La Voz Leninista, n.º 1, 5 de abril de 1937 (pág. 1). PDF del número completo

A medida que la política de Frente Popular aboca los acontecimientos a una solución reaccionaria, bien sea mediante la transformación de la guerra civil en imperialista, el armisticio con los fascistas, o el triunfo de estos, en el espíritu de las masas se produce una saludable reacción contra aquel que es preciso canalizar sometiéndola a objetivos bien determinados.

Hemos sido nosotros los primeros en formular la necesidad del Frente Revolucionario del proletariado como única fuerza capaz de alejar todos los peligros, dando un vigoroso impulso a la guerra y la revolución. Poco tiempo después, «C. N. T.» de Madrid lanza su consigna de Alianza Obrera Revolucionaria y Andrade, en la «Nota política diaria» de «La Batalla», reclama el Frente obrero revolucionario. Esto basta para demostrar que en la conciencia de las masas gravita la necesidad de un frente único que reanude la lucha implacable de clase contra clase hasta acabar con el poder político y económico de la burguesía, cuyo pilar más sólido es hoy el Frente Popular. De la decisión de los partidos y organizaciones no ligados a las burocracias reformista y staliniana, para romper su connivencia o tolerancia más o menos disimulada hacia el Frente Popular, depende la iniciación de aquel camino.

Forzoso es declarar que hasta hoy ni «C. N. T.», ni «La Batalla» han concretado el alcance de sus respectivas consignas ni fijado sus objetivos inmediatos. Ello entraña el peligro de caer en un Frente Popular atenuado o de izquierda que no salvaría los peligros en que el actual nos ha colocado.

«C. N. T.» fundamenta su alianza en la necesidad de evitar «el abrazo de Vergara» y oponerse a las maniobras de los «políticos viejo estilo»; es decir de los stalinianos, reformistas y republicanos. Pero a continuación declara que la Alianza Obrera Revolucionaria no será un instrumento opuesto sinó auxiliar del F. P. Es como levantar la mano para pegar y acabar dándosela al adversario. Una alianza así sería un buen tónico libertario para el Frente Popular, representante de los intereses de la burguesía, que lleva en su seno el espíritu del «abrazo de Vergara» y el de los asesinatos de Noske y Stalin.

En «La Batalla» Andrade juega también al equívoco con el frente único. Centrista típico, ni tan siquiera se arroja a declarar que debe ser opuesto e inconciliable con la política de Frente Popular. En un alarde de audacia Andrade señala el ejemplo de la juventud. Pero el Frente de la juventud revolucionaria es un ejemplo a corregir, no a seguir. Su error fundamental, que le condena en gran parte a la esterilidad es no apartarse del Estado capitalista, sinó aspirar a controlarle. «Ganar la guerra y hacer la revolución, es la misión del Frente de la juventud revolucionaria» —dice el párrafo primero de sus bases; pero toda la justeza del propósito, como en general todos los demás consignados, desaparecen al olvidar que es el Estado burgués lo que impide hacer la revolución y ganar la guerra.

Inspirada en este principio inquebrantable y común a todo revolucionario proletario, la Sección Bolchevique-leninista ha planteado el dilema: o con el Frente Popular y contra revolución, o con el Frente Revolucionario del proletariado y por el comunismo. Todos los daños de nuestro movimiento obrero, las derrotas militares, la reorganización del aparato represivo de la burguesía, la represión contra la prensa y los revolucionarios, la extensión de la usura con su cortejo de miserias para los trabajadores, así como los más grandes peligros de armisticio o guerra imperialista nacen en el Poder político aun detentado por la burguesía y alimentado por las organizaciones obreras componentes o tolerantes del Frente Popular. La primera base de todo frente único verdaderamente de clase, es el alejamiento de los gobiernos burgueses o pequeños burgueses, cualesquiera graduaciones de obrerismo que adopten.

La situación de guerra en que nos encontramos y la naturaleza revolucionaria de la misma, imponen al Frente Revolucionario la obligación doble de impedir su degeneración en guerra imperialista o su saboteo por parte de los amigos de reconciliar a todos los españoles. Esta es la segunda base indispensable.

Pero es preciso impedir que el Frente Revolucionario del proletariado constituya un bloque gubernamental, cualquiera que sea su programa. La revolución española se ha desarrollado sin que en el seno del proletariado haya madurado ninguna corriente ideológica capaz de guiarle victoriosamente. Por otra parte, el gobierno de la revolución social deberá basarse en los organismos elegidos diréctamente por las masas, de ninguna manera en sus organizaciones políticas o sindicales. La lucha por los Comités de Obreros, campesinos y combatientes, es la tercera condición indispensable del Frente revolucionario.

Solo sobre estas tres bases fundamentales podrá organizarse un gran movimiento de clase que haga girar rápidamente a los acontecimientos.

Las consignas de racionamiento revolucionario, represión de la usura, guerra a la maniobra y la calúmnia políticas, perderán toda viabilidad sin tener aquellas por base y todo inicio de reagrupamiento de clase que sin ellas se intentare, estará de antemano condenado a la esterilización.