Congreso celebrado en Londres, en el Queen's Hall de Langham Place, del 27 de julio al 1 de agosto de 1896. Traducido del informe oficial, International Socialist Workers and Trade Union Congress, London, 1896. Report of Proceedings, List of British and Foreign Delegates, and Balance Sheet (Londres, The Twentieth Century Press, 1896, pp. 1-55), redactado por Edward Aveling, secretario de actas del congreso, y aprobado por el buró, según el ejemplar digitalizado en archive.org, cotejado con las imágenes. Las resoluciones aprobadas no se repiten: se remite a ellas en la página del congreso. No se traducen la lista de delegados ni el balance de cuentas (pp. 56-79). Algunos títulos son nuestros. Traducción de la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en inglés.

Introducción

En el Congreso Internacional de Zúrich de 1893, la sección británica, compuesta por sesenta y cinco delegados, decidió por unanimidad invitar al congreso a celebrar el siguiente congreso internacional en Londres. El congreso aceptó por unanimidad la invitación y fijó el año de 1896. La sección británica se reunió el último día del congreso y eligió un comité, al que encargó de hacer los preparativos necesarios para el congreso de 1896 y de dirigirse al Comité Parlamentario del Congreso de las Trade Unions británico para obtener su colaboración.1 El comité lo formaban John Anderson, Edward Aveling,2 Edward Harford,3 James Macdonald,4 J. S. Maxwell,5 Sydney Olivier,6 Henry Quelch,7 A. Smith,8 W. C. Steadman9 y William Thorne.10

El 15 de enero de 1895, el comité elegido en Zúrich se reunió con el Comité Parlamentario. Se decidió finalmente que el congreso de 1896 se llamara Congreso Internacional Socialista de Trabajadores y Sindicatos. Se nombró un comité organizador compuesto por seis miembros del comité elegido en Zúrich y seis miembros del Comité Parlamentario. Este comité de doce, tras algunos cambios, quedó finalmente formado por los siguientes: Edward Aveling, F. Chandler,11 E. Cowey,12 William Inskip,13 J. Jack,14 James Mawdsley,15 T. Mann,16 H. Quelch, A. Smith, W. C. Steadman, W. Thorne y J. Verdon.

Este comité eligió como secretario a William Thorne; como tesorero, a W. Inskip, y como secretarios traductores, a A. Smith (francés) y a Edward Aveling (alemán).

El comité publicó la siguiente primera circular:

Congreso Internacional Socialista de Trabajadores y Sindicatos, Londres, 1896.

El comité organizador a los trabajadores de todos los países.

Camaradas y compañeros de trabajo:

El Congreso Internacional Socialista Obrero, reunido en Zúrich en 1893, aceptó por unanimidad la invitación de la sección británica a celebrar en Londres el siguiente congreso internacional. El Congreso de Zúrich decidió que la fecha fuera 1896.

En Zúrich, los 65 delegados que formaban la sección británica eligieron a diez de ellos como comité organizador, para hacer los preparativos y asegurar la colaboración del Comité Parlamentario del Congreso de las Trade Unions de Gran Bretaña e Irlanda. Esa colaboración se ha obtenido, y se ha formado un comité conjunto, compuesto por seis miembros del Comité Parlamentario y seis del comité elegido en Zúrich, para la organización general del congreso de 1896.

El comité conjunto dirige ahora a todas las organizaciones socialistas y a todos los sindicatos de todos los países su invitación fraternal a enviar en 1896 delegados al Congreso de Londres. La fecha será probablemente en agosto.

En el último congreso internacional se aprobó la siguiente resolución:

Véase Confirmación de la resolución de Zúrich sobre la admisión.

Conforme a esta resolución, nuestra invitación se dirige a todos los sindicatos y a todas las organizaciones socialistas que reconocen la necesidad de la organización de los trabajadores y de su participación en la actividad política.

Pedimos a todas las organizaciones obreras comprendidas en las dos categorías mencionadas que nos envíen sin demora sus direcciones y, a más tardar el 1 de enero de 1896, las resoluciones y propuestas que deseen incluir en el orden del día del congreso de 1896.

Toda la correspondencia debe dirigirse a William Thorne, secretario del comité organizador del Congreso Internacional Socialista de Trabajadores y Sindicatos de 1896, 144, Barking Road, Londres, E., Inglaterra.

Fraternalmente vuestro, el comité organizador.

Edward Aveling, Henry Broadhurst,17 Edward Cowey, William Inskip, J. M. Jack, James Mawdsley, Sydney Olivier, Henry Quelch, A. Smith, W. C. Steadman, William Thorne, Ben Tillett.18

Más tarde, el comité publicó la siguiente segunda circular:

Congreso Internacional Socialista de Trabajadores y Sindicatos, Londres, 1896.

El comité organizador a los trabajadores de todos los países.

Queridos camaradas y compañeros de trabajo:

Nos complace mucho poder informaros de que nuestra primera circular de invitación ha tenido la acogida más amistosa entre los trabajadores del mundo entero.

Las principales organizaciones de la clase obrera de Europa, América y Australia han notificado ya su intención de estar representadas en Londres en 1896. Además, se nos ha comunicado que un gran número de oficios han decidido celebrar congresos internacionales de su oficio durante la semana del congreso internacional general. Aunque, naturalmente, no podemos encargarnos de organizar estos importantísimos congresos internacionales de oficios, tendremos mucho gusto en prestar, si podemos, cualquier servicio como organismo central para poner en comunicación a las organizaciones de oficio de los distintos países.

El congreso internacional de 1896 se reunirá el lunes 27 de julio y los cinco días siguientes en la sala grande del St. Martin’s Town Hall, en Charing Cross Road, cerca de la estación de Charing Cross y frente a Trafalgar Square. Habrá salas dispuestas para que los delegados de cada nacionalidad celebren sus propias sesiones, y también salas especiales para cada una de las comisiones, formadas por delegados de cada nacionalidad, que examinarán las distintas resoluciones del orden del día, agrupadas bajo ciertos epígrafes definidos. Se publicará en fecha próxima información sobre hoteles, alojamientos y precios. Tendremos mucho gusto en dar en cualquier momento a las organizaciones la información que nos pidan sobre hoteles, alojamientos y precios.

Los trabajadores de Gran Bretaña e Irlanda esperan con ilusión recibir a sus camaradas y mostrar a las clases altas que los trabajadores de todos los países están unidos en torno a los principios que traerán la completa libertad política y económica de la clase obrera.

Repetimos con esta invitación la resolución sobre la admisión de delegados que se aprobó en Zúrich en 1893. Esta resolución nos ha obligado necesariamente al cursar nuestras invitaciones al congreso de 1896.

Véase Confirmación de la resolución de Zúrich sobre la admisión.

Cada organización que desee estar representada en el congreso debe enviar al comité organizador, a más tardar el 1 de julio, el nombre de la organización y el número de sus delegados. El comité organizador reconoce que esto no será posible en todos los casos, pero desea saber aproximadamente, para el 1 de julio, a cuántos delegados tendrá que buscar alojamiento.

Cada organización recibirá tantas tarjetas de admisión como delegados haya nombrado. No se admitirá a ningún delegado en el congreso sin mostrar la tarjeta de admisión a la puerta de la sala. Cada nacionalidad examinará las credenciales de sus propios delegados y redactará una lista de los delegados cuyas credenciales se hayan aceptado o rechazado. Esta lista, junto con las credenciales, se entregará al comité organizador para que pueda imprimirse la lista de delegados.

En caso de credenciales impugnadas, decidirá en primera instancia el buró (comisión de reglamento). Si se apela contra su decisión, la cuestión la decidirá en última instancia el congreso.

El comité organizador proporcionará a los delegados cuyas credenciales se acepten una tarjeta con su nombre.

El comité organizador ha redactado el siguiente reglamento provisional.

  1. Que se celebre en Hyde Park, el domingo 26 de julio, a las 3 de la tarde, una manifestación pública al aire libre en favor de la paz internacional, en la que se invitará a hablar a representantes de las delegaciones extranjeras.

  2. Que el comité organizador ofrezca una recepción a los delegados a las 8 de la tarde del domingo 26 de julio.

  3. Que el lunes 27 de julio, a las 9 de la mañana, los delegados de las distintas nacionalidades se reúnan en las salas separadas dispuestas para cada nacionalidad, a fin de:

(a) Elegir un presidente y un secretario de la nacionalidad;

(b) Comprobar los mandatos de sus delegados y redactar para el comité organizador la declaración sobre la composición de su delegación;

(c) Elegir dos delegados de cada nacionalidad para formar parte del buró (comisión de reglamento);

(d) Elegir dos miembros de cada nacionalidad para formar parte de cada una de las comisiones que se ocuparán de los grupos de resoluciones del orden del día.

  1. Que el comité organizador del congreso agrupe todas las resoluciones y temas propuestos para la discusión bajo ciertos epígrafes definidos y los entregue a las comisiones respectivas.

  2. Que toda resolución o tema de discusión que no pueda agruparse así con otros como parte de uno de esos epígrafes se someta al congreso una vez resueltos los principales grupos de cuestiones, si aún queda tiempo.

  3. Que en la sesión del congreso del lunes 27 de julio, a las 11, presida un presidente de habla inglesa nombrado por el comité organizador, con un delegado de habla francesa y otro de habla alemana como vicepresidentes, invitados por el comité organizador. El presidente pronunciará un discurso de bienvenida y los vicepresidentes le responderán. Que el congreso levante la sesión a la 1 de la tarde y las distintas comisiones se reúnan en la última parte del día.

  4. Que el congreso se reúna el martes y los días siguientes de 10 a 12 y media y de 2 a 5.

  5. Que el martes el primer asunto del congreso sean los informes de las nacionalidades sobre sus delegaciones y la aceptación o el rechazo de las credenciales por el congreso.

  6. Que a continuación se pase a los informes de las comisiones.

  7. Las distintas comisiones, reunidas por separado el lunes por la tarde y después, estudiarán y discutirán todas las resoluciones que se refieran a la cuestión particular que se les haya encomendado. Cada comisión preparará un informe sobre su cuestión particular y una resolución. Si una comisión no es unánime, podrá preparar un informe de minoría y una segunda resolución.

  8. No se aceptará ni se discutirá después del lunes ninguna enmienda al reglamento ni a la disposición del orden del día.

  9. Que el tiempo de palabra sea de 20 minutos para el ponente de cada comisión y de 10 minutos para todos los demás, y que nadie hable más de una vez sobre el mismo asunto. En cualquier momento podrá presentarse una moción para suspender este artículo del reglamento, que el congreso someterá a votación.

  10. En las resoluciones que traten de cuestiones fundamentales de principio, la votación será por nacionalidades. En las cuestiones de detalle, la votación será a mano alzada.

  11. Que el comité organizador recomiende al buró (comisión de reglamento) que nombre en días sucesivos presidentes de distintas nacionalidades.

Ya se ha recibido un gran número de resoluciones de distintas organizaciones de distintos países. Los principales puntos que comprenden estas resoluciones son: la guerra y el arbitraje, los extranjeros indigentes, la jornada de ocho horas, el trabajo infantil, la huelga general, la cuestión agraria, el trabajo a destajo, la política colonial y los conflictos entre el capital y el trabajo.

El último día para enviar resoluciones que deban figurar en el orden del día se ha fijado definitivamente en el 1 de mayo de 1896. Después de esa fecha, el comité organizador no aceptará ninguna resolución.

Se os ruega encarecidamente que remitáis lo antes posible las resoluciones que deseéis incluir en el orden del día y que procedáis a su debido tiempo a fijar el número de vuestros delegados y a elegirlos.

La respuesta a nuestra invitación ha superado incluso nuestras esperanzas más optimistas. Todo promete que el congreso internacional de 1896 tendrá una magnitud y una importancia no superadas por ninguno de sus predecesores. La antigua Internacional celebró su primer congreso en Inglaterra en 1864, en el viejo St. Martin’s Hall.19 Del congreso de 1896 podemos esperar que funde sólidamente un nuevo entendimiento internacional entre los trabajadores del mundo.

Con saludos fraternales, el comité organizador.

Edward Aveling, F. Chandler, Edward Cowey, William Inskip, J. M. Jack, Tom Mann, James Mawdsley, Henry Quelch, A. Smith, W. C. Steadman, William Thorne, J. H. Wilson.20

¡Trabajadores de todos los países, uníos!

Todo lo anterior son propuestas para ahorrar tiempo al congreso. El congreso es soberano y decidirá en última instancia todas las cuestiones relativas al reglamento y al orden del día.

Toda la correspondencia debe dirigirse a W. Thorne, 144, Barking Road, Londres, Inglaterra.

El comité organizador redactó y publicó también un orden del día en el que las distintas resoluciones se agrupaban bajo los epígrafes «Enmiendas al reglamento», «Cuestión agraria», «Acción política», «Acción económica e industrial», «Guerra», «Educación y desarrollo físico», «Organización» y «Varios». A estas resoluciones agrupadas se antepuso el «Reglamento provisional» que se ha dado más arriba.

El domingo 26 de julio se celebró en Hyde Park una manifestación en la que se aprobó la siguiente resolución:

«Este mitin internacional de trabajadores, reconociendo que la paz entre las naciones del mundo es un fundamento esencial de la fraternidad internacional y del progreso humano, y convencido de que los pueblos de la tierra no desean las guerras, sino que las causan la codicia y el egoísmo de las clases dominantes y privilegiadas con el único fin de hacerse con el control de los mercados del mundo en su propio interés y en contra de todos los intereses reales de los trabajadores, declara que entre los trabajadores de las distintas nacionalidades no hay absolutamente ninguna disputa, que su único enemigo común es la clase de los capitalistas y los terratenientes, y que el único modo de impedir la guerra y asegurar la paz es la abolición del sistema social capitalista y terrateniente en el que las guerras tienen su raíz. Se compromete, por tanto, a trabajar por el único medio con el que puede derribarse ese sistema: la socialización de los medios de producción, distribución y cambio. Declara además que, mientras esto no se consiga, toda disputa entre naciones debe resolverse por arbitraje y no por la brutalidad de la fuerza de las armas. Este mitin reconoce además que el establecimiento de una jornada internacional de ocho horas para todos los trabajadores es el paso más inmediato hacia la emancipación final de los trabajadores, e insta a los gobiernos de todos los países a que establezcan por ley una jornada de ocho horas. Además, considerando que la clase obrera solo puede lograr su emancipación económica y social apoderándose de la maquinaria política que hoy está en manos de la clase capitalista, y considerando que en todos los países un gran número de obreros y todas las obreras carecen hoy de voto y no pueden, por tanto, tomar parte en la acción política, este mitin de masas de trabajadores se declara en favor del sufragio universal de los adultos y se compromete a hacer todo lo posible por conseguirlo».

El domingo por la noche se celebró una recepción de los delegados en el Horseshoe Hotel, en Tottenham Court Road, en la que W. C. Steadman, concejal del Consejo del Condado de Londres, dio la bienvenida a los delegados.

Las sesiones del congreso se celebraron en el Queen’s Hall, en Langham Place, porque el St. Martin’s Hall resultó demasiado pequeño para dar cabida a los delegados. Las distintas comisiones, formadas por dos delegados de cada nacionalidad, que se ocupaban de: I, la cuestión agraria; II, la acción política; III, la acción económica e industrial; IV, la guerra; V, la educación y el desarrollo físico; VI, la organización; VII, cuestiones varias, se reunieron en las salas más pequeñas del Queen’s Hall. Las distintas nacionalidades celebraron sus reuniones por secciones en el Queen’s Hall, el St. Martin’s Hall y otros lugares.

Primera sesión, lunes 27 de julio, a las 11 de la mañana

Presidente, E. Cowey (presidente del Comité Parlamentario del Congreso de las Trade Unions). Con él en la tribuna estaban William Thorne, secretario del comité organizador; Edward Aveling, secretario de actas; los demás miembros del comité organizador, F. Chandler, W. Inskip, J. Jack, T. Mann, J. Mawdsley, H. Quelch, A. Smith, W. C. Steadman y J. H. Wilson, diputado; los miembros de la comisión de reglamento (buró), y los traductores, Eleanor Marx Aveling,21 E. Bernstein,22 W. Liebknecht,23 J. Sigg, A. Smith y Clara Zetkin.24 La lista completa de los delegados se da al final de este informe.

Comisión de reglamento (buró): presidente, Paul Singer,25 Berlín; secretario, Fred Brocklehurst,26 Northenden, Cheshire, Inglaterra. Delegados: América, Chas. F. Bechtold, Matthew Maguire;27 Austria, Victor Adler;28 Bélgica, Emile Vandervelde;29 Bulgaria, Bacaloff;30 Dinamarca, J. Jensen, P. Knudsen;31 Francia (sección A), Eugene Guérard,32 Edouard Vaillant,33 (sección B) A. Millerand, Etienne Pédron;34 Alemania, Wilhelm Liebknecht, Paul Singer; Gran Bretaña, E. Belfort Bax,35 Fred Brocklehurst; Holanda, H. H. Van Kol, W. H. Vliegen;36 Italia, Enrico Ferri, Romeo Soldi;37 Polonia, W. N. Jodko, Jan Kozakiewcz;38 Rumanía, J. Atanasio; Rusia, Geo. Plechanoff;39 España, P. Iglesias;40 Suecia, Hjalmar Branting, Charles Lindley;41 Suiza, Robert Seidel, Jean Sigg.42

La sesión no empezó en realidad hasta las 11 y media. El discurso de apertura del presidente fue el siguiente:

Nos hemos retrasado porque los franceses siguen discutiendo sus asuntos. Quisiera decir de entrada que he recibido con mucho gusto el honor que se me ha hecho esta mañana al pedirme que abra el congreso. Es de verdad un placer reunirse con las distintas nacionalidades del mundo que tienen por objeto elevar y mejorar la situación de los trabajadores del mundo. Sé perfectamente que diferimos en nuestras ideas y en nuestros propósitos al tratar de llevar a cabo esa gran obra. Pero me alegra muchísimo que tengamos un solo objetivo, por muchos que sean los caminos por los que tratamos de alcanzarlo. Soy sindicalista desde hace treinta y cinco años; es bien sabido que soy sindicalista; pero, aun siéndolo, nunca he cerrado mi mente a las ideas de otras personas progresistas que tienen el mismo objetivo. Espero de veras que en esta gran asamblea de Londres tratemos de reprimir todo rencor, que lo dejemos a un lado y tratemos de convencernos unos a otros lealmente, sin insultos personales. Me temo que a veces hablamos precipitadamente. Me temo que la ambición influye en gran medida en nuestros motivos. Creo que deberíamos perder de vista, en la medida en que lo permita la naturaleza humana, nuestros partidos, y ver si no podemos llegar a algunas conclusiones que nos ayuden a realizar el gran objetivo que tenemos. Los trabajadores deben unirse nacional e internacionalmente; deben ser tolerantes en cuanto a los medios, pero firmes en cuanto al fin: la emancipación de la clase obrera. Hasta ahora ha habido demasiados partidos políticos, gobernados por la ambición y el espíritu de partido. Es bien sabido que una casa dividida contra sí misma no puede mantenerse en pie, y por eso espero que este congreso llegue a una acción bien definida y concertada. Esta no es una reunión para hacer discursos; es una reunión para gestionar y trabajar, y confío en que sea ese el espíritu que guíe su actuación. Para terminar, nosotros, los británicos de todas las tendencias y matices de pensamiento, os damos a vosotros, los delegados del continente y de otros lugares, una calurosa bienvenida. Os damos una calurosa bienvenida y confiamos en que podáis hacer una buena labor. Esperamos que, cuando hayáis terminado vuestros trabajos, os vayáis de este país con un grato recuerdo del congreso que se ha reunido aquí esta semana.

En nombre de las naciones de habla alemana respondió Paul Singer (diputado y concejal de Berlín). En nombre del Partido Socialdemócrata Alemán doy al comité organizador las gracias más cordiales por su acogida fraternal. Les aseguro que los socialdemócratas alemanes están decididos a trabajar codo con codo con todas las demás naciones hasta la emancipación definitiva de la clase obrera. Nosotros, con todo el congreso, lamentamos profundamente que nuestro gran maestro, Federico Engels, que entre los aplausos entusiastas de los representantes de los trabajadores de todos los países clausuró el último congreso internacional en Zúrich, ya no esté con nosotros para abrir este, el mayor de todos los congresos celebrados hasta ahora.43 Federico Engels ha muerto, pero su espíritu, su obra y su ejemplo permanecen. El mejor agradecimiento que podemos darle por su vida de trabajo y de abnegada entrega es seguir sus pasos y continuar su obra. Los socialdemócratas alemanes son un partido político y sindical. Pero ven en el uso del poder político el mejor medio para conseguir la emancipación de los trabajadores. Están aquí para trabajar con sus camaradas de todos los países en la causa común. Hoy las condiciones del pueblo son prácticamente idénticas en todas partes, y por eso todos los aquí presentes emplean cada vez más las mismas armas. Creemos que la organización sindical es tan importante como cualquier otra; pero ha de tener detrás un gran partido político opuesto por igual a todos los partidos burgueses. Existe la Triple Alianza de Alemania, Austria e Italia; existe la doble alianza de Francia y Rusia. Los trabajadores solo conocen una alianza: la de los trabajadores del mundo. Este congreso, como sus predecesores de París, Bruselas y Zúrich, es un nuevo mojón en nuestra marcha hacia la emancipación, y esta gran asamblea debe ayudar a preparar el camino para la liberación del proletariado de todos los países.

En ausencia momentánea de la delegación francesa, habló Emile Vandervelde (diputado belga). Los trabajadores de Francia y de Bélgica están unidos por lazos de amistad muy estrechos. Rechazo la idea de que estemos aquí para representar a nacionalidades; nos hemos reunido con el propósito expreso de afirmar la fraternidad humana. Como veo que los delegados de Francia ya están en la sala y pueden hablar por sí mismos, permítanme, antes de sentarme, felicitar al congreso por su éxito y agradecer al señor Cowey las amables palabras de bienvenida que ha dirigido a todos los delegados de otras nacionalidades.

