Contra la Corriente, n.º 19-20, septiembre-octubre de 1944 (págs. 1-2). PDF del número completo
El fin de la guerra imperialista que se avecina abre la puerta al paro obrero. Siendo provisionalmente inútil la industria de guerra —hasta la próxima guerra imperialista— la burguesía, considerándolo como el hecho más natural, echará a la calle a millones de trabajadores. Después de haber edificado fortunas a costa del sudor de unos y de la sangre de otros, durante la guerra, tratará después de ella de proteger sus ganancias contra las reivindicaciones de los trabajadores que, desmovilizados, encontrarán cerradas las puertas del taller. Después de la pesadilla de los combates, comenzará para los obreros la pesadilla del hambre.
Por eso, la IV Internacional ha propuesto y mantiene en su programa de transición una solución a la crisis tremenda producida por la guerra imperialista. A la burguesía que pretexta que la industria no puede dar trabajo a todos porque tiene que readaptarse a las normas de paz (mañana dirá que no tiene bastantes compradores), el proletariado debe contestar: Ustedes se han enriquecido mientras nosotros luchábamos en provecho suyo; nuestro derecho más elemental en esta sociedad es el derecho al trabajo. Exigimos que sea respetado. Para resolver el paro hay un medio: la escala móvil de las horas de trabajo. Que el trabajo existente en cada nación sea repartido entre todos los trabajadores, sin que dejen de cobrar, claro está, el sueldo íntegro de la jornada de ocho horas. Podrán corresponder a cada obrero tres, seis u ocho horas de trabajo, pero ningún obrero debe quedarse sin trabajo ni ganar menos de lo necesario para cubrir las necesidades suyas y de su familia. Esto solamente puede lograrse dividiendo la cantidad de horas de trabajo necesarias para la producción de cada año, o cada seis meses, por el número de obreros existente. El respeto de una jornada fija supone forzosamente el paro, la degeneración física para decenas o centenares de millones de hombres en todo el mundo, mucho más si la jornada sigue siendo de ocho horas.
Sabemos, desde luego, que la burguesía, enseñando sus libros de contabilidad, dirá que no puede acceder a esta petición. Pero los trabajadores replicarán que no se trata de salvaguardar los beneficios de la burguesía, sino de impedir que millones y millones de proletarios caigan en el pauperismo; y si los intereses particulares de la burguesía son incompatibles con esta demanda mínima, eso sólo prueba que la burguesía es la causa de la miseria y del atraso social, por lo que debe desaparecer. De lo contrario, morirán de hambre, no ya en la guerra imperialista sino en la paz capitalista, millones de obreros con sus familiares, para que la burguesía pueda seguir cobrando sus grandes beneficios.
La burguesía luchará ferozmente contra la escala móvil de las horas de trabajo, "probando" que no puede aplicarla sin arruinarse. Los trabajadores contestarán que si ella no puede hacerlo, ellos en cambio están dispuestos a hacerlo, y se incautarán de las fábricas, reanudando la producción, no con vistas a la plusvalía, sino en función del consumo de la población.
Esta consigna tiene actualmente un enorme valor progresista para las masas trabajadoras de todos los países del mundo, cualquiera que sea el nivel de consciencia que hayan adquirido, porque el paro obrero (ya empezó en Estados Unidos, donde pronto estarán en la calle 8 millones de obreros), será inevitablemente un fenómeno común en el mundo entero. Todos los obreros, con las más diferentes calificaciones y en todos los países, están amenazados por el paro. No cabe duda que los revolucionarios que luchen por esta consigna adquirirán un creciente prestigio entre la clase trabajadora que comprenderá francamente la justeza de la escala móvil de horas de trabajo y que, ganada esta meta continuará en el camino de sus reivindicaciones hasta el fin, es decir, la revolución socialista internacionalista.
Además de su valor inmediato de agitación, la consigna tiene otro alcance, trascendental. Mostrando un objetivo inmediato, comprensible para todos los obreros, facilitará grandemente a los revolucionarios que la propongan, la creación de un frente único obrero de amplitud, cohesión y fuerza abrumadoras, lo que reforzará la confianza de la clase trabajadora en sí misma, orientándola por el camino que la lleve a la toma del poder político, meta sin la cual toda conquista alcanzada no podrá ser duradera.
No se puede objetar que, en determinados países, los obreros han llegado o llegarán a la ocupación de las fábricas y a la formación de comités de obreros sin tener en cuenta esta consigna. Si los obreros ya ocupan las fábricas y los comités obreros las administran, tanto mejor; pero la consigna de la escala móvil de salarios y horas de trabajo les será imprescindible para organizar la producción en la época actual de desorganización de ésta, de falta de materias primas y de transportes, particularmente en Europa. Sin la escala móvil de horas de trabajo, los obreros se encontrarán incapacitados para resolver los problemas que la situación les plantea o por lo menos su solución les será mucho más difícil.
Sin embargo, no debe imaginarse que con la conquista del poder político, la situación quedará resuelta como por milagro. Después de la toma del poder político, la escala móvil de las horas de trabajo cobra mayor valor que antes aun, pues será el único medio que tendrá el proletariado para resolver la crisis económica que habrá heredado del capitalismo, consolidar su poder y preparar las realizaciones socialistas de mañana.
La escala móvil de las horas de trabajo, sin reducción del pago semanal, debe ser en esta etapa el eje de la lucha obrera en todos los países del mundo. Y para que lo sea, cabe a nuestros camaradas promover sin pérdida de tiempo una acción decisiva en este sentido, proponiendo a todos los grupos, partidos o sindicatos obreros, un frente único por esta conquista por meta. El camino de la revolución socialista pasa por ahí y desconocer la escala móvil de horas de trabajo o menospreciarla, equivale a perder de vista el propósito final.
Repetimos, no hay otra manera mejor de luchar contra la desocupación en la post-guerra que enarbolando la consigna de lucha obrera: ¡la escala móvil de horas de trabajo!