Contra la Corriente, n.º 17, julio de 1944 (págs. 3-5). PDF del número completo

Tanto la Junta de Liberación prietista como la de Unidad Nacional staliniana, han entrado en marasmo a pesar de la bambolla propagandística que a fuerza de dinero han mantenido una y otra. El stalinismo ha fracasado rotundamente al intentar sumar a su movimiento nacionalista, elementos de otras tendencias. Es posible que, cual nos dice "España Popular", algunos católicos y falangistas "arrepentidos", algún que otro rico gachupín harto de enviar dinero a Franco durante la guerra civil, viera en la Unidad nacional el organismo destinado a guardar el orden capitalista despues de la caída de Franco. El discurso de Churchill, mas importante para la salud de Franco y Falanje que cuanto Hitler ha hecho por ellos, ha privado al stalinismo de la alianza de tan santos personajes. Franco tiene la ventaja de llevar el aval de los futuros vencedores. Mayor fracaso aún tuvo el stalinismo junto a las organizaciones antifascistas. En torno a él, completa o parcialmente, gravitaban el grupo socialista dirigido por Gonzalez Peña y el de origen anarquista inspirado por García Oliver. Pese a la parcialidad manifiesta que hacia todo lo de origen stalinista han mostrado los dos grupos, les fué imposible tragar la rueda de mo- dar la adhesión a ella. La cosa tiene mayor importancia precisamente porque uno y otro son teóricamente partidarios del principio de unidad nacional. El propio Negrín se vió obligado a delimitarse del stalinismo terminantemente, por primera vez desde que éste lo hizo presidente del consejo de ministros. ¡Tan burda era la invención de la Junta Suprema!

Por su parte, la Junta de Liberación con su enjambre de técnicos en busca de destino, sus personalidades en paro forzoso y los grandes recursos de que nunca carece una empresa a la que se mezcle Don "Inda", siente también que se debate en el vacío. El viaje por Sudamérica del eternamente inefable Albornoz no logrará vivificar a la Junta de México. Exceptuando el Partido socialista y la U.G.T. belarminesca, la Junta de Liberación,- es decir, Prieto,- seguirá sola con el microscópico y apergaminado republicanismo. No cabe exceptuar, sin embargo, que se le sumen otros organismos obreros mas o menos pronto.

Procurando remediar la soledad de la Junta de Liberación, sus mas empingorotados representantes arrojan cables de sondeo a derecha é izquierda. Por una parte, Martínez Barrio, hablando el dia 18 del pasado mes en un acto público, manifestó tener "intenciones de que se conciliaran las voluntades de todos los españoles en el exilio...." El ex-presidente de las cortes juzga llegado el momento de recurrir al viejo truco de "borrón y cuenta nueva". La alusión que su discurso hizo al "arrepentimiento" de los que erraron, va dirigida a palpar la reacción del stalinismo, cuya participación en la Junta de Liberación ansía a todas luces el orador. Y en verdad que el stalinismo no es nada insensible a los galanteos de Don Diego. Ya el discurso de Churchill dió ocasión a "España Popular" para significar la declaración hecha al respecto por Don Diego y deducir la necesidad de olvidar rencillas y "unirse todos". "Todos" significa aquí libertadores prietistas y nacionalistas stalinianos.

Al trabajo pro-stalinista de Martínez Barrio, corresponde otro, en el que se especializa Prieto, de catequesis de la C.N.T. En recientes artículos publicados en "Excelsior", el aristócrata fallido que según propia confesión es el hombre del "Vita", mete los dedos en la boca a la Delegación General de la C.N.T., no precisamente con propósitos hostiles, sino con la intención de aproximarla a su Junta. Con su habilidad característica de parlamentario burgués, Prieto pone de relieve la existencia del pacto C.N.T.- U.G.T., lo que constituye una aproximación de la C.N.T. al colaboracionismo prietista. El párrafo siguiente de uno de los artículos del ex-ministro es particularmente enjundioso: "Sumados los dos núcleos políticos obreros, (socialistas y anarquistas), formarían en el campo izquierdista mayoría tan abrumadora que reducirían muy poco el peso de los partidos republicanos. En realidad, a eso y a mas aspira la C.N.T., según lo ha transparentado en México no sólo periodísticamente, sino, con mayor claridad, al constituir el comité de enlace con la Unión General de Trabajadores. Su meta consiste en anular a los partidos republicanos por tratarse de partidos burgueses."

Nosotros, que no nos preciamos de conocer los secretos de sofá --ni queremos conocerlos--, a los que aluden una buena parte de los artículos de Prieto, vemos en ese párrafo mucha mas intención política que la puesta conscientemente por su autor. Por una parte se trasluce claramente que Prieto amenaza a los republicanos burgueses que no se le someten sin chistar; por otra, y esto sin darse cuenta, pone de manifiesto que la eliminación de los republicanos burgueses, en la actual política española, no tiene nada de trascendente. Se los puede eliminar sin perder fuerza combativa real y sin desplazarse un paso a la izquierda. El todo reside en que la Delegación General pase o no por el yugo de la colaboración de clases cuyo exponente es Prieto. Si lo acepta, y un paso en ese sentido son las bases del Pacto C.N.T. - U.G.T., el colaboracionismo prietista saldrá triunfante, y para nada son estrictamente necesarios los republicanos. Prieto podrá dictarles su voluntad o eliminarlos a placer. Para que el juego colaboracionista se conserve, ni siquiera es indispensable la Constitución de 1931, base de la alianza Prieto-Barrio-Albornoz; basta con que la C.N.T. renuncie a destruir el estado burgués, ó cuando menos, deje en la sombra ese problema. El colaborar con el estado burgués y frenar la revolución, viene después, como consecuencia natural. Recordando el Pacto C.N.T.- U.G.T. Prieto parece tener dos intenciones. Mostrar a los republicanos que tiene ya de hecho una base de acuerdo con la C.N.T., a la que puede recurrir para meterlos en cintura, ó indicar de paso a la delegación general que su desacuerdo con la Junta de Liberación es secundario, toda vez que, salvando la cláusula sobre la constitución de 1931, el colaboracionismo de la Junta está contenido en el pacto con la U.G.T.

Finalmente, Prieto no deja de sacar partido de la conocida carta de Hernández, y de Hernández mismo como posible colaborador de la Junta de Liberación.

El problema sigue planteado a las fracciones mas izquierdistas del movimiento obrero: ir nuevamente a la colaboración de clases ó romper definitivamente con ella constituyendo desde ahora organismos de unidad de acción proletaria que den una dirección combativa al movimiento obrero español y planteen a U.G.T. y Partido socialista la necesidad de romper con el colaboracionismo burgués é integrarse en la unidad de acción proletaria. Es deber de los revolucionarios, en cualquier organización en que se encuentren, trabajar en ese sentido y combatir enérgicamente toda veleidad colaboracionista.