Contra la Corriente, n.º 19-20, septiembre-octubre de 1944 (pág. 1). PDF del número completo
Hace diez años, justamente, el heroico proletariado español escribió con su propia sangre una fecha inolvidable en la lucha por su emancipación. El Octubre rojo español no puede menos que despertar en el proletariado mundial una fervorosa convicción de confianza en su acción revolucionaria y de afirmación en su deseo consciente de luchar hasta las últimas consecuencias, vale decir hasta la implantación de una nueva sociedad que proporcione al hombre, a la mujer y al niño la alegría de vivir en fraternidad libre y querida.
Octubre de 1934, fecha trágica, de sangre y de luto, es también fecha gloriosa de optimismo y de confianza. El camino de liberación de la clase trabajadora está señalado con fechas rojas, en las que la sangre obrera queda como voz viva haciendo oír perennemente su protesta contra la sociedad regida por la propiedad privada, y su optimismo responsable al proclamar su confianza en una nueva sociedad, en la que sea realidad de vida la fraternidad libre y querida entre todos los pueblos y todas las razas.
Octubre de 1934, fecha en la que el proletariado español manifiesta en forma innegable sus anhelos de liberación, entregando su sangre y su vida, tratando de convertir en realidad su esperanza en un mejor porvenir humano. La sangre roja y la vida heroica que el proletariado entrega generosamente en bien de la humanidad futura, es sangre fecunda, es vida que no muere. En la acción revolucionaria de la clase trabajadora crecen a través del tiempo los hechos revolucionarios del pasado y su acción es cada vez más segura al sentir con mayor profundidad en carne propia la monstruosa e ignominiosa explotación del hombre por el hombre.
Ahora, en Octubre de 1944, cuando el capitalismo —llámese fascismo o democracia— en plena degeneración ineludible, marcha por la pendiente del abismo precipitando a la humanidad en la barbarie; organizando la muerte colectiva, el hambre en tierras de abundancia y la destrucción de cuanto con más cuidado ha conservado la civilización; festejando sus éxitos con montones de cadáveres, alegrándose del hambre en hombres, mujeres y niños, divirtiéndose con la destrucción de pueblos, ciudades y razas; ahora cobra más vigor que nunca la sangre fecunda de los caídos en Octubre y se hace más presente su vida heroica sacrificada por la revolución. Sólo la acción revolucionaria de la clase trabajadora empeñando en ella su sangre y su vida por la liberación de la humanidad podrá poner fin a la barbarie del capitalismo. Los muertos de Asturias tienen voz viva para acusar a los traidores de ayer, de hoy y de mañana; sus manos que empuñaron los fusiles aun tienen el índice en alto señalando el camino de la revolución y todos unidos ofrecen su fraternidad solidaria a cuantos marchen por el mismo camino que ellos siguieron.
¡UNION DE HERMANOS PROLETARIOS!, fué la consigna del Octubre rojo español. Esta consigna de ayer es la de hoy y será la de mañana, ella nació al calor de la acción proletaria. Y, ahora más que nunca en España —y en Europa en particular— las organizaciones obreras que no la respalden no podrán subsistir, pues la alternativa que se les presenta es tajante: o se ponen a la altura revolucionaria del proletariado o éste las desbordará, creando en su acción las que necesite.
El Grupo Español en México de la IV Internacional, reafirma una vez más su fidelidad al proletariado español que se expresó revolucionariamente en Octubre de 1934, en Julio de 1936 y en Mayo de 1937, por lo cual rinde su más sentido homenaje a los caídos en Octubre.