La Voz Leninista, n.º 1, 5 de abril de 1937 (pág. 5). PDF del número completo
La contrarrevolución progresa. Primero fué la incautación de el «Combatiente Rojo» y «Radio P. O. U. M.» de Madrid. Más tarde, suspensión de «Nosotros» en Valencia, ahora, la de «La Batalla» y continuamente las medidas gubernamentales mermando las conquistas de Julio y preparando la vuelta completa al dominio de la burguesía.
La suspensión de «La Batalla», órgano central de un partido bien arraigado en Cataluña, es una medida de gran importancia que augura otra próxima ofensiva de más fondo. Nuestra solidaridad entusiasta, nuestra defensa activa si es necesaria, la tienen los camaradas del P. O. U. M., como la tendrían la C. N. T. o la F. A. I. si se vieran agredidos por la contrarrevolución. Ante este problema sólo cabe una posición de clase: no defender «La Batalla» es apoyar al enemigo.
Pero los revolucionarios, llevando su solidaridad hasta el terreno de los hechos, no pueden olvidar que el mejor servicio que a los intereses de la clase obrera puede prestarse es señalar las causas que han permitido y continuan facilitando la ofensiva contrarrevolucionaria en la que tan destacado puesto ocupa el stalinismo. «La Batalla» ha sido suspendida y volverá a serlo, quizás definitivamente, en tanto la contrarrevolución, cuyo primer peldaño lo constituyen los partidos staliniano, socialista y republicanos, coaligados en el Frente Popular, no tropieze en su camino con un sólido bloque revolucionario de la clase trabajadora que se oponga firmemente a sus funestos designios. Actualmente, forzoso es decirlo, todos los partidos y organismos colaboran en la represión contra la prensa obrera y la reorganización del aparato represivo de la burguesía. La C. N. T. desde el Poder; la F. A. I. y el P. O. U. M. con sus complacencias a la «unidad de la clase trabajadora» una unidad que se expresa en el Frente Popular y cuyo resultado práctico es la mordaza para la prensa que se aparta un poco de él.
La suspensión de «La Batalla» ha sido una experiencia interesante. Ha demostrado que el P. O. U. M. cuenta con una fuerza orgánica y capacidad de agitación superior, sin duda, a la voluntad de agitación y lucha de su dirección.
El valiente entusiasmo con que los militantes de base se lanzaron a la calle, decididos a vender «La Batalla Obrera», garantiza a la dirección del P. O. U. M. la asistencia necesaria para triunfar sobre el stalinismo, arrastrando a la C. N. T. y la F. A. I. a la creación del Frente Revolucionario del proletariado. Sin embargo, ¿puede silenciarse el repliege iniciado por el C. E. en el número de reaparición de «La Batalla»? A la agresión contrarrevolucionaria de la Generalidad, replica aquél, lamentándose de haber sido expulsado de la misma. Ni el menor indicio que permita esperar del P. O. U. M. una ofensiva seria contra el stalinismo y la contrarrevolución en general, una movilización valiente de todos los militantes en favor del Frente Revolucionario del proletariado, única fuerza capaz de detener la marcha de la contrarrevolución. Al P. O. U. M. no le falta fuerza; sí voluntad de lucha y principios. Sólo así se comprende que el C. E. se repliegue cómodamente, siguiendo el camino más corto para la suspensión definitiva de «La Batalla» y la ilegalidad del P. O. U. M. Cualesquiera protestas verbales que se hagan, es en la rectificación revolucionaria de la política del P. O. U. M. donde los militantes conscientes deben buscar el mejor antídoto contra la reacción.