La Voz Leninista, n.º 1, 5 de abril de 1937 (pág. 6). PDF del número completo
En los últimos tiempos, a medida que los stalinianos recrudecen su campaña de injurias contra el P. O. U. M., «Solidaridad Obrera» media con el ánimo de templar las «rivalidades de partido». El órgano de la Confederación sermonea a uno y otro campo sin señalar jamás al culpable, aunque a veces lo insinúa, ni dar al problema una explicación política.
«Afán de predominio fraccional», «maniobras viejo estilo» es toda la explicación que da a las masas de una lucha en la que contienden las fuerzas de la contrarrevolución, cuyos modernos «bravi» son los stalinianos, y las de la revolución, tal como rudimentariamente el desenvolvimiento particular del proletariado español les ha agrupado en sus organizaciones de clase: La C. N. T., el P. O. U. M., la F. A. I.
Pocos días después del robo de los tanques por los stalinianos, la «Soli» denunciaba la existencia de un complot para deshacerse violentamente de la C. N. T.
La «Soli» no ha dicho que quienes lo preparan son los stalinianos y socialistas entusiásticamente secundados por la burguesía nacional e internacional, en beneficio de la cual el golpe se efectuaría, pero ello demuestra que la campaña contra el P. O. U. M. es sólo un aspecto del plan general de ataque contra el proletariado revolucionario. ¿Está con éste la «Soli», o con quiénes preparan su eliminación violenta? A juzgar por su lenguaje diario nadie podría situarla con exactitud.
De seguro que ningún trabajador consciente dudará en calificar de complicidad toda contestación ambigua a las que tan acostumbrados nos tiene la «Soli». En nombre de la «unidad antifascista» se ocultan al proletariado todos los gravísimos peligros que le acechan, y con cualquier pretexto fútil se continúa apoyando los manejos de la contrarrevolución.
Nosotros no defendemos el P. O. U. M. por afinidad política. Este partido es en gran parte responsable de su propia persecución y aún hoy no sabe luchar contra los stalinianos con la decisión y claridad política necesarias. Le defendemos como defendemos a la F. A. I., la C. N. T. o cualquiera organización de clase que sufra los ataques de la contrarrevolución, cuyo exponente actual es el stalinismo. Pero tampoco podemos callar que la política de las tres organizaciones, de una u otra manera, auxilia la tarea funesta del stalinismo y aconsejamos a las masas que las controlan les exijan claridad en las palabras y firmeza en los hechos. Mientras el proletariado no reconozca a sus enemigos interiores no podrá vencer a sus enemigos exteriores. Diga la «Soli» quienes son los primeros y habremos ganado más por la revolución que con todas las promesas abstractas de revolucionarismo cien por cien.