Contra la Corriente, n.º 17, julio de 1944 (págs. 21-28). PDF del número completo
El triunfo del fascismo y el estallido de la guerra imperialista, coronaron en Europa la derrota de los múltiples intentos revolucionarios del proletariado, desde la primera ola revolucionaria alemana, a raiz del armisticio, hasta la victoria de Franco. Por esa sucesión de éxitos en el terreno interior de la lucha de clases, la burguesía se aseguró sobre las masas el dominio indispensable para sacrificarlas en aras de sus particulares intereses de clases, esto es, en la guerra por el dominio imperialista del mundo.
En esta época de redoblada lucha de clases, de extrema tensión revolucionaria del proletariado y demás población pobre, la clase propietaria de una nación no estaría nunca en condiciones de guerrear contra la clase propietaria de otra nación, sin reducir previamente las masas, de una manera u otra, a la obediencia ciega. Lo logra en parte por la propaganda patriótica, que ennoblece falazmente los fines de guerra y exalta las peores herencias psicológicas y culturales del pasado; en parte aun mayor por medio de la coacción social y de la represión policíaca en sus diversos grados, comprendiendo el terror; pero lo que principalmente permite a la burguesía lanzarse a la guerra imperialista, es la derrota previa de las masas revolucionarias, el descorazonamiento de las mismas, la convicción consecuente de haber sido traicionadas por partidos que se llamaban comunistas y socialista; la ausencia de perspectiva de lucha inmediata contra la respectiva burguesía, las vuelve inertes. Todos los poderes reaccionarios se han beneficiado de esa laxitud de las masas, desde Hitler hasta Stalin, pasando por las burguesías británica y yanki. Hitler fué, sin duda, el beneficiario primero, pero el último y mayor lo será, en definitiva, la vencedora burguesía yanki-británica.
Si bien es cierto que la victoria de la revolución socialista fué particularmente próxima en los países de la Europa continental, no lo es menos que el proceso de radicalización de las masas británicas y estadunidenses fué disminuido y finalmente cortado por la derrota de la revolución europea. Al mismo tiempo que el fascismo, derrotando a la revolución, preparaba para la guerra a la burguesía de sus países, daba ocasión de hacer lo mismo a la burguesía yanki-británica. En el apoyo casi decisivo que éste prestó a la victoria de aquel, había no sólo el interés grande de impedir el triunfo del socialismo en el exterior, sino también la necesidad de parar la progresión de la conciencia revolucionaria entre las masas inglesas y americanas. Haciéndose prestar ese servicio por el fascismo, corría el riesgo de dejar la preponderancia económica en manos de él; pero lo que cuenta principalmente para la burguesía, mundialmente considerada, es la salvación del sistema de la propiedad privada; la proporción que corresponda a cada burguesía nacional en la explotación de la misma, es asunto secundario e interno de la burguesía. Frente a la impulsión revolucionaria del proletariado, se comporta como un solo hombre antes, durante y despues de cada guerra.
Pero la revolución socialista es una necesidad solidamente arraigada en el cuerpo social y en la conciencia del proletariado, parti- cularmente en Europa. Si el triunfo de la reacción burguesa, rechazando a la revolución, deja a las clases propietarias en libertad de desencadenar la guerra imperialista, de ésta resulta una enorme agravación de los antagonismos de clase, lo que invariablemente renueva la actividad revolucionaria de las masas pobres. Ni el monopolio burgués de la propaganda, ni el terror policíaco pueden evitarlo. Al contrario, se vuelven otros tantos motivos de actividad y radicalización revolucionaria. La guerra burguesa sólo logra segar millones de vidas, destruir fabulosas riquezas y hacer mas innegable y urgente aun la necesidad de liquidar mundialmente el sistema capitalista. Sacando fuerzas de flaqueza, sobreponiéndose a la laxitud e inactividad producidas por las derrotas anteriores, las masas proletarias, campesinas e incluso pequeño-burguesas, se ven empujadas contra el gran capital y contra sus gobiernos representativos.
En ese punto, que significará indudablemente una solución de continuidad, se encuentra ya la actual guerra imperialista. Pese a la censura de los dos bandos contendientes, que no deja pasar las noticias sino minuciosamente cribadas y alteradas --si las deja pasar--, existe base innegable para considerar en marcha una nueva ola revolucionaria europea, principio de otra mundial.
