Congreso celebrado en Zúrich, en la Tonhalle, del 6 al 12 de agosto de 1893, convocado por las organizaciones obreras suizas (Grütliverein, Unión Sindical y Partido Socialdemócrata) por mandato del Congreso de Bruselas de 1891. Traducido de las actas oficiales, Protokoll des Internationalen Sozialistischen Arbeiterkongresses in der Tonhalle Zürich vom 6. bis 12. August 1893 (Zúrich, Librería del Grütliverein suizo, 1894, pp. 5-6, 12, 19-20, 30, 35-37, 39-41, 48 y 50-54), según el ejemplar digitalizado en archive.org. Algunos títulos son nuestros; las adiciones a las resoluciones sobre la guerra y sobre las obreras y el acuerdo sobre el próximo congreso se dan con las palabras de las actas. Traducción de la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Las actas completas de las sesiones están en Actas del Congreso de Zúrich (II Internacional).

Condiciones de admisión al congreso (aprobadas el 7 de agosto de 1893)

  1. Se admite en el congreso a todos los sindicatos obreros, y además a los partidos y asociaciones socialistas que reconocen la necesidad de la organización obrera y de la acción política.

  2. Cada nacionalidad examina las credenciales de sus miembros, hace una lista de los delegados reconocidos y de los impugnados, si los hay, y la entrega con las credenciales al buró del comité organizador para que la imprima y la remita después al buró del congreso.

  3. En caso de litigio sobre la admisión decide primero el buró del congreso y, si se impugna su decisión, el congreso.

  4. Los delegados reconocidos reciben del comité organizador tarjetas a su nombre.

Adición al punto 1 (propuesta de Adler, Bebel y otros):1

Por acción política se entiende que los partidos obreros utilizan en la medida de sus fuerzas los derechos políticos y la maquinaria legislativa, o tratan de conquistarlos, para promover los intereses del proletariado y para conquistar el poder político.

Declaración de simpatía con los mineros ingleses en huelga (aprobada el 8 de agosto de 1893)

A los mineros de Inglaterra, que están hoy en huelga por cientos de miles por su justo derecho y luchan así por los intereses de los obreros del mundo entero, el congreso socialista que se celebra en Zúrich les expresa su simpatía y desea a su empresa la victoria más completa.2

Medidas para la implantación internacional de la jornada de ocho horas (aprobada el 9 de agosto de 1893)

El congreso declara:

La jornada de ocho horas es una de las condiciones previas más importantes de la liberación definitiva de la clase obrera del yugo del capital y la medida más importante para mejorar su situación.

Con la jornada de ocho horas disminuye el paro, aumenta la capacidad de trabajo, sube el salario y crece el poder de compra del pueblo trabajador.

Con la jornada de ocho horas se eleva la vida familiar, perturbada por el capitalismo, y se hace posible un mejor cuidado de los hijos.

Con la jornada de ocho horas aumentan la salud, la fuerza, la inteligencia y la moralidad del pueblo.

Con la jornada de ocho horas la clase obrera gana tiempo para la organización y la actividad sindical y política; solo entonces pueden los derechos y libertades políticos ser verdaderamente útiles y eficaces para la liberación social del pueblo.

La lucha por la jornada de ocho horas debe librarse en todos los países, pues solo la implantación legal internacional de la jornada de ocho horas asegura su permanencia y sus efectos beneficiosos.

Como medios para la implantación internacional de la jornada de ocho horas, el congreso recomienda

la organización sindical y política de la clase obrera sobre una base nacional e internacional, y la agitación y la propaganda por la jornada de ocho horas a través de esa organización.

La agitación por la jornada de ocho horas debe hacerse por medio de folletos, conferencias, la prensa socialista y manifestaciones, en las asambleas y en las corporaciones políticas, en los parlamentos y en toda clase de autoridades del Estado y de los municipios. En la prensa socialista deben registrarse, bajo una sección fija titulada «Jornada de ocho horas», todos los hechos y esfuerzos en su favor, y en las corporaciones políticas los representantes de los obreros deben presentar de vez en cuando propuestas de reducción de la jornada de trabajo, sobre todo para los obreros empleados por el Estado y los municipios.

Los representantes socialistas en los parlamentos nacionales deben ponerse de acuerdo sobre una actuación común para la implantación internacional de la jornada de ocho horas por vía legislativa, y mover a los gobiernos de todos los países industriales a celebrar una conferencia internacional.

La organización sindical de los obreros debe librar, fuera del terreno político, la lucha libre contra los empresarios por la jornada de ocho horas, para abrir así el camino a su implantación legal para toda la clase obrera.

