Contra la Corriente, n.º 17, julio de 1944 (págs. 11-12). PDF del número completo
Ningún comunicado fué entregado a la prensa sobre las conversaciones de Gaulle-Roosevelt. La política reaccionaria de los acuerdos secretos continúa. Al fin de la guerra, las masas, comprometidas por los acuerdos de sus dirigentes, serán llamadas, quizás, a aceptarlos pura y simplemente, a menos que el contenido de ellos sea tan reaccionario que precipite la acción revolucionaria de aquellas. Es probable que así suceda con los acuerdos de Gaulle-Roosvelt.
Dos asuntos principales estan en el orden del dia de estas conversaciones: 1 - El reconocimiento del gobierno de Argel como autoridad de facto en Francia "liberada", y en el imperio colonial francés, y por consiguiente el reconocimiento de administrar Francia, siendo excluída cualquier otra autoridad; 2 - El problema de la moneda.
Es altamente significativo --repitámoslo-- que ningún comunicado haya sido publicado sobre estas conversaciones. ¿A que precio ha sido comprado el reconocimiento de Argel por parte del imperialismo americano? En ausencia de toda información precisa, no es difícil adivinarlo y se puede afirmar sin el menor temor a equivocación que el precio del reconocimiento ha sido el compromiso tomado por de Gaulle de cooperar activamente al aplastamiento de la revolución socialista en Francia.
Se sabe, en efecto, que la hostilidad yanki hacia de Gaulle provenía en primer lugar del temor que tenía Wall Street a la revolución socialista, naciente en Francia, y de las dudas que abrigaba relativamente al papel de de Gaulle en ella. Muchas veces ha sido dicho aquí que en este punto Roosevelt podía confiar en de Gaulle, pues este, lejos de pensar en impulsar la revolución socialista en Francia sólo se proponía reprimirla. Se ha demostrado tambien que las primeras medidas tomadas por Argel, relativas a la organización de los poderes en Francia "liberada" tenían en vista el establecimiento de un poder "fuerte" de tipo fascista, disponiendo de un partido único.
Pero, para que de Gaulle fuera reconocido por el imperialismo americano, era tambien necesario que se comprometiera a servir los intereses de éste. El silencio observado sobre el contenido de los acuerdos de Washington permite asegurar que ese compromiso ha sido adquirido por de Gaulle. El silencio observado también sobre la cuestión de la moneda que deba circular en Francia, viene a reforzar considerablemente esta afirmación. En realidad, el punto central reside ahí. Sábese que la mayor parte del oro del banco de Francia había sido evacuado al principio de la guerra, a la Martinica y a Estados Unidos. Lo poco que quedaba fué requisado por los nazis. De ahí resulta que Francia se encuentra actualmente con una moneda que no respalda oro ninguno, puesto que este está entre las manos del imperialismo americano. La moneda francesa está pues sometida a su buena voluntad. Puede, a su antojo, precipitar, al dia siguiente del armisticio, una crisis monetaria en Francia que acabaría de arruinar la economía del país, provocando convulsiones indeseables tanto para Roosevelt como para de Gaulle. Pero semejante amenaza ha debido hacer reflexionar a de Gaulle. Todos su juego político consiste en asociarse a veces al imperialismo británico para resistir al americano, y otras en apoyarse sobre el stalinismo para resistir a la presión de la City. Ahora se ha puesto bajo las órdenes de Washington. Tendran que obedecerle y servirle contra los demás aliados. La obligación a que de Gaulle acaba de someterse, aceptando las condiciones de Roosevelt, sólo puede agudizar esta lucha interaliada, mientras que un velo cada vez mas tupido de acuerdos secretos, la cubrirán. ¿Como podría de Gaulle confesar a las masas francesas que acaba de hipotecar la economía del país al imperialismo del dolar?
Así, el gobierno de Washington acaba de reconocer a Argel, consolidándolo en la arena internacional; pero las condiciones de este reconocimiento, cuando sean conocidas de las masas francesas, minarán definitivamente la autorida de de Gaulle, dando a la clase trabajadora y hasta a los patriotas de la pequeña-burguesía, que le sostenía por creer en su anti-capitalismo, un arma invencible contra él. Las masas no podrán menos de constatar que sólo han cambiado de amo --Wall Street substituyendo a Hitler-- y siguen esclavizadas. Sera deber ineludible de nuestros camaradas fraceses el divulgar entre las masas la significación de los acuerdos y su alcance, demostrándoles que no pueden esperar ninguna solución en el marco de la sociedad capitalista. Además, la divulgación y la explicación de los acuerdos permitirá disipar las ilusiones que Argel sigue alentando, y probar que no hay mas que una salida para las masas trabajadoras: la revolución socialista francesa como elemento de la revolución socialista europea y mundial.