Llegados ya los delegados franceses, habló E. Vaillant (diputado). He sido elegido delegado de la delegación francesa en representación de la sección política del partido francés, y me acompaña como codelegado el señor Guérard, secretario del Sindicato de Ferroviarios de Francia, en representación de los sindicalistas franceses. El señor Vandervelde ha sido bien elegido para hablar en nombre de Francia y de Bélgica; sin embargo, no puedo pretender un trato más estrecho con Bélgica que con las demás naciones. Los socialistas franceses desean la amistad de los de las demás naciones, por lejos que vivan. Espero que aprendamos a estimarnos unos a otros y que podamos levantar sobre las ruinas del capitalismo un mundo nuevo de amor, fraternidad y paz. Al luchar juntos, nuestros sentimientos irán cobrando fuerza y serán cada vez más poderosos. Quiero dar las gracias a los británicos por la acogida que nos han dispensado. Los británicos nos ofrecieron ayer un espectáculo único, que solo es posible en una nación que ha conquistado su libertad política, una libertad política como no existe en ningún otro lugar. Los británicos han conquistado sus derechos, y una de las grandes razones por las que han podido hacerlo es la ausencia de militarismo. La tarea de los delegados es vencer al cesarismo y al militarismo. Felicito a los delegados por esta gran asamblea, que es un paso en esa dirección.

Edward Aveling y William Thorne leyeron a continuación diversos telegramas y cartas. Al final del informe se encontrará una lista de ellos y de los que se leyeron en sesiones posteriores del congreso. El primero señaló que las distintas comisiones se reunirían por la tarde y por la noche. Las listas de los delegados de las distintas nacionalidades que formaban parte de las distintas comisiones se darán cuando se trate de los informes de las comisiones.

El congreso pasó entonces a la discusión del orden del día. El primer asunto era el reglamento provisional, redactado por el comité organizador.

El presidente: El más importante de estos artículos para la discusión es el n.º 11: «No se aceptará ni se discutirá después del lunes ninguna enmienda al reglamento ni a la disposición del orden del día». Salvo el n.º 11, el reglamento provisional se aprobó en bloque.

J. Burgess (Inglaterra, I.L.P.):44 En muchos de los órdenes del día, tal como se imprimieron al principio, faltan las palabras «ni se discutirá».

P. Singer (Alemania, S.D.P.):45 La delegación alemana acepta el artículo 11 del reglamento provisional.

W. Parnell (Inglaterra, I.L.P.): Como es casi la una, propongo que el congreso levante la sesión y que la cuestión del reglamento quede aplazada hasta el martes por la mañana.

E. Guérard (Francia, sección A): Si el congreso acepta el artículo 11 del reglamento, no podrá haber discusión después del lunes sobre las enmiendas al reglamento.

El presidente: Si se aprueba el n.º 11, es indudable que ninguna de las enmiendas al reglamento impresas en el orden del día podrá discutirse después de hoy.

Siguió una escena de confusión: muchos delegados hablaban a la vez y algunos, sin entender que todos los delegados que no ocupaban cargos oficiales debían hablar desde sus puestos en la sala, se dirigieron hacia la tribuna para tomar la palabra.

C. Cornelissen (Holanda, Liga Socialista):46 Aprobar el n.º 11 equivale a que el Congreso de Londres haga suya la resolución de Zúrich. [Véase la primera circular, p. 1.] Sostengo que la acción política no incluye necesariamente la acción parlamentaria, y que mi organización, aunque está a favor de la primera, se opone a la segunda. La explicación que dio Bebel en Zúrich después de la resolución justifica mi argumento.47

Tras una nueva escena de confusión, provocada en realidad, como la anterior, por una media docena de delegados, el presidente declaró que quizá fuera necesario llamar a la policía para mantener el orden. Parte de la confusión se debió también a que el propietario de la sala se dirigió a la presidencia desde la galería, y el presidente y los delegados, que no sabían quién era, se molestaron por su intromisión. Finalmente, el presidente levantó la sesión hasta el martes por la mañana.

Segunda sesión, martes 28 de julio, por la mañana

A las 10 y media de la mañana ocupó la presidencia Paul Singer, presidente del día. Los vicepresidentes eran J. Keir Hardie,48 Inglaterra, y E. Guérard, Francia.

El presidente: El buró me ha pedido que actúe como presidente. La comisión de reglamento se ha reunido, y es muy necesario que se traten las cuestiones del orden del día y el trabajo de verdad, y que no se pierda el tiempo discutiendo otros asuntos y peleándose. No llamaremos a la policía, pero hay ujieres en todas las partes de la sala y estamos decididos a que se mantenga el orden. El buró ha decidido además que no quiere que ningún grupo tenga la impresión de que se le trata con dureza. Por tanto, permitiré dos intervenciones por cada lado sobre la resolución de Zúrich. Dos intervenciones a favor de la resolución y dos en contra; cada orador dispondrá de diez minutos. Después la pondré a votación (por nacionalidades). El congreso debe entender que, si se aprueba la resolución de Zúrich, queda resuelto el n.º 11 del orden del día. Estoy plenamente decidido a que se cumpla la voluntad del congreso.

Keir Hardie (I.L.P.): Mis palabras al congreso esta mañana serán, en verdad, pocas. Mi único objeto al dirigirme a ustedes es hacer un llamamiento a cierta tolerancia hacia aquellos de quienes puedan discrepar. No todos estamos de acuerdo en todos los puntos. Hay hoy entre nosotros hombres y mujeres de diversas nacionalidades. Estos hombres y mujeres traen consigo sus propios métodos de procedimiento, y si no entienden enseguida los nuestros ni se ajustan a ellos, pido a los delegados que lo tengan en cuenta y que no acentúen las diferencias que surjan. Si los delegados lo hacen así, estoy convencido de que el congreso será tan armonioso y pacífico como pueda desearse. Termino expresando la esperanza de que el congreso se muestre hoy lo bastante amplio para abarcar a todas sus tendencias, con independencia de las diversas opiniones sobre la acción parlamentaria.

El presidente: Empezamos ahora la discusión de la resolución de Zúrich. El primer orador a favor de la resolución es Jaurès,49 de la delegación francesa.

Jaurès (diputado): Aunque comparto los sentimientos que ha expresado el vicepresidente respecto de la tolerancia, estoy resuelto a atenerme a la resolución de Zúrich. Al trabajar por el gran cambio del capitalismo al socialismo, no debemos menospreciar la acción sindical. Es importantísimo reducir las horas de trabajo y aumentar los salarios. A medida que se desarrolla el sindicalismo, se desarrolla también la organización entre los trabajadores. Se desarrolla un poder, no solo de organización y de administración, sino también un poder para gobernar el mundo. No voy a defender la acción exclusivamente parlamentaria, y sería presuntuoso intentar leer los acontecimientos del futuro. Pero sí quiero insistir en que el sindicalismo, de por sí y por sí solo, es impotente. El capitalismo es estrictamente político; los capitalistas son la clase política y poseen el poder político. El sindicalismo debe ser un movimiento político; debe conquistar el poder político. Ha habido en Francia durante muchos años muchas huelgas penosas, en las que nuestros hermanos ingleses nos han apoyado noblemente. ¿Qué ocurrió entonces en Francia? El capitalista era dueño del gobierno y empleó las tropas del gobierno para aplastar las huelgas. La acción política se usa contra el sindicalismo, y el sindicalismo debe usar la acción política para arrebatar a las clases privilegiadas el poder que poseen.

El presidente: T. Mann es el orador en contra de la resolución.

T. Mann (I.L.P.): Al hablar contra la resolución, debo dejar claro que no soy anarquista ni espero serlo. Soy colectivista, y deseo estar en contacto estrecho y directo con todos los matices de opinión. Tratemos de tener la mayor amplitud de miras posible. En nuestro propio país hay muchos que tienen poca fe en la acción parlamentaria. Yo la tengo; pero hay muchas personas tan buenas como yo, y mejores, que no creen en ella. No por eso me niego a discutir con ellas ni a aprender de ellas. Han hecho un trabajo enérgico y bueno, y sin duda es deseable que nos reconozcamos unos a otros como camaradas y que trabajemos juntos por la realización de nuestro ideal. El partido del continente ha dado pruebas de su entrega al tratar de socializar los medios de producción, distribución y cambio. Han sufrido cárcel y persecución por la causa, y si han cumplido su parte en la gran obra, ¿por qué disputar sobre medios particulares? No hay razón para que nos neguemos a deliberar con ellos. Un hombre puede ser sindicalista y a la vez socialista. Cualquier matiz de opinión cabe en el sindicalismo. ¿Cómo trazaremos una línea sin caer en la incoherencia? Estos hombres han luchado mucho y bien. Se han lanzado acusaciones contra nosotros: que nuestro único deseo era sembrar la discordia. ¡Eso, digo, es mentira! Todos luchamos por el mismo ideal, y me permito proponer a mis camaradas que no disputemos sobre el método. Nuestros antepasados ganaron para nosotros muchas y grandes victorias, entre otras la libertad de palabra, y desde luego no deberíamos mostrar intolerancia hacia otra sección del partido. La discordia no viene solo de los anarquistas. Si actuamos de manera digna, serena y decorosa, encontraremos una conducta recíproca; pero no hiramos sus sentimientos diciendo que no tendrán voz en nuestras deliberaciones. ¿Vamos a presentarnos como los únicos amigos de los trabajadores y a decir que todos los demás son sus enemigos? ¿Vamos a afirmar que nosotros lo decimos y lo hacemos todo por ellos, y que los demás no dicen ni hacen nada? Sin duda podemos mostrarnos más nobles que eso y trabajar con ellos. Son antiparlamentarios, pero socialistas de todos modos. Así tendremos un verdadero congreso, en el que todos participen en la discusión. Por estas razones digo que me opongo a la resolución de Zúrich.

El presidente: H. M. Hyndman50 hablará a favor de la resolución de Zúrich.

H. M. Hyndman (S.D.F.): Al levantarme para responder a la petición algo inesperada de nuestro presidente, quiero decir en primer lugar que no estuve en Zúrich, y no apoyo la resolución porque se formulara en Zúrich. No estuve en Zúrich y no estoy comprometido con ella. La apoyo desde un punto de vista independiente. La apoyo porque he venido aquí a trabajar y a cumplir el orden del día. ¿Cuál es el título del congreso y sobre qué base se ha convocado? No veo en su título ninguna palabra que se refiera al anarquismo o al comunismo anarquista. ¿Y de qué sirve invitar a los congresos a esa gente, cuando ellos mismos han reconocido una y otra vez que no creen en los congresos? Merlino, que es amigo personal mío y por quien siento el mayor afecto, declaró en París que habían ido allí con la intención de reventar a una pandilla de necios como nosotros.51 ¡Aquello sí que era orden, tolerancia y fraternidad!

Interrupción, en medio de la cual H. M. Hyndman dijo: Señor presidente, esto no cuenta en mi tiempo.

El desorden continuó. Gritos de «¡Siéntese!», etc.

H. M. Hyndman: Digo ahora, respecto del discurso del señor Mann, que las dificultades que él pasó en los primeros tiempos del movimiento las pasé yo también, e incluso algunos años antes que él. Pero ¿quiénes fueron los hombres que, cuando la prensa capitalista nos vilipendiaba como pícaros y canallas, también se nos oponían? Los anarquistas. (Interrupción.) Ahí tiene otro ejemplo de tolerancia, señor presidente. Se nos dice que, si admitimos a nuestros adversarios, podemos contar con su dignidad y su dominio de sí mismos. ¡Felicito al señor Mann por cómo actúan sus clientes en apoyo del discurso que acaban de escuchar! La sección británica ha celebrado una reunión y, por la aplastante mayoría de 223 contra 104, nos decidimos a favor de la resolución de Zúrich y en contra de la opinión del vicepresidente y del señor Mann. Estamos comprometidos con la resolución de Zúrich. He venido aquí a trabajar y no a disputar sobre principios. Si no aceptan esta resolución, se pondrán en ridículo a los ojos del mundo. No podemos entrar en discusiones sobre cuestiones de base que ya se han decidido congreso tras congreso. No cedo ante nadie en tolerancia, tanto si la discusión es en una esquina de la calle como en una sala de conferencias, pero denuncio la anarquía, denuncio el desorden y defiendo el orden y la organización de la socialdemocracia internacional.

El presidente: El último orador sobre la cuestión, D. Nieuwenhuis.52

Domela Nieuwenhuis (Holanda, Liga Socialista): Quiero saber, en primer lugar, qué significa adoptar la resolución de Zúrich. Si la adoptáramos, ¿avanzaríamos algo en nuestros trabajos sin que se explicara? Podrían quedar excluidos algunos delegados plenamente acreditados, y podrían ser admitidos algunos diputados y otros que no tienen credenciales. Sostengo que la resolución de Zúrich, por sí sola, no significa absolutamente nada. Protesto con vehemencia de que no hemos venido al congreso a crear desorden ni a provocar alborotos. El buró está, desde luego, en su perfecto derecho de establecer las reglas que quiera sobre la admisión en el congreso, pero esas reglas deben ser claras. Y no es ese el caso de la resolución de Zúrich. Si hubiéramos entendido que los delegados holandeses no eran bienvenidos, no habríamos venido. Yo, como otros, reconozco plenamente que las naciones no están obligadas a ponerse de acuerdo en todas las circunstancias sobre cuestiones de detalle. La acción política puede emprenderse en unos casos y no en otros. Ahora bien, quiero saber si ustedes pretenden mantener la resolución misma o la explicación que se dio de ella. Según Bebel, la puerta está abierta, y todos sabemos que, si una puerta está abierta, todo el mundo tiene derecho a pasar. Es cierto que este no es un congreso anarquista, pero tampoco es un congreso socialdemócrata. Desafío a cualquiera a que se atreva a decir que los anarcocomunistas no son socialistas. Si no lo son, Kropotkin no es socialista,53 y yo podría aportar pruebas documentales de que Liebknecht no es socialista. ¿Acción política significa acción parlamentaria? Deseo sinceramente que a los socialdemócratas se les ahorre la vergüenza de expulsar violentamente a miembros del congreso. Deseo que las cosas se lleven en paz. Si el congreso interpreta la resolución de Zúrich como entiendo que se propone hacerlo, eso significará la retirada de la delegación holandesa. Todos podemos marchar juntos un trecho, y luego tienen que surgir diferencias. Hay un terreno común en el que todos pueden encontrarse amistosamente, y es un terreno no político, puramente económico; en él la unión es perfectamente posible. Si se mantiene esta resolución, habrá en el congreso dos movimientos distintos: uno dominado por un espíritu de libertad y amplitud de miras; el otro, estrecho. Este congreso será así una simple sucursal de los demócratas oficiales alemanes.

Después de que se tradujera este discurso, Domela Nieuwenhuis quiso volver a hablar. El presidente decidió que no podía. Nieuwenhuis preguntó entonces si podía dar una explicación.

El presidente declaró que se iba a votar ahora por nacionalidades. Si se aceptaba la resolución de Zúrich, terminaría la discusión sobre el reglamento. Esta decisión no afectaría, sin embargo, en modo alguno a las credenciales de ningún sindicalista. Se iba a votar ahora por nacionalidades.

Cuando se llamó a Gran Bretaña, y Keir Hardie se disponía a someter la cuestión a votación en la sección británica, Edward Aveling y J. Mawdsley (presidente de la sección británica) recordaron al presidente que Gran Bretaña ya había decidido votar a favor de la resolución de Zúrich.

J. K. Hardie creía que desde entonces había ocurrido algo y que los delegados podían haber cambiado de opinión.

El presidente resolvió entonces que no podía repetirse la votación.

T. Mann: Quiero protestar contra esto, y seguiré protestando.

La votación por nacionalidades fue la siguiente: a favor del artículo 11 del reglamento provisional (es decir, prácticamente en apoyo de la resolución de Zúrich): América, Australia, Austria, Bélgica, Bohemia, Bulgaria, Dinamarca, Alemania (todas por unanimidad), Gran Bretaña (223 contra 104), Hungría, Polonia, Portugal, Rumanía, Rusia, España, Suecia, Suiza (por unanimidad). En contra: Francia (57 votos contra 56), Holanda (9 votos contra 5). Italia no votó, porque su delegación estaba dividida por igual. Resultado: a favor de la resolución, 17 nacionalidades; en contra, 2. Abstención, 1.

El presidente señaló que con esta votación quedaba resuelta la cuestión del reglamento.

Edward Aveling dio cuenta de más telegramas.

T. Mann anunció las horas y los lugares de las reuniones de las comisiones.

C. Cornelissen preguntó cuál era ahora la situación de los comunistas antiparlamentarios.

El presidente señaló que eso era asunto de la comisión de credenciales de cada nacionalidad, pero que debía entenderse que la representación sindical de buena fe no se veía afectada en modo alguno.

Se levantó la sesión a la 1 y 20.

Tercera sesión, martes 28 de julio, por la tarde

Se abrió la sesión a las 3 de la tarde.

F. Brocklehurst, secretario de la comisión de reglamento, informó. La verificación de las credenciales debía quedar resuelta esa tarde. La mañana del miércoles se dedicaría a las reuniones de las comisiones. El congreso se reuniría el miércoles a las 2 de la tarde. El martes a las 8 de la tarde habría una conferencia de todos los socialistas que ocupaban cargos electivos. Durante la semana del congreso o después de ella se celebrarían congresos internacionales de varios oficios, entre ellos los metalúrgicos, los cigarreros, los sombrereros, los sastres y los vidrieros.

Se leyeron varios telegramas y cartas. La noticia de que Ghesquière54 había sido elegido el domingo anterior para el consejo general de Lille fue acogida con grandes aplausos.

Verificación de credenciales

Alemania.— Clara Zetkin (S.D.P.) informó de que se habían aceptado cuarenta y seis credenciales de delegados, elegidos en muchos casos en asambleas públicas, pero que en todos los casos representaban a sindicatos o a organizaciones políticas. Se han rechazado seis credenciales anarquistas porque no se ajustaban a la resolución de Zúrich, que se ha confirmado esta mañana. La resolución de Zúrich era necesaria para delimitar con claridad nuestro campo común de acción, y la delegación alemana estaba decidida a atenerse a ella. En cuanto a las glosas que han hecho de esa resolución los adversarios de la acción política, no se sostienen. No estamos aquí para discutir cuestiones fundamentales de principio, en las que todos los socialistas están de acuerdo desde hace mucho, sino para discutir una táctica común con la que realizar los principios en que coincidimos. Ser «tolerantes» en tales condiciones sería un acto de verdadera intolerancia hacia los auténticos socialistas que han venido aquí a trabajar. Es cierto que el señor Landauer y otros descubren de repente —cada vez que quieren hacerse admitir con falsos pretextos en los congresos socialistas— que no son anarquistas, o que no están contra la acción política, sino solo contra la acción parlamentaria. Pero sabemos que no solo aquí, sino también en su labor en Alemania, en sus propios periódicos y en las asambleas públicas, la única actividad que despliegan va dirigida contra el trabajo político de los socialistas. No queremos que se excluya a ningún sindicato que esté aquí en condiciones auténticas, y los mayores sindicatos del mundo, las trade unions inglesas, admiten la necesidad de la acción política, de la acción parlamentaria, puesto que tienen un Comité Parlamentario que vela por sus intereses. Nos atenemos a la resolución aprobada esta mañana y os pedimos que confirméis la decisión de la delegación alemana de aceptar cuarenta y seis credenciales y rechazar seis.

G. Landauer:55 Soy uno de aquellos cuyas credenciales se han rechazado, y mis compañeros y yo hemos presentado nuestra protesta a la comisión de reglamento. Sostenemos que el artículo 11 no nos excluye. Cuando en Zúrich se hizo pasar la resolución a toda prisa y de una manera muy desleal, y los franceses y los belgas protestaron indignados, Bebel declaró que solo se excluiría a quienes se negaran a admitir la acción parlamentaria. Pero eso no se aplica a nosotros. Somos anarquistas, no lo negamos, y por eso somos tolerantes y queremos dar a cada uno el derecho de obrar como le parezca. Somos razonables, hablamos en serio, y no queremos excluir a nadie ni atentar contra los derechos de la humanidad. Pero tampoco queremos que se nos excluya, y queremos que el congreso recapacite y no haga suyo el estrecho criterio alemán. Somos anarquistas y somos socialistas, y queremos socializar los medios de producción, y la libertad de cada individuo. ¿Qué otra cosa quieren los socialistas? Si el congreso es honrado, debe declarar que los anarquistas también son socialistas. Mis compañeros y yo os pedimos que admitáis todas las credenciales y rechacéis el informe alemán.

Una vez traducido su discurso, Landauer, subido a una silla, intentó hablar de nuevo. Pero el presidente dio la palabra a R. Fischer como siguiente orador. Landauer y quienes estaban a su lado armaron un gran alboroto.

El presidente: ¡Silencio!

Landauer: Nuestra protesta (la que se presentó a la comisión de reglamento)…

El presidente: Quien hable sin que se le haya dado la palabra será expulsado de la sala.

R. Fischer56 (diputado, S.D.P.): Espero que el congreso no se deje inducir a reabrir la cuestión que quedó definitivamente resuelta con la votación de esta mañana. La cuestión de principio —es decir, el derecho de los anarquistas a imponerse a un congreso socialista— está decidida y, por consiguiente, también lo está la cuestión de los delegados anarquistas. El congreso ha declarado de manera inequívoca que los anarquistas no han sido invitados a este congreso y que no los queremos, se llamen como se llamen. No tenemos nada en común con los anarquistas, y nunca podríamos llegar a un entendimiento. Este es un congreso de socialistas y sindicalistas. A los anarquistas se les ha dicho claramente que no se les quiere aquí, y ahora debería ser para ellos una cuestión de honor personal retirarse, en lugar de intentar imponérsenos.

Tras nuevas interrupciones de Landauer y sus compañeros, el presidente dijo: A mi juicio basta con que hablen dos oradores —uno a favor y otro en contra— sobre la aceptación de cualquier credencial, y ahora voy a someter a votación el informe de la delegación alemana.

El informe alemán fue aprobado por una mayoría abrumadora.

Gran Bretaña.— P. Curran57 (Sindicato de Obreros del Gas y Peones en General) informó. El número total de delegados ingleses es de 475, que pueden dividirse así: sindicalistas, 185; S.D.F., 120; I.L.P., 115; fabianos,58 22; secciones sueltas de sociedades socialistas, 33. De todos ellos solo ha habido motivo para descalificar a un delegado. A las preguntas sobre el nombre del delegado descalificado, el señor Curran respondió: No daré el nombre del delegado, pero sí el de la sociedad. Es una pequeña sociedad socialista de Berkshire que tiene en total cuatro miembros; ha enviado a dos para representarla. La comisión se ha negado a aceptar una representación de la mitad, pero ha aceptado la de una cuarta parte.

El informe del señor Curran se aprobó por unanimidad, sin discusión.

La comisión británica de credenciales había verificado el mandato de Edward Aveling, de la Federación Socialdemócrata de Nueva Gales del Sur (Australia), así como el de G. B. Shaw59 como representante de una sociedad fabiana irlandesa.

