Contra la Corriente, n.º 21-22, noviembre-diciembre de 1944 (págs. 6-8). PDF del número completo
Tanto "Solidaridad Obrera" como "C N T" han publicado un manifiesto firmado por las dos centrales sindicales, que se dice editado y hecho circular en España. Lo expuesto en él merece atención, por la importancia que tenga o por la que pudiese tener mañana.
Está redactado en un vago sentimiento de humanismo y liberalismo muy del gusto de los bonzos sindicales que dirigen la U.G.T. y no completamente extraño a la locuacidad de los dirigentes de la C.N.T.. Faltan en él los acentos vivos, doloridos y enérgicos que se espera ver salir espontáneamente de los hombres que viven bajo el terror falangista. Desde la primera línea a la última, el manifiesto es de un tibio republicanismo burgués.
El pueblo del 19 de julio es calificado en él de republicano, la guerra imperialista es definida como continuación de nuestra guerra civil y los ejércitos de las Naciones Unidas —la más grave amenaza que hoy pesa sobre las masas europeas— son llamados magníficos y libertadores. Por añadidura acusa a los actuales gobernantes españoles de no haber sentido nunca españolismo. En fin, nada más de lo que hubiera podido decir un Martínez Barrio, un Prieto, un Mije, e incluso en hora actual, un Gil Robles. He aquí el párrafo más importante, el único que contiene algo:
"La Confederación Nacional del Trabajo y la Unión General de Trabajadores, que como tales organizaciones obreras tienen objetivos comunes, se disponen a encauzar el porvenir social de España dentro de un marco de mutuas transigencias en el procedimiento táctico, a través del cual sea posible un vivir decente y honrado del pueblo productor. No olvidamos las organizaciones obreras que hoy lo político-social y lo económico forman un todo, y por eso trataremos de sincronizar lo uno con lo otro, ofreciendo así a todos los sectores políticos honrados la posibilidad de cooperar al mejoramiento de todos los explotados y establecer una etapa de cordialidad que permita en el menor tiempo posible la reconstrucción de nuestra querida España y su máximo engrandecimiento".
Notemos. Siendo el objetivo común, las diferencias tácticas tienen una importancia secundaria; la declaración querría decir que las dos centrales sindicales están de acuerdo sobre las soluciones que hayan de darse a todos los problemas fundamentales que tienen planteados los explotados españoles: problema de organización económica y problema de organización política. Pero el manifiesto se diluye en lo vago en lugar de hablar de las soluciones concretas. Sin embargo, es bien sabido que la dirección de la U.G.T ha estado siempre por la colaboración con la burguesía y que sigue estándolo, como también que lo estuvo la C.N.T. durante la guerra civil. La defensa de los trabajadores que parte de la primera se ha limitado a intentar mejoras económicas dentro del capitalismo. Y aun frecuentemente tuvo que frenar éstas, para no molestar a gobiernos con los que colaboraba. La revolución social no ha existido en el horizonte mental de los dirigentes socialistas. La han rechazado siempre con palabras muy parecidas a las del manifiesto: "...Un vivir decente y honrado del pueblo productor", "...sectores políticos honrados", "...nuestra querida España y su máximo engrandecimiento", etc. Porque no puede haber, en la época actual, vivir decente y honrado para el pueblo trabajador, sin la revolución proletaria, ni el proletariado debe colaborar con otros sectores políticos que los firmemente decididos a acabar con la sociedad capitalista, ni se puede hablar de engrandecimiento de España sin copiar el lenguaje de la burguesía. El socialismo, lejos de necesitar, repugna esos términos; su grandeza no es española, francesa, etc, sino internacional. Adoptando el engañoso lenguaje reformista, los dirigentes de la C.N.T. adoptan también las finalidades reformistas.
Las palabras socialismo y revolución proletaria no han sido escritas una sola vez en el manifiesto. ¿Y qué otra solución puede darse al problema de los explotados? La democracia burguesa será siempre algo efímero, una especie de terreno de batalla entre la contrarrevolución y la revolución. Unicamente el triunfo de esta última logrará afirmar un nuevo tipo de democracia, la basada en la propiedad socialista de los medios de producción. No sintiendo la necesidad de poner en claro esto, el manifiesto incurre deliberadamente en un democratismo falso, extraño a las masas. Es antifranquista desde el punto de vista burgués, no proletario. Su promesa de colaborar con los sectores políticos "honrados" hace referencia a aquellos que tienen por base el respeto a la propiedad capitalista y su desarrollo.... en bien del engrandecimiento de España, etc., etc.
No sin razón, la fracción más declaradamente procapitalista de la C.N.T., la dirigida por García Oliver, publica triunfalmente el manifiesto, recordando a la Delegación General que representa los puntos de vista defendidos abiertamente por la primera. Pero a decir verdad, la Delegación General ha secundado las mismas posiciones, aunque sin atreverse a decirlo abiertamente. Su aprobación del manifiesto equivale a una admisión de identidad con García Oliver, al mismo tiempo que de sujeción al republicanismo burgués representado por los Prieto, Martínez Barrio, e incluso por los stalinistas.
Pero si ese es el punto de vista de quienes actualmente aparecen como representantes de la C.N.T., nosotros estamos seguros de que no es el de los afiliados, como tampoco expresa el manifiesto, el sentimiento socialista de los afiliados a la U.G.T. El manifiesto pudo haber sido perfectamente redactado en el extranjero, sobre todo si se tiene en cuenta el prurito de confirmar las posiciones mantenidas en la emigración por dirigentes cenetistas y ugetistas. Pero aunque haya sido escrito en España, representa el sentir de dirigentes muy inclinados a la colaboración con la clase capitalista. Nosotros combatiremos implacablemente ese espíritu, tanto en la C.N.T. como en la U.G.T.; prepara nuevas derrotas al proletariado. Los militantes revolucionarios de una y otra central sindical tienen el deber de condenar el contenido del manifiesto y combatir el pensamiento colaboracionista de sus respectivos dirigentes. ¡Nada de colaboración política con la burguesía, sea republicana o no! La misión y la necesidad más urgente de las masas explotadas es la destrucción del sistema capitalista. Hacia ella deben encaminarse toda su propaganda, sus esfuerzos y sus proyectos. Pero manifiestos como el referido sólo pueden servir para hacer nuevamente del proletariado un instrumento de la burguesía, como durante el anterior período republicano. Y esto no debe consentirlo, no lo consentirá el proletariado. Junto con nosotros, se alzarán contra el intento los revolucionarios sinceros de todas las tendencias.