La Voz Leninista, n.º 1, 5 de abril de 1937 (pág. 3). PDF del número completo
En vísperas del Congreso Regional de la C. N. T., los camaradas del P. O. U. M. hicieron votos, desde «La Batalla» del 27 de febrero, por el buen éxito del Congreso, "puesto ante una responsabilidad histórica", más luego olvidando el espíritu crítico, indispensable a todo partido que pretende ser verdaderamente revolucionario y bolchevique, enmudecieron y se limitaron a publicar extractos del Congreso, sin comentario alguno, como si todo hubiera transcurrido del modo más perfecto posible.
Después de una interminable discusión sobre la creación de sindicatos de industria, el hecho de más relieve del Congreso, que duró cerca de una semana, fué el dictamen, presentado con carácter de ultimatum, por la delegación campesina de la C. N. T., poniendo en conocimiento del Congreso que la situación en el campo era bastante seria. Se manifestaba en dicho dictamen que con incomprensión manifiesta del problema agrario se creyó poder implantar el comunismo libertario, pero desde el principio se tropezó con la resistencia de dos organizaciones sindicales — la U. de R. y la U. G. T. — dominadas por la burguesía, que en palabras aprobaban la colectivización y el reparto de tierras a los campesinos pobres, pero de hecho se oponían a ello y saboteaban cuantos intentos se hicieron para llevar este programa a la práctica.
Los bolcheviques-leninistas sabemos perfectamente que el problema del campo es de difícil solución, aún en el caso que se tomen las medidas más justas y revolucionarias, como se vió durante la revolución de octubre en Rusia, y debemos decir, sin rodeos, a nuestros camaradas de la C. N. T. que han escogido el camino más difícil, que no puede llevarles a la salida. Toda vacilación en emprender el camino que conduce a la revolución en el campo da a la contrarrevolución en acecho, mayores oportunidades de sublevar a los campesinos contra la clase obrera y la revolución, en cuyo sentido ya ha habido en diferentes localidades rurales tentativas concretas que todos conocen.
Pero ni la C. N. T. ni el P. O. U. M. han querido deducir de este hecho las consecuencias que de él se desprendían, consecuencias que los obreros revolucionarios de ambas organizaciones deducirán por sí mismos.
En el dictamen presentado por la delegación campesina se indicaba como salida una serie de medidas de socialización, que como bolcheviques-leninistas podemos aceptar y la constitución de un consejo de las tres organizaciones con igual representación. Esta última solución, que nosotros consideramos como un grave peligro y cuya aceptación constituiría un error imperdonable por parte de la C. N. T., debe ser implacablemente rechazada por nosotros. En el mencionado consejo la C. N. T. se encontraría en minoría permanente ante las otras dos organizaciones, que resolverían el problema de la tierra según sus intenciones, pasando por encima de la voluntad de la Confederación y de su programa colectivista.
Los anarco-sindicalistas preconizan un pequeño socialismo tranquilo, viviendo al lado del capitalismo interior y exterior y no se plantean para nada el problema del Estado, cayendo en el mismo error que tan caro pagaron los obreros italianos en 1920, cuando ocupadas las fábricas, por falta de una clara noción sobre el Estado, dejaron a éste en manos del capitalismo.
La "Soli", en sus editoriales de hace algunos meses sobre la cuestión del Estado escribía que el sindicalismo es superior al marxismo porque el marxismo se preocupa del Estado en relación con la revolución; es decir, quiere que todo el poder pase a manos de la nueva clase dominante y única clase progresiva de la sociedad, quiere la dictadura del proletariado, mientras el sindicalismo tiene una concepción superior, pues se propone controlar aquél. (Controlarlo, no destruirlo, según la teoría anarquista).
Por lo que respecta a los ministros de la C. N. T. en el gobierno del Frente Popular, renegando de toda la tradición revolucionaria de la C. N. T. han politiqueado en el peor sentido de la palabra, resolviendo las principales discusiones por medio del cabildeo y los acuerdos secretos.
A los ocho meses de la insurrección los camaradas anarquistas no se dan aún cuenta de la inconsistencia de esta teoría, que queda demostrada por el hecho de que la preocupación central del enemigo de clase es la de destruir los comités y fuerzas armadas del proletariado y reconstruir él sus propias fuerzas: el ejército, los cuerpos represivos, las leyes burguesas y todo el aparato estatal necesario para imponer su política de explotación. A los camaradas anarquistas les asusta la dictadura del proletariado y el principio del Estado obrero. Pero ellos mismos han vivido un comienzo de dictadura del proletariado y de Estado obrero con las milicias, las patrullas de control y su lucha implacable contra la clase explotadora.
A los ocho meses de la revolución, cuando en el campo todo amenaza derrumbarse, afirmamos, contra los teóricos abstractos preocupados en encontrar especulativamente nuevas formas de organización, que los mismos principios organizacionales que aplicados en la Rusia del 1917 realizaron la revolución en el campo, conservan toda su eficacia no sólo en España, sino en todo Europa y en el mundo entero. Contra los que nos acusen de querer aplicar sobre el terreno español principios de importación rusa contestaremos que la revolución en el campo podrá ser resuelta tan sólo por:
- Creación de comités de campesinos pobres, por el reparto de tierras entre los campesinos pobres, creación de cooperativas sociales agrícolas y de cooperativas de Estado (Kolkhozes y Sovkhozes) apoyadas por un banco único del Estado obtenido mediante la centralización de toda la banca privada.
- Organización rápida del intercambio de todos los productos indispensables entre la ciudad y el campo.
Según nuestro punto de vista la instauración de un banco sindicalista es una completa utopía condenada al fracaso por la competencia de la gran banca capitalista, pues los propietarios de la riqueza mobiliaria no querrán, en modo alguno, dar su dinero para una empresa de este género, y los campesinos pobres no disponen de otro capital que sus brazos.
Por lo que respecta a los comités de fábrica, que hubieran debido ser el tema principal de la discusión, por cuanto representan el porvenir de la revolución española y están destinados a agrupar la totalidad del proletariado y a impulsar la marcha de la revolución estructurando el Estado proletario, en el Congreso les ha sido atribuída una función de carácter meramente sindical, de importancia completamente secundaria desviándoles del papel para el que primitivamente se formaron.
Por la rutura de la colaboración de la C. N. T. con el gobierno burgués de Largo Caballero y con cualquier otro gobierno que no sea proletario.
Por un gobierno que sea exponente del estado proletario, apoyado sobre los comités de obreros, campesinos y combatientes y elegidos directamente por la base, en el que la supremacía pertenezca al proletariado industrial aliado a los campesinos.
Por la nivelación entre el salario y el coste de la vida.
ADOLFO.