Contra la Corriente, n.º 19-20, septiembre-octubre de 1944 (págs. 5-7). PDF del número completo

En uno de sus últimos banquetes el señor don Indalecio Prieto, anunció la constitución en España de un Comité de Liberación cortado por el patrón del tinglado que funciona en México con el mismo nombre. Pertenecerían a él, a más de los republicanos, el Partido Socialista, la UGT y la CNT. ¿Qué dice la Delegación general? ¿Por o contra la participación de la CNT?

Precisamente el día antes de la "sensacional revelación" del señor Prieto, hecha el 4 de Septiembre, "Excelsior" comunicaba un despacho de la Associated Press conteniendo nueve puntos atribuidos al pretendido Comité de Liberación de Madrid. Helos aquí:

"1.- Anulación de todas las leyes promulgadas por el generalísimo Francisco Franco. 2.- Vuelta a la constitución republicana de 1936 (?). 3.- Todos los bienes adquiridos desde 1936, serán confiscados. 4.- Todos los bienes de banco y monedas emitidas por el Gobierno de Franco, serán declarados ilegales. 5.- Todos los servidores civiles y el personal militar serán destituidos. 6.- Comenzarán a funcionar de nuevo, como en 1936, todos los tribunales de justicia. 7.- Todos los partidos políticos volverán a funcionar. 8.- Se prohibirá a la iglesia que participe en la vida política. 9.- Se castigará a todos los que participaron en el establecimiento del Gobierno de Franco".

El comunicado de la Associated Press se basa en una noticia de la agencia oficial alemana D.N.B., procedente de Ginebra, donde, a su vez, hablan de un manifiesto distribuido en Madrid con los puntos citados. Así pues, el mensaje es del género "dicen que dicen", el mismo utilizado para comunicarnos la constitución, en Madrid también, de la supuesta Junta Suprema de unidad nacional. Con toda probabilidad, la existencia del Comité adicto a Prieto tiene tanta veracidad como la de la Junta adicta a la mesnada del Mariscal. O es una invención completa o una ficción burocrática creada extra-fronteras con finalidades propagandísticas. Teniendo en cuenta la intervención de la agencia de noticias alemana, el mensaje pudiera reducirse a un truco de la propaganda hitleriana destinado a contener la precipitada carrera de Franco hacia Londres-Washington. Eso de la constitución de 1936 no indica mucha familiaridad con los asuntos de España!

Pero, admitamos que exista realmente un Comité de Liberación en Madrid, basado sobre los dichos 9 puntos. No contienen, como puede ver cualquiera, nada anti-capitalista; están lejos de incurrir en las ideas revolucionarias que el señor Prieto califica continuamente de "espasmos demagógicos". Sin embargo, salvo tres excepciones, son completamente inaceptables para el conglomerado de falsos libertadores. Y aun de las excepciones —los puntos 1, 2 y 8— solamente el 2 será aceptado con seguridad por Prieto y compañía, suponiendo que se trate de la constitución de 1931, no de la que en Julio de 1936 se dieron las masas en las calles, con las armas en la mano. La supresión de las leyes de Franco y la prohibición a la iglesia de intervenir en política —puntos 1 y 8— aceptados teóricamente, sería una ficción en manos de cualquier gobierno republicano-socialista, o republicano-socialista-cenetista, si la acción del proletariado no viniese a cortar por lo sano. Pero cortará, y con una fuerza semejante a la de Julio de 1936. Los puntos restantes no serán nunca puestos en práctica por ningún gobierno burgués, por muchos ministros "socialistas", "comunistas" o "anarquistas" que se le adosen. Cuando el señor Prieto, en el banquete del día 4 de Septiembre, declaró que "los 9 postulados son, en esencia, los mismos proclamados por la Junta que aquí, en México, preside don Diego Martínez Barrio", no hacía más que entregarse conscientemente a la vil demagogia a que todos los enemigos de la revolución recurren cuando quieren encaramarse en las costillas de las masas para arrimar el hombro a la decadente sociedad burguesa. Antes de la república, el señor Prieto y sus congéneres se entregaron a una demagogia semejante. Hablaron de solución del problema agrario, de disolución de las órdenes religiosas e incautación de sus bienes, de incautar la Compañía Telefónica, etc., etc. Una vez en el poder, Prieto se sentía, por propia expresión, "antes ministro que socialista" o sea, representante de los intereses capitalistas antes que nada. Todas las promesas, que tampoco desbordaban el marco de la sociedad capitalista, se volatilizaron. Mucho más rápida e inequívocamente se volatilizarán las promesas actuales. El organismo del señor Prieto está destinado a desempeñar —y ésto con plena consciencia de sus principales componentes— un cometido de unión nacional, de contención y asfixia de la lucha revolucionaria de las masas pobres. No confiscarán los bienes adquiridos bajo el dominio de Franco, ni destituirá a los sirvientes civiles y militares de éste, ni castigará sino a unos cuantos para aplacar la cólera de las masas. En cuanto a los partidos políticos, tomará inmediatamente medidas para restringir o prohibir la acción de los más revolucionarios. En ninguno de estos dominios, téngalo bien presente todo el mundo, se hará más de lo que las masas logren imponer por su propia acción. Predecimos que, bajo cualquier gobierno que no sea la dictadura revolucionaria del proletariado, basese sobre el programa de Prieto o sobre el stalinista, y aunque colaboren en él los "anarquistas" serán perseguidos como provocadores, o acusados de "incitadores a la rebelión", quienes reivindiquen la obra del 19 de Julio: armamento del proletariado, desarme y disolución del ejército, de las guardias civil, de asalto, carabineros, expropiación del capitalismo y de la gran propiedad agraria, etc.

En consecuencia, afirmamos que no existe otro camino que la lucha de masas contra Franco, en frente único de clases pobres, y rechazando cualquier compromiso con todo conglomerado gubernamental de carácter burgués. La presencia en ellos de dirigentes que usurpan el nombre de socialistas, comunistas o anarquistas, no debe engañar a los obreros. Un gobierno revolucionario y proletario será sólo aquel que desarme y disuelva los cuerpos burgueses (ejército y policía de todas clases), anule todas las leyes anteriores, disuelva los tribunales burgueses y cree tribunales proletarios, expropie el gran capital industrial y bancario, así como todas las grandes propiedades agrarias y lo ponga todo en manos de obreros y campesinos pobres; aquel que, en fin, destruya toda la máquina burocrática burguesa incluyendo los parlamentos y entregue todo el poder a los comités elegidos democráticamente por obreros y campesinos. Esta será la verdadera democracia y no la parlamentaria, destinada a engañar a los trabajadores y a servir al capitalismo. De la Junta de Liberación si llegara a ser gobierno, las masas no pueden esperar sino desengaños y represiones. La liberación de los explotados, imposible sin destruir el capitalismo, sólo puede ser obra de la acción revolucionaria de los explotados mismos, repetición y perfeccionamiento de la lucha del 19 de Julio de 1936.