Bélgica.— E. Vinck60 (S.W.P.)61 informó. El Partido Obrero Belga ha elegido veintiséis delegados, y diecinueve están presentes. Se aprobó el informe.

América.— M. Maguire (S.L.P.)62 informó. Hay delegados que representan al Socialist Labor Party, a la Socialist Trade and Labor Alliance de los Estados Unidos y Canadá,63 a la Asamblea de Oficios del condado de Alameda (California), a la Federación del Trabajo de Washington, a los obreros cerveceros y a los propietarios de coches de alquiler.

Los americanos rechazaron la credencial de estos últimos, alegando que se trata de una asociación de patronos, no de obreros.

El delegado, Winston, protestó, y finalmente el congreso decidió admitirlo.

Suiza.— H. Greulich64 (S.D.P.) informó. La delegación suiza ha aceptado 12 credenciales y ha rechazado 2. Los delegados aceptados representan a 14.000 miembros de la Sociedad del Grütli;65 5.000 miembros del Partido Socialdemócrata; 10.000 miembros de la Unión Sindical, además de otras muchas organizaciones, como por ejemplo los relojeros, 3.000; la Unión Tipográfica, 1.500; los ferroviarios, 16.000; los metalúrgicos, 2.500; los sastres, 600, y muchas agrupaciones locales. En cuanto a los dos delegados rechazados, uno venía de los «anarquistas de Zúrich»: unos cuantos individuos le extendieron la credencial. El otro venía de un llamado «Club de Libre Discusión Social», cuya existencia es por lo menos dudosa, pues, aunque se supone que el club está en Ginebra, los delegados ginebrinos aquí presentes no saben nada de él. El propio delegado admitió que se trata de un simple club de debate de tendencia anarquista. En estas circunstancias, la delegación suiza pide al congreso que acepte a los 12 delegados auténticos y rechace a los dos que, a todas luces, no tienen derecho a estar presentes como representantes de Suiza.

H. Runge (Ginebra): Quiero señalar que, aunque, como dice Greulich, nuestro club no sea conocido de los delegados de Ginebra, eso no prueba que no exista. El club cumple todos los requisitos necesarios, y mi mandato lo firma su secretario. No pertenezco al Partido Socialdemócrata Suizo, porque pertenecemos a un partido de extranjeros, y el partido suizo no los admite. En nuestro club hay miembros que están a favor y en contra de la acción política, y miembros que piensan de distinta manera sobre todas las cuestiones; por eso no somos estrechos de miras y creemos que aquí se debe admitir a todos. Queremos tolerancia y que nos esforcemos por entendernos unos a otros. En realidad, mi credencial se rechaza porque soy anarquista y defensor del anarquismo, y decir que nadie pregunta por las opiniones personales es una mentira. Creo que el congreso no será estrecho de miras y aceptará mi credencial.

El informe suizo se aprobó por una mayoría abrumadora.

El presidente, respondiendo a una propuesta de levantar la sesión porque eran las 6 de la tarde: ¿No sería mejor terminar la cuestión de las credenciales? Así se acordó, así como una resolución según la cual el ponente de credenciales de cada nacionalidad solo hablaría diez minutos, y los demás solo cinco.

Como los intérpretes se habían quejado repetidamente de que les costaba mucho oír a los oradores, se propuso que estos pudieran hablar desde la tribuna.

E. Marx Aveling: Si los delegados guardan silencio, los intérpretes podrán oír.

Rumanía.— Un delegado, que representa a 15.000 obreros socialistas organizados.

Bulgaria.— Cuatro delegados, que representan a 34 localidades en las que tiene secciones la organización de la clase obrera de Bulgaria.

Rusia.— G. Plechanoff: Hay ocho delegados rusos, casi todos con numerosas credenciales de verdaderas organizaciones obreras de Rusia. Algunos de esos mandatos proceden de la «Unión de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera»,66 que organizó y dirigió la reciente gran huelga de San Petersburgo, y este es el primer congreso al que asisten delegados que representan a obreros realmente organizados de Rusia, a un auténtico movimiento socialdemócrata de aquel país. Yo tengo la delegación de la «Unión» antes mencionada y también de la Unión Socialdemócrata de una ciudad del noroeste de Rusia; Rosalie Plechanoff,67 la de la Unión Socialdemócrata de una ciudad del oeste de Rusia; Vera Sassoulitch,68 la de la «Unión por la Emancipación de la Clase Obrera», la de los socialdemócratas de una ciudad del noroeste de Rusia y la de una Unión Socialdemócrata de emigrados rusos en Nueva York; P. Axelrod69 representa a las organizaciones socialdemócratas de una ciudad del sur de Rusia y de tres del noroeste, a los obreros judíos de Varsovia y a los obreros lituanos. Otros delegados, de San Petersburgo, Nizhni Nóvgorod y Vosneasensk,70 representan a la «Unión por la Emancipación» o a la Unión Socialdemócrata. Uno de los ocho delegados rusos, que dice representar a algunos de los antiguos miembros de la «Voluntad del Pueblo»,71 organización que prestó grandes servicios hace unos quince años, ha sido aceptado por la sección rusa en recuerdo de esos servicios. (Más tarde este delegado, Serebriakoff72 [de París], se retiró de la sección rusa y optó por sentarse con la sección francesa, pues tenía una credencial francesa). Un delegado, Rappaport,73 que venía con un mandato de un grupo de cinco jóvenes estudiantes ideólogos de Berna que publican un periódico, Der Arbeiter, ha sido rechazado por la delegación rusa. Pedimos al congreso que nos apoye en esta decisión. No tenemos nada que decir personalmente contra el señor Rappaport, pero los delegados que están aquí deben representar a organizaciones auténticas, y el señor Rappaport no lo hace. Admitir delegados en tales condiciones sería sentar un precedente peligrosísimo. En futuros congresos, cualquier media docena de señoritos podría reclamar representación, y cualquier media docena de esos jóvenes estudiantes podría entonces superar fácilmente en votos a los auténticos representantes de un auténtico movimiento socialista, por no hablar de otros graves peligros para los hombres y las mujeres que trabajan en las horribles condiciones que reinan en Rusia. Por fin el proletariado ruso entra en las filas de los socialistas con consciencia de clase del mundo entero. Os pedimos que lo apoyéis y que rechacéis la delegación que la sección rusa ha rechazado.

Rappaport: Al parecer Plechanoff tiene algo contra mí porque he estado en la universidad. Pero eso no es motivo para rechazar mi credencial, y, si hubiera razones serias, sin duda Plechanoff las habría mencionado. El grupo que represento es socialdemócrata y está en relación con grupos rusos socialistas por sus simpatías y por su acción. La objeción contra mi mandato es fantasiosa, y voy a leer una carta de hombres que conocen el movimiento y que contradice directamente la declaración de Plechanoff. Entre los firmantes hay un amigo de Lavroff74 cuya credencial se ha aceptado, y otros que son revolucionarios probados y han estado en Siberia. Voy a leer esta carta, y pido al congreso que rechace el informe de Plechanoff.

«Los abajo firmantes declaramos que el grupo “Unión Socialista Revolucionaria” existe, que se formó hace varios años y que está en relación constante con grupos socialistas y obreros de Rusia. Somos de la opinión de que dicho grupo tiene la importancia suficiente para estar representado por un delegado en el Congreso Socialista Internacional de Londres. Declaramos también que el ciudadano doctor Rappaport, al que conocemos como socialista militante, es realmente el representante del grupo y tiene su delegación. En consecuencia, protestamos contra el rechazo de las credenciales del ciudadano doctor Rappaport.

(Firmado)

Stepanoff, Serebriakoff, Felix Volkhovsky,75 Goldenberg, N. Tschaikowsky,76 Teploff, Kahan».

Plechanoff: Una palabra en respuesta. Ni se nos ocurre reprochar a nadie que haya estado en la universidad. Pero sí creemos que haber estado en la universidad, o incluso ser doctor, no es razón para hablar en nombre de la clase obrera rusa. En justicia para con esa clase y para con quienes son sus representantes directos, que tienen credenciales de Rusia y no de unos cuantos estudiantes de Suiza, os pedimos que no impongáis a nuestra delegación a alguien a quien la delegación se siente en el deber de excluir.

El informe se aprobó por aclamación.

Francia.— Guerard (Sindicato de Ferroviarios): Hay 133 delegados. Tres de ellos, Jaurès, Millerand y Viviani,77 miembros de la Cámara de Diputados, no tienen credenciales, pero la delegación, para demostrar buena voluntad y tolerancia, los ha aceptado.

Jaurès: Para nosotros esta es una cuestión de principio, y no podemos aceptar esta muestra de generosidad. El presente debate es una imagen de lo que ocurrió ayer en la sección francesa, donde los socialistas franceses fueron derrotados por un voto, el de un hombre al que ya habían rechazado otras dos nacionalidades. Los anarquistas franceses han conseguido entrar en el congreso con la máscara de credenciales sindicales. En muchos casos la existencia de esos sindicatos es muy dudosa. Sería el colmo del absurdo admitir a estos anarquistas y dejar fuera a tres delegados que han sido elegidos por miles de obreros organizados, que pueden presentar numerosas credenciales y que pueden hablar en nombre del campesinado.

Siguió una gran confusión, en medio de la cual Faberot (diputado) protestó contra todo privilegio especial concedido a los miembros del Parlamento y contra la pretensión de convertir los sindicatos en un partido político.

G. Lansbury78 (S.D.F.): Propongo que se suprima la última parte del informe francés.

Esto significaba la exclusión de los tres delegados en cuestión.

Millerand (diputado) intentó hablar. La agitación era tan grande que fue imposible votar.

El presidente: La sección francesa está de acuerdo en aceptar a todos sus delegados. ¿Es prudente que el congreso intervenga en ese arreglo?

Finalmente el congreso levantó la sesión a las 6.45 sin haber votado.

Cuarta sesión, miércoles 29 de julio, a las 2 y cuarto de la tarde

Presidente: H. M. Hyndman (Inglaterra); vicepresidentes: R. Seidel (Suiza) y J. Jensen (Dinamarca, diputado y miembro del ayuntamiento de Copenhague).

El presidente: El secretario de la comisión de reglamento tiene que hacer una comunicación.

F. Brocklehurst: ¿Querrán los secretarios de las comisiones enviarme sus informes?

El presidente: La comisión de reglamento me ha nombrado presidente esta tarde. No es, quizá, una posición muy envidiable. Propongo al congreso que, siendo tan numerosos los delegados, todas las preguntas o mociones se escriban en un papel y se me hagan llegar. Me agradaría que este congreso aprobara una moción que limitara a cinco minutos cada intervención. Pido al congreso, a todas las secciones, que apoyen a la presidencia y mantengan el orden, que es cosa suya. Nuestros enemigos, que son bastante poderosos, nos acusan de no llevar nuestros asuntos de manera tranquila y digna. Pues bien, hoy, por irritante que sea el asunto que se discuta, procuremos actuar con sobriedad, orden y eficacia, y pasemos a tratar los asuntos. Si la asamblea me apoya, habrá orden. Voy a someter ahora la moción que limita a cinco minutos cada intervención.

G. Dew79 (Carpinteros de Londres) y D. Hennessey (Yeseros) propusieron y secundaron que se concedieran diez minutos a los ponentes y cinco a los demás oradores.

El presidente lo sometió a la asamblea, y la moción se aprobó por unanimidad.

Representación francesa

El presidente: George Lansbury presentó ayer por la tarde una enmienda relativa a la exclusión de tres delegados franceses. Estos tres señores han entregado hoy credenciales en regla de organismos debidamente constituidos. Propongo que una comisión de tres o cuatro personas examine el asunto. La sección francesa ha aceptado esas credenciales.

H. B. Samuels (I.L.P.): Esta cuestión quedó decidida anoche.

El presidente: Declaro que esa objeción no procede. No quedó decidida anoche. Quiero decir también que los tres delegados, Jaurès, Millerand y Viviani, tuvieron todo el tiempo sus credenciales en el bolsillo. Propongo que el congreso examine esas credenciales. (Se produjeron algunas interrupciones).

Un delegado se levantó entonces y dijo que algunas personas no autorizadas habían conseguido entrar en el congreso.

El presidente: No nos corresponde decidir eso.

Herbert Burrows80 (Fabricantes de Cerillas): Creo que los tres delegados franceses deberían explicar por qué no entregaron ayer sus credenciales a la sección francesa.

Como el delegado rumano deseaba hablar sobre el asunto, el presidente le dio la palabra.

Anastasio (Rumanía): Me sorprende que la cuestión vuelva a plantearse. Sostengo que quedó resuelta ayer. Un delegado inglés había presentado una enmienda para aprobar el informe francés salvo la parte referida a los tres delegados que no tenían mandatos. Se sometió a votación, y considero que la cuestión quedó resuelta entonces. A mi juicio es lamentable que este asunto se vuelva a plantear esta tarde.

El presidente: Doy ahora la palabra al señor Keir Hardie para que presente su enmienda.

Keir Hardie (I.L.P.): Esto puede parecer a primera vista un asunto menor; pero, a mi juicio, encierra un peligro. Si se favorece a los miembros del Parlamento por encima de los demás hombres, eso podría acarrear males. Propongo que estos tres delegados remitan el asunto a su propia sección. Si miráis el apartado c) del artículo 3 del reglamento, veréis que «el presidente y el secretario de la nacionalidad verificarán los mandatos de sus delegados».

El presidente: Ya los han verificado, señor Hardie.

Keir Hardie expresó su desacuerdo.

J. Connell (I.L.P.) secundó la enmienda. Quiero decir unas palabras. Sé que entre algunos de mis amigos ha habido un malentendido. Les pareció algo tramposo que estos tres delegados franceses retuvieran sus credenciales hasta hoy. Se alega que lo hicieron para sentar un precedente y que tenían derecho a sondear la opinión del congreso sobre este punto. Me temo que algunos de mis camaradas voten contra los tres delegados por un malentendido, mientras que, si este se aclarase, todos se alegrarían de tener entre ellos a Jaurès, Millerand y Viviani.

Los obreros textiles británicos y los daneses pidieron el cierre del debate, que se aprobó.

Al someter a votación la enmienda de que la cuestión de esos mandatos se remitiera a la sección francesa, resultó que la mayoría estaba a favor de la enmienda, que pasó así a ser la resolución y se aprobó por amplia mayoría.

Se produjeron entonces interrupciones y, cuando cesaron, Sydney Olivier (fabiano) propuso «que el congreso pase a examinar los informes de las comisiones».

W. C. Steadman (Constructores de Gabarras) secundó la moción.

George Lansbury rogó a Olivier que lo pensara mejor y tuviera en cuenta las pocas credenciales que quedaban por examinar.

El presidente: No hay ningún informe de comisión listo.

Amy Morant (I.L.P.): Propongo que las credenciales no impugnadas se den por leídas.

El presidente: Le agradecería que retirara esa propuesta.

Informes sobre las credenciales

Polonia.— W. Jodko: La delegación polaca ha aceptado catorce credenciales y ha rechazado una. Las credenciales que hemos aceptado proceden de las organizaciones socialdemócratas polacas de la Polonia austriaca y prusiana, de organizaciones de socialistas polacos de otros países y, por último, de ciertas sociedades secretas de la Polonia rusa. Pedimos al congreso que comprenda bien que esas organizaciones secretas son inevitables en un país que sufre la horrible tiranía del gobierno ruso. Sin prensa, sin derecho de reunión pública, sin derecho a organizarse, los obreros no tienen más remedio que organizarse en secreto. Los polacos de la Polonia rusa están en la misma situación que sus amigos rusos. Pedimos al congreso que acepte esas credenciales. En nuestra sección hay una delegada a la que en un principio teníamos la intención de excluir.81 La portadora de esta credencial (Polonia rusa) lleva años pronunciándose contra una delegación polaca común, alegando que Polonia no existía como nación y que formar una delegación polaca sería puro chovinismo y algo antisocialista. En estas circunstancias, la sección polaca había aconsejado a esta delegada que fuera a sentarse con los austriacos o los alemanes. Sin embargo, la delegación alemana pidió a la delegación polaca que reconsiderara el asunto. Así lo hemos hecho, y, aunque nos vemos obligados a señalar la contradicción de la postura de esta delegada, para ahorrar tiempo y una larga discusión aceptamos su credencial. Por último, hay otra credencial que nos negamos a aceptar y que pedimos al congreso que no acepte. Sobre su portador, Michalkowski, pesan acusaciones muy graves a las que nunca ha hecho frente ni ha respondido. Hace tres años los hechos, que consideramos de la mayor gravedad, se hicieron públicos en Zúrich: se expusieron públicamente y se imprimieron. Un jurado de honor de Varsovia, del que formaban parte amigos suyos, lo declaró indigno. A esas acusaciones, formuladas categóricamente hace tres años, no se ha dado respuesta. No necesito señalar que esto, que sería grave en cualquier país, lo es doblemente para nosotros, los polacos. Por eso la delegación polaca pide al congreso que apruebe su informe: que acepte a los trece delegados y rechace la credencial de Michalkowski.

Michalkowski, el delegado en cuestión: Quiero dar una explicación. Acuso a quienes quieren invalidar mis credenciales de calumnia y de combatirme con medios desleales. Estos mismos hombres acusaron también a Stepniak,82 nuestro difunto camarada ruso, de ser un espía de la policía. Me niego a justificarme ante la delegación polaca o a tener nada que ver con semejantes personas. Apelo al congreso. También a otros miembros de la delegación polaca se les ha denunciado. Quiero que Vaillant lea una carta de París. En Zúrich se me hizo la misma objeción, pero fui admitido.

George Dew (Sociedad Unida de Carpinteros y Ebanistas): Protesto contra esta farsa de dejar hablar a todo delegado cuyas credenciales se rechazan. Los sindicalistas quieren protestar contra la manera en que se está malgastando el tiempo del congreso. Propongo que se apruebe el informe polaco.

D. Hennessey: Lo secundo.

Michalkowski: Exijo que se lea la carta de P. Lavroff sobre mí, que tiene Vaillant.

El presidente sometió el informe polaco al congreso a mano alzada, y se aprobó por amplia mayoría.

América pidió la votación por nacionalidades.

La votación fue la siguiente: a favor de la aprobación del informe polaco: Australia, Austria, Bohemia, Bulgaria, Dinamarca, Alemania, Gran Bretaña, Hungría, Italia, Polonia, Rusia y Suecia. En contra: América, Bélgica, Francia, Portugal, Rumanía, España y Suiza. Abstención: Holanda.

Resultado: a favor del informe de la sección polaca, 12 nacionalidades; en contra, 7; abstención, 1.

El presidente: Creo que todos los delegados excluidos por votaciones como esta deberían abandonar el congreso.

Austria.— Resel (S.D.P.): Hay siete delegados, todos ellos con las credenciales en regla. De ellos, tres vienen por el Partido Socialdemócrata, uno por los metalúrgicos (13.000 miembros), uno por los sombrereros (273) y uno por los cerveceros. Lamentamos que la delegación austriaca no sea más numerosa. Pero los gastos de enviar delegados a tanta distancia son muy grandes, y nos pareció mejor dedicar nuestros medios a la lucha por el sufragio universal que el proletariado austriaco está librando con tanta energía. Además, puede que tengamos que hacer frente a elecciones, y eso exige también no pocos sacrificios. Pero, si nuestra delegación es pequeña, representa a los obreros con consciencia de clase de nuestro país.

Se aprobó el informe.

Bohemia (organización checa).— Hybes83 (S.D.P.): El Partido Socialdemócrata Checo decidió en su reciente congreso de Brünn enviar a un solo delegado al congreso, pero ese delegado, que soy yo, representa al conjunto de nuestras organizaciones. Tomamos esta decisión por razones puramente prácticas. Hay que tener presente que desde los tiempos de la Reforma el nuestro ha sido un pueblo oprimido y pisoteado, y que por eso estamos muy por detrás de otros países en desarrollo económico y en experiencia política. De hecho, solo en los últimos años hemos entrado en la lucha política. En otro tiempo hubo cierta confianza en el Partido Liberal, que ahora ha dado en llamarse «Partido del Pueblo» y «Partido de los Jóvenes Checos»,84 pero sigue siendo el mismo partido de siempre, y en otro tiempo el pueblo lo apoyó. Ahora la gente empieza a comprender que no puede haber alianza con ningún partido burgués, y pensamos que debíamos administrar con cuidado nuestros recursos para la lucha en que estamos entrando. De ahí nuestra pequeña delegación, aunque este único delegado representa a un partido unido que crece con rapidez. Pero al llegar aquí apareció otro delegado que decía tener una credencial checa. Su credencial la extendieron unos grupos que se llaman «independientes», en Viena y en Praga. Lo que realmente son, nadie puede decirlo. Interrogado sobre este punto, el delegado admitió que venía con una sola instrucción: votar por la huelga general. Siento quitar tiempo al congreso, pero el congreso tiene que decidir, puesto que estamos un voto contra un voto. Os pido, sin embargo, que recordéis que un delegado fue elegido por un congreso que representa a todo el Partido Socialdemócrata de Bohemia, y el otro por un grupo que nadie conoce y que ni siquiera sabe lo que quiere.

Groussier85 (Francia): No entiendo con qué criterio se lleva a cabo la votación por nacionalidades. Tenemos a un solo delegado inglés que vota por Australia, y ahora a un solo delegado bohemio que vota como una nación.

Un delegado inglés: ¿Por qué no se somete esto a la sección austriaca?

V. Adler (S.D.P., Austria): Ya se ha hecho. Nuestra sección ha examinado el asunto. Comprendo muy bien que a quien lo vea desde fuera le parezca extraño que tengamos secciones austriaca, checa y húngara. Pero existen como organizaciones separadas e independientes, y tenemos que reconocer el hecho. Cuando en Irlanda tengáis un auténtico movimiento socialista, probablemente os parecerá necesario hacer lo que hemos hecho nosotros y reconocer un partido irlandés además del británico. Pero, aunque tengamos estas organizaciones separadas, estamos completamente unidos y formamos un gran partido que trabaja codo con codo hacia el mismo fin. Estaría bien que algunas de las naciones aquí presentes, que hablan una misma lengua y no, como nosotros, tres o más lenguas completamente distintas, estuvieran tan unidas como nosotros y formaran, como nosotros, un partido único en sus principios y en su táctica. Las delegaciones austriaca y húngara están enteramente de acuerdo con el informe de Hybes. La credencial que os pedimos que rechacéis procede de un grupo nacional-checo-chovinista-anarquista. Sin duda eso parece extraño, pero en Austria tenemos cosas extrañas. Los partidos socialdemócratas unidos de Bohemia, Austria y Hungría piden al congreso que apruebe el informe de Hybes.

