimiento obrero internacional la polarización que debió haber encontrado en la Unión Soviética, le queda únicamente la polarización en torno a sí mismo. Y habiendo aprendido de la evolución material que el capitalismo se condensa inevitablemente en fascismo, de la reacción proletaria contra la primera experiencia fascista resultará una gigantesca ola revolucionaria que debe alcanzar la culminación de la revolución, al menos en una serie de paises, o bien la culminación fascista por parte de los vencedores en la guerra. Por encima de miserables engañifas y monopolios de prensa, lo que es del capitalismo recae sobre el capitalismo. La guerra imperialista ha favorecido la reacción del proletariado vencido contra el capitalismo vencedor. Las naciones triunfantes, que aun no han alcanzado la culminación de su evolución fascista, la alcanzarán por los mismos o peores métodos que sirvieron al triunfo de Hitler o Mussolini, si es que no son vencidas por la revolución socialista.

He ahí, muy sintetizado, el dilema de los gobiernos imperialistas de Inglaterra y los Estados Unidos. Para salvarse tienen que completar su evolución fascista, precisamente en los momentos en que la primera experiencia fascista está desencadenando la más gigantesca ola revolucionaria conocida hasta el presente. El elemento consciente de esa ola, capaz de llevar su flujo hasta anegar la sociedad basada en la propiedad privada, es la IV Internacional. Y habiendo cubierto ya más de la mitád de su recorrido entre el campanario de la sociedad capitalista normal y el suelo fascista, la burguesía no puede detenerse, aun sabiendo que sus gesticulaciones aceleran el ritmo de su caída. De ahí su persecución contra la IV Internacional.

Mañana, cuando se produzca la colisión general entre las tropas angloamericanas y las alemanas en territorio europeo, el movimiento revolucionario alcanzará simultáneamente su climax. El decantado segundo frente será, en medida mucho mayor, un tercer frente contra el proletariado y la revolución socialista. Toda la técnica de matar, el dinero y la inmensa capacidad de falsificación publicitaria de que dispone el conglomerado imperialista anglo-sajón, serán puestos a contribución para ahogar los movimientos obreros y salvar el capitalismo. La trayectoria de los dirigentes angloamericanos será cada vez más fascista, y se valdrán, como ya puede verse en Italia, del aparato terrorista heredado del fascismo. En esta tenebrosa tarea, los capitalistas ingleses y americanos necesitan indispensablemente contar con la total sumisión de sus respectivos proletariados. Pero la IV Internacional les enseña a los mismos, precisamente, que deben ser solidarios con el proletariado europeo hasta el punto de prepararse a la destrucción de su propia burguesía y correr en auxilio de la revolución socialista. El ataque de los imperialistas angloamericanos contra la IV Internacional expresa sus tendencias fascistas. Necesitan exterminar al elemento que puede producir la conjunción del proletariado de los paises vencidos con el proletariado de los países vencedores. Reprimiéndole, Roosevelt y Churchill hacen una profesión de propósitos fascistas. Pero están más que a mitad del camino entre el campanario y el suelo, no lo olvidemos. Que pataleen y gesticulen; solo lograrán acelerar el desarrollo de la IV Internacional, es decir la fusión entre el proletariado de los paises vencidos y el de los paises vencedores. Los cateos de los polizontes de Churchill y los encarcelamientos del hipócrita Roosevelt, únicamente lograrán ennoblecer y popularizar el nombre de la IV Internacional. Los explotados de todo el Planeta encontrarán en el movimiento trotskista la más pura cristalización ideológica y práctica de sus aspiraciones e intereses, tanto inmediatos como históricos. Saludemos con júbilo las represiones de los gendarmes de las finanzas, Churchill y Roosevelt. Anuncian el triunfo de la IV Internacional, la aurora revolucionaria.