Contra la Corriente, n.º 15-16, mayo-junio de 1944 (págs. 33-35). PDF del número completo
Las relaciones del Comité de Argel con los imperialistas americanos son cada día mas tensas y caminan rapidamente hacia una crisis definitiva que debe estallar, salvo urgente remedio, tan pronto como los ejercitos aliados hayan puesto los pies en suelo francés. Washington, dió plenos poderes al general Eisenhower para entenderse con las autoridades francesas de manera que la cuestión de saber quien detentará la autoridad civil en Francia quedó en suspenso. La puerta sigue abierta tanto para un entendimiento con de Gaulle como para un arreglo con Vichy. Al mismo tiempo, Washington permitió que se dijera y entendiera que de Gaulle debía tener la administración civil de los territorios de la Francia liberada, siendo Eisenhower el jefe militar de los mismos. Por consiguiente habrá en Francia una dualidad de poderes tan opuestos que se puede anunciar desde ahora dificultades sin número entre de Gaulle y el general americano; y la palabra dificultades no pasa de ser en este caso un eufemismo de lo mas descolorido... Eso además, en caso de que las murmuraciones de Washington tengan un mínimo de base real, lo que es cada día mas dudoso...
Las últimas semanas nos enseñan en efecto que la tensión sigue creciendo constantemente entre Washington y Argel. Dos hechos principales la han hecho empeorar: 1) La repudiación por el Comité de Argel de los acuerdos Clark-Darlan cuyo contenido integral nunca fué dado a conocer; 2) la decisión del mismo Comité de transformarse en "Gobierno provisional de la República Francesa".
Huelga decir que la primera decisión provocó y sigue provocando protestas de Washington que no la reconoce y la declara unilateral. ¡Como si la repudiación de un tratado impuesto pudiera ser otra cosa que unilateral! Ya ésta protesta, revela el pensamiento secreto del Departamento de Estado que, sin duda intriga entre bastidores con emisarios de Vichy. En efecto, si Washington no puede contar con de Gaulle ¿sobre quien se puede apoyar sino sobre Vichy y sus prófugos de última hora?
Según Pertinax (EXCELSIOR, 6-5-44), parece que Vichy, en su lucha contra la resistencia anti-nazi, obtuvo, desde el principio del año resultados importantes y quizás decisivos, con relación al porvenir inmediato del movimiento. Segun este artículo que se basa sobre documentos robados en Vichy, hay 3.300.000 franceses detenidos en Alemania (prisioneros de guerra, obreros enviados a las fábricas alemanas, deportados) o sea el 8% de la población francesa. Eso sin hablar de los encarcelados y los numerosos concentrados en Francia. Por consiguiente, se puede admitir con Pertinax que las organizaciones de resistencia fueron muy gravemente afectadas por la ofensiva policíaca de Vichy, y que muchos de sus jefes fueron arrestados. De esto se deduce que el apoyo táctico con el que contaba de Gaulle no tiene mas que un valor reducido tanto en el orden político como en el militar.
Vichy, para llevar a cabo esta operación, reclutó un ejercito de 100 mil policías especiales, superiormente armados, que habiendo vencido a las organizaciones de resistencia constituyen ahora una fuerza contrarrevolucionaria con la cual los "libertadores" aliados tienen que contar. Estos policías escogidos en su mayor parte (como los "grupos de protección" de Peyrouton, en 1940) entre los bandidos, ladrones, chulos, etc., tienen su suerte estrechamente unida a la de Vichy. Salvando lo esencial de este régimen, los imperialistas americanos tienen que salvar en primer lugar a los policías contrarrevolucionarios, transformándolos en defensores de la "democracia". Son, al mismo tiempo, una tropa de choque de la futura dictadura al servicio de Wall-street y un triunfo valioso para la operación de chantage de los imperialistas contra el Comité de Argel. En efecto, no se repitirá nunca demasiado que toda la discusión entre unos y otros no tiene nada que ver con las afirmaciones democráticas de ambos. Se trata únicamente, para Wall-street de que la revolución socialista naciente sea ahogada por un régimen que no teniendo ninguna posibilidad de salvación con de Gaulle, estaría a su servicio. Y además estiman que de Gaulle no puede ofrecerles una garantía suficiente contra la revolución socialista.