W. Votier (Obreros del Calzado) y G. Lansbury propusieron que se procediera a votar. Se aprobó.

Se aprobó el informe bohemio.

Hungría.— I. Ancel (S.D.P.) informó. Se han aceptado las credenciales de tres delegados de organizaciones socialdemócratas y sindicales, y se ha rechazado la de un llamado partido demócrata nacional. Era extraordinario que una organización nacional exclusivamente burguesa quisiera estar representada en un congreso obrero internacional.

Se aprobó el informe de Hungría.

Dinamarca.— P. Knudsen (diputado) informó. Hay siete delegados, que representan al Partido Socialdemócrata (23.000 miembros) y a los sindicatos centralizados (42.000). Un solo sindicato, el de los obreros mecánicos, tiene 3.500 miembros. Seis de los siete delegados son diputados, cuatro por el partido y dos por los sindicatos. En el último momento se presentó un representante de un pequeño grupo anarquista llamado «Tolerancia». Su mandato ha sido rechazado.

El presidente: Puesto que todos los anarquistas quedan excluidos por votación, no puede haber discusión. No podemos reabrirla hoy.

Edward Aveling leyó a continuación telegramas y mensajes y comunicó avisos de la comisión de festejos sobre el mitin del jueves por la noche. Hay otros dos avisos. Primero, el secretario general del congreso pide a cada secretario de cada nacionalidad que redacte una lista oficial de delegados. Segundo, algunos delegados salen y vuelven a entrar, y ha habido dudas sobre las tarjetas. Por eso en cada tarjeta deberá escribirse el nombre del delegado y la organización a la que pertenece.

Se decidió seguir reunidos ese día hasta terminar los informes sobre las credenciales.

Suecia.— H. Branting (S.D.P.): Me alegra decir que no tenemos ninguna credencial que rechazar. Aquí solo hay dos delegados: uno, yo, por el Partido Socialdemócrata, y otro por los sindicatos de Estocolmo. Al Partido Socialdemócrata le habría gustado enviar una delegación mayor, pero estamos entrando en una lucha por el sufragio universal, estamos poniendo en tensión todas nuestras fuerzas y ahorrando todo lo que podemos para esa lucha. Pero, aunque seamos una delegación pequeña, representamos a un partido unido y en crecimiento.

Se aprobó el informe sueco.

Italia.— Enrico Ferri (S.D.P.): Hay presentes diez delegados del Partido Socialista, que acaba de reconstituirse en el congreso nacional celebrado en Florencia y cuenta con 25.000 miembros, que representan a un número mucho mayor de partidarios entre quienes no pueden declararse abiertamente a causa de la persecución. Cuando los diez delegados llegaron a Londres, se encontraron con que su número se había duplicado, pues había otros diez que pedían ser admitidos en el congreso con mandatos de grupos anarquistas. Como estaban así divididos en dos mitades iguales, se acordó esperar la decisión del congreso sobre la cuestión anarquista. Esa decisión ya se ha tomado; se han anulado siete de las delegaciones anarquistas, pero tres de los anarquistas, que tienen también credenciales sindicales, se han quedado, de modo que la delegación italiana cuenta con trece miembros. Pero estos delegados vienen en realidad bajo el manto de los sindicatos —y algunos de esos sindicatos son muy dudosos— para hacer propaganda del anarquismo, y, si no tienen por sí mismos el sentido del honor necesario para retirarse, la delegación italiana opina que el congreso debería pronunciarse y, en todo caso, debería saber lo que realmente son esos tres delegados, y que los diez socialdemócratas presentes representan el verdadero movimiento obrero y sindical de Italia.

El presidente: Un delegado pide la palabra en nombre de la minoría. (Al delegado). ¿Es usted anarquista?

Un delegado: Sí.

El presidente: Entonces me veo obligado a negarme a escucharle. El congreso ha decidido excluir a los anarquistas como tales. La delegación italiana tiene igual número de socialistas que de anarquistas. Estos últimos han aceptado acatar la decisión del congreso, renunciar a su condición de anarquistas y sentarse aquí solo como delegados sindicales. Ahora el delegado quiere defender la posición anarquista. Eso va contra la decisión del congreso.

El delegado se esforzó por hacerse oír.

Louise Michel,86 que deseaba sentarse como delegada italiana, intervino, y hubo algunas interrupciones.

El anarquista italiano protestó ante el público desde la tribuna y se marchó.

Se aprobó el informe italiano.

España.— Pablo Iglesias (Partido Obrero S.D.): De ocho credenciales hemos rechazado dos. Una de ellas representa a una sociedad absolutamente desconocida. Al rechazarse esta credencial, el delegado presentó otra de una sociedad anarquista. Como consideramos a todos los anarquistas enemigos del socialismo, también esta se rechazó. Lo que sostuvo ayer Nieuwenhuis era totalmente inexacto. Si nos reunimos en un congreso para trabajar por fines comunes, necesitamos un terreno común. Por eso no podemos trabajar con los anarquistas ni con gente como Nieuwenhuis, cuyo principal fin y objetivo es combatir a los obreros socialdemócratas. La delegación española representa a setenta organizaciones obreras, y os pedimos que nos apoyéis para mantener fuera de nuestra sección a hombres que no tienen ningún derecho a estar en el congreso.

Malatesta87 (cuyas credenciales habían rechazado las secciones italiana y española, pero que estaba sentado con la sección francesa): He recibido de Barcelona todo un fajo de documentos, por los que deduzco que los compañeros de Barcelona se han visto interrumpidos por una visita de la policía, provocada por alguien que arrojó una bomba contra un acto religioso.88 El delegado de Barcelona no ha podido llegar todavía a Inglaterra porque ha tenido que huir de la policía. Yo represento a una sociedad española de picapedreros; y, aunque esa sociedad estuviera compuesta en gran parte, como se ha alegado, por espías de la policía, sostengo que todos los que representan sociedades obreras debidamente organizadas tienen derecho a estar presentes en el congreso.

Sometido a votación, el informe español se aprobó por amplia mayoría.

Portugal.— E. C. A. Gneco89 (S.D.P.): Solo hay un delegado de Portugal, yo mismo, porque por ahora nuestros medios no nos permiten enviar más. De hecho, este es el primer congreso internacional al que Portugal ha podido enviar un delegado. Tengo credenciales firmadas por ochenta y cinco sociedades.

Se aprobó el informe.

Holanda.— C. Cornelissen (Liga Socialista): Hay trece delegados holandeses, que representan a veintiuna organizaciones locales o generales. De ellos, uno viene de los maestros socialistas, y otros dos representan a dieciséis sindicatos con 20.000 miembros. Hemos admitido a todos los delegados, incluso al pequeño grupo de parlamentaristas. Pero en su conjunto los delegados holandeses son antianarcocomunistas,90 que por la votación de ayer tienen derecho a ser parlamentaristas y a estar presentes.

El presidente: El delegado ha hablado incorrectamente de la resolución aprobada ayer. Como parece que no hay oposición, someteré a votación la moción de que se apruebe el informe.

En consecuencia, una votación a mano alzada aprobó, al parecer, el informe.

Como se pidió una votación por nacionalidades, el presidente no aceptó la petición.

Francia.— El presidente: Cuarenta y siete delegados franceses han presentado una propuesta: desean separarse de la sección francesa, que representa opiniones anarquistas, y que se les permita votar y estar representados en las comisiones como sección aparte.

G. Dew (Carpinteros): Protesto contra esta pérdida de tiempo.

G. B. Shaw (fabianos): Propongo que pasemos al siguiente asunto.

El presidente: Espero que el señor Shaw no insista en ello. Si se aprueba su moción, lo probable es que la mitad de la delegación francesa se vea expulsada del congreso. Puesto que se ha permitido hablar a Malatesta, no se debe impedir a los representantes del gran Partido Obrero francés que expongan su caso, y por tanto daré a Millerand la oportunidad de hablar en contra de pasar al siguiente asunto.

Siguió cierta confusión, pues varios delegados británicos sostenían que no se podía dar la palabra a ningún orador sobre una moción de pasar al siguiente asunto.

El presidente: La regla del debate es que puede oírse a un orador a favor y a otro en contra de pasar al siguiente asunto.

J. Connell (I.L.P.): Una cuestión de orden. Millerand no puede hablar, porque su credencial no ha sido verificada.

El presidente: Es sin duda un punto nuevo, y me parece fundado.

P. Singer (S.D.P., Alemania): Nuestros camaradas ingleses están discutiendo ciertas reglas del debate que rigen entre ellos. Pero este no es un congreso inglés. Es un congreso internacional, y las reglas de un país no pueden imponerse sin duda a todos los demás, cuyos usos de procedimiento son muy distintos. La cuestión es si se debe impedir a los delegados franceses, que representan al gran Partido Obrero Socialista, explicar su posición al congreso. Es una cuestión de solidaridad internacional, una cuestión de honor no negar esta justa petición de nuestros camaradas franceses. Sería una vergüenza para nuestro congreso echar a estos representantes del movimiento obrero francés. Pido especialmente a los ingleses, ante todo, que recuerden que las costumbres nacionales no pueden imponerse en un congreso internacional, y, sobre todo, les pido que demuestren el sentimiento de amistad y fraternidad del que hablaban ayer y den a Millerand la oportunidad de explicar la posición de los cuarenta y siete delegados franceses.

J. H. Wilson (Marineros y Fogoneros): Propongo que se proceda a votar.

El presidente: Todavía no.

W. Parnell (I.L.P.) se opuso al deseo de la delegación francesa de dividirse en dos secciones.

G. B. Shaw (fabiano): Me opongo con la mayor energía al deseo de los franceses de dividirse, y, después del discurso del señor Singer, deseo insistir con la mayor energía en mi moción, a saber, que pasemos al siguiente asunto.

M. Maguire (América): Los delegados americanos protestan contra esta injusticia. Dicen que Millerand tiene todo el derecho a hablar.

El presidente sometió entonces a votación si se debía oír a Millerand o no.

Por unanimidad, las veinte nacionalidades decidieron oírle.

Millerand (Francia): He de dar las gracias al congreso por permitirme hablar. Hablo en nombre de cuarenta y siete delegados franceses. No habría insistido en hablar sobre una cuestión meramente personal, pero se trata de una cuestión de principio vital, sobre la que queremos dejar bien clara nuestra posición. La resolución de Zúrich se discutió en la sección francesa. Por ella se excluía del congreso a los anarquistas. La sección francesa rechazó la resolución de Zúrich por cincuenta y siete votos contra cincuenta y seis. Entonces cuarenta y siete de los cincuenta y seis de la minoría se retiraron. No querían asociarse con quienes, al amparo de los sindicatos, habían venido como anarquistas y se oponían a la resolución de Zúrich. Aquellos a quienes represento no podían aceptar una farsa —no quiero ofender a nadie—, pero una farsa en la que muchos hacen el papel de ingenuos engañados. Los anarquistas han dicho en su propio periódico oficial que debían venir al congreso y formar parte de las comisiones no para promover el sindicalismo, sino los principios anarquistas. Los anarquistas presentes en el congreso habían admitido en muchos casos que solo se servían del manto del sindicalismo para entrar en el congreso. Por eso la minoría pide que se le permita votar por separado. Pide al congreso que no la obligue a sentarse y trabajar con los anarquistas, con los que no tiene nada en común. ¿Vais a obligarnos a nosotros, socialistas, a aceptar la responsabilidad de colaborar con los anarquistas franceses? No podemos asumir la responsabilidad de trabajar con los anarquistas, se disfrace esa acción con el nombre que se quiera. La separación es absolutamente necesaria para dejar clara nuestra posición ante la opinión pública de Francia, donde tenemos detrás a la mayoría de los obreros franceses. Si el congreso no concede esta separación, nos veremos obligados, a nuestro pesar, a retirarnos de él. No podemos ni debemos consentir que la gran masa del proletariado francés aparezca como anarquista a consecuencia de toda clase de maquinaciones con doble juego.

El presidente: He recibido una comunicación en el sentido de que los delegados franceses estarían muy dispuestos a aceptar uno de cada sección en las comisiones.

Bernard Shaw: Pido permiso para retirar mi moción.

Keir Hardie: Propongo que se levante la sesión, y sugiero que las dos secciones francesas examinen el asunto antes de mañana por la mañana, cuando podrá continuar la discusión. La moción fue rechazada.

El presidente: Doy la palabra a E. Vandervelde para que se oponga a la resolución que pide la división del partido francés.

E. Vandervelde (S.W.P., Bélgica): Millerand ha insistido en que la cuestión no es personal. Los belgas no podemos aceptar, por principio, que una nación se escinda en dos, y en esto los belgas somos unánimes.

F. Hardijns (S.W.P., Gante): Eso no es exacto. Los belgas no son unánimes en esta cuestión.

E. Vandervelde: Si se concede esta división a los franceses, otras naciones pueden querer lo mismo. No queremos naciones divididas en parlamentaristas y antiparlamentaristas. La mayoría francesa, aunque contiene anarquistas, no es exclusivamente anarquista. Semejante separación va contra la base del congreso, que quizá no sea muy acertada, pero hay que aceptarla. Una minoría debe someterse a la mayoría y no escindirse de ella.

Vaillant (Comité Revolucionario Central) y Allemane91 (Partido Obrero Socialista Revolucionario) quisieron protestar contra las acusaciones de ser anarquistas que se les habían hecho.

Se procedió entonces a la votación. A favor de la resolución de Millerand, de que la delegación francesa se dividiera en dos secciones: América (el ponente declaró que estaban a favor de separar a los socialistas de los anarquistas, lo que provocó cierta manifestación por parte de una de las secciones francesas), Australia, Austria, Bohemia, Bulgaria, Dinamarca, Alemania, Hungría, Polonia, Portugal, Rumanía, Rusia, España, Suecia y Suiza. En contra: Bélgica, Francia, Gran Bretaña (114 votos contra 110), Holanda e Italia. Resultado: a favor de la propuesta de que los franceses puedan sentarse en dos secciones, 15 nacionalidades; en contra, cinco.

El congreso levantó la sesión a las 7.30.

Quinta sesión, jueves 30 de julio, a las 10 y media de la mañana

Presidente, Emile Vandervelde, Bélgica; vicepresidentes, Enrico Ferri, Italia, y John Hodge (a quien sustituyó durante un rato E. Belfort Bax), Gran Bretaña.92

El presidente: Se va a dar una explicación sobre la discusión de ayer acerca de la cuestión francesa. Espero que el tiempo del congreso se emplee mejor que en los debates estériles que ha habido hasta ahora. Esos debates son inútiles e infructuosos. Es absolutamente necesario que presentemos un frente unido ante el enemigo y que hagamos algo por la unión del socialismo. Muchos de los delegados han sido enviados con gran coste y sacrificio por incontables millones de trabajadores hambrientos; enviados a trabajar en este congreso, y no a ventilar cuestiones inútiles. En lugar de dividirnos, presentemos un frente unido contra el capitalismo y esforcémonos por lograr una mayor unidad entre los socialistas.

Se puso entonces a votación la siguiente moción de James Leakey, que se aprobó sin discusión, por unanimidad y por aclamación:

Véase Simpatía con el ayuntamiento socialista de Lille.

Edouard Vaillant: Tomo nota de lo que ha dicho el presidente. Como presidente de la sección francesa, deseo explicar la situación. Es extraño que la mayoría de los delegados franceses fuera ayer juzgada y condenada como anarquista sin haber sido oída. La mayoría francesa no es anarquista, y a los delegados que vienen como delegados sindicales no se les debería interrogar sobre sus opiniones políticas personales. Repito que la mayoría francesa no es anarquista. La mayor parte de ellos está a favor de la resolución de Zúrich y de la acción política. Yo mismo soy socialista revolucionario y comunista, deseoso de tomar el poder político para instaurar el estado de la sociedad que deseamos. Por eso protesto, del modo más enérgico posible, contra la injusticia que, a mi juicio, se ha cometido con nosotros. La confusión que se ha producido se debe, creo, a que hemos hecho de este un congreso sindical además de socialista.93

El presidente: Por decisión del buró, Allemane hará ahora una declaración, y después pasaremos al orden del día.

J. Allemane: Las disputas internas de las distintas nacionalidades no conciernen a las demás naciones. A mi juicio, la dificultad ha surgido de la estrecha interpretación de la resolución de Zúrich por Deville y Guesde. La interpretación que da a la resolución de Zúrich la mayoría de la sección francesa es la misma que le da la mayoría de este congreso. La mayoría francesa ha procurado ser justa y tolerante, y eligió a uno de la minoría como uno de sus cargos.94

El congreso pasó entonces a discutir los informes de las comisiones.

Cuestión agraria

El presidente dejó la presidencia para presentar el informe de la comisión agraria, y ocupó su puesto, provisionalmente, Ferri.

Informe de la comisión agraria

Véase La cuestión agraria.

Informe de la minoría de los representantes británicos en la comisión agraria

Los representantes de la sección británica en la comisión agraria someten por la presente al congreso su informe de minoría.

En la práctica están de acuerdo con la resolución presentada en el informe de la comisión, con la excepción del último párrafo. Desean, sin embargo, llamar la atención sobre el hecho de que la comisión rechazó otras resoluciones que ellos propusieron.

Las resoluciones rechazadas son las siguientes:

(a) Que, además de la explotación directa de los obreros agrícolas por el terrateniente y el capitalista, en algunos países se ponen obstáculos a estos obreros en la distribución de su producto excedente entre sus conciudadanos, por la propiedad capitalista de los ferrocarriles y demás medios de transporte, y también de los mercados, y que estos obstáculos a un uso eficaz de la tierra solo pueden eliminarse socializando dichos medios de transporte y de cambio.

(b) Que, puesto que en muchos países el desarrollo del sistema capitalista ha provocado un considerable desplazamiento del trabajo agrícola, este congreso opina que ha llegado el momento de que ese trabajo se organice científicamente en la tierra por las autoridades públicas más adecuadas para la empresa.

Esta se rechazó, pero se decidió remitirla a la comisión industrial para que la examinara, y esta contestó lo siguiente:

«La comisión económica e industrial opina que no puede examinar la resolución que la comisión agraria somete a su consideración, ya que dicha resolución pertenece esencialmente al ámbito de la comisión agraria. (Firmado) Henry Polak».95

El presidente de la comisión industrial ha indicado después, sin embargo, que la resolución rechazada recibirá su atención.

(c) Que esta comisión pide a la comisión de educación que incluya en sus recomendaciones al congreso una resolución que inste a los departamentos de educación de los distintos países:

  1. A disponer que se enseñen nociones elementales de agricultura en todas las escuelas públicas.

  2. A cooperar con otros departamentos del Estado, con los municipios, etc., en el establecimiento de un sistema eficaz de enseñanza técnica agrícola.

Las resoluciones anteriores se rechazaron por quedar fuera del ámbito de estudio de la comisión, o por no ajustarse a las necesidades de varios de los países representados. En cuanto al primer motivo de objeción, opinamos que la comisión debería haber examinado, como correspondía, todos los aspectos importantes de la cuestión que se le había sometido. En cuanto al segundo, aun admitiendo que la cuestión agraria es de naturaleza diferente en los distintos países, y teniéndolo en cuenta, deseamos expresar nuestro descontento por la muy marcada falta de disposición de los representantes extranjeros a discutir cualquier cosa ajena a los asuntos contenidos en la resolución principal.

Por último, en beneficio de futuros congresos, sugerimos respetuosamente que se agreguen a cada comisión intérpretes independientes y oficiales.

Respetuosamente, Thos. M. Watt. W. G. Pearson.

E. Vandervelde: Como el informe y el informe de minoría se han impreso en las tres lenguas y se han repartido, no es necesario que los lea. La comisión se pronunció por unanimidad a favor de la autonomía local y de que cada país trate la cuestión agraria según sus circunstancias locales. En las reuniones de la comisión pronto se vio cuán alejados estaban los distintos países en sus opiniones sobre esta importante cuestión. La diferencia de opinión sobre este asunto se da incluso dentro de algunos países, como se vio en el congreso del Partido Socialdemócrata Alemán en Breslau.96 Pero todos estamos de acuerdo en el principio general de transformar la propiedad capitalista en propiedad comunista. La única diferencia de opinión se refiere a los pasos intermedios que hay que dar hacia ese fin. En Inglaterra la tierra es propiedad de un puñado de terratenientes. En Francia y en Bélgica, en cambio, hay millones de pequeños propietarios, a los que Karl Marx definió como hombres soldados a los instrumentos con los que se ganan la vida, como el caracol está fijado a su concha.97 También en Flandes hay muchos pequeños propietarios. En el norte de Prusia, como en Inglaterra, hay grandes terratenientes. La comisión opina que toda esta cuestión se encuentra todavía en un período de gestación. No ha llegado aún el momento de decidir una acción general definida. Proponemos que en los distintos países se nombren comisiones que reúnan hechos y opiniones y se comuniquen entre sí. En un punto, desde luego, estamos todos de acuerdo, a saber: que el obrero agrícola soporta todo el peso de la opresión agraria y que es deber de los socialistas del mundo entero acudir en su ayuda. La fuerza de los ejércitos europeos reside en el campesinado, pero está cerca el día en que el campesino en el campo y el artesano en la ciudad se unirán y harán causa común contra la opresión del capitalista.

F. Brocklehurst (secretario del buró): He de comunicar que, además de la comisión agraria, cuyo informe se está discutiendo, han redactado también sus informes las comisiones siguientes: acción política, educación, acción económica e industrial. Las comisiones de la guerra, de organización y de asuntos varios no están todavía del todo listas. Ruego a los secretarios de las comisiones que entreguen sus informes para la imprenta en cuanto estén listos.

El presidente (provisional), Ferri: Doy la palabra al camarada Pearson para que hable sobre el informe de minoría.

W. G. Pearson (S.D.F.): El informe de minoría que presentamos el doctor Watt y yo no contradice el informe de la mayoría, sino que lo complementa. La cuestión agraria en Europa no se discutió realmente en la comisión. Los radicales en Inglaterra han llegado ya, en realidad, tan lejos como la primera parte del informe de la mayoría. La minoría opina que deberían discutirse algunos de los paliativos inmediatos, como la nacionalización de los medios de transporte, y nuestro informe es una protesta contra el escueto informe de la comisión. Deseamos ver la esfera del Estado extendida al ámbito de la actividad industrial. Somos firmemente partidarios de que se establezcan las comisiones voluntarias que recomienda el informe. En Inglaterra tenemos un departamento de agricultura dependiente del gobierno, no precisamente el mejor de su clase, pero otros países podrían establecer con provecho departamentos semejantes, cuyo objeto debería ser informar no de opiniones piadosas, sino del trabajo efectivamente realizado.

