La Voz Leninista, n.º 1, 5 de abril de 1937 (pág. 8). PDF del número completo
Conocido es el reaccionario decreto de orden público de la Generalidad. Guardián de la burguesía, le interesa deshacerse cuanto antes de las proletarias Patrullas de control. Con tanta mayor razón mientras más miles de kilos de patatas descubren. El orden público guardado por los propios trabajadores es lo que la burguesía ha llamado siempre desorden. Hoy mismo continua llamándoselo por boca de sus testaferros stalinianos.
La Generalidad quiso desprenderse con un decreto de los vigilantes obreros; pero las Patrullas de control, conscientes de contar con el apoyo entusiasta de las masas, continuan su servicio activo y aun mucho más activo de lo que a sus enemigos conviene. Cada descubrimiento de harina o patatas almacenadas es un arsenal de argumentos y una acusación contra los restauradores del orden burgués.
Pero estos tienen una fuerza inmensa y cuentan con el asentimiento de los ministros anarquistas, a cuya organización pertenecen gran parte de los miembros de las patrullas que se han negado a disolverse. Hay que tenerlo en cuenta y dar a las Patrullas una organización y publicidad que garantice su permanencia y supremacía sobre los cuerpos armados burgueses.
Ahora está reciente el asunto. La resistencia de la F. A. I. y el P. O. U. M., así como los almacenes de comestibles que las Consejerías de Abastos y Orden Público no supieron descubrir, mantiene en suspenso la disolución. Pero la Generalidad volverá por los fueros de la burguesía. Es preciso preveer y cortar el ataque. No basta —como decía un artículo de «La Batalla»— declarar que si las Patrullas no son disueltas ahora no lo serán nunca. Esto es toda una invitación de la Generalidad.
Lo más apropiado y necesario es que las propias Patrullas elijan un comité de defensa de las mismas, que reclame públicamente el apoyo de todas las organizaciones obreras, emprendiendo una campaña de agitación que evidencíe los servicios que a la revolución prestan las patrullas y los deservicios de los cuerpos armados burgueses. El silencio y la inactividad en esta cuestión producirá lo que en otras tantas: el triunfo de la burguesía con la disolución final de las Patrullas de Control.