Contra la Corriente, n.º 18, agosto de 1944 (págs. 4-6). PDF del número completo

El partido español llamado impropiamente socialista, acaba de dirigir un mensaje al partido francés llamado también socialista con la misma impropiedad. Propone una especie de federación entre España, Francia, Italia y Portugal que el mensaje califica de federación latina. He aquí el párrafo más radical: "El enlace político de los pueblos debe y puede ser fundamento de paz, pero éste llegará a ser inconmovible mediante soluciones socialistas que equilibren, elevándolo, el nivel de vida de las masas productoras". ¿Soluciones socialistas, equilibrio del nivel de vida de las masas productoras? ¡Pero si es precisamente por lo que tantos conflictos sociales e insurrecciones proletarias han estallado en los últimos cincuenta años! ¿Acaso los señores reformistas se han vuelto real y verídicamente socialistas? Nada de eso. Siguiendo la ley general de la evolución, si reformistas eran ayer, más lo son hoy; si antes sirvieron de pilar al capitalismo, hoy son su pilar fundamental, una vez revelados totalmente inservibles los pilares manifiestamente burgueses. ¿Qué soluciones socialistas propone el partido español al partido francés? Absolutamente ninguna. Cuanto propone son soluciones capitalistas.

Es innecesario citarlas textualmente por demasiado evidente y estúpidamente reformistas. Remitimos a los lectores que no las hayan leído en la prensa diaria mejicana al número de "Adelante" correspondiente al 15 de agosto. Supresión de aduanas, convenio ferroviario, intercambio de productos, consorcio marítimo, túnel bajo el estrecho de Gibraltar, aprovechamiento de recursos mutuos, intercambio idiomático y otras proposiciones aun más baladís. Los dirigentes del partido socialista deben considerar a sus miembros completa e irremisiblemente estúpidos. De otra manera no se comprende que tenga la osadía de pronunciar la palabra socialismo allí donde no trata sino de intereses capitalistas. En ninguna de las proposiciones, ni en la verborrea engañosa del documento, se habla de conquistar el poder político para el proletariado ni de expropiar a la burguesía; de si debe continuar la sociedad capitalista o ha de ser substituida por la sociedad capitalista. Todas y cada una de las proposiciones, insistimos, se basan sobre el sistema capitalista de propiedad. El partido socialista miente y engaña a su propia base pretendiendo que eso sean soluciones socialistas, o siquiera que sus proposiciones puedan aportar un alivio a las masas sufrientes. Las palabras "socialismo" y "elevación del nivel de vida de las masas productoras" tienen un cínico carácter de cebo. El Partido socialista propone soclouciones capitalistas que, además, no pueden elevar el nivel de vida de las masas, sino entregarlas a las necesidades reaccionarias del capitalismo, a la miseria acentuada, al despotismo cada vez más perfeccionado.

Los miembros del Partido socialista, si no quieren servir, en manos de sus dirigentes, de instrumento contra la clase trabajadora y la revolución, deben romper radicalmente con la política de aquellos. Deben empezar por someter sus dirigentes a un implacable interrogatorio: ¿Cuál idea directriz debe guiar a la clase obrera, la de continuidad del capitalismo, o la de su quiebra y la necesidad consecuente de reemplazarlo por el socialismo? ¿Considera el Partido socialista que bajo el capitalismo sea posible un mejoramiento serio y durable de las condiciones de vida de la clase productora, o que la única manera de lograrlo sea la revolución socialista? ¿Se debe limitar la clase obrera a apoyar los regímenes democrático-burgueses, o ha de ir a la destrucción del Estado burgués y la creación del suyo propio? ¿Es la hora del capitalismo o la del socialismo? ¿La clase proletaria y los campesinos, han de tomar el poder político, o deben continuar sirviendo de base y de víctimas al poder burgués? Estas y otras preguntas deben ser formuladas por los miembros de base del Partido socialistas.

De antemano les anunciamos que no recibirán respuesta, o recibirán una suficientemente ambigua para permitir a los dirigentes continuar apoyando al degenerado sistema capitalista. Pero los obreros socialistas quieren una respuesta explícita, la tienen en el mensaje dirigido al partido francés. Para nada se menciona en él la expropiación de la burguesía o la toma del poder político por el proletariado. En consecuencia, los dirigentes socialistas proponen un programa de defensa de la sociedad y la propiedad capitalistas. Ahora bien, la cuestión de la propiedad, privada o socialista, de los medios de producción, envuelve toda la crisis mundial y la suerte particular de los explotados. Todo el mundo tiene que adoptar hoy una de estas dos actitudes: o por la propiedad capitalista, con todas sus consecuencias de miseria, opresión y represión de las masas, o por la propiedad socialista, en cuyo caso el todo estriba en prepararse para la conquista revolucionaria del poder político. Sin lo último no puede haber revolución, y sin la revolución, cuanto se diga sobre socialismo, es añagaza y demagogia para engañar a las masas.

Los militantes socialistas tienen el deber de plantear todas estas cuestiones y de organizar la lucha contra sus dirigentes, que ya preparan la derrota a la próxima ofensiva revolucionaria de las masas.

El sedicente plan federativo no es más que un tímido gesto de defensa de los intereses capitalistas latinos frente a la poderosa absorción del capitalismo anglosajón. Con todo, los patrocinadores de aquel no lograrán pasar de la categoría de capataces de éste. Una federación revolucionaria y verdaderamente socialista, no tiene por qué excluir a los no latinos; ha de incorporarse a cuantos pueblos realicen la revolución socialista, y perseguir esa finalidad en toda Europa, como paso primero para una federación socialista mundial. ¿Por qué el Partido socialista no enarbola el estandarte de los Estados Unidos Socialistas de Europa? Porque ello lleva consigo una lucha implacable contra toda desviación burguesa, porque esto sí es socialista, porque comporta la solidaridad del proletariado internacional, incluso del proletariado alemán, cuya revolución se aprestan a ahogar en un mar de sangre los imperialistas triunfantes, en colaboración con la burguesía alemana, los nazis "arrepentidos", los stalinistas y los "socialistas" a la manera de Prieto y compañía. Es un miserable reaccionario quienquiera no salga en defensa del proletariado y la revolución socialista alemanes. Con su federación latina, los señores reformistas vienen a decir al imperialismo triunfante: os damos mano libre en Alemania, a condición de que favorezcais la colaboración nuestra con la burguesía democratizada de nuestro país. ¿Se dejarán enagñar los obreros sanos y revolucionarios del Partido socialista? No deben tolerarlo; pero tampoco podrán impedirlo sin actuar rápida, enérgica e inequívocamente.

Sobre cualquier problema, los dirigentes pueden ser dejados fácilmente en toda su desnudez burguesa. Sus vestiduras "socialistas" están apenas prendidas a la inercia o la desorientación de los militantes revolucionarios. Una última comparación terminará de demostrarlo. Si el Partido socialista quiere de veras, y no en palabras, "elevar el nivel de vida de las masas productoras", ¿por qué no adopta la reivindicación defendida en el editorial anterior: escala móvil de horas de trabajo? No existe otra manera de evitar el paro obrero, la baja de los jornales y la miseria de las masas. Pero esto, impracticable sin lesionar los intereses de los capitalistas, lleva consigo la lucha contra ellos, contra su Estado reaccionario, en pro de la toma del poder político por el proletariado. Y eso... eso desborda los cálculos y los intereses del Partido socialista. Prefiere engañar a las masas introduciendo aquí y allí la palabra socialismo, y al amparo de ella introducirles un programa capitalista.