La actitud de la socialdemocracia en caso de guerra (aprobada el 10 de agosto de 1893)

La posición de los obreros ante la guerra quedó claramente definida por la resolución del Congreso de Bruselas sobre el militarismo.3 La socialdemocracia revolucionaria internacional debe oponerse en todos los países, con todas sus fuerzas, a los apetitos chovinistas de la clase dominante, estrechar cada vez más el lazo de la solidaridad entre los obreros de todos los países y trabajar sin descanso por la eliminación del capitalismo, que ha dividido a la humanidad en dos campos enemigos y lanza a los pueblos unos contra otros. Con la abolición de la dominación de clase desaparece también la guerra. La caída del capitalismo es la paz mundial.

Adición (propuesta de la delegación belga): Los representantes de los obreros en el parlamento estarán obligados a votar contra todo presupuesto de guerra y a defender el desarme general.4

El Primero de Mayo (aprobada el 11 de agosto de 1893)

  1. El congreso renueva la resolución de la conferencia de Bruselas,5 que dice:

«Para conservar al Primero de Mayo su carácter económico definido, de reivindicación de la jornada de ocho horas y de afirmación de la lucha de clases,

el congreso acuerda:

El 1 de mayo es un día de manifestación común de los obreros de todos los países, en el que los obreros deben dar testimonio de la comunidad de sus reivindicaciones y de su solidaridad.

Este día de manifestación debe ser un día de descanso, en la medida en que las condiciones de cada país no lo hagan imposible».

  1. El congreso acuerda la siguiente adición:

La socialdemocracia de cada país tiene el deber de procurar que se haga efectivo el descanso del trabajo el 1 de mayo y de apoyar toda tentativa que se haga en este sentido en localidades concretas o por organizaciones concretas.6

  1. El congreso acuerda además:

La manifestación del 1 de mayo por la jornada de ocho horas debe ser a la vez una manifestación de la firme voluntad de la clase obrera de suprimir las diferencias de clase por medio de la transformación social, y de emprender así el único camino que lleva a la paz dentro de cada pueblo y a la paz internacional.7

Protección de las obreras (aprobada el 11 de agosto de 1893)

Considerando

que el movimiento femenino burgués rechaza toda legislación protectora especial a favor de la obrera como una intromisión en la libertad de la mujer y en su igualdad de derechos con el hombre;

que con ello, por una parte, desatiende el carácter de nuestra sociedad actual, basada en la explotación de la clase obrera —de las mujeres igual que de los hombres— por la clase capitalista;

y, por otra, desconoce el papel particular de la mujer creado por la diferenciación de los sexos, a saber, su papel, tan importante para el futuro de la sociedad, de madre de los hijos;

el congreso internacional de Zúrich declara:

Es deber de los representantes obreros de todos los países defender con la mayor energía la protección legal de las obreras mediante la realización de las siguientes medidas:

  1. Implantación de una jornada máxima de ocho horas para las mujeres y de seis para las muchachas menores de dieciocho años;

  2. Establecimiento de un descanso ininterrumpido de treinta y seis horas semanales;

  3. Prohibición del trabajo nocturno;

  4. Prohibición del trabajo de las mujeres en todas las industrias nocivas para la salud;

  5. Prohibición del trabajo de las mujeres embarazadas dos semanas antes y cuatro semanas después del parto;

  6. Nombramiento de inspectoras de fábrica en número suficiente en todas las ramas de la industria en que trabajen mujeres;

  7. Aplicación de las medidas anteriores a todas las mujeres que trabajan en fábricas, talleres y tiendas, en la industria a domicilio o como jornaleras del campo.

Adición:8

Considerando que en todos los oficios en que se emplea a mujeres como obreras la jornada de trabajo es casi en todas partes más larga y el salario la mitad más bajo que el de los obreros varones, de lo que resultan no solo una terrible competencia, sino también, con mucha frecuencia, cierres patronales (lockout),

el congreso acuerda:

Que, para proteger el trabajo de las mujeres, es necesario ante todo limitar enérgicamente la explotación de las mujeres, no solo reduciendo las horas de trabajo, sino también adoptando el principio: «A igual trabajo, igual salario».

La táctica política de la socialdemocracia (aprobada el 12 de agosto de 1893)

I.

Considerando que la acción política no es más que un medio para alcanzar la emancipación económica del proletariado,

el congreso declara,

remitiéndose a las resoluciones del Congreso de Bruselas sobre la lucha de clases:

  1. Que la organización nacional e internacional de los obreros de todos los países en sindicatos y otras organizaciones para combatir la explotación es una necesidad absoluta.

