Contra la Corriente, n.º 21-22, noviembre-diciembre de 1944 (págs. 8-9). PDF del número completo

Durante la reciente visita de la junta de Liberación a la Habana, el orondo señor Prieto, harto sin duda de sentirse una sola persona en medio de tanto volumen, descubrió repentinamente en sí tres personas distintas en su solo volumen verdadero. Volumen de Prieto, de los pies a la cabeza y del ombligo a la rabadilla; personalidad trina: de Prieto, de Churchill y de Roosevelt. Y así relleno, se puso a desembuchar un discurso a imitación del español, del inglés y del yanki. Pero a menos de dejar un gran vacío en su inmenso espacio interior, el señor Prieto tendrá que buscarse otro u otros personajes con quién rellenarse, porque en lo político Churchill y Roosevelt, para las finalidades de Prieto, hacen sólo uno. Como Prieto, el orador se expresó en pro de la legalidad republicana, a la izquierda del stalinismo y opuesto a la colaboración con él; en cambio como Churchill y como Roosevelt, resumiendo a los dos, sólo pudo vomitar esta frase de relumbrón: "Nuestra fórmula es la rendición incondicional".

Pero si Prieto es sólo una caja de resonancias embusteras, la trinidad Prieto-Churchill-Roosevelt no logra darle mayor veracidad, aunque sí aumente considerablemente el ruido, ya de suyo fanfarrioso, que acostumbra hacer el líder social-burgués.

Siempre hemos dicho, y seguimos sosteniéndolo, que entre Prieto y los stalinistas no existe ninguna divergencia política seria. El stalinismo, es verdad, extiende el círculo político de sus alianzas más allá que Prieto, pero ambos operan con la misma finalidad, la república burguesa, y sobre la base del mismo respeto a la propiedad capitalista. Lo que el stalinismo se propone públicamente, el señor Prieto y los suyos lo harán calladamente, llegado el caso. Porque es absolutamente imposible no colaborar más o menos directamente con los reaccionarios españoles siendo un parlamentario defensor de la sociedad burguesa. Por mucho que hoy chille el señor Prieto, la colaboración con el stalinismo se le impondrá en el futuro, como una necesidad de defensa de su propio programa. ¿No obedeció a eso su pasada colaboración con él? Y si entonces, mientras el stalinismo asesinaba a los más revolucionarios elementos, incluyendo socialistas, el señor Prieto compartía con los representantes de la G.P.U. la responsabilidad de los ministerios o cerraba la boca y se fugaba al extranjero, en el futuro les dará nuevamente el brazo para hacer frente a las masas levantiscas y a lo mejor de los militantes socialistas. Sus alharacas discurseras de hoy son un señuelo para atraer hacia sí la futura mayoría parlamentaria, son recursos de oposición que el señor Prieto tiene ya una larga práctica en emplear y en olvidar.

Igualmente embustera se revelará la faceta Churchill-Roosevelt con que el señor Prieto quiso llenar el vacío de su geométricamente extensa personalidad. Su ampulosa demanda de rendición incondicional será tan traicionera como la de sus dos maestros imperialistas. En Italia, en Grecia, en Francia, en Bélgica, Churchill y Roosevelt están sirviéndose de los fascistas y del aparato represivo estatal creado por éstos para contrarrestar el armamento y las reivindicaciones socialistas de las masas. Prieto y sus colegas les imitarán en España, porque no aspiran sino a imitarles y a bien servirles. A Prieto, la imitación de palabra vale por la imitación de hecho. Se le pueden descubrir rasgos más derechistas, pero no más izquierdistas que los socialistas que en los países mencionados ya colaboran con imperialismo y burguesía fascistoide a la represión de las masas. La pretendida rendición incondicional será aplicada solamente a Franco y cuatro cabecillas más, si es que no se les deja escapar "generosamente", como se hizo con Alfonso XIII y sus cómplices. Los de la "legalidad republicana" montarán a horcajadas sobre el aparato económico y represivo que sustenta a Franco y lo lanzarán sobre las masas que querrán abrirse camino hacia el socialismo. Como en Francia, Bélgica, Italia, Grecia, etc., la rendición incondicional será, en el fondo, dirigida contra las masas. "Alzadnos al poder, haced nuestro juego, pero, ¡ay de vosotros!, si pretendéis romper el cerco de la sociedad capitalista" —he ahí el significado verdadero de los aspavientos de todos los Prietos. Lo veremos si las masas no se precipitan a tomar el poder político. Trina o simple, llena o hueca tal cual es, la voluminosa personalidad del señor Prieto, desde los pies a la cabeza, desde el ombligo a la rabadilla, será siempre enemiga del proletariado y de la revolución social.