Contra la Corriente, n.º 17, julio de 1944 (pág. 8). PDF del número completo

En uno de nuestros números anteriores, criticando a quienes se consolaban del discurso de Churchill alimentando esperanzas de una actitud anti-franquista por parte de los Estados Unidos, decíamos que las reticencias con que éstos recibieron el discurso del primer ministro inglés, se basaban en aspiraciones económicas insatisfechas respecto a España, lejos de toda incompatibilidad política. Escribiendo en Excelsior del día 17, un corresponsal de la A.P. reafirma lo dicho por nosotros. Franco reacomoda su política exterior y comercial, favoreciendo cada vez mas a los aliados. Seguramente, en Washington no volverán mas a refunfuñar de Franco. El corresponsal citado informa de un convenio entre el gobierno fascista español y el "democrático" americano, concediendo derecho de aterrizaje a los aviones de esta última nacionalidad. Esta y otras ventajas económicas es todo lo que piden los llamados demócratas a Madrid, para sonreirle y apoyarle. Desde Washington mismo son presentadas como "ayuda" del dictador enano a las democracias, al mismo tiempo que se habla de las "represalias" tomadas por él contra Hitler. A este precio --mejor dicho, a este beneficio--, Franco puede declararse demócrata evangélico, imitnado a su modo al no menos evangélico Mr. Roosevelt. El régimen de opresión político-económica y la cruel represion que padecen las masas españolas no pueden inquietar a los gobernantes americanos. Al contrario, el mundo post-bélico que proyectan parece inspirarse en la dictadura clerigo-militar-fascista que Franco encabeza.

Tampoco éste último puede encontrar inconveniente en estrechar su alianza con las "democracias". En el terreno económico le ofrecen, sin duda, mejor soporte que Hitler, y en el político tampoco se mostrarán inferiores. Ello probará una vez mas al proletariado, que la unidad mundial del capitalismo está por encima de sus luchas intestinas. El fascista Franco cambia su alianza con Hitler por otra con Churchill-Roosevelt y aun sale ganado en el trueque. Si la guerra durase aun bastante tiempo, no sería imposible verle declarar la guerra a su maestro alemán y reforzar su unidad nacional introduciendo en su Consejo a algunos buenos patriotas stalinistas. Cuando menos, todos estos enjuagues servirán para hacer comprender a las masas que cualquier apoyo a uno de los bandos contendientes perjudica a la lucha general contra el fascismo y el capitalismo, y en España particularmente a la lucha contra Franco y Falange. Los obreros deben considerar como traidores a quienes les han inducido por ese camino.

En su último discurso el ensangrentado Franco se ha ofrecido nuevamente como mediador entre los beligerantes. Es muy sintomática la forma en que ha hablado. La paz debe ser hecha para evitar a Europa la "anarquía y el comunismo". ¿Viene, quizás, ese peligro de Rusia? No; Franco no ha aludido a ella. Cuando llegan momentos graves la propia contrarrevolución tiene que reconocer la verdad. El gobierno de Stalin, a pesar de la victoria militar, no es considerado por Franco como un peligro revolucionario; el peligro real está en los pueblos de Europa, ya en marcha hacia la revolución. Franco lo sabe tanto mas bien cuanto que él mismo se siente amenazado por el pueblo español. Franco pide que todo el mundo, incluso Stalin, se coaligue contra la revolución. Y se ve que le escuchan.