El doctor Watt (I.L.P.) apoyó el informe de minoría.

Paul Lafargue (Parti Ouvrier, Francia):98 Hay una diferencia entre discusión y disensión. En realidad, la minoría apoya a la mayoría. Quisiera aprovechar esta ocasión, la primera que tengo, para protestar contra lo que dice la prensa capitalista sobre la supuesta pérdida de tiempo del congreso. El congreso ha avanzado muy bien en su trabajo, la mayor parte del cual se ha hecho en las comisiones durante los tres últimos días. Se observará que, cuando llegamos a los asuntos importantes, nuestras disensiones desaparecen y presentamos un frente unido. La comisión ha hecho muy bien en no entrar en cuestiones de detalle. En Francia hemos empezado a ocuparnos de la cuestión agrícola, pero no hay que olvidar que esa cuestión, no solo en los distintos países sino incluso dentro de un mismo país, se divide en categorías diferentes. Están, por ejemplo, el pequeño arrendatario, el aparcero, el pequeño campesino propietario, el obrero agrícola. Los campesinos propietarios son el ejército de reserva del capitalista. Sus votos han ido a Napoleón III, a los clericales, a la reacción en todas sus formas. Sin embargo, estamos haciendo progresos entre la población agrícola de Francia. Por ejemplo, uno de nuestros delegados, el doctor Dellon, tiene entre sus credenciales una de un pequeño municipio agrícola de noventa y siete habitantes cuyo concejo está formado íntegramente por socialistas. Su mandato lleva el sello del alcalde socialista.

G. B. Shaw (Sociedad Fabiana): Propongo que todas las intervenciones, salvo las de los ponentes, se limiten a tres minutos.

El doctor Bruno Schoenlank (S.D.P., Alemania):99 Como presidente de la comisión agrícola, permítanme señalar que era absolutamente imposible entrar a discutir las diversas cuestiones de detalle a las que se refiere la minoría británica. Era esencial que estuviéramos de acuerdo en los puntos principales, y en ellos mayoría y minoría están de acuerdo. Ni que decir tiene que, como socialistas, somos partidarios de nacionalizar no solo la tierra, sino también los medios de transporte, etc. Pero mucho de lo que alegaron nuestros amigos británicos se aplicaría únicamente a su propio país, y el hecho mismo de que hablen de paliativos nos muestra que sus argumentos pueden ser, y sin duda son, acertados en el plano local, pero no de aplicación universal. Ahí está toda la diferencia entre un gran principio general y un paliativo aplicable a un momento o a un país determinados. Nuestros amigos quieren que el Estado controle los ferrocarriles. Bien, todos queremos nacionalizar los ferrocarriles. Pero el Estado de hoy no es un Estado democrático, es un Estado de clase, y lo que nuestros amigos ingleses consideran un paliativo útil nosotros ya lo hemos experimentado. La nacionalización de los ferrocarriles la llevó a cabo Bismarck, y el resultado ha sido que los ferrocarriles se han explotado según el método capitalista más perfecto en favor del militarismo. El ferrocarril del Estado, con nuestro Estado actual, no es un ferrocarril democrático, y esto lo reconocerán nuestros amigos cuando tengan nuestra experiencia. Además, la minoría inglesa quería que nos ocupáramos de la cuestión de los parados y que, si no la resolvíamos, al menos aliviáramos su situación. Y para conseguirlo proponen llevar a los parados a la tierra. También esto, la creación de colonias de trabajo agrícola, ha sido un proyecto predilecto de nuestros terratenientes prusianos, porque entonces esos desgraciados quedan del todo desprotegidos y a merced de sus explotadores, los terratenientes. A esta propuesta absolutamente reaccionaria nos oponemos por razones tanto prácticas como teóricas. Además, la minoría inglesa quería que se enseñara agricultura en todas las escuelas. Esa es una cuestión para la comisión de educación; pero decididamente nos opondríamos a enseñar agricultura a los niños de la ciudad, que sería una pura pérdida de tiempo. Por estas razones, la mayoría no creyó posible aceptar las propuestas de la minoría. Pero, al fin y al cabo, esas propuestas son simples cuestiones de detalle, y en tales cuestiones forzosamente ha de haber opiniones muy diversas. En la cuestión principal estamos todos de acuerdo, y el informe que presentamos se sitúa en un terreno decididamente socialista. En nuestro objetivo final estamos unidos: la liberación del campesino y del obrero como parte integrante de la victoria de la socialdemocracia.

Dos de los delegados ingleses opinaron que quienes desearan presentar enmiendas no debían hacer uso de la palabra.

R. Seidel (S.D.P., Suiza): No creo que el texto del informe esté traducido del todo correctamente en todos los casos. El texto inglés habla del régimen de los terratenientes como parte de la explotación capitalista, pero esto no está en las otras traducciones. Propongo que los textos se igualen, es decir, que se añadan las palabras «incluido el régimen de los terratenientes».

Paul Lafargue: Propongo una enmienda para que en el párrafo 3 las palabras «el proletariado agrícola» se sustituyan por «todas las subdivisiones del proletariado agrícola».

El presidente: Propongo que se acepten los retoques de redacción de Seidel y Lafargue, y que se apruebe a continuación el informe de la mayoría.

En la votación, el informe de la mayoría, con los retoques de redacción de Seidel y Lafargue, se aprobó por unanimidad.

El informe de minoría, cuyo contenido se explicó al congreso porque las traducciones oficiales al francés y al alemán no estaban aún listas, se sometió luego a votación y se rechazó por amplia mayoría.

F. Brocklehurst: El buró desea que todos los informes al congreso pasen por sus manos para que…

Se produjo entonces cierta confusión por parte de la mayoría de los delegados franceses, y Allemane y Agyriades protestaron violentamente.100

El presidente y los traductores, tras algunas dificultades, les hicieron comprender que lo único que se pretendía era que los documentos oficiales pasaran por las manos del buró para que pudieran hacerse traducciones exactas.

Se levantó la sesión a las 12.50.

Sexta sesión, jueves 30 de julio, a las 3 y cuarto de la tarde

Edward Aveling leyó varios telegramas y cartas de West Ham, Gratz, de las mujeres de París, etc.101

W. Stevenson (Peones de la Construcción Unidos, Londres) y G. Dew (Carpinteros Amalgamados, Londres) propusieron la resolución siguiente, que se aprobó por unanimidad y por aclamación:

Véase Protesta contra las palabras del juez Grantham.

La delegación suiza propuso la resolución siguiente:

Véase Saludo a los obreros rusos.

H. Turot (Leñadores, Francia) propuso como enmienda «uno de los últimos baluartes» en lugar de «el último baluarte».

Se aceptó, y la resolución se aprobó por aclamación.

F. Brocklehurst: ¿Pueden venir a verme enseguida los secretarios de las nacionalidades alemana y francesa para recoger los informes de la comisión de acción política?

D. Nieuwenhuis (Holanda) leyó la declaración siguiente:102 «Los delegados de la Federación Socialista Holandesa y de los sindicatos, es decir, los representantes de veinte de las veintiuna organizaciones obreras aquí representadas, viendo que el congreso tiene cada vez más la intención de cambiar la base económica de la antigua “Internacional” por una base parlamentaria; que se ha excluido del congreso a asociaciones socialistas; que no se ha dado respuesta alguna a nuestra pertinente y repetida pregunta de si el presente congreso ha adoptado la resolución de Zúrich con o sin la declaración que la acompaña, han decidido no seguir participando en las deliberaciones parciales, sectarias e intolerantes del congreso, pues su mandato les obliga a abandonar el congreso en las presentes condiciones. En adelante, el movimiento holandés solo estará representado en el congreso internacional por la fracción llamada “Partido Obrero Socialdemócrata”, que no tiene derecho a llamarse representante del movimiento obrero en Holanda».

A continuación entregó al presidente su tarjeta de delegado, que el presidente recibió con un «Gracias».

W. H. Vliegen (Holanda): En nombre de la minoría holandesa, me complace decir que los socialdemócratas holandeses no abandonarán el congreso. Al contrario, consideran un honor trabajar siempre que sea posible junto a los socialistas del mundo entero. Como la mayoría de la sección holandesa (nueve miembros) no convocó nunca a la minoría (cinco miembros) a ninguna deliberación, esta minoría ha quedado excluida de todas las comisiones. Protestamos enérgicamente contra esta exclusión de las comisiones, como, por ejemplo, la que trata de la cuestión colonial, que tiene una importancia inmensa en nuestro país. A la minoría holandesa se le ha dicho que no es más que un apéndice de los socialdemócratas alemanes. Mientras el Partido Socialdemócrata Alemán sea idéntico al movimiento socialista internacional, estamos orgullosos de seguirlo. Se nos dice que somos un partido pequeño. Pero, en todo caso, nunca hemos intentado hacernos pasar por fuertes o grandes. Es señal de debilidad creerse fuerte cuando se es débil, pero es señal de fuerza reconocer la propia debilidad. Quizá seamos débiles hoy, pero no descansaremos hasta que nuestro partido sea fuerte y no indigno de ocupar su lugar en el gran movimiento socialdemócrata.

El presidente: La minoría holandesa ha delegado a W. H. Vliegen y H. Polak para formar parte del buró.

Eugenie Collot (Francia), según se entendió, hizo una protesta general y pidió que se admitiera en el congreso a los que habían sido excluidos.

Comisión de acción política

Informe. Ponente, George Lansbury (S.D.F.).

Véase La acción política.

Lansbury, al presentar el informe, dijo: La comisión ha tenido que ocuparse de catorce resoluciones. Ha habido completa unanimidad en los principios amplios y generales, aunque no necesariamente en todas las cuestiones de detalle. En cuanto a las resoluciones 11 y 12 del orden del día, referidas a la situación de Polonia, la comisión se pronunció a favor de la completa autonomía de ese país y, de hecho, como muestra el párrafo cuarto del informe, a favor de la plena autonomía de todas las nacionalidades. La resolución n.º 14 del orden del día, para discutir la actitud de los trabajadores ante la política colonial, la comisión de acción política la remitió a la comisión de la guerra, aunque en el último párrafo de su informe se hace referencia a este asunto. La comisión de acción política ha celebrado siete sesiones, y hay un informe de minoría, que no se ha impreso, pero que presentará el único delegado que lo apoya.

Tortellier (Carpinteros y Ebanistas, Francia):103 Se me ha enviado al congreso para explicar por qué nos oponemos a la acción política. No siempre fue así. Los franceses me designaron para combatir a Vaillant en la comisión precisamente en este punto. Los franceses han dejado atrás la acción política. Todas las promesas que hacen los candidatos en época de elecciones se olvidan después de las elecciones. Lograremos más organizándonos económicamente que organizándonos políticamente. Nuestros intentos de organización política son la causa del fracaso de las huelgas. Debería hacerse una huelga contra el alquiler. Si todos se negaran a pagar el alquiler, se acabaría con el régimen de los terratenientes. Nunca se conseguirá nada del Parlamento, ni siquiera la reducción de la jornada de trabajo. Si solo se admite en los congresos a los partidarios de la acción política, las razas latinas abandonarán los congresos. Los italianos se están alejando de la idea de la acción política. Debidamente organizados, los obreros pueden arreglar sus asuntos sin intervención alguna del poder legislativo. La mayoría de los obreros franceses está conmigo en esta cuestión.

E. Vaillant: Niego la exactitud de lo que afirma Tortellier. Los obreros franceses partidarios de la acción política son una amplia mayoría y aumentan cada día.

J. Jaurès: Yo debía haber formado parte de la comisión de acción política, pero la segunda sección francesa se constituyó demasiado tarde. En nombre de los cuarenta y siete delegados franceses que comparten mis opiniones, protesto enérgicamente contra las perniciosas doctrinas de Tortellier y contra su afirmación de que la mayoría de los obreros franceses se opone a la acción política. Sea dicho en su honor: se organizan cada vez más para la acción política. Es fácil probar la falsedad de la calumnia de Tortellier. Los resultados electorales prueban su falsedad. El voto socialista no deja de crecer. En sus recientes luchas contra Casimir Périer y Dupuy, los diputados socialistas tenían detrás a la masa de la clase obrera.104 Somos partidarios de la acción política porque queremos la libertad económica. El sindicalismo por sí solo no basta. ¿Cómo podría existir el propio sindicalismo sin la acción política que hace posible su existencia? En Francia, el centro del sindicalismo eran las bolsas del trabajo. Las ha cerrado la acción política de los capitalistas, y los obreros recurren a la acción política para que vuelvan a abrirse.105 Puede haber traidores en cualquier partido, pero el peor traidor y el enemigo más peligroso es el que, cuando uno sale a combatir, le dice: «Deja las armas en casa». El arma más poderosa de la clase obrera en su lucha es la acción política, y los enemigos más peligrosos de la clase obrera son los que le aconsejan no usar esa arma. Los diputados socialistas de la Cámara francesa nunca han desencadenado huelgas, pero, cuando han estallado, han acudido en ayuda de los obreros. Antes, en caso de huelga, toda la maquinaria política se empleaba contra los obreros. Ahora hay socialistas en el Parlamento que pueden ponerse al lado de los obreros y usar en su favor parte de la maquinaria política. Nuestro gran objetivo es la supresión de todas las clases, enseñando a la clase obrera a usar la acción política para su propia emancipación.

D. Hennessy: Propongo que se supriman, en el segundo párrafo del informe sobre la acción política, las palabras «con independencia y separación de todos los partidos políticos burgueses». No creo en el gobierno de una sola clase. Conozco a bastantes hombres de la clase media que merecen tanto apoyo como candidatos al Parlamento como los candidatos obreros. Soy partidario del gobierno de todas las clases.

W. C. Steadman (Constructores de Gabarras, concejal del Consejo del Condado de Londres): Apoyo la supresión de esas palabras. No quiero ponerme en una posición falsa. No le cedo a nadie en mi deseo de liberar a mis semejantes. Solo discrepo de algunos de mis amigos en la cuestión del método. Cada una de las tres reformas mencionadas en el informe figuraba en mi reciente programa electoral, cuando me presenté al Parlamento como sindicalista y candidato liberal-obrero. Se nos dice que, si un obrero se presenta en relación con alguno de los viejos partidos políticos, se convertirá en un mercenario del partido. Lo niego. Estoy tan dispuesto a trabajar con un liberal de la clase media como con un hombre de clase media del I.L.P. Si queremos un auténtico partido obrero, solo puede salir de los sindicatos. ¿Y están ya preparados para ello?

J. Hodge: Propongo que se vote ya.

T. Mann: Protesto contra ello mientras no se haya oído a la otra parte.

La moción de que se pasara ya a votación fue rechazada.

P. Curran: Deseo hablar, como socialista y sindicalista, contra los dos sindicalistas que han propuesto y apoyado la enmienda. El informe de la comisión de acción política no contiene nada más que lo que se ha aprobado en los recientes Congresos de las Trade Unions británicos. En este país hemos tenido muchas muestras de alianzas obreras con los viejos partidos políticos. Los dirigentes obreros que las hicieron han traicionado a su clase porque no estaban aliados con un partido socialista ni bajo su control. Los políticos de la clase media no se limitan al Partido Radical. El partido socialista es de todas las naciones y de todas las clases. Prefiero un socialista de la clase media a un obrero renegado. Creo que los británicos deberían avergonzarse cuando miran lo que se ha hecho en Alemania y en Francia. Aun así, estamos tratando de seguir su ejemplo. Como consecuencia de la costumbre del obrero británico de ir a remolque de los partidos de la clase media, tenemos en este momento el espectáculo de que no hay ni un solo diputado socialista en la Cámara de los Comunes británica. El movimiento político de la clase obrera se está convirtiendo en un movimiento auténticamente socialista y revolucionario.

August Bebel (S.D.P., Alemania, diputado): Después del admirable discurso de Jaurès, apenas es necesario decir nada sobre la necesidad de la acción política para la clase obrera. Y no es para eso para lo que he pedido la palabra. Pero, en vista de la posición que ha adoptado una parte de los obreros ingleses, deseo decir unas palabras sobre la experiencia de Alemania. Creo que, sin ninguna presunción, puedo decir con justicia que no hay en Europa partido socialista que haya luchado con más constancia y más tenacidad que el Partido Socialista Alemán desde el momento en que salió a la palestra, y esto no se debe a una virtud especial del partido, sino a las condiciones especiales en que se ha encontrado. Cuando, hace veinticinco años, esas condiciones nos dieron el sufragio que tenemos, no se alzó en Alemania una sola voz contra que lo utilizáramos. Utilizamos esa arma, y porque la utilizamos, de una secta pequeña, despreciada y calumniada, hemos llegado a ser lo que somos hoy: el partido más fuerte de todo el Imperio alemán. Hace diez años no llegábamos a los 100.000 votos.106 En las últimas elecciones obtuvimos 1¾ millones de votos, más de la cuarta parte de todos los votos emitidos. Nuestro éxito llenó de consternación al gobierno y a las clases gobernantes. Se ha dicho que la acción política de los obreros es perjudicial para su clase. En Alemania, todo lo que se ha hecho por los obreros, económica y políticamente, se ha hecho mediante la acción política de la socialdemocracia, mediante su fuerza política. Y los obreros alemanes lo saben tan bien que no quieren oír hablar de abstención política. «¡Votad más!», es su grito. «Cuantos más de vosotros vayáis a las urnas por vuestra propia clase, mejor». ¿Por qué el gobierno de la burguesía prolongó la legislatura de tres a cinco años?107 ¿Por amor a los obreros, por deseo de complacer a nuestros antiparlamentarios y de librar a los obreros de la «desmoralización» de las elecciones? ¡No! Porque tenía miedo; porque temía esas expresiones de la opinión popular y el espléndido medio de agitación y de educación que nos dan las elecciones. No por amor, sino por miedo a nosotros, la burguesía quiere las menos elecciones posibles, y no podríamos prestar mayor servicio a la clase media que adoptar la táctica anarquista y burlarnos del voto. Si lo hiciéramos, se nos echarían al cuello y nos colmarían de elogios, y seríamos tan populares entre ellos como lo son los anarquistas. Pero la primera de todas las reglas en una lucha es no hacer nunca lo que el enemigo quiere que hagas, y nuestro objetivo debe ser, por tanto, no abandonar el voto, sino extender el sufragio en todas partes. Si pudiera haber alguna duda sobre a quién le haríamos el juego con esa política de abstención, mirad a Sajonia. Allí los socialdemócratas tienen la mayoría absoluta de los electores, y, por miedo a ellos, el gobierno y la burguesía les han arrebatado el sufragio.108 Cuando nuestros adversarios juzgan así el sentido y el valor de la acción política de la clase obrera, ¿vamos a renunciar precisamente al arma que les inspira un miedo mortal? Hacerlo sería una traición, el más fatal de los errores. En cuanto a la moción de nuestro amigo Hennessey, los alemanes no pueden aceptarla. Los obreros alemanes han visto con el más profundo pesar que una parte de los obreros ingleses sigue dispuesta a ir a remolque de los partidos burgueses, y que votó por esos partidos en las últimas elecciones. Hacemos un llamamiento especial a los obreros ingleses para que se organicen de manera independiente, porque vosotros, la clase obrera inglesa, no tenéis más que quererlo para ser dueños del estado de la sociedad. No pidáis a vuestros camaradas del continente que retrocedan; poneos más bien a su cabeza y, bajo la bandera del socialismo, conducidlos a la victoria.

Enrico Ferri (S.D.P., Italia, diputado): Deseo protestar con la mayor energía posible contra la calumnia de Tortellier sobre los obreros italianos. No han abandonado en modo alguno la lucha política. Todo lo contrario. Durante la violenta reacción bajo el traidor Crispi se aprobó una ley llamada antianarquista. En realidad, estaba pensada para usarse no contra los anarquistas, sino contra los socialistas, contra el partido político de los obreros. Con la ley de revisión electoral de Crispi se privó del voto a un tercio de un electorado de tres millones. Y ese tercio, naturalmente, representaba el elemento democrático. Los dirigentes socialistas fueron detenidos y encarcelados junto con presidiarios. Y, sin embargo, a pesar de todo ello, el movimiento socialista creció. Los 27.000 votos de obreros con consciencia de clase y los cinco diputados de 1892 se convirtieron en 1895 en 80.000 votos y quince diputados.109 Esta participación en la acción política tuvo un efecto notabilísimo, no solo sobre los individuos, sino sobre el partido en su conjunto. Como un congreso internacional, nos eleva, nos templa y nos purifica a todos. En Italia hemos tenido hace poco un ejemplo muy notable de ello. Uno de nuestros diputados socialistas votó hace poco con el gobierno, no por amor al gobierno, sino por razones puramente tácticas del momento. El Partido Socialdemócrata Italiano lo citó ante su congreso. Era uno de los mayores mártires de nuestra causa común. Todos lo querían. Sin embargo, tuvo que comparecer ante nuestro tribunal de partido y disculparse por su conducta. Esta sumisión a la disciplina del partido es especialmente necesaria en nuestros países del sur, donde somos muy propensos a usar frases revolucionarias románticas; es especialmente necesaria para lograr la unión del proletariado de la cabeza con el proletariado de la mano, que, unidos contra el capitalismo, derribarán el capitalismo.

El presidente: Hay todavía seis oradores en mi lista. Clara Zetkin, que es uno de ellos, está dispuesta, sin embargo, a renunciar, porque ya ha hablado un representante de Alemania. Propongo ahora cerrar el debate.

J. H. Wilson (diputado, Marineros y Fogoneros): Antes de que se cierre el debate, deseo responder al señor P. Curran. Deseo explicar la diferencia entre los socialistas ingleses y los del continente. Por eso me opongo al cierre del debate.

El presidente: Propongo consultar al congreso sobre el cierre del debate.

El cierre del debate se aprobó prácticamente por unanimidad.

El presidente: Vamos a votar ahora el informe de la comisión de acción política.

A propuesta de los delegados franceses, el informe se votó párrafo por párrafo. Todos los párrafos se aprobaron por unanimidad en votación por nacionalidades. Una minoría de la sección francesa votó en contra de cada uno de los párrafos del informe, y, sobre el párrafo segundo y la enmienda de Hennessey y Steadman para suprimir las palabras «con independencia y separación de todos los partidos políticos burgueses», una minoría de la delegación británica votó a favor de suprimirlas. La votación por nacionalidades del informe tal como se presentó, párrafo por párrafo, fue unánime a favor del informe. El informe se sometió después a votación en su conjunto y se aprobó sin votos en contra.

Edward Aveling dio otras comunicaciones, y se levantó la sesión a las 6.