Para de Gaulle al contrario, se trata de ahogar la revolución socialista maniobrando para caer lo menos posible bajo una dominación extrangera. Por eso además, Wall-street rechaza a de Gaulle, porque se opone a sus intereses y espera entenderse con la gente de Vichy dispuesta a servir al imperialismo americano para librarse de las represalias del Comité de Argel.
En este cuadro, la denunciación de los acuerdos Clark-Darlan acaba de erigir un obstáculo nuevo al reconocimiento diplomático de Argel por Washington, pues no cabe duda que este último se prepara a un acuerdo del mismo tipo con la gente de Vichy, y que esta denuncia le dificulta la empresa.
La segunda decisión del Comité de Argel refuerza lo antes dicho. A medida que se aproxima la hora de la invasión, de Gaulle y los suyos atacan con mas energía a los imperialistas americanos y valiendose de lo que queda de los comités de resistencia, quieren tener el poder en Francia para salvar lo que sea posible del régimen burgués. Sin embargo, los imperialistas anglo-americanos parecen haber llegado a un acuerdo provisional acerca de la invasión y del papel del Comité de Argel en la Francia liberada. Por lo menos el hecho de que hayan llamado a de Gaulle a Londres parece indicarlo.
¿A que se debe pues este cambio de actitud de los imperialistas ingleses?
La única respuesta a esta pregunta es la siguiente: "se debe a que de Gaulle ofrece ahora mas peligros que beneficios para el imperialismo inglés". Mientras de Gaulle servía al imperialismo inglés para resistir a la presión de su rival americano, sostenía a de Gaulle, pero ahora comienza a dudar de la eficiencia de su sistema para conjurar la revolución socialista en Francia. Y tiene razón, pues nosotros tambien dudamos mucho que le sea posible dominar la revuelta de las masas francesas. Pero si esta duda nos lleva como marxistas revolucionarios a conclusiones optimistas, no sucede lo mismo con Churchill, que considera con un temor creciente la situación interna de Francia. Esta situación carece de salida, hasta tal grado, que el consejo director de los movimientos de resistencia ha tenido que dar consignas nuevas a los trabajadores llevados a las fábricas alemanas. Hasta estos últimos meses los movimientos de resistencia aconsejaban a los trabajadores resistirse al envío a Alemania o huir al monte para unirse a los guerrilleros. Pero los anglo-americanos negaron armas a los últimos. Y sin armas no hay lucha militar. De esto resulta que ahora se aconseja a los trabajadores que vayan a Alemania, que ingresen a las fábricas, para sabotear el trabajo y la maquinaria, y que se unan a los demás obreros extranjeros o alemanes que sean anti-nazis. Esta consigna, sin embargo, es negativa porque no presenta otra perspectiva que la derrota del nazismo, pero los movimientos de resistencia no podían ir mas allá. Los obreros deportados a Alemania, cualquiera que sea su nacionalidad, no padeceran de la misma timidez y una vez que se hayan unido a los obreros alemanes tendrán que plantearse todos juntos una nueva pregunta: "¿Con quien substituiremos a nuestros nazis llámense vichistas o lo que sea?" Y de la discusión fraternal que implica semejante pregunta no puede menos que salir a relucir la revolución socialista.
Es esta revolución hacia la cual los movimientos de resistencia de Francia caminan apesar suyo y empujados por el desarrollo de la situación, que hace temblar a los imperialistas anglo-americanos y les incita provisionalmente a la unión. Si estando todavía bajo el yugo nazi, Francia está volviendose rápidamente un foco revolucionario potentísimo, ¿que sucederá una vez vencidos los nazis? Hay que echar agua a este fuego enseguida. ¿Puede de Gaulle fungir de bombero? Si, pero sin éxito; pese a sus buenas intenciones reaccionarias, no está en condiciones de hacerlo. Le sería necesario distanciarse de los movimientos de resistencia que lo apoyan en Francia, lo que significaría su fin inmediato, y en la etapa siguiente tendría que atacarlos. Por eso los imperialistas americanos quieren encargarse de la tarea y se proponen convencer a de Gaulle de la necesidad de su intervención para mantener el orden. Pero que se oponga de Gaulle o que se someta a los imperialistas anglo-americanos, no cabe duda que éstos se saldrán con la suya, lo que inevitablemente abrirá los ojos a todos los trabajadores franceses, dando un nuevo impulso a la revolución socialista que tanto asusta a aquellos.
Mexico. D.F. 12-6-44