  2. Que la acción política es necesaria tanto para la agitación y la proclamación sin reservas de los principios del socialismo como para conquistar las reformas urgentemente necesarias.

Por eso recomienda a los obreros de todos los países que conquisten y ejerzan los derechos políticos que resulten necesarios para hacer valer del modo más enérgico y eficaz las reivindicaciones de los obreros en todas las corporaciones legislativas y administrativas, y para conquistar los medios del poder político, a fin de transformarlos de medios de dominación del capital en medios de liberación del proletariado.

  1. La elección de las formas y modos de la lucha económica y política debe dejarse a cada nacionalidad según las condiciones particulares de su país. Pero el congreso declara necesario que en estas luchas se mantenga en primer plano el fin revolucionario del movimiento socialista: la transformación económica, política y moral completa de la sociedad actual. En ningún caso puede servir la acción política de pretexto para compromisos y alianzas que perjudiquen nuestros principios o nuestra independencia.

II.

Considerando que en la sociedad actual los cuerpos representativos no reflejan fielmente el pensamiento ni las reivindicaciones de sus representados, y considerando además que los sistemas de circunscripciones con elección por mayoría, vigentes en casi todos los países, son apropiados para agravar aún más esa falta de armonía entre la voluntad del pueblo y los votos de sus representantes, el congreso se declara, para la plena realización de la soberanía popular, a favor del derecho a proponer y a ratificar las leyes (iniciativa y referéndum) junto al sistema representativo, y a favor del sistema de representación proporcional.

La cuestión agraria (aprobada el 12 de agosto de 1893)

El congreso se declara partidario del principio de la propiedad común de la tierra.

El congreso declara que una de las tareas más importantes de la socialdemocracia de todos los países es organizar también a los obreros agrícolas junto a los industriales e incorporarlos a las filas combatientes del socialismo universal.

El congreso acuerda que todas las nacionalidades presenten al próximo congreso un informe sobre los progresos de la agitación en el campo y sobre las condiciones agrarias de sus países respectivos. Los informes deben tratar en especial de qué posición, qué medios y qué método de agitación consideran los socialistas más adecuados para las condiciones de sus países, para el proletariado, los pequeños propietarios, los arrendatarios, etc.

El congreso acuerda que, por su importancia decisiva y porque no se trató suficientemente en los congresos anteriores, la cuestión agraria figure en primer lugar en el orden del día del próximo congreso.

Organización nacional e internacional de los sindicatos (aprobada el 12 de agosto de 1893)

I.9

El congreso,

manteniendo las resoluciones aprobadas en Bruselas sobre las organizaciones sindicales y subrayando con insistencia el deber de las clases obreras de organizarse en asociaciones de oficio,

declara que los obreros industriales, agrícolas y marítimos tienen la obligación:

  1. De formar asociaciones de oficio para defender sus intereses profesionales, proteger sus salarios y poder resistir a la explotación capitalista;

  2. De reunir en federaciones nacionales, allí donde sea posible, los sindicatos de un mismo oficio, cuyos intereses son idénticos;

  3. De formar, mediante el acuerdo de las federaciones nacionales, una federación internacional de los oficios organizados, para unir en una alianza sólida las organizaciones de los distintos países;

  4. De organizar, allí donde sea posible, los sindicatos de todos los oficios en el plano regional, nacional e internacional, para que en las luchas salariales los obreros de todas las corporaciones actúen unidos y de acuerdo;

  5. De comunicarse de país a país por medio de los secretariados obreros acordados por el Congreso de Bruselas, cuyo funcionamiento debe asegurarse, y, si es necesario, por medio de secretariados obreros internacionales encargados de esa tarea, que transmitan a las federaciones nacionales todas las noticias que conciernan especialmente a cada corporación;

  6. De fundar bolsas de trabajo, por iniciativa de los obreros o por intervención de los poderes públicos, allí donde no las haya, para que los obreros encuentren empleo más fácilmente y se afilien también más fácilmente a los sindicatos;

  7. De celebrar congresos internacionales especiales de cada oficio para tratar en ellos las cuestiones propias de las distintas federaciones;

  8. De agrupar a los obreros de todas las organizaciones, sin distinción de raza ni de oficio, en una masa compacta, para disponer de una fuerza suficiente para la actividad política en la lucha contra el capitalismo, a fin de asegurar la emancipación completa del proletariado.

II.