La caída de Mussolini ha sido su primer triunfo parcial. Inmediatamente, la burguesía italiana, el imperialismo alemán de una parte y el yanki-británico de otra, el gobierno de Stalin, mas los stalinistas y "socialistas" italianos, conglomeraron sus fuerzas para reducir al mínimo o a la nada si posible, ese primer paso de la nueva revolución europea. A pesar de sus esfuerzos, de la abierta protección concedida a los fascistas por los ocupantes militares de los dos bandos (los del Norte los mantienen en el poder, mientras los del Sur los reintroducen en el poder con otro nombre) y por la coalición gubernamental staliniano-social-realista, las masas acentúan su lucha y la revolución italiana continua su curso. El proletariado de la zona fabril norteña, tras haber sido bombardeado por la aviación yanki-británica durante las huelgas siguientes a la caída de Mussolini, ha reanudado por dos veces su lucha contra el fascismo, en huelgas que se convierten en combates callejeros contra las tropas de la Gestapo. Simultáneamente, en la zona que va siendo ocupada por las tropas aliadas, la primera medida de su Estado Mayor, en colaboración con sus compinches staliniano-socialistas, es desarmar a los obreros y poner en libertad a los fascistas, desarmados y encarcelados por aquellos. Antifascistas que ya conocieron las cárceles de Mussolini han sido devueltos a ellas por el A.M.G.O.T. y la coalición gubernamental monárquica. Para que repriman las huelgas a la manera nazi, les falta únicamente llegar a la zona proletaria, aun ocupada por Alemania.
En todos los países de Europa, el desperezo de las masas se ha extendido considerablemente desde la caída de Mussolini. Ni uno solo queda al margen de este grandioso y prometedor renuevo revolucionario. Despues sigue Francia en el grado de actividad. También allí, continuas huelgas de carácter económico y político, luchas frecuentes con las tropas nazis y con las de Vichy, anuncian un próximo e importante triunfo parcial de las masas. Dondequiera que se eche la mirada sobre el mapa de Europa, existe un movimiento revolucionario en gestación: Bélgica, Holanda, Noruega, Suecia, Finlandia, los paí- ses de Europa central, Yugoslavia, Grecia. Con mayor o menor intensidad, en todas partes se agitan las masas, protestan, ansían el fin de la guerra y enarbolan contra fascismo y burguesía demandas económicas y de libertad política. España misma, aun no reposada de su guerra civil, bulle de nuevo contra los opresores falangistas. En Alemania también, a pesar del redoblado terror de la Gestapo, el proletariado está haciendo mas por derrocar a Hitler que Churchill, Roosevelt y Stalin juntos. No se trata de ninguna paradoja disparatada. Los objetivos de guerra de esos tres, y sus particulares métodos, son los mas propios para prolongar la estancia de Hitler en el poder. A costa de esfuerzos inaudítos, de muertes y torturas sin fin, el proletariado alemán ha logrado levantar su cabeza abatida y reconstruir un movimiento de oposición. Las luchas contra el nazismo habida en Munich, Brandeburgo, Berlín, solo tienen el valor de escaramuzas de vanguardia. Pero anuncian la proximidad de un ataque general de las masas alemanas. Añádase a ello que Churchill, Roosevelt y Stalin se dan deliberadamente por meta salvar a la burguesía, creadora y sustento de Hitler; el proletariado alemán, por el contrario, verá en la caída de Hitler el comienzo de su revolución. Entonces se le enfrentarán los tres gendarmes citados, codo con codo con los nazis..... "arrepentidos".
Una profunda ola revolucionaria recorrió Europa y se extendió al Asia al finalizar la primera guerra imperialista. En vísperas de terminar la segunda guerra imperialista, una ola mucho mas profunda y violenta inunda el continente de parte a parte. Su nivel, por el momento, es desigual para los diversos países, pero no pasarán muchos meses antes de que adquiera un alto nivel general. La revolución europea adquirirá pronto una impetuosidad arrolladora y una homegeneidad inigualada. Ahí residirá su principal fuerza y su mejor coyuntura de triunfo. Y puede estarse seguro que las masas coloniales de Asia y Africa, las semicoloniales de América Latina, pondránse otra vez a marchar hacia adelante con decisión redoblada.
