Contra la Corriente, n.º 17, julio de 1944 (págs. 9-10). PDF del número completo

Jesus Hernández da razón pormenorizada de su desgracia en una carta pública dirigida al Partido stalinista español, la cual no publicamos por haber sido muy difundida entre la emigración. Indudablemente, la carta no carece de importancia, a pesar de haber sido escrita por el que fuera ministro de Educación durante el gobierno frentepopulista de Negrín, que lejos de ser el de la victoria, fué el de la derrota, de la traición y de los asesinatos de revolucionarios trotskistas, anarquistas y poumistas.

El ex-jefazo precisa en el documento la realidad interna del stalinismo español en la emigración: ambiente prostituido, cubil repugnante de ambiciosas luchas miserables. Para estos podridos burócratas la lucha de clases no existe; menos los intereses revolucionarios del proletariado. En el stalinismo solo hay apetitos inconfesables, abyección sin límites, traición en subasta. A través de la carta de Hernández estas características se evidencian en cada linea: aquello ya no es un organismo político, ni clasista, ni revolucionario; es solamente una cueva de traidores. Hasta entre los mismos burócratas se traicionan.

La carta, en nada reivindica ni puede reivindicar a su autor. La complicidad en un crimen no desaparece con la delación. Hernández denuncia públicamente a sus cómplices, pero el tiene tanta responsabilidad como ellos. En nada niega Hernández con la carta su actuación pasada, y nada permite suponer que mañana este traidor deje de hacer lo único que ha aprendido: cometer traiciones a la clase trabajadora, sancionando incluso el asesinato de dirigentes revolucionarios. Naturalmente, los republicanos impotentes y los socialistas colaboracionistas, bien pueden legalizar la carta acreditándola como salvoconducto, si no hoy tal vez mañana. ¡Al fin y al cabo, los señores Martínez Barrio y Prieto también han sido ministros de la "republica de trabajadores" y han compartido responsabilidades por las traiciones y asesinatos del gobierno a que Hernández perteneció!

No es la dirección stalinista en turno la que ha hecho el "milagro" de crear la realidad que Hernández da a conocer actualmente. Esa realidad no es producto de generación espontánea; es sencillamente el resultado de una larga y agravada degeneración constante, bajo la égida del sanguinario Stalin. ¿Que queda del partido stalinista español que al proclamarse la república inició un rápido crecimiento nutriéndose de obreros moralmente sanos y políticamente revolucionarios? ¡Sólo queda, hecha escombros, una burocracia voraz y encanellecida! Los viejos militantes, aquellos esforzados luchadores de la primera época de la república, cansados de soportar una linea política falsa, hartos de contemplar una interminable sucesión cinematográfica de intrigas en ambiente gansteriano, asqueados por el carácter lacayuno de todos los turnos de burócratas, hace tiempo que dejaron las filas del partido, desengañados y amargamente desmoralizados en general. ¡Cuantos de ellos, acaso, nunca mas volverán a recobrar la confianza en la revolución! Los que, abandonando el partido, han seguido firmes en la lucha revolucionaria, lejos de representar la mayoría, son excepciones. Hernández no es un militante de última hora en el partido. Por el contrario, desde 1931 es un aprovechado burócrata y cuenta con mas de 15 años de responsabilidad, como dirigente de la degeneración progresiva del mismo. Hernández no puede lavarse las manos con una carta, menos aun teniéndolas manchadas para siempre con la sangre heróica de revolucionarios vilmente asesinados.

Desde luego, la carta, además de expresar la putrefacta realidad del stalinismo español, ofrece al mismo tiempo un retrato psicológico del autor. Bien puede asegurarse que quién la escribió es un prototipo de burócrata. Como para cualquier otro burócrata stalinista, para Hernández ha desparecido el materialismo histórico, el determinismo económico, la lucha de clases, el internacionalismo proletario, la revolución socialista, la democracia obrera. Un burócrata sólo tiene ojos para mirar al superior y al subalterno, nada mas. La mentalidad del burócrata siempre es de sumisión al de arriba y de desprecio al de abajo. Ningún burócrata se aventura a emprenderla con los de abajo o con sus iguales si no está seguro de merecer los favores de su superior o por lo menos, se arrastra cuanto puede para conquistarles. Así, Hernández, ataca a sus amigotes arrodillándose ante Stalin y procamando su amistad con Oumansky, lo que quiere decir bastante para el buen entendedor. Sin embargo, Hernández, a pesar de sus loas a Stalin y de sus magníficas relaciones, parece que ha dejado de ser el favorito, lo cual tampoco quiere decir que el Todo poderoso escuche al fin sus plegarias. Es prematuro aun el hacer conjeturas sobre los designios que oculta el idolo de la pipa, acostumbrado a hablar el último y a decidirse solamente en presencia de la realidad que se presenta a sus ojos, tan miopes... y sin anteojos. Desde luego, el stalinismo español juega con Hernández una carta que a lo mejor hace fortuna. En el stalinismo, aunque con trampas, se juega al hazar y asi, nada de estraño tiene --por las trampas y el hazar--, que una carta jugada pueda ganar. Precisamente, teniendo en cuenta tal contingencia, bien vale la pena señalar previamente el valor real de la posible jugada ganaciosa. En este caso, con Hernández triunfante o derrotado, el resultado de la lucha interna en el stalinismo español siempre será el mismo: traición al heróico proletariado español.

El proletariado español, tan rico en experiencias recientes, debe esforzarse por barrer de una vez todo la basura stalinista y dar una solución de clase a la realidad de España, imponiendo el socialismo internacionalista y creando un régimen que se alcance por la acción conjunta de la clase obrera, unida y fuerte por su democracia, el único camino para lograr y mantener las conquistas revolucionarias que en el futuro deben dejar de ser accidentales, para convertirse en definitivas.