En lo que concierne especialmente a América y Australia:

Considerando que el desarrollo del capitalismo en esos extensos países ha alcanzado un estadio en el que la organización puramente económica de los obreros se volverá completamente impotente si no se sustituye de inmediato por la acción política sobre la base del movimiento socialista internacional;

considerando además que la creciente importancia de ambos países en el mundo económico, así como su carácter cosmopolita, se convierten en una cuestión vital para las condiciones de existencia del proletariado europeo y para el progreso de la revolución social;

el congreso exige con insistencia que las organizaciones obreras de América y Australia no solo se pongan en contacto con las organizaciones europeas correspondientes según el plan trazado arriba, sino que, sobre todo, se desliguen de los partidos políticos burgueses y formen también grandes partidos obreros socialistas, para avanzar así con sus hermanos de Europa hacia la liberación de las clases obreras.

III.

La delegación italiana, en vista de la funesta influencia que los obreros inmigrantes no organizados ejercen sobre las organizaciones obreras, al hacer bajar los salarios, impedir las huelgas y dar lugar a veces a violentos conflictos, ruega a todos los partidos socialistas y federaciones obreras de los países en que se da esa «competencia desleal» que difundan las ideas socialistas entre los inmigrantes, y ofrece por su parte toda la ayuda de que dispongan los socialistas italianos, ya sea informando sobre la emigración italiana, ya difundiendo folletos adecuados escritos en la lengua de los emigrantes, ya mediante una propaganda especial en los principales centros de la emigración. El congreso, teniendo en cuenta la importancia general de los hechos expuestos, acuerda:

Es necesario que, en los países en que se dejan sentir los males causados por la competencia de los obreros inmigrantes no afiliados a los sindicatos, los partidos socialistas y las federaciones obreras trabajen por difundir la propaganda de la organización del proletariado y de la solidaridad internacional.

Los partidos socialistas y las federaciones sindicales de esas naciones se dirigirán, para toda información y ayuda, directamente o por mediación de los secretarios obreros nacionales donde los haya, a las representaciones centrales de las federaciones y de los partidos correspondientes de los países de los que procede la inmigración.

El sufragio universal (aprobada el 12 de agosto de 1893)

El congreso acuerda: Ha llegado el momento de que el proletariado de todos los países en que aún no existe el sufragio universal emprenda una ofensiva para conquistar el derecho de voto para todos los mayores de edad, sin distinción de sexo ni de raza. Se exhorta al proletariado del mundo entero a tomar parte en esta lucha.10

Lugar y fecha del próximo congreso (acordado el 12 de agosto de 1893)

Once nacionalidades votan por 1896, ocho por 1895. Con ello, el próximo congreso deberá convocarse en Londres para 1896.11

Discurso de clausura de Friedrich Engels (12 de agosto de 1893)

El discurso con que Friedrich Engels, como presidente de honor, clausuró el congreso está publicado en nuestra sección de Marx y Engels: Discurso de clausura del Congreso Obrero Socialista Internacional de Zúrich.

No llegó a discutirse: resolución sobre la huelga mundial (propuesta de la comisión)12

Considerando que las huelgas solo pueden emprenderse con éxito en determinadas circunstancias y con determinados fines, que no pueden fijarse de antemano;

considerando que una huelga mundial es irrealizable ya solo por el desarrollo económico tan desigual de los distintos países, y que, desde el momento en que fuera realizable, ya no sería necesaria;

considerando además que incluso una huelga general limitada a un país, si se lleva a cabo pacíficamente, no tiene perspectivas, porque el hambre golpearía en primer lugar a los huelguistas y los obligaría a capitular —y una huelga violenta sería aplastada sin piedad por las clases dominantes—,

el congreso declara:

que en las condiciones sociales y políticas actuales, en el mejor de los casos, puede llevarse a cabo con éxito una huelga general de ramas industriales concretas;

además, que las huelgas de masas pueden ser, según las circunstancias, un arma sumamente eficaz no solo en la lucha económica, sino también en la política, pero un arma cuyo empleo eficaz presupone una sólida organización sindical y política de la clase obrera.

En consecuencia, el congreso recomienda a los partidos socialistas de todos los países que fomenten esa organización con toda su energía, y pasa al orden del día sobre la cuestión de la huelga mundial.

No llegó a discutirse: organización internacional de la socialdemocracia (propuesta de la comisión)

Considerando:

que sería deseable que todos los socialdemócratas se organizaran internacionalmente bajo un nombre común, pero que las limitaciones de la libertad de asociación impuestas por las leyes reaccionarias de varios países lo impiden en la actualidad,

el congreso reconoce como miembros del partido socialdemócrata revolucionario internacional a todas las organizaciones, asociaciones y partidos que reconocen la lucha de clases y la necesidad de socializar los medios de producción y que se sitúan en el terreno de las resoluciones de los congresos obreros internacionales.