El proceso mundial de lucha por el socialismo ha empezado a reanudarse ya. Quebrado por la traición social-demócrata al apoyar la primera guerra imperialista, recomenzó como consecuencia de esta, con un gran triunfo: la revolución bolchevique de 1917. Fracasados todos los demás intentos proletarios inmediatos, el capitalismo pareció consolidarse allá por 1926-1927. La inmadurez de los partidos de la III Internacional (entonces revolucionaria) y el sometimiento a la burguesía de los partidos filiales de la II Internacional, fueron las causas principales de aquellas derrotas. Interregno breve. En 1930 los proletariados español y alemán volvían a la carga contra la burguesía y por el socialismo. Les siguieron los obreros franceses y austriacos. Desgraciadamente, a la degeneración burguesa de la Segunda Internacional habíase añadido ya la degeneración particular de la Tercera, basada en la tendencia contrarrevolucionaria de la burocracia soviética stalinista. De diferente modo, ambas internacionales colaboraron al triunfo de Hitler, a la recuperación de la reacción clerical española y a la derrota de las insurrecciones de Viena y Asturias. Enseguida, los modos oportunistas social-demócrata y staliniano, aunque de diferente origen, se unificaron. De común acuerdo provocaron el fracaso de la huelga general francesa, en 1936, haciendo declinar la ofensiva revolucionaria en ese país. El mismo año, el proletarido español, a despecho de los frenos social-demócratas y stalinistas, se lanzó a la mas grandiosa embestida revolucionaria ocurrida entre las dos guerras, despues de la embestida rusa. Unificadamente también, complementándose metodológicamente, stalinismo y "socialismo" destruyeron la energía del proletariado español favoreciendo directamente el triunfo de Franco. La burguesía mundial volvió nuevamente a sentirse tranquila. Con la caída de Barcelona y Madrid eran vencidas las últimas sacudidas de la ofensiva revolucionaria mundial.
Ya entre capitalistas solos, podían pensar, sin quebraderos de cabeza, en desencadenar la guerra por el dominio económico del mundo. El estallido no se hizo esperar. Apenas el frente popular hubo ahogado en España toda posibilidad de victoria obrera, los capitalistas, seguros de no encontrar oposición, lanzaron a las masas de unos países contra las de otros. Entre el molde social capitalista y los intereses del proletariado y la humanidad, existe un conflicto que solamente la revolución es capaz de resolver positivamente. Pero no puede haber situación social sin salida, mal si no es buena. Cuantas veces falle la revolución socialista, otras tantas buscará el capitalismo su propia salida, en detrimento de los intereses humanos. Es la función, la razón íntima de la guerra imperialista. Dentro del molde capitalista, el mercado mundial es demasiado pequeño para permitir la convivencia pacífica de dos o mas grandes potencias industriales. Una de ellas debe señorear sin disputa, económica y politicamente; las otras han de sometérsele: he ahí la solución capitalistas, negativa, a la crisis mundial, cuya decisión se busca mediante la guerra.
Ha sido repetido hasta la saciedad el axioma: "La guerra es la continuación de la política por otros medios"; pero raramente es interpretado con propiedad, y mas raramente aun deducen de él, los partidos obreros, todas las consecuencias prácticas. El summum de la política burguesa en tiempos de paz consiste en salvaguardar el sistema de la propiedad privada de los embates socialistas de la población pobre; la guerra interburguesa lleva esa política hasta el grado máximo, poniendo a decisión qué burguesía ha de ser el primer accionista y el gendarme antisocialista del mundo. Desgraciadamente para ella, la necesidad de la revolución es tan consubstancial con el progreso de la humanidad, que de su propio esfuerzo bélico la cabeza de la revolución reaparece mas amenazadora que nunca, dando veracidad al mito de la hidra indecapitable. Mientras el capitalismo no logre sumergir totalmente a la humanidad en la decadencia, el proceso mundial de lucha por el socialismo se reanudará una y otra vez. Estamos ya en presencia de la mas vasta y poderosa de todas sus reanudaciones. Llevarla a término triunfal debe ser la única preocupación de las masas en general y de los revolucionarios en particular. ¡Paso a la revolución europea, tronera de la revolución mundial!