Mitin público en el Queen’s Hall

El jueves por la noche se celebró un gran mitin público. Lo presidió James Mawdesley, y pronunciaron discursos H. Greulich (Suiza), Millerand y Jaurès (Francia), Bebel y Liebknecht (Alemania), Adler (Austria), Iglesias (España), J. H. Wilson y H. M. Hyndman (Inglaterra) y E. Ferri (Italia).

Séptima sesión, viernes 31 de julio, a las 10 y media de la mañana

Presidente, E. Vaillant (Francia). Vicepresidentes, Matthew Maguire (América), J. S. Maxwell (Gran Bretaña).

El presidente: Cuento con la ayuda del congreso para llevar adelante hoy sus trabajos. Ha llegado el momento de dar satisfacción a quienes nos han enviado examinando las resoluciones de las comisiones. Es un gran error imaginar que hemos perdido el tiempo en los primeros días del congreso. Todos esos alborotos, todas esas discusiones en apariencia estériles, están echando los cimientos de los congresos futuros; de modo que, incluso en los primeros días, estábamos haciendo en realidad una labor práctica y provechosa. Ayer el congreso despachó una gran cantidad de asuntos. Por eso la prensa capitalista, como no tenía alborotos de que hablar, ha descubierto que el congreso no es representativo. Es una burda calumnia. Todos los delegados representan organizaciones activas y combativas. También se ha dicho que la delegación británica se ha dividido. Pero la votación de ayer mostró que en las principales cuestiones de principio estaba prácticamente unánime. Hoy es el día decisivo del congreso, el día en que más trabajo hay que hacer. Se han recibido varias propuestas sobre la organización del próximo congreso internacional. Se ruega a los delegados que deseen hacer más propuestas que las envíen enseguida al buró, que se reunirá esta tarde para redactar su informe.

Edward Aveling hizo varias comunicaciones, entre ellas las relativas a los preparativos del sábado.

Educación y desarrollo físico: informe

Ponente, Sidney Webb110 (fabianos).

Véase Educación y desarrollo físico.

S. Webb: El informe que se os presenta ha sido estudiado con detenimiento por los representantes de todas las nacionalidades, que proponen en él, con cierto detalle, un sistema completo de enseñanza y piden que la enseñanza sea accesible a todos los ciudadanos de todos los países. Este sistema de enseñanza, por supuesto, ha de estar bajo control público y apoyado en una protección legal completa de los niños y los jóvenes frente a la explotación capitalista. A menudo se acusa a los socialistas de no ocuparse más que de los medios materiales de mejora. Como respuesta a esa calumnia, aquí tenemos una comisión de un congreso socialista dedicada al estudio y la difusión de nuevas verdades sobre la importante cuestión de la enseñanza. Hoy en día se dedica demasiado poco tiempo al estudio. Planteamos nuestra reivindicación, casi por primera vez, en favor de los estudios superiores y la investigación, con la mira puesta especialmente en el descubrimiento de nuevas verdades económicas. Tengo entendido que se presentará al informe una enmienda que pide la manutención completa de toda persona que estudie hasta los veintiún años. Me permito protestar humildemente contra esa enmienda. Es una propuesta que no es practicable ni deseable. Si todo el mundo tuviera que pasar la vida hasta los veintiún años en la escuela o en la universidad, la sociedad quedaría reducida a comer libros. Si se llevan a la práctica las propuestas del informe, la sociedad tendrá a su cargo la administración del mayor sistema de becas de estudio que el mundo haya visto nunca: un sistema de becas que permitirá a todo muchacho o muchacha, si sus aptitudes lo justifican, pasar de la escuela a la universidad. Pero pedir la manutención completa de todos los niños, sean capaces o no, es pedir que se haga a las clases medias y altas de Europa un regalo del todo innecesario de cien millones de libras al año.

Emma Ihrer111 (S.D.P., Alemania): La importancia de esta cuestión de la enseñanza es tan grande que merece mucha más atención de la que se le ha prestado hasta ahora. Es necesario, aun en nuestra sociedad, mejorar nuestro sistema de enseñanza y contribuir así a poner fin a la explotación de los niños por el capitalismo y por sus propios padres. Pero resoluciones generales como la que tenemos delante no bastan para atender las diversas necesidades de los distintos países. Necesitamos más conocimientos e información sobre la materia, y por eso quisiera proponer que la comisión de educación elegida en este congreso siga existiendo. Esta comisión permanente de educación tendría el cometido de publicar folletos sobre la enseñanza en general y sobre las condiciones particulares de los distintos países, de modo que la clase obrera esté plenamente informada sobre la materia. Esos folletos serán especialmente valiosos como medio de propaganda entre las mujeres, y servirán de propaganda socialista al tiempo que ayudan a conseguir mejores métodos de enseñanza en general. Propongo, pues, como adición a la resolución, que la comisión de educación de este congreso siga reunida de forma permanente, en correspondencia sus miembros unos con otros, y que publique folletos sobre esta cuestión.

K. Hardie: Tomo la palabra para proponer como enmienda que en la última línea de la resolución n.º 1 se supriman las palabras «por becas que cubran» y se sustituyan por la palabra «pública».112 El señor Sidney Webb ha hablado mucho del gasto y ha expresado la opinión de que los obreros que votan los impuestos no incurrirán en ese gasto. Sostengo que, para cuando Europa haya llegado a gastar 100 millones al año en enseñanza, estará ahorrando muchos cientos de millones en gastos de guerra y en gastos causados por el delito. Aunque las clases obreras pagan los impuestos, no los votan. ¿Deben tener los niños listos ventajas sobre otros menos favorecidos? Eso es introducir la competencia, cosa sin duda muy extraña en un congreso socialista. Si se pregunta si todo muchacho y toda muchacha han de ser mantenidos y educados a costa del Estado hasta los veintiún años, la respuesta es que, si los ricos, los listos y los bien atendidos han de tener esas ventajas, los hijos de los obreros deben tenerlas también. El asunto no requiere largos discursos, pero espero que el voto sindical se emita en favor de una igualdad efectiva, en la medida en que sea posible en las condiciones actuales, entre los hijos de todas las clases. Que los hijos de las clases obreras tengan la oportunidad de recibir una educación que los capacite para ser algo mejor que simples leñadores y aguadores de sus amos113 y que les enseñe a llevar una vida natural y humana, dando así a la gran masa del pueblo la oportunidad de ser dueña de su propio destino y de su propia vida.

Herbert Burrows (cerilleros): Apoyo la enmienda.

Clara Zetkin: Tras mucho debate, la comisión acordó en el último momento retirar la mención de las becas, y creo que si el señor Hardie lo hubiera sabido no habría presentado su resolución. De hecho, en la resolución alemana no hablamos de becas. Desde luego, en los países más democráticos una beca no tiene nada de humillante; pero en algunos países podría ser de otro modo, y como en todo caso reclamamos un derecho y no una caridad, queremos eliminar todo lo que pueda parecer otra cosa que un derecho del niño y un deber para con el niño. Por otra parte, no estamos de acuerdo con el señor Hardie ni decimos que todos los niños deban ir a la universidad. Pensamos claramente que solo los niños capaces de sacar provecho de esa enseñanza deben recibirla. Por supuesto, no se la daríamos a niños incapaces, y por eso no vemos ninguna necesidad de la palabra «capaces». Hoy, sea cual sea su capacidad, los hijos de los pobres están excluidos de esa enseñanza por la pobreza de sus padres. La falta de medios para pagar se alza como una espada de fuego que prohíbe la entrada en el paraíso de la enseñanza. Y todas nuestras resoluciones serán vanas en una sociedad en la que los pobres apenas pueden obtener una enseñanza elemental. Desde luego, eso es muy duro para los niños, que deberían escoger a sus padres con más cuidado. Pero en cuanto a la manutención —en cuanto a mantener a los niños hasta los veintiún años y mandarlos a todos a la universidad, sean capaces o no—, eso es sin duda no entender ni lo que es la sociedad ni lo que es la enseñanza. El señor Hardie cree que la enseñanza sería una salvaguardia contra la guerra. Pero ¿qué hace hoy la enseñanza de nuestras universidades sino producir los patrioteros más cerriles, los defensores mismos del sistema que combatimos y de las guerras que son consecuencia de nuestro sistema social? Nuestros peores enemigos salen de las universidades, y hoy la cultura es enemiga de los obreros. Tenemos que hacer frente a las condiciones en que vivimos. Hablar de mantener a todos los niños hasta los veintiún años es perderse en la utopía. La resolución de la comisión trata de manera práctica las condiciones prácticas de hoy, y espero que el congreso apoye las resoluciones, que, si se llevaran a la práctica —y se podrían llevar a la práctica hoy mismo—, garantizarían a los niños el derecho a la enseñanza que reclamamos para ellos.

J. H. Wilson: Propongo que se pase a votar.

K. Hardie: La señora Zetkin está en un error. Yo no pido que se mande a todos los niños a la universidad.

Eleanor Marx Aveling: Antes de que siga el debate, ¿puedo señalar que los textos de la resolución en las distintas lenguas no son idénticos? En la resolución alemana no figuran las líneas sobre las «becas». Antes de votar deberíamos saber qué texto se vota.

K. Hardie: Si la cuestión de la enseñanza por medio de becas se suprime de la resolución inglesa como en la alemana, estoy de acuerdo con ella; solo desearía que se quitara la palabra «capaces».

Herbert Burrows: El señor Sidney Webb ha intentado hábilmente enfrentar a la clase media con los obreros en este congreso. Quiero apelar a todos en el terreno común de los principios. Me opongo a la palabra «capaces». Es inútil decir que esta enmienda no es practicable. El congreso no es una asamblea legislativa sino deliberante, y la enmienda es tan practicable como cualquier otra cosa que hagamos durante la semana. Los socialistas obreros en cuyo nombre hablo no quieren meter a la fuerza a la gente en las universidades, pero sí quieren subrayar el principio de que los hijos de los pobres deben tener los mismos medios físicos e intelectuales de educación que los hijos de los ricos que viven del trabajo ajeno. Apelo a los sindicalistas, como obreros que son, para que ayuden en esto a los socialistas. Pido un voto abrumador y decisivo del congreso por la verdadera idea socialista de que el cuidado de los niños debe ser en todos los casos un deber de la comunidad entera.

S. Webb: Es muy importante que no haya ningún malentendido en este asunto. Queremos que toda la enseñanza sea gratuita. Estamos a favor de la instrucción superior para todos los que puedan aprovecharla. La palabra «capaces» estaba en el borrador inglés original del informe, pero se omitió por error en el alemán. Toda la enseñanza debe ser enteramente gratuita y con manutención completa. Pero esa enseñanza solo debe darse a los capaces de sacar provecho de ella. Es imposible dar a un cuchillo un filo más fino del que admite. No todo el mundo nace con la misma cantidad de sesos, y no todos los niños son capaces de aprovechar la enseñanza superior. Si lo que se quiere es la manutención de todos hasta los veintiún años, me opongo.

K. Hardie: No puedo retirar mi enmienda.

La enmienda se sometió entonces a votación y se declaró aprobada a mano alzada.

S. Webb: Pido la votación por nacionalidades.

En la votación por nacionalidades hubo: a favor de la enmienda: América, Australia, Bohemia, Bulgaria, Francia, Gran Bretaña, Hungría, Italia, Polonia, Portugal, Rumanía, Rusia, España, Suecia. En contra: Austria, Bélgica, Dinamarca, Alemania, Holanda, Suiza.

La enmienda quedó, pues, aprobada por catorce nacionalidades contra seis.

A la segunda resolución del informe, Edith Lanchester y Mary Gray114 habían presentado una enmienda que la suprimía.

E. Lanchester renunció a su turno de palabra en favor de Agyriades (Comité Revolucionario Central, Francia): En el Congreso de Bruselas115 se aprobó una resolución según la cual era deber del Estado hacer todo lo necesario para dar enseñanza a todos los niños. ¿Por qué ha de volverse atrás este congreso de la resolución de Bruselas y ocuparse de cuestiones de detalle? Es la clase media la que ha implantado el sistema de dar una comida al día a los niños. Sería más sencillo para nosotros votar por la manutención gratuita y completa. Si hay que hacer concesiones, esperemos al menos a que la cuestión llegue al Parlamento en forma de proyecto de ley.

Delory116 (Partido Obrero, alcalde de Lille): No me opongo en modo alguno a la manutención completa de los niños, pero en las condiciones actuales no podemos conseguirla. No es la clase media sino la clase obrera —hablo al menos por el Partido Obrero francés— la que ha dado a nuestros pequeños por lo menos una buena comida al día. Consigamos lo que podamos hasta que consigamos todo lo que queremos; y yo propondría que mantengamos la resolución tal como está, añadiendo después de «la organización escolar» las palabras «mientras luchamos por conseguir un estado mejor de la sociedad».

Sometida a votación, se aprobó la enmienda que suprimía la segunda resolución.

El presidente: Se ha presentado una enmienda a la tercera resolución a nombre de la señora Pankhurst.117 Consiste en sustituir la palabra «gradualmente» por las palabras «lo antes posible». Creo que todos podemos aceptarla.

Aceptada esta, se sometió al congreso el informe entero así modificado y se aprobó.

Se acordó también por unanimidad aceptar la propuesta de Emma Ihrer reproducida más arriba: que la comisión de educación siguiera reunida y publicara lo antes posible un folleto.

El congreso levantó entonces la sesión a la una.

Octava sesión, viernes 31 de julio, a las 3 y cuarto de la tarde

Edward Aveling dio algunos avisos y leyó algunos mensajes.

Un delegado belga anunció que a fines de 1896 o a comienzos de 1897 se celebraría en Bruselas un Congreso Internacional de Estudiantes, y entregó el siguiente documento:

«La Federación de Estudiantes y Antiguos Estudiantes de Bélgica, tras el Congreso de Bruselas, en el que estuvieron representadas Austria, Dinamarca, Francia, Holanda, Italia, Rusia, Rumanía y Suiza, y tras la decisión del Congreso de Estudiantes de Ginebra,118 organiza un congreso que se reunirá en Bruselas hacia comienzos de 1897. Se propone discutir los puntos siguientes:

»1. Informe de los delegados.

»2. Situación de los trabajadores intelectuales (decisión de Ginebra).

»3. Propaganda entre esos trabajadores.

»4. Propaganda científica y artística en el Partido Obrero.

»5. Federación.

»6. Informe sobre las alianzas políticas.

»7. Patología social.

»8. Creación de un periódico internacional.

»Todos los estudiantes y antiguos estudiantes, en grupo o individualmente, pueden asistir al congreso, y nos atrevemos a decir que serán admitidos todos los que se interesen por las cuestiones que se discutan, porque no se trata tanto de aprobar resoluciones definitivas como de explicarnos unos a otros nuestra situación en los distintos países; de celebrar una conferencia en la que nos encontremos, una conferencia útil sobre todo porque en ella podemos entablar esas relaciones personales que, más que ninguna otra cosa, sirven a la propaganda internacional.

»Algunos amigos italianos piensan que no deberíamos celebrar tales congresos, porque así dividimos a los socialistas en dos clases.

»No es esa nuestra intención. Todos somos miembros de nuestras federaciones y sociedades locales, pero sostenemos que hay algunas cuestiones para cuya discusión estamos especialmente preparados, como

»La enseñanza socialista en las universidades.

»La propaganda científica y artística.

»Esperamos, pues, que nuestros amigos ingleses vengan en gran número a nuestro congreso a fines de este año o a comienzos del próximo, y que de este modo podamos hacer aún más amistosas, si cabe, las relaciones que mantenemos ahora con nuestros camaradas ingleses».

El presidente: Como no nos sobra el tiempo, ruego encarecidamente a los delegados que no repitan argumentos ya expuestos.

Comisión de organización

Ponente, C. A. Gibson (S.D.F., Inglaterra).

Al presentar su informe al congreso, la comisión desea hacer constar que, de las resoluciones recibidas, ha podido redactar las que figuran en su informe, que recogen los deseos de los autores de la mayoría de las resoluciones. No hemos podido recomendar la publicación de un periódico internacional, como pedían las resoluciones 7 y 8, a causa del coste y de que muchos de nuestros periódicos socialistas actuales ya publican informaciones de otros países.

Véase Organización.

C. A. Gibson: De las diez resoluciones presentadas a la comisión de organización, hemos refundido la primera y la segunda, porque ambas tratan de la misma cuestión, la de un ejecutivo internacional permanente. Otras resoluciones, que tratan de cuestiones como un periódico internacional y una oficina internacional, no las recomendamos por ahora, porque no nos parece que esa labor pueda llevarse a cabo todavía. Se verá por el informe que sí recomendamos que se forme un comité que reúna información e informe al próximo congreso sobre la creación de un ejecutivo internacional permanente.

Se aprobó el informe de la comisión de organización.

C. A. Gibson: Quisiera recordar al congreso que ahora está obligado a formar el comité propuesto. Propongo que se elija un comité y que se reúna en Londres.

Lucien Sanial119: Propongo Suiza en lugar de Londres.

En la votación a mano alzada hubo una gran mayoría a favor de Londres.

América pidió la votación por nacionalidades.

El resultado fue el siguiente: a favor de Londres, Australia, Austria, Bélgica, Bohemia, Bulgaria, Francia, Alemania, Gran Bretaña, Holanda, Polonia, Portugal, Rumanía, Rusia, España y Suiza; a favor de Suiza, América, Dinamarca, Francia e Italia.120

Comisión de la guerra

Ponente: E. Wurm121 (Alemania, S.D.P., diputado).

El presidente: Como la traducción del informe al francés y al alemán aún no está terminada, ruego a las naciones de habla inglesa que tengan paciencia mientras se hacen las traducciones a esas lenguas.

Véase La guerra.

E. Wurm: La comisión de la guerra, que es en realidad una comisión de la paz, ha aprobado por unanimidad los puntos principales del informe que aquí se presenta al congreso. Se nos presentaron siete resoluciones. De ellas se aceptaron seis; una, propuesta por dos delegados franceses, no creemos poder aprobarla. Esos delegados franceses piensan que deberíamos votar a favor de la huelga general como medio de acabar con la guerra. Pero dijeron también que, si se hacía saber que habían propuesto esa huelga general, estaban de acuerdo en que la resolución tal como estaba se aprobara por unanimidad. En realidad la comisión va más lejos, y es verdaderamente más revolucionaria que la resolución de la huelga. La comisión va a la causa de la guerra, a la raíz misma del mal. No son las diferencias religiosas ni nacionales las que causan hoy la guerra. La raíz hay que buscarla y encontrarla en las condiciones económicas de los distintos países, y en nada más. Hoy se enfrenta a una nación con otra en interés de la clase capitalista; pero para el pueblo los intereses nacionales y religiosos tienen que desaparecer cuando el pueblo reconozca lo que es el bien común del pueblo. Cuando los capitalistas de un país lo creen necesario para sus intereses, fabrican una «guerra» y apelan al patriotismo y a los sentimientos humanitarios. Pero mientras tengamos intereses de clase, tendremos intereses nacionales en nuestras condiciones actuales. Y las diferencias nacionales desaparecerán cuando los obreros se encuentren en el terreno común del socialismo. El modo de producción capitalista, con su guerra de todos contra todos y su opresión por la fuerza de la clase obrera, es la verdadera causa de la guerra, y por eso, en nuestras condiciones, todos los llamamientos a la humanidad, a los gobiernos, todos nuestros gritos de «¡Abajo las armas!», por sinceros y bienintencionados que sean, tienen que ser vanos.122 No es con llamamientos a la humanidad sino con la conquista del poder político como la clase obrera puede protestar eficazmente contra los horrores de la guerra. En nuestra resolución denunciamos los ejércitos permanentes como una amenaza permanente; esos ejércitos nos chupan la sangre. Son un estímulo para toda clase de filibusteros, y por eso no queremos ninguno. Pero para librarnos hoy de los grandes ejércitos permanentes necesitamos una milicia de ciudadanos armados; tenemos que exigir el arbitraje, pero —solo estamos en una fase de transición— para que ese arbitraje sea posible los obreros tienen que organizarse y conquistar el poder político. Detrás de todas las guerras nacionales de hoy está el miedo a la gran guerra de clases, y para contener esa guerra de clases las clases capitalistas se arman hasta los dientes. Para acabar tanto con la guerra de clases como con las horribles guerras con que amenazan los gobiernos para aplazar el ajuste de cuentas final, nosotros, los obreros, tenemos que unirnos. Este congreso nos ha mostrado que nuestros fines y nuestros intereses son uno solo; tenemos que conquistar el poder político que hoy está en manos de nuestros adversarios, y, con ese poder en sus manos, los obreros acabarán —como solo ellos pueden hacerlo— con el horror de la guerra.

Boixcervoise (Liga Socialista Intransigente, Francia): La mayoría francesa está a favor de la acción revolucionaria en esta cuestión. Ya se ha probado antes, y con éxito. ¿De qué sirve elegir revolucionarios al Parlamento? ¿Se abolirá alguna vez la guerra si no es por la revolución? Nos oponemos a los ejércitos permanentes. Ahora el informe quiere sustituirlos por el pueblo armado. Pero las milicias suiza y americana son tan malas como un ejército permanente, y son un arma en manos de la burguesía. Nos oponemos, pues, a la conquista del poder político con el fin de abolir la guerra, y, a lo sumo, los diputados deberían usar su mandato para propagar la revolución.

El presidente: He de anunciar que, cuando se levante la sesión del congreso, las delegadas se reunirán entre ellas.

E. Wurm: En algunos ejemplares del informe falta la palabra «simultánea» delante de las palabras «abolición de los ejércitos permanentes» en el n.º 1 de las reivindicaciones.

Dr. Pankhurst (I.L.P.):123 Deseo proponer que se añada la palabra «simultánea» a la primera reivindicación, y propongo también que se supriman todas las palabras de la primera reivindicación que siguen a la palabra «ejércitos», es decir, las palabras «y el establecimiento de una milicia nacional de ciudadanos». Los socialistas queremos la paz ya. En este momento se habla de un tratado de arbitraje entre América e Inglaterra, un tratado que haría imposible la guerra entre las dos naciones. Una declaración de este congreso a favor de la abolición simultánea de los ejércitos permanentes favorecería ese arbitraje internacional. Pero me opongo al establecimiento de una milicia nacional de ciudadanos. En todas partes tenemos que lanzar el grito: «¡Abajo las armas; viva la paz y la fraternidad!».

G. Lansbury: Me opongo a la enmienda del doctor Pankhurst que suprime las palabras «el establecimiento de una milicia nacional de ciudadanos». No veo por qué ninguna nación ha de deponer las armas. Eso significaría sencillamente ponerla a merced de los capitalistas de otras naciones. ¿Estaría dispuesto el emperador de Alemania a acatar una decisión de un tribunal de arbitraje que le fuera contraria, sabiendo que sus adversarios no tenían medios de hacer cumplir la decisión del tribunal?