El congreso dirige a todos los miembros del partido y a todos los miembros de las organizaciones obreras —sindicales y políticas— el ruego encarecido de trabajar sin descanso por la abolición de todas las leyes que limitan el derecho de asociación.

El congreso expresa el deseo de que la primera parte del programa de los partidos socialdemócratas de todos los países, que expresa la necesidad de una revolución económica, se redacte en los mismos términos para todos, y de que la segunda parte, que contiene los medios que hay que emplear, se adapte en cada país a sus condiciones económicas y políticas.

  1. Firmada por Victor Adler, B. Edwards, August Bebel, Karl Kautsky, Wilhelm Liebknecht, Maria Mendelson-Jankowska y Otto Lang. La adición iba dirigida contra los anarquistas y los «Jóvenes» de Berlín (Gustav Landauer), que sostenían que la expresión «acción política» no decía nada. Las condiciones de admisión las había propuesto la conferencia preparatoria de Bruselas y se aprobaron por nacionalidades, con la abstención de Francia y el voto en contra de España; la adición, con el voto en contra de Bélgica y Holanda. Al día siguiente el congreso excluyó por esta razón a los delegados alemanes de credencial impugnada. ↩

  2. El gran conflicto del carbón británico de 1893: los patronos cerraron las minas a los afiliados de la Federación de Mineros, que rechazaban una rebaja del 25 % de los salarios; empezó a finales de julio y duró hasta noviembre. El congreso hizo además una colecta para los huelguistas. ↩

  3. La resolución de Bruselas de 1891 sobre la posición y los deberes de la clase obrera ante el militarismo. La resolución alemana se impuso a la holandesa de Domela Nieuwenhuis, que proponía responder a la declaración de guerra con la huelga general y, en los países donde fuera posible, con la negativa al servicio militar; la defendió en nombre de la comisión Gueorgui Plejánov. ↩

  4. La resolución, con esta adición, la votaron catorce nacionalidades; se abstuvieron Australia, Estados Unidos, Holanda, Francia y Noruega. ↩

  5. Así en las actas, por la resolución del Congreso de Bruselas de 1891. El texto que se cita aquí no coincide literalmente con el del informe francés de aquel congreso. ↩

  6. Los puntos 1 y 3 se aprobaron por aclamación y por unanimidad; el 2, en votación por nacionalidades, contra el voto de Alemania, Dinamarca, Bulgaria y Rusia. Paul Singer declaró a continuación, en nombre de los alemanes, que el texto inglés y el francés de este punto eran más moderados que el alemán (solo hablaban de apoyar a las organizaciones locales) y que con aquella redacción la delegación alemana habría votado a favor. ↩

  7. El proyecto de la comisión decía «por medio de la revolución social»; antes de la votación se sustituyó por «transformación social». Según Singer, la traducción inglesa omitía estas palabras. ↩

  8. Propuesta presentada por delegados de Bélgica, España, Rumanía, Holanda, Italia, Francia e Inglaterra, que el delegado británico Shaw había reclamado poner a discusión. La resolución principal se aprobó por aclamación; la adición, sobre todo por su reivindicación de igual salario por igual trabajo, a la que se oponía la ponente Louise Kautsky, por mayoría. ↩

  9. El punto I es la contrapropuesta del belga Jean Volders, firmada por delegados de once países, que se impuso al de la comisión (ponente: Adolph von Elm) por doce nacionalidades contra seis (Alemania, Austria, Dinamarca, Suiza, Hungría y Polonia). Los puntos II y III son los de la comisión, aprobados por aclamación. ↩

  10. Propuesta de la delegación austriaca, aprobada sin debate por aclamación, en plena campaña del proletariado austriaco por el sufragio universal. ↩

  11. Propuesta de la delegación inglesa; los alemanes aceptaron la invitación a Londres, pero pidieron aplazar el congreso a 1896. Fue el congreso de Londres de julio de 1896. ↩

  12. Por falta de tiempo, el congreso cerró el orden del día sin discutir los puntos «Huelga general» e «Organización internacional de la socialdemocracia»; las actas reproducen al final las resoluciones que habían preparado las comisiones. El Buró Socialista Internacional incluyó la segunda entre las resoluciones de Zúrich en su compilación de 1902. ↩