Pero los enemigos que la acechan son muchos y poderosos. La primera precaución debe ser ponerse en guardia contra ellos. En primer lugar los de la trinca consagrada como "grande" en Teherán. Teniendo ya asegurada la victoria, ellos heredarán de Hitler la jefatura de la contrarrevolución. Continuando su política por medios bélicos, la preocupación primera de su próxima paz será evitar la revolución socialista. Han combatido a Hitler y Mussolini, no por ser fascistas, sino por ser rivales. Descartados como tales, volverán a valerse de los fascistas contra la revolución. Unicamente, para guardar las apariencias, prescindirán de algunos elementos principales y rebautizarán a los demás. Y se presentan casos graves, prescindirán incluso de estas apariencias.
Deliberadamente no hago diferencia entre los gobiernos imperialistas angloparlantes y el de Stalin. Los tres estarán plenamente acordes en combatir la revolución. Incluso puede estarse seguro que procederán del Kremlin los mas cínicos y sanguinarios consejos contrarrevolucionarios. Si bien la economía sovietica no puede ser calificada aun de capitalista, a ese término se esfuerza en llavarla la burocracia que la dirige. Ello da al stalinismo un motivo mas para aplastar la revolución dondequiera que surja, y al proletariado le impone el deber de combatirlo, en beneficio suyo y en el de la revolución bolchevique estrangulada.
Los acuerdos de la trinca "grande" hechos públicos, coinciden en la esencial preocupación de vencer la nueva ofensiva revolucionaria. En todos ellos la "preservación del orden", cuenta entre las cláusulas principales. Desde hace siglos, la reacción designa con esas palabras sus mas criminales actos contra las acciones revolucionarias de las masas. Para preservar el orden de esclavitud y opresión política, los tres grandes cuentan con muchos elementos. Sin duda, el principal de todos es el de las armas. Con sus ejércitos de ocupación, superabundantemente armados, esperan imponer a la burguesía europea sus soberanía económica, y a las masas pobres la soberanía de la burguesía. Hoy, puede decirse que esos ejércitos están principlamente destinados a combatir la revolución. Nunca será bastante recordado el ejemplo de Italia, donde las tropas anglo-americanas, auxiliadas por la diplomacia y los hombres del Kremlin, desarma a los obreros, les impide manifestarse e ir a la huelga, reconstituyen el viejo Partido azul, que dió el principal contingente al partido fascista, protegen e introducen en la administración a destacados miembros de éste y sostienen a la monarquía a fuerza de cañones, fusiles y ametralladoras. Lo mismo esperan realizar en todo el continente, por el Occidente la burguesía yanki-británica y por el Oriente la burocracia rusa.
Pero cuentan, además, con otros factores de no menor importancia. Por una parte, con los gobiernos emigrados mas los que formen en los países del Eje, a la imagen del de Badoglio o el de Bonomi. El imperialismo yanki-británico se servirá de ellos --se sirve ya-- como Hitler se ha servido de sus Gauleiters. Contando con ellos, la burguesía victoriosa puede ahorrarse los gastos excesivos de una ocupación demasiado vasta. Los beneficios serán los mismos y en cambio el imperialismo no provocará odio tan directo como mediante la ocupación. Precisamente por esa razón Hitler se ha servido de los Gauleiters allí donde no era absolutamente indispensable la ocupación militar. Sin embargo, la ola revolucionaria europea continuará ganando extensión e impetuosidad. Con Gauleiters o con ocupación militar, seguirá su curso ascendente. El imperialismo yanki-británico no podrá hacer lo que quiera, sino lo que la situación le permita. A medida que la ofensiva revolucionaria de las masas vaya ganado terreno, irá cediéndolo la burguesía europea y su protector imperialista o staliniano. La categoría social de sus Gauleiters se desplazará continuamente hacia la izquierda. Primero serán los Darlan y los Badoglio, despues los reaccionarios grises a la Bonomi o los realis- tas "democratizados" a la de Gaulle; en cuanto las masas arrecien su ofensiva los imperialistas tomarán a su servicio Gauleiters "comunistas" y "socialistas". De hecho, estos constituyen, despues de las tropas de ocupación, su principal y mas sólido apoyo. Las masas no conservan ilusiones algunas respecto a los representantes políticos de la burguesía. Ni siquiera de Gaulle puede contar con que las masas obreras de Francia confíen mucho tiempo en él. Sin la colaboración de stalinistas y social-demócratas, ninguno de esos gobiernos tendría viabilidad. Constituyendo desde ahora, como en Italia, la base verdadera de los gobiernos reaccionarios, unos y otros veránse obligados a salir del segundo plano ministerial a que voluntariamente se relegan. La experiencia muestra que no existe mejor enterrador de una revolución que las organizaciones llamadas comunista o socialista. Millares de Negrines y Noskes --Kerenskys triunfantes-- saldrán de entre sus filas para mayor gloria de la burguesía y el imperialismo. Ellos representan la mas importante y decisiva palanca contrarrevolucionaria del imperialismo triunfador. Cuando algún proletariado, desbordando a su Negrín, destruya de arriba abajo el estado burgués e instaure su propio gobierno revolucionario, los fusiles, los cañones y los aviones yanki-británico-stalinistas tratarán de ahogar en sangre la revolución y restablecer a los Negrín futuros, en espera de que la propia reacción burguesa pueda hacerse directamente cargo del gobierno. La salvaguarda de la paz, palabras que se encuentran en todos los acuerdos de la trinca grande, refiérense precisamente a la intervención armada contra la revolución proletaria triunfante o amenazante.