H. M. Hyndman: ¿No sería mejor tratar las enmiendas de una en una?

Byles (I.L.P.): Deseo proponer que en la reivindicación n.º 1 se inserte la palabra «gradual» antes de «abolición». Estuve en la guerra de los ashanti124 como corresponsal de prensa, y aquella no fue una guerra en interés del comercio.

Se votó entonces la enmienda de Byles, que fue rechazada por una inmensa mayoría.

El presidente: Lo mejor sería votar ahora la primera parte de la reivindicación n.º 1, es decir, la «abolición simultánea de los ejércitos permanentes», y después la enmienda del doctor Pankhurst que suprime «el establecimiento de una milicia de ciudadanos».

La primera parte de la reivindicación n.º 1 se aprobó por unanimidad.

V. Adler: Antes de votar la enmienda Pankhurst, permitidme señalar que el texto inglés no es idéntico a los demás. El texto francés habla de la organización de la «nation armée» —y eso sí lo queremos—, no de un «ejército nacional». Hay confusión en esto, y propongo que el texto inglés se modifique conforme al texto francés y alemán.

La enmienda que suprimía la última cláusula de la reivindicación 1 se sometió a votación y fue rechazada.

J. Allemane: Quiero ver la abolición de los ejércitos permanentes y el armamento del pueblo. Si todos los ciudadanos estuvieran armados e instruidos, el proletariado podría defenderse. Esto se aprobó por unanimidad.

Un delegado presentó una enmienda para añadir a la reivindicación 1 las palabras «con fines de defensa nacional». Esta enmienda se sometió a votación y fue rechazada prácticamente por unanimidad.

El congreso pasó entonces a discutir la reivindicación 2: «el establecimiento de tribunales de arbitraje».

E. Belfort Bax (S.D.F.): Propongo que la cláusula diga: «El establecimiento de un tribunal internacional de arbitraje cuyas decisiones sean definitivas». Cualquier apelación al pueblo sobre una cuestión de paz o guerra significa simplemente desatar una agitación patriotera, cosa fácil con los medios de que disponen los gobiernos. Por desgracia, los socialistas somos todavía minoría. Si, por ejemplo, después del telegrama del emperador a Kruger125 se hubiera hecho un plebiscito del pueblo inglés, habría habido sin duda una inmensa mayoría a favor de la guerra. Lo que hace falta no son varios tribunales de arbitraje, sino un tribunal, debidamente constituido, cuyas decisiones todas las naciones tengan el deber internacional de hacer cumplir frente a cualquier recalcitrante. No digo si este proyecto es utópico o práctico. Puede que de momento sea impracticable, pero lo cierto es que toda la reivindicación n.º 2 es de momento impracticable. Con todo, la formación de un tribunal internacional de arbitraje con plenos poderes sería el principio del fin del sistema moderno de Estados independientes, y podría ser el germen del organismo internacional del futuro, cuya función será la dirección de la vida del mundo socializado.

Gerault Richard126 (Partido Obrero, Francia): Ese tribunal de arbitraje tendrá que ser elegido por el pueblo, desde luego.

Sra. S. Blatch127 (Sociedad Fabiana): Deseo proponer como adición a la reivindicación n.º 2 las palabras «y este congreso se congratula de ver que América y Gran Bretaña están en vísperas de dar este gran paso». Convendría que los obreros y obreras de Europa reunidos en congreso declarasen que, a pesar de los Salisbury y los Olney,128 debe concertarse un tratado de arbitraje entre las dos naciones.

H. M. Hyndman: Apoyo la propuesta.

L. Sanial: El arbitraje no es más que melaza de la clase media. Los gobiernos de la clase media solo recurren a él cuando la paz da más dinero que la guerra. No doy ningún crédito a los llamados tribunales de arbitraje para resolver los conflictos internacionales.

W. G. Pearson: Propongo que pasemos al asunto siguiente.

Se votó entonces la enmienda de la señora Blatch, que fue rechazada por amplia mayoría. La reivindicación n.º 2, modificada por la resolución de Bax, se aprobó a continuación.

Sobre la reivindicación n.º 3, el referéndum, E. B. Bax propuso suprimirla porque era incompatible con el n.º 2 tal como se acababa de aprobar.

H. Greulich (S.D.P., Suiza): Estoy decididamente a favor de mantener esta resolución, porque veo en ella la mayor garantía de paz. Bax no debería confundir al pueblo con un puñado de patrioteros ruidosos de las ciudades. El pueblo conoce sus propios intereses, y los campesinos, los obreros, aquellos cuyos hijos tendrían que combatir, no votarían por la guerra sino por la paz. Cuando en 1870 Napoleón III sintió tambalearse su trono, convocó un plebiscito,129 y para inducir al pueblo a votar «sí» se le dijo que con ese voto votaba por la paz. Si se le hubiera pedido que votara a favor de la guerra, habría votado «no», y solo por su ignorancia, porque se le engañó, obtuvo Napoleón su mayoría. Y así sería siempre. El pueblo no se pronunciaría nunca por la guerra.

Se votó entonces la moción de Bax de suprimir la reivindicación n.º 3, y fue rechazada por amplia mayoría.

El informe, así enmendado, se aprobó a continuación por unanimidad.

Edward Aveling: Tengo que leer otro telegrama, probablemente el último que recibirá el congreso. Es de Lisboa, de cincuenta y una organizaciones sindicales que representan a 10.000 afiliados.

C. A. Gibson: Quiero recordar al congreso que tiene que elegir un comité de organización.

J. S. Maxwell: El tiempo del congreso es sin duda demasiado escaso para hacerlo ahora. ¿No sería mejor dejar que el comité de organización tal como está constituido ahora siga en funciones?

D. Irving:130 ¿Cómo sabremos si los actuales miembros estarán dispuestos a seguir?

H. M. Hyndman: ¿Se nos pueden leer los nombres de los miembros del comité actual?

Se decidió aplazar este asunto hasta las 9 y media del sábado por la mañana.

El congreso levantó la sesión a las 7 y media.

Novena sesión, sábado 1 de agosto, a las 10 menos diez de la mañana

Presidente, Jean Sigg (Suiza); vicepresidentes, Van Kol (Holanda), Adler (Austria), Plechanoff (Rusia), Parnell (Inglaterra).

El presidente: Pido en primer lugar al congreso que vote dos resoluciones presentadas, respectivamente, por la delegación búlgara y por la italiana.

Véase Saludo al Partido Obrero Socialdemócrata Búlgaro y Los disturbios de Zúrich.131

Las dos resoluciones se aprobaron por unanimidad.

Gérault-Richard propuso:

Véase En recuerdo de los fundadores de la Internacional.

Se aprobó.

El presidente: A raíz de la conferencia de los delegados al congreso que forman parte actualmente de cuerpos electivos, se va a nombrar una comisión para promover la cooperación entre los representantes socialistas de las distintas nacionalidades. Se pide a cada nacionalidad que designe un representante para esa comisión y que envíe su nombre y dirección a E. Vaillant, diputado, París. En el orden del día del próximo congreso figurará, como punto especial, la situación de los marinos.

F. Brocklehurst: Los informes de la mayoría y de la minoría de la comisión económica, el de la comisión de asuntos varios y una resolución del buró sobre las bases del próximo congreso están listos para la discusión. El congreso se clausurará hoy a la una.

Informe de la comisión económica e industrial

Véase La acción económica e industrial.

Comisión económica e industrial. Informe de la minoría

Considerando que en varios congresos nacionales franceses —Marsella (1892), París (1893), Nantes (1894) y Limoges (1895)— los sindicalistas se han pronunciado a favor de la huelga general de todos los oficios como medio de emancipación;

que en Bélgica una huelga general, aunque mal organizada, contribuyó en gran medida a arrancar el sufragio a la burguesía;132

que Suecia y Austria, en su lucha por conquistar ese mismo derecho, han adoptado el mismo medio;

que, si la huelga general internacional parece a priori imposible, muy distinto puede ser el caso de una huelga general nacional;

pero que, de hecho, la cuestión de la huelga nacional no se ha estudiado suficientemente en los distintos países;

el congreso invita a los obreros de todas las naciones, y en particular a los sindicalistas, a estudiar esta importante cuestión, que podrá decidirse en el próximo congreso.

Molkenbuhr133 (S.D.P. Alemania, diputado): La comisión económica ha tenido que ocuparse de un gran número de cuestiones, cuestiones que se vienen estudiando desde hace años y sobre las que los socialistas están de acuerdo desde hace años. Los congresos anteriores ya han tratado la mayoría de las cuestiones que tenemos delante, y de tal modo que prácticamente no tenemos nada que cambiar ni que añadir a sus resoluciones; las resoluciones del Congreso de París, en efecto, difícilmente podrían mejorarse. No tenemos, pues, nada muy nuevo que proponer, y eso debería ser motivo de gran satisfacción, porque nos demuestra que los socialdemócratas han ido desde el principio por el buen camino. Vemos ahora a otros partidos proponer esa «solución» de los problemas, cada vez mayores, del desarrollo económico. Vemos a la pequeña burguesía, a los pequeños tenderos, mirar con el mismo terror el crecimiento del socialismo, por un lado, y el de los enormes monopolios, rings, trusts y demás, por el otro.134 Todos estos fenómenos son para ellos algo anormal. Solo los socialistas ven en todo ello los resultados necesarios y el fruto de nuestro sistema económico actual. Lo que para la clase media es nuevo, la clase obrera, gracias a sus maestros teóricos, Marx y Engels, lo esperaba y estaba preparada para ello, y por eso fuimos desde el principio por el buen camino. Es cierto que se nos enviaron muchísimas resoluciones: treinta y siete en total. Pero en gran parte no hacen más que reafirmar lo ya decidido en congresos anteriores, o sus propuestas solo son nuevas en apariencia y pretenden aplicar a oficios determinados y a lugares concretos lo que ya se había decidido con carácter general. La comisión, sin embargo, ha considerado que un congreso socialista internacional no puede ni debe ocuparse de oficios concretos ni de condiciones propias solo de algunos países. Su deber es únicamente trazar las líneas generales por las que hemos de avanzar y enunciar los grandes principios generales que nos obligan. Así, por ejemplo, la Sociedad Fabiana quiere que los gobiernos se hagan cargo de ciertos monopolios: el tabaco, el pan, el alcohol, etc. En esto coincide con Bismarck, y no con los socialistas alemanes. En algunos países democráticos, Suiza por ejemplo, un monopolio así podría ser beneficioso para el pueblo; en otros países, Alemania por ejemplo, sería funesto. Combatimos con energía ese ideal bismarckiano,135 y combatimos ahora un intento del gobierno de quedarse con el comercio del tabaco. Si se hiciera, 50.000 obreros se quedarían sin trabajo y 70.000 se convertirían en esclavos del gobierno más reaccionario; se arrebataría a estos hombres toda organización, toda capacidad de resistencia, y los obreros del tabaco —yo soy uno de ellos— no van a hacerle así el juego al gobierno. Por eso la comisión no recomienda la resolución fabiana. Además, hemos rechazado ciertas resoluciones porque sobre ellas hay opiniones distintas y no tenemos derecho a poner en nuestro programa nada que no sea esencial y fundamental. Del mismo modo rechazamos las propuestas que solo se aplican a determinadas condiciones y no son generales. Por otra parte, algunas resoluciones proponían dirigir llamamientos a las clases gobernantes para que mejoraran las condiciones de los obreros. Pero esos llamamientos son completamente inútiles. Las clases gobernantes no harán nada por la clase obrera, salvo allí donde los obreros sean lo bastante fuertes para obligarlas a hacer algunas concesiones. Y cuando se les arrancan esas concesiones, si los obreros no son lo bastante fuertes para hacerlas cumplir, quedan en letra muerta y solo existen sobre el papel. Los obreros necesitan, desde luego, una legislación protectora, y tenemos que organizarnos para conseguirla. Ya conocéis la gran lucha que libró la clase obrera inglesa hace cincuenta años. En Alemania estamos librando una lucha semejante, y sabemos, como los obreros ingleses, que es inútil apelar a la clase a la que solo podemos combatir. Lo que los obreros quieran tendrán que conseguirlo por sí mismos, y las concesiones que obtengan tendrán que hacerlas cumplir ellos mismos. No debemos perder nunca de vista que la clase obrera no puede emanciparse dentro de la sociedad capitalista actual, y que solo puede emanciparse sustituyendo esta sociedad capitalista por una sociedad socialista. Entretanto, reconocemos que dentro de esta sociedad los obreros deben mejorar su situación en la medida de lo posible, y para ello es indispensable la organización: organización económica en los sindicatos, organización política para llevar a efecto las reivindicaciones económicas. Por eso la comisión insta a todos los obreros a conquistar la reivindicación que expone la resolución de París, citada en el informe. Opinamos que la reivindicación de la jornada legal de ocho horas sigue siendo la más importante de todas. Pero al conquistarla hay que cuidar de que el patrono no eluda sus consecuencias recurriendo a la industria a domicilio. Exigimos, por tanto, que toda forma de industria quede sometida a inspección. Es, a nuestro juicio, la única manera de proteger a los obreros y de acabar con el sweating system.136 Es también deber de los sindicalistas conquistar el pleno derecho de coalición y de organización. La comisión cree que, al aprobar el informe tal como aquí se presenta, este congreso reafirmará las importantes decisiones de los congresos anteriores. En cuanto a la manifestación del Primero de Mayo, la comisión la reconoce como el mejor medio para conquistar la jornada de ocho horas y ve también en ella el mejor medio de protestar contra el militarismo.137 Acepta, por tanto, la resolución presentada por la delegación suiza. Por último, a la vez que instamos a los obreros a hacer cuanto esté en su mano para conseguir estos paliativos inmediatos, les pedimos también que no olviden el gran objetivo final del socialismo: la emancipación de todas las clases del dominio de clase.

Guerard (ferroviarios, París): En nombre de la minoría quiero protestar contra la actitud de la mayoría de la comisión económica, que no ha permitido ni una sola vez discutir la cuestión de la huelga general, aunque los obreros franceses conceden la mayor importancia a esta cuestión. Sabemos que ya es demasiado tarde para discutirla en el congreso, pero habría que discutirla más adelante. La huelga general es el arma más revolucionaria que tenemos. ¿Recomendará al menos el congreso a los obreros de todas partes que estudien los detalles de la cuestión hasta el próximo congreso internacional, para que en él estén en condiciones de adoptar una resolución definitiva sobre la huelga general?

Lazzari138 (S.D.P., Italia): Espero que el congreso no discuta esta cuestión.

H. Quelch (S.D.F.): Propongo que se apruebe el informe de la mayoría.

Se rechazó una propuesta de pasar inmediatamente a la votación, sin enmiendas ni discusión.

Se aprobó otra de tomar las enmiendas y votarlas sin discursos.

Véanse las enmiendas aprobadas en La acción económica e industrial.

Rechazado el informe de la minoría por gran mayoría, se aprobó a continuación sin ningún voto en contra el informe de la mayoría con las enmiendas citadas.

Comisión de asuntos varios

Informe. Ponente: J. Bruce Glasier139 (I.L.P., Inglaterra).

Véase Varios.

  1. Dado que las secciones alemana, austriaca, española y varias otras no han enviado delegación a esta comisión, se ha considerado poco aconsejable presentar un informe sobre la cuestión de una lengua internacional; pero la comisión recomienda que el presidente pregunte desde la mesa al congreso, por naciones, cuál de las lenguas, inglés, francés o alemán, preferirían adoptar; ninguna de las naciones que hablan esas lenguas votará cuando se someta a votación su propia lengua.

J. B. Glasier: No hace falta que pronuncie ningún discurso. El informe habla por sí mismo.

Agyriades: Deseo proponer la siguiente resolución:

Véase Varios.

El presidente: Esta resolución está, sin duda, fuera de lugar en este momento. Primero tenemos que tratar el informe de la comisión.

Como Agyriades protestaba, el presidente, para ganar tiempo, sometió a votación la resolución, que se aprobó por aclamación.

Sometió luego a votación los tres primeros apartados del informe, que se aprobaron por unanimidad. En cuanto al cuarto, el presidente señaló que, dada la hora, era imposible llevar a cabo lo que en él se proponía.

El próximo congreso

W. Liebknecht (S.D.P., Alemania, diputado) presentó, en nombre del buró, el siguiente informe:

Véase El próximo congreso y las condiciones de admisión.

W. Liebknecht: En el buró se ha discutido mucho sobre la fecha y el lugar del próximo congreso. En cuanto a la fecha, teníamos propuestas de celebrarlo dentro de cinco años, en 1900, en 1898 o en 1899. En cuanto al lugar, se propusieron Nueva York, París y Alemania. El gasto de tiempo y de dinero pesaba en contra de América. Los franceses cedieron, pues Alemania era su honrosa rival. El año 1898 es imposible, porque ese año habrá elecciones generales en Alemania, Francia e Italia. La delegación alemana se sentirá orgullosa de recibir el próximo congreso en Alemania, aunque en este momento, por la incertidumbre de la situación política, no puede indicar ninguna ciudad concreta. El buró tuvo que contar con la posibilidad de que en 1899 resultara imposible celebrar el congreso en Alemania, y para ese caso decidió que se celebrara en 1900 en París.140 Más tiempo que en fijar la fecha y el lugar se empleó en examinar las condiciones de admisión. El próximo congreso internacional tiene que celebrarse sin las escenas desagradables de los dos últimos congresos. En el próximo congreso veremos reunidos a todos los representantes de los partidos socialistas y a los representantes del proletariado organizado para la lucha política y económica. Hasta ahora no hemos logrado reunir sin alborotos a los representantes de la socialdemocracia revolucionaria y de los sindicatos que se sitúan en la misma base. Como demócratas, tenemos muchas dificultades cuando se presenta gente no invitada e indeseable; no podemos llamar a la policía para librarnos de esos elementos discordantes. Así, nos vimos obligados a pasar días de discusión estéril, que se nos impusieron con el propósito de desacreditar el congreso y de hacer que sus debates causaran repugnancia, para que nuestros enemigos pudieran decir triunfantes: «Ved a los hombres que quieren crear un mundo nuevo: ni siquiera son capaces de mantener el orden en su propio congreso». Por tanto, tenemos que acabar con esto de una vez por todas. Con la forma de la invitación al próximo congreso tenemos que cuidar de que no entre nadie que no esté invitado, y para ello tenemos que cuidar de que quienes envíen la invitación tengan poder para hacer respetar sus condiciones. El buró, en el que estaban representados todos los matices de opinión y todas las tendencias del congreso, ha sido completamente unánime en esta decisión y, para disipar de una vez por todas cualquier duda al respecto, declara claramente que los anarquistas no tienen derecho a ser admitidos en el congreso. Propongo que se apruebe el informe presentado por el buró.

D. Irving: Propongo, en nombre de la Federación Socialdemócrata, la siguiente enmienda al informe del buró:

«1. Que el mandato para el próximo congreso internacional se limite a los delegados de organizaciones auténticamente socialdemócratas (así como de sindicatos) cuyo objetivo sea la socialización de los medios e instrumentos de producción, transporte, distribución y cambio, bajo la propiedad y el control de la democracia y en interés de todo el pueblo; que se esfuercen por alcanzar ese fin por métodos parlamentarios y otros métodos políticos generales; que sean partidarias de constituir en cada país un partido parlamentario y político independiente y separado de todos los demás partidos políticos, y que estén dispuestas, en las circunstancias actuales, a aceptar y acatar la regla de la mayoría».

W. Liebknecht: El buró se mantiene en su recomendación original.

Edward Aveling: ¿No podría aceptar el buró la enmienda de la S.D.F. en lugar de su apartado 2?

W. Stevenson (peones de la construcción de Londres): Reclamo el derecho a representar las opiniones de los sindicalistas que me han enviado aquí. No me sorprende la intolerancia que se muestra. No es más que la continuación del trato que han recibido durante la semana, en este llamado congreso internacional, los sindicalistas ingleses, que, por cierto, sí representan a alguien. La sección británica ha ahogado desde el principio a los sindicalistas que había en ella. Estoy dispuesto a afirmar que, en lo que respecta a las cuestiones industriales y a los asuntos que afectan a la vida de los obreros, se ha hecho muy poco de provecho práctico. La enmienda no es más que un pequeño soborno para arrastrar a unos cuantos sindicatos a otro congreso. Protesto contra la pérdida de tiempo que se ha producido. Las cuestiones que de verdad afectan al bienestar industrial del pueblo se han dejado de lado, y os habéis pasado el tiempo escuchando brillantes disquisiciones sobre un estado ideal de la sociedad que está tan lejos de vosotros como el milenio.

El presidente: Tengo otros doce oradores inscritos, y pregunto al congreso si no debería votarse ya el informe del buró.

Se votó el cierre del debate por una mayoría muy amplia.

Se sometió entonces a votación la enmienda de la S.D.F. Australia y Portugal no votaron. Las dos secciones francesas se dividieron sobre la cuestión. Todas las demás nacionalidades votaron en contra de la enmienda. Gran Bretaña se pronunció en contra por 129 votos contra 109.

Se aprobó a continuación el informe del buró por unanimidad de las naciones, salvo Francia, que se dividió, y Portugal, ausente.

Edward Aveling hizo algunas comunicaciones finales de carácter práctico.

El presidente: Los trabajos del congreso han terminado. Permitidme expresar, en su nombre, nuestro agradecimiento al comité organizador, a las organizaciones inglesas en general y también a los obreros del mundo que nos han enviado aquí. Las resoluciones aprobadas en este congreso no quedarán en mera constancia académica de nuestros deseos. Todos volveremos a nuestros países a trabajar cuanto podamos para llevarlas a la práctica. Os invito ahora a clausurar el Congreso Internacional Socialista de Trabajadores y Sindicatos de 1896 con un viva a la solidaridad internacional de los obreros.

Cuando se apagaron los vítores, se tocó al órgano Auld Lang Syne,141 que se cantó a la manera británica; luego, La Marsellesa y La Carmañola.142

Por la tarde, los delegados y sus amigos fueron al Crystal Palace143 invitados por el comité organizador. A las 6 de la tarde se les ofreció un banquete presidido por Edward Aveling. Solo estaban previstos tres discursos: en inglés, el del presidente; en francés, el de Gérault Richard; en alemán, el de Paul Singer. Hubo luego un concierto, y por último se llevó a los delegados a ver los célebres fuegos artificiales del Crystal Palace.