Cada burguesía nacional de los países ocupados o aliados de Hitler, al unísono con el imperialismo yanki-británico, se esforzará en desviar la atención y la energía de las masas dirigiéndolas contra "los criminales alemanes". "¡Sus al judío, responsable de todos los males!" -- ha sido el lema de Hitler; "¡Sus al alemán, responsable de todos los males!" --será el lema del imperialismo yanki-británico, las burguesías vasallas y las stalinistas y social-demócratas, vasallos de los vasallos. La lucha contra el alemán en general, caso de tener éxito, produciría un doble beneficio. Impediría que el proletariado de cada país se ocupara de su propia revolución y dificultaría extraordinariamente la revolución alemana, a la que en Washington, Londres y Moscú se teme mucho mas que a Hitler. El proletariado europeo debe precaverse contra el antigermanismo; el antigermanismo terminará aplastándole nuevamente en forma de totalitarismo yanki-británico. Tal será el esquema de los esfuerzos imperialistas y stalinistas en contra de la creciente ola revolucionaria europea.
De todo saldrá triunfante el proletariado si sabe seguir una línea revolucionaria consecuente. Dispone en su favor de la necesidad histórica, de los intereses y la voluntad de la inmensa mayoría de la población, y de una unidad revolucionaria continental como nunca había existido. Su movimiento encontrará, además, eco en todas las partes del mundo, incluso entre las masas de que los vencedores piensan servirse para aplastar la revolución. Esas ventajas constituyen la base necesaria para el triunfo. A condición de saber emplearlas darán al proletariado la organización y las armas necesarias para lograr su revolución y hacer fracasar los bárbaros planes imperialistas y stalinianos. El proletariado debe perseguir insistentemente sus objetivos socialistas y no dejarse desviar por las falacias de la propaganda burguesa e imperialista, que le servirán a manos llenas los traidores dirigentes de la Segunda Internacional y de la ex-Tercera. El nacionalismo antigermano, es de naturaleza burguesa, es reaccionario, es una copia invertida del nacionalismo hitlerista. El proletariado --incluyendo el alemán-- es el principal enemigo de Hitler. Por el contrario, quienes ahora quieren ver un criminal en cada alemán, apoyaron antes a Hitler; sus cómplices de entonces, socialdemócratas y stalinistas, siguen siéndolo hoy. El proletariado europeo, debe tener por mira consciente impulsar la lucha contra nazismo y burguesía, aliándose con el proletariado alemán y defendiendo en común con él la revolución europea y alemana.
Tampoco contra la intervención militar yanki-británico-rusa carece de recursos el proletariado. En primer lugar, puede contar como seguro que ninguno de los tres grandes vencedores saldrá de la guerra sin que sus masas explotadas respectivas experimenten una intensa sacudida revolucionaria. Así como en el proletariado alemán debe buscarse la principal alianza contra Hitler, en el proletariado inglés, americano y soviético, debe buscarse la principal alianza contra los designios de cada gobierno respectivo. La creciente ola revolucionaria europea ha producido ya movimientos reflejos en Inglaterra, Estados Unidos y la U.R.S.S., aunque mas débiles. A los partidos revolucionarios de esos países corresponde impulsar al movimiento obrero en general a una enérgica campaña contra la intervención armada de sus imperialismos. ¡No asesineis la revolución europea! ¡Dejad en libertad de acción al proletariado! Por lo que respecta a la U.R.S.S., los revolucionarios deben regruparse al grito: ¡abajo la burocracia pro-capitalista! y organizar la lucha del proletariado contra la misma, sobre la base de la reconstitución de los soviets democráticos, (dictadura del proletariado). Pero en el terreno europeo mismo, el proletariado ha de crear un clima que posibilite la fraternización con la revolución, de los soldados de todas las nacionalidades.