Tras la última sesión del congreso, el buró se reunió para examinar la publicación de un informe oficial. Decidió que se publicara y encargó a Edward Aveling, que había actuado como secretario de actas del congreso por cuenta del comité organizador, que redactara ese informe, el cual, antes de publicarse, debía someterse a la aprobación de los miembros del buró.

Este es el informe que aquí se publica.

Cartas y telegramas de felicitación

Edward Aveling leyó al congreso, en distintos momentos de sus sesiones, gran número de cartas y telegramas. Damos a continuación los principales:

América del Norte. Cleveland, Ohio: Partido Socialista Obrero; Philadelphia, Pennsylvania: Convención Socialista del Condado; St. Louis, Missouri: Unión de Obreros Alemanes.

América del Sur. San Paulo, Brazil: Unión General de Obreros.

Austria. Brünn, Moravia: Partido Socialdemócrata; Buda Pest: Partido Socialdemócrata, Hungría; Buda Pest: Sindicato de Toneleros; Gablonz: Obreros del Vidrio y la Cerámica, Hungría; Grätz: Sindicato de Toneleros; Prague: Partido Socialdemócrata; Teplitz: Obreros Alemanes y Checos; Vienna: Obreras Organizadas.

Inglaterra. Hammersmith: William Morris;144 Thurmarston: un jornalero agrícola; West Ham: Carreteros; Wolverhampton: Consejo de Oficios.

Francia. Armentières: Partido Obrero;145 Paris: Coutant, diputado; Paris: Socialistas Revolucionarios Independientes, distrito 13; Paris: Obreras; Marseilles: Carnaud, diputado; Marseilles: Flaissières, alcalde.146

Alemania. Altona: Obreros de Ottensee; Berlin: Comité de Agitación de los Escultores; Berlin: Obreros del Transporte; Berlin: Comité de Agitación de los Camareros; Burgstadt: Obreros Textiles; Dresden: Electores del 10.º distrito, Sajonia; Flensburg: Ejecutiva de los Sindicatos; Königsberg: Partido Socialdemócrata Lituano; Magdeburg: Partido Socialdemócrata; Mülheim: Sindicato; Plauen: Electores del 6.º distrito, Sajonia.

Italia. Bari: Spartaco (órgano de la democracia de Apulia).

Johannesburgo. Johannesburg: Unión Obrera.

Polonia. Cracow: Obreros Socialistas; Przemysl: Obreros Socialistas.

Portugal. Lisbon: Sindicatos Federados.

Rumanía. Bucarest: Unión Obrera; Bucarest: Partido Socialista Rumano; Bucarest: delegados rumanos al congreso anterior.

Rusia. Paris: P. Lavroff.147

España. Algeciras: Juan de la Cruz; Madrid: Comité Nacional del Partido Socialista.

  1. El Comité Parlamentario era el órgano ejecutivo del Congreso de las Trade Unions (Trades Union Congress, TUC), la confederación de los sindicatos británicos; lo elegía cada año el congreso. ↩

  2. Edward Aveling (1849-1898), socialista británico, compañero de Eleanor Marx y traductor de El capital; fue secretario de actas del congreso y redactó este informe. ↩

  3. Edward Harford, secretario general de la Amalgamated Society of Railway Servants, el sindicato de los ferroviarios británicos. ↩

  4. James Macdonald, sastre, miembro de la Social-Democratic Federation (S.D.F.) y secretario del Consejo de Oficios de Londres (London Trades Council) desde 1896. ↩

  5. J. Shaw Maxwell, periodista escocés, primer secretario del Independent Labour Party (1893). ↩

  6. Sydney Olivier (1859-1943), funcionario y escritor británico, miembro de la Sociedad Fabiana. ↩

  7. Henry (Harry) Quelch (1858-1913), dirigente de la Social-Democratic Federation y director de su semanario Justice. ↩

  8. Adolphe Smith (1846-1924), periodista británico, traductor oficial de los congresos socialistas y obreros internacionales. ↩

  9. William Charles Steadman (1851-1911), dirigente del sindicato de los constructores de barcazas del Támesis, concejal del Consejo del Condado de Londres y más tarde diputado. ↩

  10. Will Thorne (1857-1946), fundador en 1889 del sindicato de los obreros del gas (Gas Workers and General Labourers), miembro de la S.D.F. ↩

  11. Francis Chandler, secretario general de la Amalgamated Society of Carpenters and Joiners, el sindicato de los carpinteros. ↩

  12. Edward Cowey, dirigente de los mineros de Yorkshire, presidente entonces del Comité Parlamentario. ↩

  13. William Inskip (1852-1899), secretario del sindicato de los obreros del calzado (National Union of Boot and Shoe Operatives). ↩

  14. John M. Jack, secretario del sindicato de los fundidores de Escocia, miembro del Comité Parlamentario. ↩

  15. James Mawdsley (1848-1902), secretario del sindicato de los hilanderos de algodón de Lancashire, de ideas conservadoras. ↩

  16. Tom Mann (1856-1941), mecánico, uno de los dirigentes de la huelga de los muelles de Londres de 1889; era entonces secretario del Independent Labour Party. ↩

  17. Henry Broadhurst (1840-1911), cantero, diputado liberal-laborista y durante muchos años secretario del Comité Parlamentario. ↩

  18. Ben Tillett (1860-1943), dirigente del sindicato de los estibadores de Londres y uno de los fundadores del Independent Labour Party. ↩

  19. En realidad, en el St. Martin’s Hall se celebró el 28 de septiembre de 1864 el mitin en el que se fundó la Asociación Internacional de los Trabajadores; su primer congreso fue el de Ginebra de 1866. ↩

  20. Joseph Havelock Wilson (1858-1929), fundador del sindicato de los marinos y diputado por Middlesbrough. ↩

  21. Eleanor Marx (1855-1898), hija menor de Marx, militante socialista y sindical. ↩

  22. Eduard Bernstein (1850-1932), socialdemócrata alemán, entonces exiliado en Londres. ↩

  23. Wilhelm Liebknecht (1826-1900), uno de los fundadores y dirigentes del Partido Socialdemócrata de Alemania. ↩

  24. Clara Zetkin (1857-1933), socialdemócrata alemana, directora de Die Gleichheit. ↩

  25. Paul Singer (1844-1911), copresidente del Partido Socialdemócrata de Alemania y diputado en el Reichstag. ↩

  26. Fred Brocklehurst, dirigente del Independent Labour Party en la región de Manchester. ↩

  27. Matthew Maguire (1850-1917), del Socialist Labor Party de los Estados Unidos, su candidato a la vicepresidencia del país en 1896. ↩

  28. Victor Adler (1852-1918), fundador y dirigente del Partido Socialdemócrata de Austria. ↩

  29. Émile Vandervelde (1866-1938), dirigente del Partido Obrero Belga y diputado. ↩

  30. Gueorgui Bakálov (1873-1939), socialdemócrata búlgaro. ↩

  31. Jens Jensen (1859-1928) y Peter Knudsen (1848-1910), dirigentes del Partido Socialdemócrata de Dinamarca. ↩

  32. Eugène Guérard (1859-1931), secretario del Sindicato Nacional de los Ferroviarios, partidario de la huelga general. ↩

  33. Édouard Vaillant (1840-1915), miembro de la Comuna de París, dirigente de los blanquistas y diputado por París. ↩

  34. La delegación francesa se dividió en dos secciones: la A, con los blanquistas de Vaillant, los allemanistas y la mayoría de los delegados sindicales; la B, con los guesdistas y los socialistas independientes. Alexandre Millerand (1859-1943) era entonces socialista independiente y diputado. ↩

  35. Ernest Belfort Bax (1854-1926), escritor socialista británico, de la S.D.F. ↩

  36. Henri van Kol (1852-1925) y Willem Vliegen (1862-1947), del Partido Obrero Socialdemócrata de los Países Bajos (SDAP). ↩

  37. Enrico Ferri (1856-1929), criminólogo y diputado del Partido Socialista Italiano; Romeo Soldi, del mismo partido. ↩

  38. Witold Jodko-Narkiewicz (1864-1924), del Partido Socialista Polaco (PPS). ↩

  39. Gueorgui Plejánov (1856-1918), fundador del grupo Emancipación del Trabajo, el primer grupo marxista ruso. ↩

  40. Pablo Iglesias (1850-1925), fundador del Partido Socialista Obrero Español y de la Unión General de Trabajadores. ↩

  41. Hjalmar Branting (1860-1925), dirigente del Partido Socialdemócrata Sueco; Charles Lindley (1865-1939), dirigente sindical sueco de los obreros del transporte. ↩

  42. Robert Seidel (1850-1933), socialdemócrata suizo, pedagogo y poeta; Jean Sigg (1865-1922), socialista y sindicalista ginebrino. ↩

  43. Federico Engels murió en Londres el 5 de agosto de 1895. En Zúrich, en 1893, presidió como presidente de honor la sesión de clausura del congreso, a la que dirigió un breve discurso. ↩

  44. I.L.P.: Independent Labour Party (Partido Laborista Independiente), fundado en 1893. Joseph Burgess (1853-1934), periodista, fue uno de sus fundadores. ↩

  45. S.D.P.: Partido Socialdemócrata, aquí el de Alemania. ↩

  46. Christiaan Cornelissen (1864-1942), socialista libertario neerlandés, más tarde teórico del sindicalismo revolucionario. La Liga Socialista (Socialistenbond) era la continuación de la Sociaal-Democratische Bond de Domela Nieuwenhuis, prohibida en 1894, de orientación antiparlamentaria. ↩

  47. August Bebel (1840-1913), dirigente del Partido Socialdemócrata de Alemania. ↩

  48. James Keir Hardie (1856-1915), minero escocés, fundador y presidente del Independent Labour Party, diputado de 1892 a 1895. ↩

  49. Jean Jaurès (1859-1914), diputado socialista por Carmaux. ↩

  50. S.D.F.: Social-Democratic Federation (Federación Socialdemócrata). Henry Mayers Hyndman (1842-1921) fue su fundador y dirigente. ↩

  51. Francesco Saverio Merlino (1856-1930), anarquista italiano; se alude al congreso internacional socialista de París de 1889. ↩

  52. Ferdinand Domela Nieuwenhuis (1846-1919), antiguo pastor protestante, fundador del movimiento socialista neerlandés y su primer diputado (1888-1891), pasado después al anarquismo. ↩

  53. Piotr Kropotkin (1842-1921), geógrafo y teórico ruso del anarcocomunismo, exiliado en Londres. ↩

  54. Henri Ghesquière (1863-1918), obrero y militante del Partido Obrero de Guesde en Lille. ↩

  55. Gustav Landauer (1870-1919), escritor anarquista alemán; fue asesinado tras la caída de la república de los consejos de Baviera. ↩

  56. Richard Fischer (1855-1926), socialdemócrata alemán, diputado en el Reichstag. ↩

  57. Pete Curran (1860-1910), sindicalista escocés del sindicato de obreros del gas, miembro del I.L.P. ↩

  58. Miembros de la Sociedad Fabiana (Fabian Society, 1884), sociedad socialista reformista inglesa. ↩

  59. George Bernard Shaw (1856-1950), escritor irlandés, miembro destacado de la Sociedad Fabiana. ↩

  60. Émile Vinck, socialista belga del Partido Obrero Belga. ↩

  61. S.W.P.: Partido Obrero Belga (Parti Ouvrier Belge). ↩

  62. S.L.P.: Socialist Labor Party de los Estados Unidos (Partido Socialista Obrero). ↩

  63. Central sindical fundada en 1895 por el Socialist Labor Party de Daniel De Leon. ↩

  64. Herman Greulich (1842-1925), socialdemócrata suizo de origen alemán, secretario obrero de la Confederación. ↩

  65. Grütliverein, asociación obrera y democrática suiza fundada en 1838. ↩

  66. Fundada en San Petersburgo en 1895 por Lenin, Mártov y otros; tuvo un papel destacado en la huelga de los obreros textiles de mayo y junio de 1896. ↩

  67. Rozalia Plejánova (1856-1949), de soltera Bograd, médica, esposa de Plejánov. ↩

  68. Vera Zasúlich (1849-1919), revolucionaria rusa, cofundadora del grupo Emancipación del Trabajo. ↩

  69. Pável Axelrod (1850-1928), marxista ruso, cofundador del grupo Emancipación del Trabajo. ↩

  70. Ivánovo-Voznesensk, centro textil al nordeste de Moscú. ↩

  71. Naródnaya Volia, organización revolucionaria populista rusa que en 1881 mató al zar Alejandro II. ↩

  72. Esper Serebriakov, antiguo miembro de Naródnaya Volia, emigrado. ↩

  73. Charles Rappoport (1865-1941), socialista nacido en Lituania, doctor por la Universidad de Berna; más tarde, dirigente socialista y luego comunista en Francia. ↩

  74. Piotr Lavrov (1823-1900), teórico populista ruso, emigrado en París. ↩

  75. Félix Volkhovski (1846-1914), populista ruso, emigrado en Londres. ↩

  76. Nikolái Chaikovski (1850-1926), populista ruso, emigrado en Inglaterra. ↩

  77. René Viviani (1863-1925), diputado socialista independiente francés; más tarde, presidente del Consejo de Ministros (1914-1915). ↩

  78. George Lansbury (1859-1940), entonces miembro de la S.D.F.; más tarde, dirigente del Partido Laborista. ↩

  79. George Dew, sindicalista londinense de la Sociedad Unida de Carpinteros y Ebanistas. ↩

  80. Herbert Burrows (1845-1922), socialista inglés de la S.D.F., organizador con Annie Besant de la huelga de las cerilleras de 1888. ↩

  81. Rosa Luxemburg (1871-1919), dirigente de la Socialdemocracia del Reino de Polonia, contraria al programa de independencia nacional del PPS. ↩

  82. Serguéi Kravchinski, «Stepniak» (1851-1895), revolucionario y escritor ruso, emigrado en Londres. ↩

  83. Josef Hybeš (1850-1921), socialdemócrata checo de Brno (Brünn). ↩

  84. Mladočeši, partido liberal nacionalista checo. ↩

  85. Arthur Groussier (1863-1957), diputado francés del Partido Obrero Socialista Revolucionario de Allemane. ↩

  86. Louise Michel (1830-1905), anarquista francesa, combatiente de la Comuna de París. ↩

  87. Errico Malatesta (1853-1932), anarquista italiano. ↩

  88. La bomba arrojada el 7 de junio de 1896 contra la procesión del Corpus en la calle de Canvis Nous de Barcelona, que causó varios muertos; le siguió una represión masiva contra anarquistas y obreros (proceso de Montjuïc). ↩

  89. Eudóxio César Azedo Gneco (1849-1911), dirigente del Partido Socialista Portugués. ↩

  90. Así en el acta («anti-Communist-Anarchists»). Cornelissen hablaba en nombre de los antiparlamentarios; quizá deba entenderse «anarcocomunistas antiparlamentarios». ↩

  91. Jean Allemane (1843-1935), comunero, fundador del Partido Obrero Socialista Revolucionario (1890). ↩

  92. John Hodge (1855-1937), dirigente del sindicato escocés de los fundidores de acero, más tarde diputado laborista. ↩

  93. La víspera, el congreso había aceptado que la delegación francesa se dividiera en dos secciones. ↩

  94. Gabriel Deville (1854-1940) y Jules Guesde (1845-1922), dirigentes del Partido Obrero de Francia. ↩

  95. Henri Polak (1868-1943), dirigente del sindicato holandés de los obreros del diamante y cofundador del Partido Obrero Socialdemócrata holandés. ↩

  96. En el congreso de Breslau (octubre de 1895) el Partido Socialdemócrata Alemán rechazó el programa agrario que había preparado su comisión agraria. ↩

  97. La imagen procede de El capital, libro I (capítulo sobre la división del trabajo y la manufactura), donde Marx la aplica al artesano medieval unido a sus medios de producción. ↩

  98. Paul Lafargue (1842-1911), yerno de Marx, dirigente del Parti Ouvrier (Partido Obrero) de Jules Guesde. ↩

  99. Bruno Schoenlank (1859-1901), diputado socialdemócrata en el Reichstag y director de la Leipziger Volkszeitung. ↩

  100. Paul (Panagiotis) Argyriadès (1849-1901), abogado y publicista socialista francés de origen griego, del Comité Revolucionario Central de Vaillant. El acta escribe su nombre «Agyriades». ↩

  101. Gratz es Graz, en Austria. ↩

  102. El Partido Obrero Socialdemócrata (SDAP) holandés, al que se refiere al final, se había fundado en 1894 frente a la corriente antiparlamentaria de Domela Nieuwenhuis. ↩

  103. Joseph Tortelier (1854-1925), carpintero anarquista francés, propagandista de la huelga general. ↩

  104. Jean Casimir-Perier, presidente de la República francesa de 1894 a 1895, y Charles Dupuy, presidente del Consejo de Ministros en 1893 y de 1894 a 1895. ↩

  105. Las bolsas del trabajo (Bourses du Travail) eran centros sindicales locales sostenidos por los municipios. El gobierno de Dupuy cerró la de París en julio de 1893. ↩

  106. Así en el acta. En las elecciones al Reichstag de 1887 el partido obtuvo unos 763.000 votos; 100.000 son los de 1871 (124.000). ↩

  107. Una ley de 1888 prolongó la legislatura del Reichstag de tres a cinco años. ↩

  108. En marzo de 1896 Sajonia sustituyó el sufragio censitario de su Landtag por un sufragio de tres clases, como el de Prusia, para cerrar el paso a los socialdemócratas. ↩

  109. Francesco Crispi (1818-1901), presidente del Consejo de Ministros de Italia de 1887 a 1891 y de 1893 a 1896. Las leyes excepcionales de julio de 1894 sirvieron para disolver el Partido Socialista, y la revisión de las listas electorales privó del voto a cientos de miles de electores. ↩

  110. Sidney Webb (1859-1947), economista británico, dirigente de la Sociedad Fabiana, asociación socialista reformista fundada en Londres en 1884. ↩

  111. Emma Ihrer (1857-1911), socialdemócrata alemana, organizadora de las obreras y de los sindicatos femeninos. ↩

  112. Las palabras finales de la resolución quedaban así: «por la gratuidad y por la manutención pública». El texto alemán no mencionaba las becas. ↩

  113. Expresión bíblica (Josué 9, 21) para designar a los que hacen los trabajos más serviles. ↩

  114. Edith Lanchester (1871-1966) y Mary Gray, socialistas inglesas de la Federación Socialdemócrata; Mary Gray fundó en Battersea la primera escuela dominical socialista (1892). ↩

  115. El congreso de la Internacional celebrado en Bruselas en agosto de 1891. ↩

  116. Gustave Delory (1857-1925), del Partido Obrero de Guesde, alcalde de Lille desde mayo de 1896. ↩

  117. Emmeline Pankhurst (1858-1928), entonces del Partido Laborista Independiente; más tarde, dirigente del movimiento sufragista. ↩

  118. El Congreso Internacional de Estudiantes Socialistas reunido en Ginebra en diciembre de 1893. ↩

  119. Lucien Sanial (1835-1927), socialista de origen francés, dirigente del Socialist Labor Party (Partido Socialista Obrero) de los Estados Unidos. ↩

  120. Francia figura en las dos listas: su sección votó dividida. ↩

  121. Emanuel Wurm (1857-1920), socialdemócrata alemán, diputado al Reichstag. ↩

  122. ¡Abajo las armas! (Die Waffen nieder!, 1889), novela pacifista de Bertha von Suttner cuyo título se convirtió en lema del movimiento por la paz. ↩

  123. Richard Pankhurst (1834-1898), abogado y político radical inglés, marido de Emmeline Pankhurst. ↩

  124. La expedición británica de 1895-1896 contra el reino ashanti, en la Costa de Oro (la actual Ghana). ↩

  125. El telegrama de Guillermo II al presidente del Transvaal, Paul Kruger, del 3 de enero de 1896, en el que le felicitaba por haber rechazado la incursión de Jameson; provocó una fuerte reacción patriotera en Inglaterra. ↩

  126. Alfred-Léon Gérault-Richard (1860-1911), periodista y diputado socialista francés. ↩

  127. Harriot Stanton Blatch (1856-1940), sufragista estadounidense, hija de Elizabeth Cady Stanton; vivía entonces en Inglaterra y pertenecía a la Sociedad Fabiana. ↩

  128. Lord Salisbury, primer ministro británico, y Richard Olney, secretario de Estado de los Estados Unidos, negociaban un tratado general de arbitraje entre los dos países; se firmó en enero de 1897, pero el Senado norteamericano no lo ratificó. ↩

  129. El plebiscito del 8 de mayo de 1870 sobre las reformas liberales del Imperio, dos meses antes de la guerra franco-prusiana. ↩

  130. Dan Irving (1854-1924), socialista inglés de la Federación Socialdemócrata, de Burnley. ↩

  131. Los disturbios contra los obreros italianos inmigrados que estallaron en el barrio zuriqués de Aussersihl a finales de julio de 1896. ↩

  132. La huelga general de abril de 1893, tras la cual se aprobó en Bélgica el sufragio universal masculino con voto plural. ↩

  133. Hermann Molkenbuhr (1851-1927), cigarrero, diputado socialdemócrata en el Reichstag. ↩

  134. En el impreso, la primera línea de la p. 49 («the eight hours day, and see in it also the best means of protesting against») está fuera de sitio, tras «and so forth»; pertenece al final de esa página, tras «obtaining», donde la restituimos. ↩

  135. En 1882 Bismarck presentó al Reichstag un proyecto de monopolio estatal del tabaco, que fue rechazado. ↩

  136. El trabajo a destajo en talleres y a domicilio, con jornadas extenuantes y salarios de miseria. ↩

  137. Se refiere a la resolución de A. Fauquez, aprobada como enmienda. ↩

  138. Costantino Lazzari (1857-1927), uno de los fundadores del Partido Socialista Italiano. ↩

  139. John Bruce Glasier (1859-1920), socialista escocés, dirigente del I.L.P. ↩

  140. El congreso siguiente se celebró finalmente en París, en septiembre de 1900. ↩

  141. Canción escocesa de despedida, sobre versos de Robert Burns. ↩

  142. Canción revolucionaria francesa de 1792. ↩

  143. El palacio de hierro y vidrio de la Exposición Universal de 1851, trasladado a Sydenham, al sur de Londres. ↩

  144. William Morris (1834-1896), poeta, artista y socialista inglés; murió en octubre de ese año. ↩

  145. El Partido Obrero Francés de Jules Guesde y Paul Lafargue. ↩

  146. Siméon Flaissières (1851-1931), alcalde socialista de Marsella desde 1892. ↩

  147. Piotr Lavrov (1823-1900), teórico del populismo ruso, emigrado en París. ↩