Para tareas de esta envergadura, se necesitan partidos templados en la lucha, inconmovibles en su ideología revolucionaria. Las viejas organizaciones social-demócratas y stalinistas son viles instrumentos en manos de los imperialismos. Mañana recurrirán a la represión, la calumnia y el asesinato, como Kerensky, Noske y Negrín, para retener a las masas en los límites de la sociedad burguesa. No solamente no puede confiar el proletariado lo mas mínimo en esas organizaciones, sino que debe disponer de otras que le permitan cumplir su grandiosa tarea emancipadora. Social-democracia y stalinismo son las organizaciones correspondientes a un período de decadencia y de derrotas obreras. La nueva ofensiva revolucionaria no reforzará a los traidores; reforzará a la IV Internacional, cuya ideología y cuya militancia han sido templados en las mas crueles persecuciones de la historia. En ella deben buscar su puesto los revolucionarios. En la medida en que la IV Internacional conquiste la confianza de las masas, la revolución europea y mundial verán asegurado su triunfo.
En resumen, los imperialistas yanky-británicos y el gobierno del Kremlin tratan de salvar a toda costa a la burguesía europea, la nazi incluida. No retrocederán ante ninguna infamia y se valdrán principalmente de los llamados "socialistas" y "comunistas". A su programa reaccionario y nacionalista el proletariado debe enfrentar el de la revolución internacional. Ellos dicen, ¡viva el capitalismo!, y el proletariado debe responder, ¡viva la revolución social!; ellos proclamarán los estados nacionales, y el proletariado debe responder, ¡abajo las fronteras!; ellos gritan ya, ¡mueran "los criminales alemanes"!, y el proletariado debe responder, ¡viva el proletariado y la revolución alemana!; ellos quieren balcanizar politicamente y dividirse enonómicamente a Europa, y el proletariado debe responder, ¡vivan los Estados Unidos Socialistas de Europa!; valiéndose de sus obreros convertidos en soldados, ellos esperan ahogar en sangre la revolución europea, y el proletariado debe responder, ¡viva la fraternización de todos los oprimidos, uniformados o no, contra los opresores!
La experiencia pasada enseña que Kerensky triunfante es Noske, es Negrín, y que detrás de ellos se oculta el fascismo; por el contrario, Kerensky derrotado por los trabajadores es la revolución proletaria. El problema decisivo, en Europa, consistirá en saber derrotar a los múltiples Negrín-Noske larvados en las filas social-demócratas y stalinianas.
"La guerra imperialista de 1914-18 ha manifestado definitivamente, incluso a los ojos de los obreros no esclarecidos, el verdadero caracter de la democracia burguesa, aun en las repúblicas mas libres, como un caracter de la dictadura burguesa. Ha sido para enriquecer a un grupo alemán o inglés de millonarios o multimillonarios por lo que han sido masacradas decenas de millones de hombres y por lo que se ha instituido la dictadura militar de la burguesía en las repúblicas mas libres. La dictadura militar persiste incluso despues de la derrota de Alemania en los países aliados. Mejor que nada, la guerra ha abierto los ojos a los trabajadores, ha arrancado los cebos de la democracia burguesa, ha mostrado al pueblo el abismo de especulación y de lucro durante la guerra y con motivo de ella. La burguesía ha hecho la guerra en nombre de la libertad y de la igualdad; en nombre de la libertad y de la igualdad los suministradores de los ejércitos han amasado riquezas inauditas. Todos los esfuerzos de la Internacional amarilla de Berna no lograrán velar a las masas el caracter explotador de la libertad burguesa actualmente manifiesto, de la igualdad burguesa y de la democracia burguesa"
LENIN
(De las "Tesis de Lenin sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado" aprobadas en el primer Congreso de la I.C.)
"Debemos alzar el estandarte de la guerra civil. La Internacional adoptará esta consigna y será digna de su nombre, o vegetará miserablemente. O venceremos o moriremos bajo la bandera de la guerra civil" ZINOVIEV.